jueves, 2 de abril de 2020

La tentación insurgente




A Juan Siola y Alvear Leal


Hollywood y Netflix lo venían anticipando: a la vuelta de la esquina acechaba el apocalipsis de las pandemias. Ahora, cuando los augurios se volvieron hechos reales, la parafernalia mediática convirtió el COVID-19 en motor de la histeria colectiva, otro hecho real. El susto es el combustible que impulsa una nueva concentración y centralización del capital, instrumento de la recomposición de la reproducción ampliada. COVID-19 ocupa el lugar del cuco que dejó vacío Bin Laden.

Como no puede crecer y desarrollarse sin crear sus propios sepultureros, el capitalismo dio origen a condiciones que ampararon la pandemia. Una vez instalada la peste, se disparó la crisis que se venía cocinado hace rato. El COVID-19 es consecuencia del capitalismo siglo XXI, no es la causa ni el responsable de la recesión y el desastre financiero. Aun propulsando la campaña del miedo, las clases dominantes debieron encender una luz de esperanza: de la crisis se sale “salvando la cadena de pagos”, consigna que debe leerse “salvar la cadena de acreedores”, pues el objetivo indirecto del salvataje son los bancos y los prestamistas de la deuda externa, la aristocracia financiera, en una palabra. La ensalada la aderezaron con amenazas truculentas: si se deja de pagar desaparece la humanidad o se cae en el caos o, lo que es peor aún, en manos de la anarquía y el marxismo.

Esta guerra la ganaremos entre todas y todos dice la propaganda, unidos los pobres con los ricos, los explotados y los explotadores, frenteamplistas y fascistas, una reedición de la fracasada “concertación nacional” de 1985. El carácter patriótico justifica la “economía de guerra” donde todas y todos se sacrifican para salvar el sistema que los jode. Es la bandera de la “salvación nacional”, la que arrastró pueblos enteros a morir en las trincheras de la primera guerra mundial. Sin embargo, mientras sea capitalista la patria no podrá ser ni para todos ni para todas, pero el anzuelo brilla en el agua y los peces quedan enganchados.

Mientras muchos imaginábamos el recurso a la mano dura, pero, sorpresivamente, el gobierno del Uruguay apela a la consciencia y a exhortar como método. Una línea bien diferente a las de Macri y Bolsonaro. Los dirigentes frenteamplistas contemplan, azorados, como Lacalle Pou se apropia del melifluo poema político mujiquista/astorista. En definitiva, las medidas que se han tomado para enfrentar la pandemia no difieren demasiado de las que podría haber implementado un gobierno del Frente Amplio en las mismas circunstancias. El asistencialismo social marcaba la diferencia entre el neoliberalismo del trío Tabaré-Mujica-Astori y el más crudo y explícito que propone la coalición multi reaccionaria. El nuevo discurso de Lacalle dejó muy mal parados a los dirigentes frenteamplistas, cada vez es más difícil encontrar las siete diferencias. Ser “oposición responsable” equivale a organizar el repliegue.

El gobierno aprovechó los sentimientos generalizados de solidaridad despertados por la pandemia y expropió por la fuerza a los funcionarios públicos con mayor nivel de ingresos. La creación del fondo coronavirus ha conquistado las simpatías de la población que no confía en los empleados estatales. La medida instala en la sociedad el concepto de que, con determinados fines y en determinadas circunstancias, se justifica la “solidaridad forzosa”. Este hecho entraña cierto peligro, puede ser mal entendido, permite imaginar otras expropiaciones forzosas y otras formas de cubrir las necesidades de los pobres.

Como su aparato estatal y partidario hiper centralizado ha sido exitoso, el ejemplo de China se esgrime para justificar cuarentenas obligatorias, distanciamientos sociales y detenciones de los transgresores. Los gobiernos liberales de occidente han sacado policías y soldados a la calle y a las carreteras, para recomendar el encierro es cierto, pero también para vigilar y castigar a los transgresores y la gente se va acostumbrando…

Viktor Orban, presidente de extrema derecha de Hungría, se ha hecho otorgar poderes casi ilimitados para combatir al coronavirus. Históricamente los períodos de recomposición del capital condujeron a regímenes autoritarios y dictaduras como las de los años 70. Nadie puede afirmar cómo será el mundo que dejará la pandemia, pero, sin embargo, no es descabellado sospechar que florecerán formas e instituciones de control policial e informático … ¡con consentimiento de la población asustada por su seguridad sanitaria!

¿Dejaremos que la aristocracia financiera nos siga arrastrando hacia nuevas catástrofes, llámense pandemias, guerras al por mayor o desastres ambientales? ¿Permitiremos que se nos impongan regímenes autoritarios de toda laya? Hay formas muy diferentes al orden burgués y patriarcal, ¿no será momento de pensar en desarticular lo que ha fracasado y transformarlo en otro orden, en uno para redimir a las víctimas del capitalismo?

Un orden con mujeres y hombres iguales entre sí, portadores de sentimientos e ideas de responsabilidad social, solidaridad y altruismo; que hayan desechado el paradigma de la competencia y el escalar a cualquier precio; que sean capaces de construir formas de producir basadas en la cooperación y la propiedad social.

Un orden con relaciones políticas basadas en el respeto entre iguales; que asegure la participación de todas y todos en las decisiones que atañen al conjunto de la sociedad, donde el pueblo ejerza directamente su poder. ¿No está suficientemente claro que la democracia liberal no está hecha para transformar la sociedad sino para perpetuar el reinado del capital? ¿No habrá que escapar del Palacio Legislativo para dar la batalla de ideas luchando en la calle, por Verdad y Justicia, por la igualdad de género, por el respeto a la naturaleza? ¿No habrá que salirse del marco de un Estado de Derecho que creó la burguesía para someter y dominar las fuerzas populares? ¿No será momento de la insurgencia en las ideas? ¿No habrá que comenzar a entender mejor los mensajes de Ernesto Guevara y Raúl Sendic Antonaccio?

Por Jorge Zabalza





viernes, 13 de marzo de 2020

Hojas de ruta

Al Piffi Cámera y Alberto Melgarejo, hermanos de lucha.


Por Jorge Zabalza
11 marzo 2010

Los primeros días dibujaron una imagen nítida: cámaras empresariales, policía, fuerzas armadas, comité central israelita e iglesia católica, las fuerzas vivas alineadas tras “su” gobierno. Centralización política de los poderes fácticos. Nadie puede dudar sobre quienes gobiernan y quienes son gobernados. Invitados especiales a la ceremonia de asunción, Piñera, Bolsonaro y Duque, indican cómo piensa gobernar Lacalle Pou.

Dos siglos atrás, los ingleses vendieron la libertad de comercio a los criollos y los convirtieron en mayordomos suyos, administradores de su capitalismo. Después, en el siglo pasado, en nombre de la libertad y la democracia, los EEUU sembraron de dictaduras América La Pobre. Ahora, al parecer, la libertad será la marca en el orillo del gobierno de Lacalle Pou, su meta es hacernos creer que seremos más libres, aún cuando estemos obligados a presentar la cédula de identidad sin protestar.

La deuda externa y las nuevas zonas francas nos hacen cada día más dependientes del capital financiero, o sea, de la piratería internacional. No se detendrá para nada la concentración de la propiedad de la tierra y más población será expulsada del campo. De la misma manera que antes se hizo ante Bush y Obama, Soros y Rockefeller, ahora otros pantalones se bajan ante Trump.

Mientras siga contando con fieles administradores, fueren del partido que sea, el capital continuará expropiando al trabajo y ése será el proceso fundamental en la sociedad uruguaya, aunque el expropiado desfile a caballo, vivando junto a su patrón una divisa ya desmerecida.

¿Qué se puede esperar con la irrestricta libertad de las zorras y los zorros en el gallinero? Los discursos de la transmisión y el borrador de ley de urgente consideración transpiran malas intenciones. Algunos de los gorilas las exhiben en público, sin pudor alguno, mientras otros dejan escapar exabruptos o muestran distraídos la hilacha de la canana. Está a la vista que la coalición es el rejunte de lo políticamente más reaccionario. No hay nada que esperar. Hay que dar señales de no estar dispuestos a dejarse atropellar. Como hicieron las y los agremiados en ADES y FENAPES.

Se cambió el sol de los masones por el escudo de los que traicionaron al artiguismo pero, sin embargo, sólo ha cambiado el modo de gobernar, la esencia del sistema sigue siendo la misma desde hace siglos. La violencia patriarcal continuará asolando hogares, trabajos y espacios públicos. El capitalismo y sus administradores continuarán negando rotundamente la igualdad y a las mujeres se las seguirá agrediendo de muchas formas sutiles, simbólicas, legales y físicas. Los desaparecidos seguirán desaparecidos y los torturados se encontrarán con sus torturadores a la vuelta de la esquina. Nada indica que, sorpresivamente, ahora vaya a aumentar la velocidad de tortuga en la búsqueda institucional de Verdad y Justicia. Nada permite suponer que el agronegocio dejará de prosperar a fuerza de fumigar mujeres, niños y trabajadores en Canelones y otros departamentos sojeros. No parecen ser de urgente solución el problema de vivienda para los sectores marginados ni la cuestión de las familias arrojadas a los asentamientos.

Se aprontan los corazones para la lucha por la educación pública y su autonomía, por el monopolio de la producción de combustibles y para no perder derechos ciudadanos por andar sin cédula de identidad o la condición humana por haber cometido un delito y estar encarcelado.

La amenaza de tormentas que oscurecen el horizonte sólo puede despertar las adormecidas tradiciones de lucha y resistencia. El panorama es de recalentamiento de la lucha de clases. En Fuenteovejuna se van cocinando a fuego lento formas de oponerse a los delirios del neoliberalismo. Deberá reprimir un pueblo entero, señor presidente.

Educados, armados y tecnificados por el progresismo hasta la semana pasada, los policías de hoy avanzan por el mismo camino en que asesinaron a Guillermo Machado el 16 de julio de 1989, en plena democracia primaveral. Ya lamentaremos manifestantes dejados ciegos o lloraremos los muertos con “munición no letal”, ¿qué otro sentido tuvo el despliegue cuasi militar del domingo 8 de marzo? Cabe sospechar también que la declaración de guerra a las “bocas de pasta base” integra una estrategia superior, la que persigue el propósito de instalar el principio de autoridad en la periferia urbana. En definitiva, la misma línea aplicada por Gustavo Leal y Eduardo Bonomi, agravada ahora por gatillos y palos más fáciles. El claro mensaje dado con los operativos de saturación atemoriza y preocupa toda la población. Cuando la democracia representativa y electoral no permita fluir libremente sus deseos y aspiraciones, la clase dominante recurrirá, una vez más, al brazo gordo de su Estado de Derecho. En última instancia, esa fue una de las principales razones del golpe de militar.

En el país de los amortiguadores (don Carlos Real de Azúa dixit) siempre aparecen avezados negociadores y bomberos dispuestos a prestar sus servicios y encargarse de canalizar hacia los pasillos del parlamento los reclamos y reivindicaciones de los sectores populares. Se trata de conciliar lo inconciliable. Corren a sostener la democracia liberal uruguaya, la de mejor calidad en el mundo según evalúa el poeta de la ciencia política, mi amigo Fito Garcé. ¿Cuál es la democracia en que viven las familias excluidas de los planes de vivienda, las que se ven forzadas a desafiar la intemperie para luchar por un hogar para sus hijos e hijas?

Un poema esta democracia liberal de altísima calidad a la que no interesa el Uruguay del millón de pobres que alimenta los privilegios del 1%, el del hambre de techo y justicia social, el de la falta de laburo y las bajas jubilaciones, los feminicidios, la discriminación, el racismo y la homofobia, la juventud pastabasera, las feroces atrocidades en las calles, los escolares que no aprenden y los capataces que disciplinan peones a rebencazos.

La apuesta a humanizar esta democracia renga y salvaje, sobre cuya calidad fantasean tanto, es el sustento de la tesis de “oposición responsable”, hechura del progresismo, o del “regresismo” como lo llama el compañero Ricardo Viscardi. Entre los velos de la fantasía se adivina el propósito ambicioso y realista (muy realista) de ganar las elecciones en el 2024 y recuperar el uso y abuso del aparato estatal.

Los parlamentarios y dirigentes del progresismo aborrecen las historias de protesta y resistencia en los espacios abiertos, allí donde pueden crecer las mismas ideas transformadoras que están floreciendo en la Alameda de Santiago y en El Alto de La Paz. Es de prever que el “regresismo” pondrá en juego su mucha influencia sobre las organizaciones populares para evitar que la lucha política se traslade a las plazas y avenidas del Uruguay.

¿Será en el mundo formal del parlamento, donde se dice tanto una cosa como la otras, o será, en la calle, en el mundo real, en el de las verdades esenciales? ¿Quién define el escenario donde se jugará el partido contra el neoliberalismo? Seguramente no serán los filósofos del espectáculo televisivo ni nosotros, los aspirantes a revolucionarios, limitados a jugar en espacios reducidos. Lo determinante será la opción que haga el movimiento masivo de los sectores populares: deberá decidir entre respaldar fielmente a los predicadores del electoralismo o dar batalla en las plazas y avenidas, pacíficamente, pero con mucha decisión y firmeza, como hizo el movimiento feminista el domingo pasado, como hará la gente y Familiares el próximo 20 de mayo. La injusticia y la violencia siempre vienen de arriba.

Jorge Zabalza









jueves, 27 de febrero de 2020

Ocupación del predio en Santa Catalina



Enviado por Jorge Zabalza


 650 familias están ocupando un predio al norte de Santa Catalina. Se instalaron en el terreno hace 40 días y aún no han tenido contacto alguno con las autoridades del ministerio de vivienda, la Intendencia de Montevideo o la Alcaldía. Esta última institución sin embargo, se pronunció de la mano del propio Alcalde del Municipio A, Gabriel Otero quien dijo en varios medios que se trataba de “ocupaciones delictivas” y en declaraciones en Radio Uruguay desmintió incluso la existencia de una ocupación masiva. Reactiva se acercó hasta el lugar para hablar con los vecinos y pudo constatar la dimensión de la ocupación y el enorme esfuerzo organizativo que están haciendo para concretar el proyecto que dé solución al problema de la vivienda para esta enorme cantidad de familias.




>>> Lo subterráneo



Para sorpresa de la buena mujer, su iniciativa se reprodujo como cianobacterias en aguas contaminadas, una explosión social como la que iniciaron aquellos estudiantes que saltaron los controles en el metro de Santiago de Chile. A un mes del atrevimiento de la vecina, el terreno está dividido entre unas 650 familias, todo el mundo respeta los solares marcados con muy precarias estacas unidas por muy delgado hilo. Resuelven por acuerdo y hacen con sus propias manos lo que el gobierno fue incapaz de hacer.



En décadas de vida Santa Catalina se ha ido urbanizando, un poco gracias al esfuerzo comunitario y otro poco ejerciendo presión sobre las instituciones: una nueva escuela se sumó a la que construyeron los vecinos hace casi 40 años; en un predio militar, el Comando Sur regaló “desinteresadamente” una policlínicas que vino a reemplazar la antigua, construida y administrada desde siempre por los vecinos; las líneas 124 y 186 solucionaron la falta total de transporte que antes obligaba a caminar a campo traviesa veinte cuadras o más para tomar un ómnibus; ahora funcionan una UTU y un jardín de infantes, habemus rambla y playa habilitada. Mucho más urbanizados estamos, pero, sin embargo, las perspectivas de los habitantes siguen siendo bastante poco halagüeñas.

En las casitas con techo de chapa la ola de calor recalentó al rojo vivo la difícil convivencia familiar, el hacinamiento se volvió ensopado. En esas condiciones, desilusionada con las décadas de paciente espera, la vecina decidió “hacerse cargo” del problema, cruzó la calle y marcó un solar en aquel enorme baldío que se recostaba sobre la otra vereda. Un acto desesperado, desapercibido para quienes administran la macroeconomía y, sin embargo, trascendental para la vida de la protagonista y su familia.




Miren el mapa de Montevideo en el GPS. Busquen Continuación Camino Burdeos, calculen las cuadras que corren desde la esquina con Camino Santa Catalina -la del histórico “Parador El Recreo”- hasta Los Geranios, un poco antes del Punto Verde de la cooperativa que mantiene limpio el barrio. Hacia el norte, el campo llega hasta Camino Sanfuentes. Esa extensión, con más de un quilómetro y medio cuadrado de superficie, medio siglo baldía, manchones de chilca, casi sin árboles, hoy día está poblada con carpas, casillas de chapas y de tablas de 15. Hasta algún rancho de barro se está construyendo. Sobre experiencia en crear barrios enteros de la nada. Es la civilización que llega montada en los hombros de quienes hacen la historia real que luego otros escribiremos.

Para sorpresa de la buena mujer, su iniciativa se reprodujo como cianobacterias en aguas contaminadas, una explosión social como la que iniciaron aquellos estudiantes que saltaron los controles en el metro de Santiago de Chile. A un mes del atrevimiento de la vecina, el terreno está dividido entre unas 650 familias, todo el mundo respeta los solares marcados con muy precarias estacas unidas por muy delgado hilo. Colonizan la tierra. Resuelven por acuerdo y hacen con sus propias manos lo que el gobierno fue incapaz de hacer.

Hasta 20.000 nuevos hogares se forman cada año en Uruguay. Casi la totalidad son parejas muy jóvenes. Un 22% de ellas y ellos están desempleados. El 38% de los de 18 a 22 años que tienen la suerte de trabajar, lo hacen negro, porcentaje que apenas disminuye al 31% para las y los de 23 a 26 años1. El desempleo y el trabajo por fuera de la ley se mantienen irreductibles, inmunes a la inclusión financiera. Son problemas nacionales que se agudizan y hacen sonar todas las alarmas cuando el marco del análisis se reduce a la periferia urbana.

Según FUCVAM, hacen falta unas 88.000 viviendas más en el Uruguay. Quienes constituyen los nuevos hogares casa quisieran, pero, hoy como ayer, no pueden acceder al techo propio y siguen forzados a refugiar sus necesidades en asentamientos. Los versos atrapa-votos no lograron impedir el crecimiento del déficit habitacional. Parece que las políticas de vivienda no integraran la agenda de derechos.

En el 2004 los frenteamplistas imaginaban que nadie más se mojaría con la lluvia en la tristeza de los techos de cartón. Sin embargo, en quince años, “su” gobierno no concretó ningún plan de viviendas populares, ni consideró siquiera el que propuso Eduardo Rubio en diputados. La presencia del Estado ha quedado más identificada con la acción represiva que con soluciones a los apremios que sufre la población arrojada fuera del alero protector de las instituciones. La carencia de soluciones reales y masivas propició el surgimiento de proyectos de caridad (Plan Juntos, Techo), políticas de ranchos mejorados, muy cristiana por supuesto, pero que no trajo ninguna solución al hambre de dignidad. Mientras se resuelvan sólo parcialmente, la desocupación y la falta de techo continuarán marcando a fuego la realidad social y contribuyendo a aumentar al máximo la presión que soporta la olla.

Una salida institucional y legal posible hubiera sido apoyar el desarrollo de cooperativas de ayuda mutua para familias de bajos recursos. Una apuesta a la autoorganización y la alfabetización política. En cambio, haciendo lo contrario de lo que decía querer, Mujica promulgó la ley 18.795 que exoneró de impuestos las inversiones en las zonas centrales de la ciudad, donde se cuenta con todos los servicios, pero los vacía el alto costo de alquileres y préstamos hipotecarios. Esas nuevas viviendas son inaccesibles para quienes más las precisan: se modificó de un toque el significado de la expresión “interés social”, que hasta el 2004 quería decir “los más infelices” y ahora, con hipócrita demagogia, sirve para encubrir negocios de especuladores y empresarios.

Los sectores más desvalidos soportan pacientemente el vergonzante conservadurismo de la administración progresista que dejó de lado la construcción de viviendas de verdadero “interés social”. Las soluciones reales pasan por reformar la estructura de la propiedad urbana, algo imposible de hacer sin lesionar intereses que el progresismo criollo no se atreve a tocar, ni se atreverá nunca. Implicaría gobernar a lo Allende, expropiando a la clase que hegemoniza la democracia representativa. La renuncia al imaginario esperanzador alarga la espera que están sufriendo los sectores populares, pero, cientos de predicadores de la resignación, los ayudan a soportarla... al menos hasta ahora.

Es cierto. Los baños con cerámica sustituyeron las letrinas y la cocina con tres hornallas reemplazó a la garrafa de una sola y precario equilibrio; la moto aumentó las posibilidades de movilidad y Directv inundó la vida de entretenimiento, fútbol y telenovela. El asistencialismo social del MIDES y los consejos de salarios se tradujeron en mejoras concretas de la calidad de vida y del nivel del consumo de los marginados, el consumista de quinta accedió al consumo de cuarta categoría, pero siguen la ñata contra el vidrio.

Las gárgaras electoralistas no libraron de la marginación a la sociedad. Los 615 asentamientos irregulares registrados en el 2011 apenas se redujeron a 607 en el 20182. El MVOTMA confiesa que entre los años 2011 y 2018 se constituyeron 45 nuevos asentamientos irregulares, mientras que 42 de ellos habían sido regularizados. Según Verificado.uy, 192.000 es la media de las personas expulsadas hacia los asentamientos irregulares. Nada menos que el 5.5% de los 3:500.000 habitantes del Uruguay, porcentaje que en Montevideo se eleva al 10% de su población. Sigue siendo espantoso… ¿o no?

La marginación es consecuencia de la necesidad de fuerza de trabajo de bajísimo costo y por fuera de las regulaciones. Se arrojan sectores enteros al círculo del infierno, donde no pueden comprender qué les sucede, ni identificar a quienes los han excluido de la sociedad y de la política. Se los ayuda a soportar la ignominia, inculcando la creencia de que lograrán escapar cuando los gobernantes aumenten el poder de compra de los excluidos. El concepto de pobreza, falsificado con la “línea de pobreza”, es la base de la hegemonía cultural e ideológica: incapacita a los marginados para organizarse y dar vuelta la tortilla.

La hegemonía no puede evitar que el oprimido tenga la sensación de que lo están manipulando, de que dude si aquellos que votó representan en verdad sus intereses u operan en beneficio de los dueños del poder. Aunque no sepa explicar por qué, lo abruma la sospecha de que la democracia representativa es una estafa y lo lleva a juntar rabia. La bronca se acumula en los subterráneos hasta que emerge como resistencia y lucha en algún momento y de alguna manera.

Un palabrerío hueco le marca los carriles por donde está permitido expresarla correcta y pacíficamente. ¿Qué significa dentro de la constitución y de la Ley todo, fuera de ellas nada? La experiencia de vida enseña al oprimido que el Estado de Derecho sólo protege las grandes propiedades y los privilegios de los dueños de todo, que encubre y complementa la violencia institucional. Aprende que si pierde la paciencia y se sale del camino prescripto, intervendrá el componente esencial de la dominación de clases: el aparato policíaco militar. La realidad social y política termina por ser comprendida con toda claridad.

Los “irrecuperables” de siempre, los descreídos de las falsas opciones y de los falsos ídolos, percibimos la dignidad desafiante en la toma espontánea de los terrenos en Santa Catalina. Indican el cansancio que provoca la insatisfacción de las necesidades populares, el sentido de justicia social que reservan los pueblos en sus corazones y su capacidad para tomar decisiones autónomas y organizarse por sí mismos. En nuestra perspectiva insurgente, la iniciativa individual que se volvió alud colectivo permite adivinar la existencia de un imaginario que anticipa futuras rebeldías populares.



Notas: 1. Abril de 2019. Octavo informe del SICLAB (Unión Capital AFAP) con datos de Equipos Consultores y el Instituto de Economía de UDELAR. 2. Informe 2018 del Programa de Mejoramiento de los barrios del MVOTMA.


>>> Masiva ocupación en Santa Catalina


La gota que desbordó el vaso
A mediados de enero una mujer que vivía en una situación de hacinamiento cruzó la calle Burdeos y parceló un pedazo de tierra. Así, según todos los relatos, empezó esta ocupación. A los días ya eran 30 familias y hoy son 650. El promedio de edad de los ocupantes es de 25 años y cerca de 300 niños día tras día juegan alrededor de lo que sueñan será su futuro hogar y su futuro barrio. Los datos los obtuvieron los propios ocupantes, producto de un censo que realizaron apenas ocuparon y cuadricularon el terreno, nos cuenta Adrian Alanis, uno de los jóvenes que integra una de las tres comisiones en la que se dividieron las 650 familias ocupantes.

Días atrás algunos trabajados de FFOSE se acercaron al lugar para interiorizarse con lo que estaba sucediendo. Fueron ellos los que nos informaron de esta situación y se pusieron en campaña para ver cómo podían colaborar con los trámites para la futura conexión de los servicios esenciales de luz y agua. Llegamos al lugar entonces con abundante información y de la mano del veterano dirigente tupamaro Jorge Zabalza. Nos habían dicho que él estaba muy al tanto de lo que sucedía ya que enseguida que se dio la ocupación, lo fueron a buscar para pedirle 3algún consejo”. El ex presidente de la Junta Departamental vive a unas cuadras de allí en la “Rambla” de Santa Catalina.

El panorama
EL predio ocupado es de casi 8 hectáreas. Está delimitado al sur por Camino Burdeos, al norte por Camino Sanfuentes y al este por Camino Dellazoppa. Las parcelas están claramente delimitadas y son todas iguales. “Nadie tiene más que nadie” nos dicen con orgullo. En la medida que vamos recorriendo, Zabalza es saludado de forma indistinta por niños, jóvenes y viejos que ven en él alguien que se jugó la vida por causas como esta que ahora ellos están viviendo. –“Acá están los nietos de los que ocuparon los primeros terrenos. Todo al oeste de Cibils fue ocupado por trabajadores”, dice Zabalza y agrega: “Lo que no resuelve el Estado lo vamos resolviendo nosotros. Hay una Cultura”. Tal vez esta sea la explicación del orden que vimos, del cuidado por la limpieza, por la organización casi inmediata de dos merenderos y la reserva de un espacio para un salón comunal, así como una olla popular cada noche “para que nadie se acueste con la panza vacía”.



El predio pertenece a un privado y sería destinado a la colocación de molinos de viento. Los vecinos también manejan la información que el presunto dueño, una tal Frois, habría muerto. El Alcalde dice de forma confusa que son predios destinados para obras de saneamiento y al mismo tiempo son predios rurales. Lo cierto es que hace años que no sucede nada y luego de que la primera vecina plantó bandera, se acabó la espera y se echó a nadar el nuevo barrio. Sobre el clima que reina en la ocupación, Adrián nos cuenta que es muy bueno ya que casi todos se conocen. “No tenemos que llamar a la policía, los vecinos se cuidan unos a otros”, nos relata. Están organizados ¿Será esta una de las claves para combatir la inseguridad? Parece casi evidente que sí. En el recorrido también vimos que cada parcela está identificada con el apellido de la familia.  Las calles ya están demarcadas, tienen reservado varios lugares como de uso común para espacios verdes y actividades comunitarias. Algunas de las 650 familias ya iniciaron incluso gestiones para crear 2 cooperativas de viviendas e integrar la FUCVAM.

El drama social y las respuestas
En definitiva, al decir de Zabalza, “la obra civilizatoria en esta zona de Montevideo la hacen los trabajadores a través de las ocupaciones, transformando un terreno baldío en un barrio”. A su vez es la expresión de un drama social que “no sale en las campañas electorales, ni el discurso de los dirigentes ni en los medios de comunicación pero sí está presente en la sociedad, reflexiona el Tambero.
Lo importante ahora, es no dejar aislada esta “acción política” de los nietos de los primeros ocupantes de la zona, casi todos muchachos y muchachas jóvenes que de esta forma están reivindicando el derecho a vivir con dignidad. Ese derecho que era válido en los años 90 y también lo es ahora en 2020.



>>> Escuchar notas a Adrian Alanís y Jorge Zabalza











lunes, 20 de enero de 2020

Mujica transformó su pasado en un relato épico


Frente a la playa de Santa Catalina, donde hizo caer a Daniel Martínez en una broma pesada que se hizo viral, está la casa de Jorge Zabalza. Barrio de pescadores, las calles tienen nombres de peces. Zabalza vive en la calle Burel, de vista privilegiada, un balcón frente al Río de la Plata. La casa se la compró hace 30 años a un dirigente del Partido Colorado. Eso lleva la conversación hacia ese lado y el viejo tupamaro sorprende diciendo que Talvi era el candidato que le caía mejor al comienzo de la campaña electoral.
“Me parecía el más interesante como individuo, con un análisis distinto. No desde el punto de vista político. ¡Si digo eso se levantan de la tumba mi padre y mi abuelo y me matan a palos!”, se ríe el exguerrillero, hijo de Pedro Zabalza, integrante del Consejo Nacional de Gobierno en la época del colegiado y senador del Partido Nacional.
Zabalza acaba de publicar un libro sobre artiguismo, La leyenda insurgente, que le llevó tres años de investigación y escritura.
¿Por qué hizo un libro sobre artiguismo?
El otro día fui a radio Carve y salió Jorge da Silveira, el Toto, a darme un abrazo. Él jugaba al basquetbol en el liceo Zorrilla y yo en la selección de Minas. Hicimos amistad en aquella época. Y él se acordaba de que en 1961 hubo un concurso nacional sobre el artiguismo, en celebración de los 150 años de la batalla de Las Piedras. Estábamos en preparatorios. El Toto y yo salimos empatados en el segundo lugar.
Es decir que siempre le interesó la historia.
Sí, en parte por influencia de la biblioteca del viejo Zabalza. Después, en la cárcel, historia nacional era de lo poco que podíamos leer.
¿Qué decía aquel ensayo juvenil?
Yo castigaba mucho a los “mercachifles” de Montevideo. ¡Era ruralista en esa época!
Según su investigación, el artiguismo abreva de rebeliones indígenas que lo precedieron.
En mi análisis, el artiguismo continúa las rebeliones guaraníes de 1750 y la de Tupac Amarú de 1780. Hay una tradición de rebelión de las poblaciones originales que está muy oculta. En Asunción, por ejemplo, hubo una rebelión guaraní cada cuatro años.
Usted sigue revindicando el derecho a la rebelión. Es una piedra angular de su pensamiento.
Sigo el ejemplo del cura jesuita Francisco Suárez, que revindicaba el derecho a rebelarse contra los reyes, en el caso de que fueran protestantes. Él decía que si había un rey pagano, había derecho a rebelarse.
¿Y hoy cuándo hay derecho?
Creo que el derecho a la rebelión es genérico en toda la Tierra. El planeta está administrado por el capitalismo, el capitalismo está en guerra permanentemente, y donde no hay guerras hay grandes desigualdades. El capitalismo no ha logrado solucionar los grandes problemas, que son sus propias consecuencias sociales, esas diferencias, esa brecha. Y no ha podido solucionar su relación con la naturaleza, destruye, es depredador. El derecho a la rebelión es inherente, implícito a la condición humana.
 Mujica es el símbolo del tipo que renunció a su pasado, que lo fantaseó, lo transformó en un relato épico y con eso hizo el caudal electoral que le permite hoy ser uno de los operadores mayores del capitalismo que hay en Uruguay.
Su esposa es sueca. ¿Ha estado en su país?
Sí.
Es un país capitalista y es uno de los que mejor ha logrado mitigar las desigualdades.
Igual hay gente durmiendo en las calles, como acá.
¿No lo ve como un modelo? Cuando va a Suecia, ¿qué ve?
Veo que la ciudad que tiene la mayor cantidad de industria sueca es San Pablo. Y nosotros también. La Ericsson, Ega, Alfa Laval, todo lo sueco que hay acá… con eso se construye la democracia sueca. Es como la época de los griegos: qué linda que era Grecia, qué lindo como paseaban de la mano Platón con Sócrates por el Ateneo, pero había 300.000 esclavos.
¿Nosotros somos a Suecia lo que los esclavos eran a Atenas?
Así viven bien los suecos, los finlandeses… Ahora el Tribunal Constitucional de Finlandia acaba de prohibir la construcción de la última planta de celulosa que quería hacer allí UPM, por su agresión al medioambiente. Y acá les construimos una vía férrea de US$ 2.000 millones, los abrazamos, va un presidente a humillarse allá, como fue Mujica, a pedirles por favor que vengan. Después hacen un acuerdo que todavía no se sabe muy bien todo lo que dice. Esa es la actitud de nuestras élites gobernantes.
Y ante eso…
…hay derecho a la rebelión.


Cuando habla de todo lo que el capitalismo no ha podido solucionar, de sus injusticias. ¿La desigualdad en Uruguay era más grande en los 60, cuando los tupamaros se rebelaron, o es más grande hoy?
Hoy, sin dudas. La producción se divide en una parte para el capital, una para el trabajo y otra para el Estado, a través de los impuestos. En los años 60, la parte que iba para el trabajo, la masa salarial, era el 40%. Hoy, después de 15 años de gobierno del Frente Amplio, no llega al 32%. La población del Uruguay recibe hoy, por lo que produce, menos de lo que recibía en los 60. Entonces no solo hubo organizaciones armadas. También hubo una gran movilización social. Hoy se justificaría más que existiera esa movilización. Y no se ha realizado porque las organizaciones sociales principales, de trabajadores y jubilados, están vinculadas al Frente Amplio. Por otro lado, y eso no puedo negarlo, ha habido mejoras. Yo lo veo acá: los trabajadores en general han mejorado.
¿Cómo puede ser que los trabajadores hayan mejorado y al mismo tiempo haya más injusticia?
Porque los que más han ganado son los bancos, los latifundistas… los ricos se hacen más ricos, los pobres se hacen menos pobres.
Y entonces, si la brecha es más grande hoy… ¿no se precipitaron al rebelarse en los 60?
No creo que hayamos sido apurados. Pienso que nos equivocamos en otra cosa. Nosotros tomamos el ejemplo de lo que ocurrió en la Sierra Maestra, en Cuba, donde un grupo guerrillero se fue a las sierras y luego se desarrolló como un ejército, y terminó derrotando al ejército de Batista. Los que adoptamos ese modelo en nuestra cabeza estábamos profundamente equivocados. Porque le pusimos demasiada importancia a los aspectos militares de la lucha, y fuimos perdiendo las definiciones iniciales que tenía el movimiento tupamaro en sus inicios, que era hacer política con armas, usarlas como apoyo de un trabajo político. Lo hicimos en un primer período, pero después fuimos cayendo cada vez más en querer transformarnos en un ejército que creciera hasta ser capaz de tomar Montevideo. Y eso trajo muchos males. Porque la estructura militar debe ser el peor invento de la sociedad.
¿No es muy ingenuo pensar que podrían poner un límite al uso de la violencia? ¿Acaso al decidir usar las armas en la política ya no estaba el germen de esa transformación?
La idea era usar las armas para hacer política y para defendernos también. El MLN creció después, con Pacheco Areco, después de Líber Arce, como respuesta. Porque en ese momento la respuesta electoral y política no existía. La respuesta que encontraba la gente era por el lado de las armas.
Alguna gente. Para una cantidad mucho mayor la respuesta estaba dentro de la política y votaban a Wilson, por ejemplo.
Por supuesto, sí. Pero también hubo 6.000 presos...
¿Cómo se dio ese cambio desde el MLN inicial al que se creyó un ejército que iba a poder derrotar a las fuerzas armadas?
Ese fue nuestro error. Hacer política significa acumular en cabezas, darle elementos a la gente para que comprenda la realidad y sienta la necesidad de actuar. Eso ocurrió en la primera época del MLN. Luego nos enzarzamos en una lucha primero con la policía, después con los escuadrones, luego con el Ejército. Empezamos a ver solo la realidad a través de que nos estaban torturando y fuimos centrando toda nuestra estrategia en hostigar y tratar de derrotar a ese aparato. Hoy creo que el método guerrillero ya no es aplicable. Pero en aquella época lo correcto hubiera sido no sumar y sumar gente, sino seguir siendo 50 o 60 personas organizadas que hicieran acciones que tuvieran un sentido político, que ayudaran a comprender.
Eso, además, hubiera comprometido a mucha menos gente. Al final miles terminaron presos, torturados, sin contar a los que perdieron la vida.
Por supuesto. Pero entendimos que acumular fuerzas era integrar gente al aparato.
Los muchachos que los siguieron a ustedes fueron miles, y la mayoría no la pasó bien.
¡A ustedes no! Yo soy uno de los muchachos que seguí a Mujica, tengo diez años menos que él. Pero nosotros también empujábamos, queríamos. Había una necesidad. Era el espíritu del 68. Ese año habían ocurrido una cantidad de hechos a nivel mundial, la lucha por la democracia en Checoslovaquia, la plaza de Tlatelolco, las grandes manifestaciones en San Pablo y Río de Janeiro, el Poder Negro, las manifestaciones contra la guerra en Vietnam y Woodstock en Estados Unidos… todo eso creó un clima ideológico. Vos sentías la necesidad de hacer la revolución. Que había poca reflexión, es cierto. Que la sociedad ideal que queríamos no la habíamos discutido demasiado, por supuesto. Era un anhelo…
 La estructura militar debe ser el peor invento de la sociedad.
Los cálculos políticos de los líderes tupamaros no se cumplieron: instaurar un foco guerrillero no hizo que Uruguay se levantara en armas; el Ejército no se dividió como preveían, etcétera, etcétera.
Es lo que te digo. El método guerrillero tiene un error inicial que es el querer desarrollar un ejército a partir de un pequeño grupo guerrillero. Lo tendríamos que haber reflexionado en esa época.
Pero hubo gente que se sumó pensando que eso iba a funcionar.
Sí, claro. Yo creí que iba a funcionar. Mi hermano creyó que iba a funcionar. Tenía cinco años menos que yo. Ese pensamiento de que hay que había que hostigar al Ejército lo teníamos totalmente incorporado. Hostigarlo para que no torturara. Desde Raúl (Sendic) hasta el último de nosotros. Y esa fue una lógica que no funcionó. Soñábamos con la Revolución Española, era la historia reciente de mi generación.
Otra que terminó mal.
También. Pero que termine mal no es justificativo para no hacer nunca más nada. Porque las condiciones sociales te matan de otra manera. No te digo en Uruguay, pero en África ¿cuánta gente está muriendo por falta de atención médica? Los africanos, los haitianos, tienen el derecho a la rebelión.
Pero también pueden terminar peor de lo que están. Uruguay después de la revolución tupamara tuvo 12 años de dictadura.
En ese momento vos no estás pensando que te van a derrotar. Hacés las cosas para triunfar. Y acá no se ha pensado lo suficiente en el tema de los ejércitos. En Uruguay el Ejército sigue intacto en su estructura ideológica.
¿Le dolió la referencia casi festiva de Mujica a la “toma” de Pando, en la película de Kusturica, obviando por completo que hubo cinco muertos?
Mucho. Mucho. Me da mucha bronca. Rabia me da. Porque él no tiene ningún derecho a referirse de esa manera. Él hizo un nuevo relato. Él dice bien claro: yo nací de nuevo en la cárcel. Dice: este que soy yo se hizo en los calabozos, en la soledad, durante el martirologio. Quiere decir que ahí en la cárcel, en los calabozos donde estaban Fernández Huidobro, Mujica y Rosencof, algo pasó que los tres renacieron. Los tres salieron hechos hombres nuevos y con unas ideas nuevas, como la que Mujica sostiene al final de la película, donde dice: unos se pasaron al capitalismo y yo estoy entre los que lo administran. O sea, entre los que sirven al capitalismo, entre los que operan en su beneficio. Es uno a quien le dejan administrar el capitalismo. Por eso lo aplaude Soros y tantos otros.
Ellos tres han escrito la historia oficial tupamara: Fernández Huidobro y Rosencof a través de sus libros, Mujica a través de las entrevistas.
Sí, nosotros nunca escribimos nuestras experiencias. Mujica lo hizo a través de los medios. Él forma parte del espectáculo, es un actor del espectáculo político.
Pando tuvo un saldo trágico, cinco personas muertas. Tres compañeros suyos, su hermano Ricardo, Jorge Salerno y Alfredo Cultelli. Y también…
Burgeño y Fernández Díaz.
Exacto, el civil y el policía. Cinco personas. ¿Valió la pena esa acción con ese saldo trágico? Han pasado muchos años y uno percibe que en usted el dolor por la muerte de su hermano no ha menguado.
Yo estaba en el grupo que estaba preparando Pando y caímos un mes y medio antes, en julio. El grupo de mi hermano entró por nosotros. Eran unos gurises.
¿Le pesa?
Sí, claro que sí. ¿Por qué yo estoy vivo y él no?
¿Valió la pena esa acción?
Pando marca el inicio de ese error que ya dije. Fue el inicio de nosotros pensando en transformarnos en un ejército. Fue la primera operación en la que demostramos que pensábamos que multiplicando la cantidad de grupos íbamos a triunfar. Ahí intervinieron 40 y pico de compañeros. Y pensamos que si llegábamos a ser 4.000, organizados como un ejército, podíamos tomar Montevideo.
Muchas veces las referencias a Pando son épicas, como si hubiera sido una aventura, casi festivas, desprovistas de todo dolor.
“Y después fui y me tomé una cerveza”.
Tal cual. Mujica en la película de Kusturica llevó ese fenómeno al máximo.
¡Seguro! Mujica es el símbolo del tipo que renunció a su pasado, que lo fantaseó, lo transformó en un relato épico y con eso hizo el caudal electoral que le permite hoy ser uno de los operadores mayores del capitalismo que hay en Uruguay. Yo hace poco tuve una discusión con varios compañeros viejos que siguen en el MLN. Me decían que en octubre votara al Frente para preservar los derechos. Pero recordemos. Primer gobierno de Tabaré, la bancada del MPP, con varios tupas viejos como (Ernesto) Agazzi y Juan José Domínguez, votó la ley que convirtió las ocupaciones de terreno en delito penal. ¡De terrenos! Dijeron que se iba a resolver el problema de la vivienda construyendo, pero hoy existe la misma carencia de viviendas del 2004, 15 años después. No hicieron nada. Siguen los asentamientos. Acá la situación mejoró porque la gente trabajando construyó su baño, revocó las paredes, le puso tela asfáltica a las chapas. Es cierto. Compraron su moto, tienen Directv. Todo eso es cierto, pero el problema de la vivienda en Uruguay no se resolvió. Prefirieron no tocarlo, para no tocar la estructura de la propiedad de la tierra urbana, los terrenos del Estado y los que están abandonados.
Igual he visto que está rodeado de carteles del MPP.
Sí, por supuesto. Pero todos mis vecinos saben cómo pienso. En 2004, cuando dije que no iba a votar al Frente Amplio, porque iban a pagar la deuda externa y no iban a resolver ni el problema de la vivienda ni el de la educación, hubo vecinos que me dejaron de saludar y un amigo íntimo me quiso pelear. Hoy, después de lo que pasó acá con Daniel Martínez, todo el mundo se mata de la risa. Eso que pudiera haber dado lugar a repudio, no lo dio. Hay un cambio muy grande. La gente ha comprendido. ¿Te creés que no se dan cuenta lo que es hoy la lucha por los cargos de la Intendencia? ¿Cómo se explica que haya tantos interesados en ser intendente?
¿Qué le diría al hijo de Burgueño?
¡Qué le voy a decir! El padre se metió en el medio de in tiroteo, entre los policías y uno de los autos…
¿La culpa la tuvo Burgueño?
No, no la tiene. Yo no creo en los efectos colaterales. Ahí hubo una culpabilidad nuestra. En aquella época se dijo que la bala que lo mató era de la policía, pero aun así se estaban tiroteando con los compañeros y la responsabilidad es nuestra. Siempre que hice algo por Pando, hablé de ese tema, porque Burgueño era un hombre de pueblo. La responsabilidad de su muerte, por lo menos para mí, es nuestra. O es compartida con la policía. Nosotros tenemos que asumir nuestra parte.
También hubo gente a la que ustedes ejecutaron, gente inocente. Usted ha admitido que las muertes de Pascasio Báez y Roque Arteche son equiparables a delitos de lesa humanidad. También ejecutaron a un capataz de Niboplast…
No tiene sentido. Hicimos cosas que no tienen sentido. Forma parte de transformarnos en un ejército, que tiene una lógica del enemigo. Cuando nosotros nos empezamos a militarizar y a transformar en ejército, empezamos a adoptar la lógica del enemigo. Una lógica binaria: amigo o enemigo. Y a partir de ahí empezaron…
…los desastres.
Es así. Un ejército es todo lo contrario a lo que uno pueda pensar que es la democracia.
La lógica del enemigo hace que uno no vea al otro como ser humano.
Claro.
Y su discurso de mantener vivo el derecho a la rebelión, ¿no implica el riesgo de ver como enemigos a otros actores de la sociedad?
No, porque yo paralelamente hago la crítica al ejército en todos lados. Empezando porque creo que es lo más antidemocrático que debe haber. Es imposible democratizar un ejército, porque funciona en base al mando y obedezco. La existencia de un ejército dentro de la democracia liberal termina avasallando todas las libertades, porque dentro del ejército no hay libertad. Y si un movimiento guerrillero se transforma en un ejército, se convierte en una estructura autoritaria, que no quiere libertades, que no acepta divergencias individuales y que define al otro como enemigo. Entonces, sos un desastre. Y cuando analizo las guerrillas del 70, nuestro error fue ese. ¡Estoy criticando al Che Guevara!
Así es.
Sí, lo estoy criticando. Él, por su experiencia, no podía verlo de otra manera. Pero nosotros adoptamos eso, como lo adoptaron en Perú, Colombia, Venezuela, Chile, en todos lados la misma idea. Fue el profundo error de los movimientos guerrilleros de los 70.
¿Entonces propone una rebelión pacífica?
Bueno, (se ríe)… la sociedad es violenta, no seas malo. Las desigualdades sociales, la violencia se ve todos los días. Todas las noches me ponen un parlante ahí afuera hasta las tres de la mañana y venden porros o pasta base. Es violencia. Yo le critico al pragmatismo del Pepe Mujica que filosóficamente está aceptando esa situación. Cuando dice "administro el capitalismo", lo hace atemperando e impidiendo que la gente se rebele. Ese es su papel. Yo no acepto la sociedad tal cual es. Más allá de que hoy no pueda hacer nada, hay que transformarla. Y al hacerlo, se desata la violencia porque vas a ser reprimido.
Ese modo de pensar no corre el riesgo de caer en los errores del pasado, de ver a otros como el enemigo.
No, porque hay que mantenerse firme en las cosas que nunca más hay que hacer. Creo en el derecho a la rebelión, pero nunca más un ejército. Esa es la estructura maldita que inventó la humanidad.











jueves, 9 de enero de 2020

sábado, 4 de enero de 2020

"Se acabó el recreo", dijo Manini




Por Jorge Zabalza
artículo publicado el 30 de diciembre en "CLARIDAD"

País de los amortiguadores, de instituciones políticas para atemperar las consecuencias sociales del capitalismo. ¡Qué lindo este Uruguay del republicanismo y la democracia representativa! De la ficción electoral donde los pobres se creen iguales a los ricos porque votan en la misma urna y elijen a quien se encargará de hacerles pagar la Deuda. Las elecciones son, de verdad, un acto de prestidigitación. La concordia entre liberales alcanza su punto culminante en la rambla, entre Punta Carretas y Malvín, en el país de las banderas frenteamplistas que se abrazan sin pudor con las de la coalición multi reaccionaria. Un coro de estómagos rebosantes que entonan el himno nacional.

Sin embargo, pocas cuadras al norte hay otro país, el de las panzas vacías, el del millón con ingresos menores a veinte mil pesos, los que no pueden dejar de pensar en el pesito nuestro de cada día, los que voten a quien voten seguirán con su vida de anestesiados, alimento de lobos y lobas, carne de cañón de las cárceles, víctimas del sistema por haber nacido lejos de la vidriera para turistas.

Tampoco está en la rambla el tendal que dejó la política económica del astorismo: 160.000 desempleadas y desempleados, otro tanto cuyos empleos bajaron de calidad, los dueños de pequeños comercios en concordato, los pequeños productores que debieron abandonar el agro. Esas capas medias que, mientras financian vía IRPF el asistencialismo social, ven que las grandes multinacionales no dejan nada para el país.

No hay índice de Gini ni línea de pobreza que puedan disimular las consecuencias de haber subordinado la economía a los intereses financieros internacionales. Sin embargo, como las y los sacrificados en el altar del grado inversor son mayoría, los partidos compiten para obtener su consentimiento. Entre todos, los arrean hacia el matadero, testuz inclinada y chiflando bajito. Es el modo de dominar pacíficamente.

Empero, en esta ocasión, más de 50.000 electores del área metropolitana, que habían votado al Frente Amplio en 2014, cambiaron de arriero y fugaron hacia otros partidos. El electorado uruguayo navega a contracorriente de los pueblos que, para librarse de la dependencia del capital financiero, tomaron el control de las calles, avenidas y plazas de América Latina. Mientras ellos enfrentan balas de goma, tortura, violaciones y gases lacrimógenos, el pueblo del Uruguay parece haber elevado al gobierno la representación más vinculada al agronegocio, al capital financiero y la mano dura.

¿La victoria de la coalición multi reaccionaria se debe a la mala comunicación o a que la gente se cansó de versos? Si, señores, dejaron de votarlos porque disienten con ustedes. No fue la forma en que se comunicó, sino el contenido de la comunicación.

Véase por ejemplo lo que ocurrió con los derechos humanos. Aunque de manera diferente que los gobiernos anteriores, los progresistas también cumplieron con el pacto del Club Naval. Este es un país donde el político de izquierda más avezado es qui-en mejor sabe transar, en secreto y sin escrúpulos, con los propios criminales, la impunidad de los delitos de lesa humanidad. Con mucha prudencia y sin ofender a nadie, las marchas del 20 de mayo expresaron masivamente su disidencia con el Olvido y Perdón que se adivina en las actitudes y los gestos con que los gobernantes respaldan la impunidad.

¿Qué habría ocurrido si Tabaré, Mujica y Astori se hubieran puesto al hombro la lucha por Verdad y Justicia? ¿Si no hubieran tenido tantas contemplaciones con el centro militar y los comandantes en jefe del ejército? ¿Si hubieran dejado de pagar las jubilaciones a los oficiales procesados y los recluyeran en cárceles comunes? Serían gestos entendibles, actitudes educadoras para la lucha por Verdad y Justicia y no sus incomprensibles mensajes que convocan a aguantar pacientemente al militarismo.

Seguramente las consignas de las marchas habrían cambiado la desconformidad por los aplausos y la fuga de votantes habría sido muchísimo menor. ¿Quién dijo que el gobierno desgasta n3ecesariamente la fuerza política? La gente no piensa sólo con el bolsillo, necesita creer, tener esperanzas. Solamente se precisaba desterrar el Olvido y el Perdón.

La derrota comenzó cuando los apóstatas se convirtieron en operadores de su versión de neoliberalismo suavizado con asistencia social. ¿Qué hubiera pasado si, en cambio, hubieran gobernado a lo Salvador Allende? ¿Si no hubieran cambiado los paradigmas del gobierno? Si hubieran rescatado del olvido el imaginario transformador, el del Congreso del Pueblo, el que dio origen a la CNT y al propio Frente Amplio. Los actuales partidos políticos progresistas han dejado de expresar y representar la lucha contra el poder, contra la clase dominante y los centros del capitalismo mundial. Están integrados al sistema institucionalizado de dominación. ¡¡En Chile, Bachelet llegó al colmo de mantener el mismo modelo de producción y distribución que Pinochet!!

Hay una crisis de representatividad, dicen los politólogos, valoración que, en el fondo, significa que ellos mismos no creen que el resultado de las elecciones represente realmente la voluntad del pueblo. Lo más probable es que el progresismo continúe colaborando con el neoliberalismo sin lubricante que ahora accedió al gobierno nacional. Hace rato que eligieron jugar de “oposición responsable” y acordar aquello que en la campaña descalificaron como antipopular. Gobierne quien gobierne, lo esencial continuará por los mismos carriles, unos en la rambla de Pocitos y otros sobreviviendo como pueden en el Pantanoso. Hasta que el pueblo, por sí y ante sí, diga basta y arranque a caminar.

Tal vez, aunque es poco probable, el retorno al viejo horizonte transformador pueda venir desde abajo, desde las bases frenteamplistas.

Pese a la sistemática política de desvalorizar y desarticular el Frente-movimiento, se produjo la avalancha militante entre octubre y noviembre del 2019. La dirigencia progresista quiere atribuirse la convocatoria, pero, en realidad, ella fue organizada desde los comités de base. Su irrupción significó la derrota de la estrategia de reducir la vida política al círculo central de los caudillismos y abre las puertas a la integración del “pueblo frenteamplista” a los movimientos que lucharán a muerte contra el neoliberalismo puro y duro.

Es que la conducción del progresismo ha demostrado su incapacidad para tomar la iniciativa en la lucha por la liberación de la mujer o por la defensa del aire, el agua y la tierra. No pueden hacerse cargo de la agenda de derechos porque quieren medrar en el espacio que les permite la clase dominante, sin salirse de los políticamente correcto. No quieren transformar la sociedad, revolucionarla. Nunca van a llamar a conquistar en la calle lo que se perdió en las urnas.

Ya pasó en Ecuador y Chile, en Bolivia y Colombia. Sus pueblos mestizos debieron asumir, por sí y ante sí, la conducción de la lucha con el capitalismo. Movimientos sociales multiétnicos, capaces de poner de relieve los aspectos más soterrados por la ideología dominante, el patriarcalismo, la violencia doméstica, el racismo, la destrucción de los recursos naturales, del agua, la tierra y el aire. Que han logrado comprender que mientras haya capitalismo habrá patriarcalismo y violencia contra las mujeres. Que mientras se cabalgue tras la tasa de ganancia la depredación será el modo de producir. Movimiento s sociales que han sido capaces de reunirse y organizar la batalla, de constituir organismos políticos de base popular, dejando a un lado los progresismos que concilian con el poder económico y militar. El recreo terminó, la lucha espera.