jueves, 13 de junio de 2013
Bitácora de un Incrédulo
Por Jorge Zabalza
Alrededor de 1955 la economía nacional entró en picada. Como siempre la clase propietaria intentó volcar el desastre sobre los asalariados y asumieron directamente la conducción de la economía. Su plan era reducir aún más el poder adquisitivo del salario y recuperar la rentabilidad del capital. No les fue tan sencillo concretarlo. Un siglo de lucha social y de prédica revolucionaria consecuente habían preparando a obreros y estudiantes para hacer frente a la ofensiva reaccionaria. Cuando en junio de 1968, Jorge Pacheco Areco lanzó su primer andanada, el movimiento popular ya sabía qué hacer. El abajo luchó y se movilizó aunque fue muy violenta la escalada represiva. Más sangre de obreros y estudiantes derramaba el gobierno, más crecía la resistencia. La bronca popular también se tradujo en expansión del movimiento guerrillero. Cientos de luchadores se plegaron a la guerrilla pese a los duros golpes sufridos.
La toma del cuartel de la Armada, la instalación de la Cárcel del Pueblo y la fuga de Punta Carretas marcaron el momento de mayor peso politico del MLN(T). Para controlar la resistencia popular y destrozar a la guerrilla, los dueños del Uruguay dejaron que las fuerzas armadas fueran ocupando espacios politicos cada vez mayores. Parecía inminente el quiebre de las instituciones y la guerra civil. El surgimiento del Frente Amplio revitalizó la alternativa electoral y parlamentaria, fue el salvavidas de la democracia formal. El elevado grado de conciencia y experiencia alcanzado en la lucha, se canalizó entonces hacia la autorganización de cientos de Comités de Base.
En 1971 el gobierno decretó un aumento del 25% a los salarios públicos y privados. La maniobra logró distender el conflicto y trasladar algunos efectos de la crisis hasta después de las elecciones nacionales de noviembre. En esas condiciones, el deseo de “orden y mano dura” hegemonizó la campaña electoral y terminó triunfando el pachequismo. El país quedó dividido en dos mitades perfectas: “con el pueblo o contra el pueblo”. La victoria electoral legitimó a los más reaccionarios, parecía el momento de tomarse un respiro y esperar mejores condiciones, pero, en una interpretación triunfalista de la coyuntura, el MLN(T) lanzó una ofensiva militar poco entendida por los sectores sociales que simpatizaban con el movimiento. Con ese panorama se ingresó a 1972, año de los actos preparatorios del golpe de Estado.
La previa.
En acuerdo con los grupos más reaccionarios - el llamado “pacto chico”-, en el mes de marzo comenzó a gobernar Juan María Bordaberry. Reafirmó la política económica antipopular. Alentó los atentados y asesinatos por parte de las bandas fascistas de la Juventud Uruguaya de Pié (JUP) y los Escuadrones de la Muerte o Cazatupamaros. Subordinó la policía a los mandos militares. El 13 de abril de 1972, la CNT convocó un paro general que fue masivamente acatado. Al día siguiente, enredado en el mano a mano con la represión, el MLN(T) ejecutó a seis miembros del Escuadrón, pero cayó en una emboscada en la que fueron asesinados ocho compañeros. El gobierno decretó el Estado de Guerra, de “guerra contra todo el pueblo” como la calificaba el documento de julio de 1972 del “Movimiento de Independientes 26 de Marzo”. La primer acción de las fuerzas armadas fue el alevoso asesinato a sangre fría de los ocho compañeros comunistas en el local del Paso Molino. El entierro fue una demostración multitudinaria de indignación.
En el mes de mayo el ejército y la policía (las fuerzas conjuntas) agudizaron la represión. El 18 de mayo el MLN(T) atacó la custodia del general Gravigna y murieron cuatro soldados. El 27 de mayo cayó la Cárcel del Pueblo, un baluarte simbólico. En el mes de julio los parlamentarios, con la sola excepción de los frenteamplistas, aprobaron la ley de Seguridad del Estado. La jurisdicción sobre los presos políticos pasó a los tribunales militares, de hecho se estaba legalizando el empleo sistemático de la tortura. Dos días después Wilson Ferreira Aldunate ya estaba arrepentido de haber votado la ley.
En el mes de julio concentraron en el Batallón de Infantería No.1, conocido como “batallón Florida”, a varios prisioneros que habían sido dirigentes del MLN(T) y estaban recluídos en diferentes unidades. Los sentaron frente a un panel formado por los mandos superiores de las fuerzas armadas más el jefe del ES.MA.CO, coronel Gregorio Alvarez y el jefe del servicio de inteligencia, coronel Ramón Trabal. Solamente por un asunto al que atribuyeran importancia crucial podía reunir semejante plantel. El general Gravigna lo planteó a bocajarro: rendición incondicional del MLN(T) y entrega de Raúl Sendic, el dirigente revolucionario de mayor gravitación política. Ramón Trabal fue el artista creador de esta puesta en escena, la vía más rápida y menos costosa para obtener la victoria. Apoyado por una asamblea de militantes, Raúl Sendic rechazó la rendición e hizo una contraoferta: la paz a condición del compromiso público de las fuerzas armadas con un plan de medidas populares, la primera de ellas una radical reforma agraria. Raúl sacó las “negociaciones” de lo puramente instrumental, elevándolas al plano de lo político e ideológico. Las fuerzas armadas la rechazaron y dieron por finalizadas las tratativas, no querían pacificar nada, se trataba de una simple maniobra y nada más. El balance del primer semestre de 1972, muestra al bloque de poder fortalecido en varios frentes.
Los “ilícitos económicos”
El 4 de agosto la Armada Nacional proclamó su “profundo repudio a cualquier forma de subversión, ya sea la que empuña las armas para asesinar cobardemente, como la que expolia la economía nacional, la que usurpa al pueblo el producto de su trabajo,la que propende a la corrupción moral, administrativa y/o política, la que practica el agio y la especulación en desmedro de la población o la que compromete la sobreranía nacional”. Las fuerzas armadas se embarcaron en una campaña contra los “ilícitos económicos”, operación “limpieza de imagen” y “siembra de confusión” como definía el “Documento de Octubre de 1972” del Movimiento de Independientes “26 de marzo”.
El 24 de agosto fueron conducidos al “Florida” los mismos prisioneros de las “negociaciones” y se les propuso estudiar la documentación capturada al MLN(T) y ayudar a investigar los “ilícitos económicos”. Les prometieron suspender la tortura en todos los cuarteles. No se puede decir que haya sido cumplida la promesa, en el Grupo de Artillería No. 1 (“La Paloma”), por ejemplo, continuaron torturando a compañeras y compañeros mientras otros presos colaboraban en los “ilícitos”. Era más fuerte que ellos, con el mismo placer que torturaban a los “subversivos lo hicieron con los detenidos bajo sospecha de corrupción.
Podía imaginarse que participar en los “ilícitos” servía de apoyo a los oficiales progresistas en su pretendida puja contra la corriente reaccionaria. Forzando aún más la imaginación, se podía especular conque esos oficiales progresistas podrían formar un partido para la transformación económica social y política del país, a imagen y semejanza del proceso acaudillado por el general Velazco Alvarado en el Perú. Sin embargo, en el batallón “Florida” no ocurrió eso: los mismos capitanes que alimentaban expectativas en este grupo de prisioneros, preparaban con el traidor Héctor Amodio Pérez una operación para desacreditar a Wilson Ferreira Aldunate, Enrique Erro, Líber Seregni y otros dirigentes. Los capitanes cambiaban de careta cuando iban del despacho “operación ilícitos” al despacho “operación golpe de Estado”. En cierto momento dieron por terminada la maniobra y escondieron los 40 expedientes producidos por los prisioneros en el coffre-fort de algún general. El 30 de setiembre de 1972 Wilson Ferreira Aldunate informó al general César Martínez, nuevo comandante del ejército, que el golpismo conspiraba a sus espaldas. En un ensayo escrito para la “Fundación Wilson Ferreira Aldunate”, el Capitán de Navío Tabaré Patrón señala que en setiembre de 1972, el coronel Ramón Trabal ya tenía en el bolsillo los borradores que, una vez corregidos por Gregorio Álvarez, jefe del ES.MA. CO, se convertirían en el Comunicado No. 4 el 9 de febrero de 1973. Al tiempo que desarrollaban el “plan ilícitos”, se preparaba la próxima maniobra de dispersión, la del día del golpe de Estado. En octubre el Supremo Tribunal Militar pidió el desafuero de Enrique Erro basándose en testimonios de Héctor Amodio Pérez. Esta primera vez el pedido no llegó al parlamento pero está claro que daba comienzo a la fase final del golpe.
En la página 178 de su obra “La tregua armada” Fernández Huidobro resume su actuación en el”Batallón Florida”: “Nuestro error en 1972 fue haber creído que era posible influir sobre un sector muy grande. Los antecedentes que citamos anteriormente y ciertos hechos que transcurrían ante nuestros ojos, daban para pensar en ello, Nos equivocamos. La experiencia enseñó que si bien es necesaria y debe ser permanente la labor política en el seno de las FFAA, las fuerzas populares no debemos hacernos ilusiones en cuanto a lograr, en base a ello, ganar para el pueblo a sectores importantes y orgánicos de las FFAA. Éstas están concebidas y montadas de tal modo que la rosca dominante nunca va a perder su control. Otra cosa sería suicida. Dicho aún más claramente, ellas son la garantía real y de última instancia que tiene la rosca para cimentar su poder”. Que se sepa influyeron sobre un único capitán que fue sancionado. Demasiado poco para lo que estaba en juego. Ya era tarde además, se había contribuído a crear la ilusión “perunista”, que en las semanas siguientes tuvo consecuencias desastrosas para el movimiento popular. El error en 1972 fue haberse plegado a las iniciativas de los militares, los antecedentes y la experiencia también enseñaban a negarse a las “negociaciones” y a la participación en los “ilícitos económicos”.
1º de setiembre de 1972, Raúl Sendic fue apresado sin entregarse: el balazo de fusil en la mandíbula lo dejó sin conocimiento y, cuando lo iban a rematar, un oficial de la Armada detuvo al soldado: “no lo hagas, no queremos un Ché Guevara en Uruguay”. El MLN(T) que sobrevivió la caída de Raúl quedó sin capacidad de reacción, una de las condiciones “sine qua non” del golpe de Estado.
El golpe de Estado
El 9 de febrero de 1973, el Comunicado No.4 de las fuerzas conjuntas advirtió a la población que en adelante su misión sería “intervenir en la problemática nacional”, garantizar el desarrollo nacional y emprender “la reorganización moral y material del país ”. En Panamá les habían enseñado que no eran ”una simple fuerza de represión o vigilancia”, tenían un rol político a desempeñar. Redactado por Trabal, el comunicado reafirmaba la decisión irrevocable de aniquilar el marxismo leninismo por ser “incompatible con nuestro tradicional modo de vida”. Aunque muchos leyeran solamente lo que quisieron, nadie podía llamarse a engaño. El 11 de febrero, el editorial de “El Popular” explicaba que “...hay una 'realidad' que debe ser cambiada y las Fuerzas Armadas no quieren ser el brazo armado de grupos económicos y políticos que pretendan apartar a las Fuerzas Armadas de sus fines”. Los planteos de los militares eran muy generales y vagos pero el Partido Comunista afirmaba que estaban inscriptos en la corriente general que querían cambiar el modelo de la oligarquía y el imperio e imaginaban alianzas con las corrientes progresistas de las fuerzas armadas.
El 14 de febrero de 1973, en la Base “Boiso Lanza” de la Fuerza Aérea, el presidente constitucional y los mandos de las fuerzas armadas pactaron lo esencial de la doctrina política que rigió al Uruguay los doce años de dictadura. El pacto se concretó en la creación de una nueva institución del Estado, el Consejo de Seguridad Nacional (COSENA), que Bordaberry definió como “cauces institucionales apropiados para la participación de las FFAA en el quehacer nacional”. En realidad los golpistas no debieron esforzarse mucho para convencerlo, el novel presidente era el más fascista de todos. Entre la hojarasca levantada por los comunicados, podía entreverse al terrorismo de Estado abriéndose paso y tomando los resortes de poder.
Al otro día del pacto, la Mesa Representativa de la CNT declaró que la huelga general sólo podía ser convocada “en la medida que contribuya a avanzar a favor de los intereses populares y en el cumplimiento del Programa de Soluciones a la crisis”. De hecho la postergaron cinco meses. La tendencia mayoritaria de la CNT, los demócratas cristianos, un sector del socialismo y la mayoría del Partido Comunista, se ilusionaron con el “perunismo” tanto como los prisioneros del “Florida”. Quienes no se engañaron fueron los militares que se habían sumado a las filas del pueblo: Montañez, Zufriategui, Aguerre y Licandro. El general Seregni percibió la maniobra pero terminó aceptando la opinión mayoritaria. Don Carlos Quijano alertó sobre los peligros del militarismo desde el semanario “Marcha” y los famosos “Cuadernos”.
En Uruguay no hubo un día ”masacre” como el de Chile, donde el 11 de setiembre de 1973 el ejército disparó sobre la gente a mansalva, arrasó las poblaciones y los cordones industriales y asesinó al compañero Salvador Allende. La “técnica a la uruguaya” hizo pasar disumulado el golpe del Boiso Lanza, oculto por el humo de las operaciones de inteligencia. Al disimulo ayudó la complicidad del “pacto chico”, cuyos integrantes lo revistieron con una pátina de “civilismo”, hipocresía tan propia del país de los amortiguadores. Con el respaldo del imperio, los dos brazos de la oligarquía (el armado y el político) ya estaban en condiciones de arrollar al pueblo que se resistía a dejarse robar impunemente su poder adquisitivo. El golpe de estado estaba dado en febrero de 1973.
Se disipa el humo...
Con el golpe se instaló un régimen muy propio del país de los amortiguadores: una dictadura que coexistía con las organizaciones sociales, los partidos políticos y el parlamento. Los mandos apostaban a manipularlas mediante el temor y nuevas maniobras de inteligencia, pero el engendro apenas pudo sostenerse cinco meses. En ese lapso, los conflictos y luchas se sucedieron, contra la “ley Sanguinetti” en la enseñanza, la huelga de la mutual de futbolistas, la marcha a Montevideo de los obreros textiles de Juan Lacaze, la ocupación de viviendas en el barrio de Cerro Norte severamente reprimida y desalojada brutalmente por el ejército. El punto culminante fue el 29 de marzo, un paro general con ocupaciones de fábricas y centros de estudio, mitines barriales y paralización casi total del Estado. La multitud llenó la Avenida del Obelisco a la Universidad. La CNT les informó que se había reunido con la junta de comandantes y con Gregorio Álvarez . En sus memorias, Pepe D’Elía explica que la intención de la mayoría de la CNT era tender una mano a los militares “progresistas” para impedir que los arrastrara la oligarquía. En aras de esta fantasía se postergó el llamado a la huelga general en rechazo del golpe de Estado. La CNT demoró cinco meses en cumplir con la resolución del Congreso del Pueblo y del programa fundacional de la CNT. El 9 de abril, la casquivana junta desairó a los ilusos: “...si la CNT reconoce la identidad de sus objetivos con los expresados por las fuerzas armadas....éstas entienden que los caminos preconizados por ambas instituciones son irreconciliables”. Por su parte, la “tendencia combativa” sostenía que los gorilas seguían siendo gorilas aunque se vistieran con la seda del comunicado No. 4. Adrián Montañez presentó una Plataforma de Acción Inmediata que fue rechazada por la mayoría que, en cambio, pretendió que el 1º de mayo de 1973 fuera “festivo,optimista y de alegría”, que no incomodara a nadie. Sin embargo, las consignas que corearon las decenas de miles que concurrieron al acto, fueron muy duras y poco amistosas hacia el golpismo cívico militar. Ya existía el clima subjetivo que autoconvocó a la huelga general en junio.
En marzo Wilson Ferreira Aldunate denunció la venta de las reservas de oro del Uruguay y casi llegó al juicio político a Bordaberry. El parlamento se convirtió en caja de resonancia de las denuncias sobre corrupción y violaciones a los derechos humanos. La junta de comandantes arremetió contra el parlamento que tampoco se dejaba amedrentar. El 25 de abril Bordaberry exigió el desafuero del Senador Enrique Erro por supuestas vinculaciones con el MLN- T y la cámara de diputados lo rechazó por un voto de diferencia. Bordaberry y la junta de comandantes jugaron a dejar aislada a la bancada del Frente Amplio pero la maniobra fracasó. La coexistencia había llegado a su fin. La Justicia Militar intentó procesar al senador Amílcar Vasconcellos por su discurso titulado “febrero amargo”. Hizo detener al capitán de navío Omar Murdoch, presidente del directorio del Partido Nacional. En mayo Ferreira Aldunate denunció la “operación enchastre”: un libro del traidor Héctor Amodio Pérez acusaba de estar vinculados al MLN(T) al propio Wilson y a Seregni, Zelmar Michelini, Gutiérrez Ruiz y, por supuesto, a don Enrique Erro. Fracasada también esta maniobra, el 1º de junio el gobierno reimplantó las medidas prontas de seguridad. El grupo de Jorge Batlle rompió con el “pacto chico” y los aislados fueron los sectores que apoyaban el golpe. En la madrugada del 27 de junio de 1973, Bordaberry disolvió el parlamento. El humo del “progresismo perunista” se había disipado.
A la seis de la mañana, los turnos entrantes ocuparon los centros de trabajo, un poco más tarde lo hicieron los estudiantes y la CNT convocó a la huelga general. La lucha popular había despejado las confusiones y falsas expectativas, el pueblo asalariado ganó las calles, fue el momento estelar de su historia.
Las fuerzas armadas en disputa
Para muchos la declaración de la Armada y el comunicado No. 4 demuestran la existencia de una corriente perunista liderada por Trabal y Álvarez y enfrentada a las logias reaccionarias en la interna militar. Esa lucha de fracciones sirvió de base a muchas decisiones políticas de diferentes partidos y organizaciones sociales. Sin embargo el progresismo adjudicado a Álvarez demostró ser pura fantasía y, según confirma el compañero Pedro Aguerre (padre), sería bastante falso calificar de “perunista” a Trabal. A cuarenta años de los acontecimientos se puede ver que la interna militar estaba agitada por múltiples contradicciones -como todas las internas militares del mundo y de la historia- pero que ellas no pasaban de ser matices en una estructura muy cohesionada por la Doctrina de Seguridad Nacional y el odio al comunismo internacional. Diferencias que nunca fueron suficientes para quebrar la unidad de mando. Entre los mandos militares de 1973 no hubo un general Torrijos como en Panamá ni un general Torres como en Bolivia. Aunque esa fuera la ilusión esperanzada de muchos.
Las técnicas de manipulación de la opinión pública han sido parte de las estrategias político militares desde la antigüedad. Sun Tzu las recomendaba, von Clausewitz también y asimismo Lidell Hart. Kissinger, la CIA y la CNN obtuvieron excelentes resultados, las usaron para ocultar al pueblo norteamericano las barbaridades que se cometían en Vietnam e impedir que supieran que estaban perdiendo la guerra. Si los EEUU fueron capaces de convencer al mundo entero de que Saddam Hussein escondía armas de destrucción masiva en Irak... qué tiene de extraño que algunos oficiales uruguayos convencieran de su “progresismo” a los dirigentes de la izquierda uruguaya?. Primero fueron las “negociaciones”, después los “ilícitos” y finalmente el Comunicado No. 4, una secuencia de maniobras con las mismas características, destinadas a encubrir los objetivos reales de las fuerzas armadas y a diluir las posibles resistencias. Lecciones de uso táctico de las “cortinas de humo”. Sin embargo, a muchos les duele reconocer la trampa en que cayeron y actualmente son los principales interesados en que perdure la hipótesis “fuerzas armadas en disputa”. Solamente cabe desear que su nuevo “error” tenga consecuencias menos trágicas que el error de 1972.
domingo, 26 de mayo de 2013
Las patas de la sota
Salerno, Cultelli y Zabalza caídos en Pando, una toma que comandó Amodio
Por Jorge Zabalza
Desde 1968 a 1972 Alicia Rey Morales y Héctor Amodio Pérez integraron diferentes organismos de dirección del movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros). Fueron de los cuadros más importantes del movimiento guerrillero, organizaron la columna 15 que fue la que demostró mayor eficiencia y capacidad operativa, comandaron y participaron en muchas de las operaciones de mayor trascendencia, tomaron decisiones que afectaron la vida y la muerte de muchas personas. Hoy se muestran como inocentes de toda responsabilidad, como si nunca tuvieron nada que ver con el “accionismo”, el “sancionismo” y el “militarismo”, los males que determinaron la debacle del MLN (T) y en los cuales esta parejita tuvo muchísmo que ver.
Por Jorge Zabalza
Desde 1968 a 1972 Alicia Rey Morales y Héctor Amodio Pérez integraron diferentes organismos de dirección del movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros). Fueron de los cuadros más importantes del movimiento guerrillero, organizaron la columna 15 que fue la que demostró mayor eficiencia y capacidad operativa, comandaron y participaron en muchas de las operaciones de mayor trascendencia, tomaron decisiones que afectaron la vida y la muerte de muchas personas. Hoy se muestran como inocentes de toda responsabilidad, como si nunca tuvieron nada que ver con el “accionismo”, el “sancionismo” y el “militarismo”, los males que determinaron la debacle del MLN (T) y en los cuales esta parejita tuvo muchísmo que ver.
El 16 de marzo de 1972 luego que se comproboran una serie
de maniobras que realizó para impedir que Raúl Sendic y Eleuterio Fernández
Huidobro integraran la dirección del
Movimiento, Héctor Amodio pidió ser enviado a Chile y hacerse cargo de
la columna organizada en ese país por quienes allí estaban refugiados. Se
resolvió “sacarlo” a Chile pero sin ningún tipo de responsabilidad. Implícitamente
se lo estaba dando de “baja” de la organización y alejándolo del teatro de
operaciones por tener dudas sobre cual podría se su reacción en caso de ser
apresado. No fueron diferencias políticas el motivo de su separación del
MLN(T), fue él susto.
El 25 de mayo de
1972 Amodio fue detenido por tropas del Batallón Florida y, según relata, se
tragó todas las pastillas de “Vallium” que usaba diariamente para calmar sus
nervios. Al despertar en la camilla de la enfermería, se encontró con el
teniente segundo Armando Méndez, que por ser hijo del general homónimo tenía
mucho peso en la cadena de mando de la unidad. Rápidamente llegaron a un acuerdo:
a cambio de organizar el caos de información amontonada en el despacho de la
recién nacida OCOA, serían dejado en libertad el matrimonio. Es de remarcar que
en ninguna de sus extensas cartas dice haber sido interrogado bajo tortura, no
pasó por las barbaridades que sufrieron todas y todos, no se quebró en la
tortura. Amodio dice que lo hizo por
amor a Alicia Rey Morales, que traicionó
para salvarla de la tortura. Al parecer no tenïa ningún sentimiento hacia
quienes mandó a la tortura y la muerte. Desde que fundaron el movimiento
guerrillero, Alicia y Amodio sabían a qué peligros se exponían, no eran una
parejita de ingenuos quinceañeros. Si algún día llego a traicionar a los demás
para salvar a Veronika, estoy seguro que ella me deja de amar.
Armando Méndez
consultó al general Cristi, comandante de la Región No. 1, la más poderosa del
Uruguay, quién autorizó lo solicitado por
el subalterno. Evidentemente el mando adjudicaba al trabajo realizado
por la pareja la importancia suficiente
para correr el riesgo de otorgar esa mini-amnistía clandestina e ilegal. Alicia y Amodio sistematizaron la información
para que pudiera ser utilizada en perseguir, detener y torturar a miles de
personas. Sin Amodio la OCOA no habría sido tan efectiva o, por lo menos,
habría demorado bastante más en disponer del archivo que necesitaba para
cometer sus crímenes contra la humanidad y, tal vez, mucha gente estaría viva
todavía. En sus cartas Amodio resta
importancia al accionar de OCOA, pasa por alto la historia de los desaparecidos
y asesinados en la Cuenca del Plata, le hace un servicio ideológico a sus compinches del terrorismo de estado
La primer tarea que realizó Amodio para la OCOA fue de
espionaje a sus propios compañeros. Lo metieron en la celda donde estaban
Adolfo Wassen y Rodolfo Wolf. Un drama
digno de la pluma de Shakespeare: dos prisioneros, torturados hasta el
cansancio por los verdugos, confían ciegamente en un tercer prisionero, sin
saber que éste último está asociado con los torturadores. Cuenta Samuel
Blixen en su libro “Sendic”: “Amodio
no sabe dónde está el local de la cárcel del pueblo, sí sabe que Rodolfo Wolf
conoce el lugar. Héctor (nombre de guerra de Wolf) aguanta la tortura hasta el
límite de sus fuerzas y los torturadores temen un ataque al corazón o un
intento de suicidio, con lo que perderían preciosa información. Entonces
Amodio, que lleva años militando junto con Wolf, lo convence de que es
necesario aportar la información, que hay una negociación y que todo depende de
que se rescate a los prisioneros con vida. Wolf no sospecha. Mantiene por su
jefe el respeto y la admiración surgidos en la intensa militancia en la que
ambos se han jugado la vida muchas veces. Y le revela el secreto. El 27 de mayo
el ejército rodea la casa de la calle Juan Paullier; la ama de casa que da
cobertura avisa desesperadamente a los cuatro tupamaros que están de custodia
en la pieza subterránea ubicada debajo del garaje, que el ejército sabe que
allí están los prisioneros y que Amodio quiere hablar con ellos antes de que se
cumpla la orden prevista de ejecución en caso de allanamiento". A
dos días de ser detenido, Héctor Amodio Pérez cosechó su primer éxito en su
carrera de traidor.
Entregada la cárcel del pueblo y prontos los archivos de
la OCOA, Amodio había ganado su libertad pero, para disfrutar de ella
necesitaba las treinta monedas. Debía vender algo más. Conspirando con Armando
Méndez y otros de los oficiales del “Florida”, en setiembre de 1972 logró
entrevistarse nueve horas con el periodista Federico Fassano. Le entregó un
manuscrito para editar un libro con la “verdadera historia del MLN (T)”,
presumiendo que los derechos de autor serían suficientes para cubrir sus gastos
en el exterior. En su historia acusaba a
Wilson Ferreira Aldunate, Enrique Erro, Zelmar Michelini, Liber Seregni y
Héctor Gutiérrez Ruiz de estar vinculados al MLN(T). Falsedad total. Además de traidor, mentiroso. Las
acusaciones vinieron como anillo al dedo a los generales Cristi y Gregorio
Álvarez para desprestigiar los parlamentarios y servir de excusa al golpe de
Estado en desarrollo. Esta conspiración
entre los capitanes, Amodio y los generales golpistas se hizo a espaldas del
comandante del ejército general César Martínez y del jefe de inteligencia Ramón
Trabal. Orgulloso de estar sumergido en toda esa mierda, Amodio confió a
Fassano que estaba participando en los actos preparatorios del golpe militar. Fassano informó de inmediato a Seregni y a
Wilson de la amenaza y éste lo denunció al presidente Juan María Bordaberry. La
ejecución del plan golpista quedó postergada por unas semanas.
Reenganche
Cuarenta años después, Amodio reengancha en la vida
política con otra “historia verdadera”, una serie de anécdotas inconexas
destinadas a justificar su cobardía. Sin
embargo en ella confiesa que militó en la OCOA y que salía uniformado de
patrullaje. Hasta ahora las pruebas de la traición, eran los testimonios de sus
víctimas, pero su confesión descarada releva de toda prueba. Es un traidor
confeso. Miente cuando dice que se ponían uniformes a todos los que eran
conducidos al Hospital Militar o el Juzgado Militar. Miente cuando dice que
nadie lo acusa de haberlo “marcado”: Julio Marenales lo reconoció cuando lo
detuvieron y le lanzó una granada que no explotó. Héctor Amodio Pérez debe presentarse en un
juzgado penal para hacerse cargo de su complicidad en los crímenes cometidos
por la OCOA.Tal vez debiera incluso declarar en la causa del Plan Cóndor en
Buenos Aires pues la OCOA fue el instrumento uruguayo del terrorismo regional.
Traición y mentira es el contexto ético y moral de su
reaparición en el escenario político. La historia que Amodio cuenta es la
historia contada por un traidor mentiroso. Amodio relata varios episodios inconexos para
justificar su cobardía y enlodar al movimiento revolucionario. Por supuesto, la
historia del MLN(T) tuvo sus claros y oscuros, como todas las historias de las
revoluciones en el Uruguay y en América Latina. La historia la hace las mujeres
y los hombres con sus pequeñeces y miserias. El Partido Nacional fue fundado
por alguien apodado el “degollador” y tuvo entre sus héroes a Antonio Floricio
Saravia, el “Chiquito”, que con la mejor de las intenciones cometió una atrcidad
en casa de la familia Muniz y para reivindicar su condción humana cargó a pecho
descubierto hasta que lo mataron. Del Partido Colorado mejor ni hablar, toda su
historia está tachonada de intrigas, golpes militares, asesinatos y genocidio.
La historia de los tupamaros está iluminada por el
heroísmo de las compañeras y los compañeros. La falsficación que hace Amodio es
perversa, en particular con la memoria de Raúl Sendic y Adolfo Wassen, que no pueden defenderse y que durante once
años fueron sometidos a condiciones de aislamiento y a un hostigamiento
permanente. Mientras el traidor disfrutaba de su mal habida libertad, los
médicos militares dejaron morir a Wassen aquejado por un cáncer que podía haber
sido controlado. Las cartas de Amodio tienen la mira puesta en desprestigiar la
memoria de Raúl Sendic y de todos los revolucionarios, presentándolos como
seres despreciables, capaces de las peores aberraciones. Las cartas de Amodio
son la continuación de aquellos enormes libracos infames dirigidos a “la
Nación”, que publicaron las fuerzas
armadas en los setenta. Están claramente dirigidas a desalentar los jóvenes que
hoy día mantienen aspiraciones y esperanzas revolucionarias.
"Soy el Rufo y no me entrego"
Es un operativo para espantar el fantasma que siempre acosa a los sectores más reaccionarios, la idea de una revolución socialista. No parece que Amodio acometa esta empresa sin compañía... quiénes serán sus socios en esta nueva “operación enchastre” tan parecida a la 1972?. Cuántas serán las monedas que le redituará su reaparición?
"Soy el Rufo y no me entrego"
Es un operativo para espantar el fantasma que siempre acosa a los sectores más reaccionarios, la idea de una revolución socialista. No parece que Amodio acometa esta empresa sin compañía... quiénes serán sus socios en esta nueva “operación enchastre” tan parecida a la 1972?. Cuántas serán las monedas que le redituará su reaparición?
Hay periodistas que saludan con alborozo que “ahora sí se
sabrá la verdad sobre la sórdida historia de los tupamaros”. Tal vez a muchos
de ellos les pase desapercibido que la traición y la mentira son la materia
prima de la versión Amodio y acompañan su jueguito de mosqueta. Por supuesto habrá
otros periodistas que comparten con Amodio el odio a la revolución y a los
tupamaros y se ubican en la misma trinchera que Héctor Amodio Pérez. Para ellos
su traición no fue traición sino simplemente treparse al carro de los “buenos”,
del terrorismo de estado necesario para impedir que la patria cayera en manos
de la subversión y el comunismo. En ese
marco ideológico comienzan a agitar
nuevamente los casos de Pascasio Baez y Roque Arteche, como otros los agitaron
en las radios, la tele y las tapas de los diarios durante toda la dictadura, como
lo hicieron en 1987 todos los medios de comunicación para hacer campaña por la
Impunidad de los criminales. El de Baez y el de Arteche fueron homicidios
injustificables y por ellos pagaron en tortura y verdugueo varios hermanos y
hermanas míos, bastante los persiguieron, algunos enloquecieron, otros murieron
en prisión. No son de “lesa humanidad” como dije cuando Gabriel Pereira me puso
en la mira de Amodio. Para ser tales debe cometerlos el Estado, pero están
sirviendo de punto de apoyo para quienes quieren transformar las luchas
heroicas del pueblo en una sórdida historia de crímenes y resentimientos. No se
hace la historia de los 700 torturados que pasaron por Artillería No. 1, entre
las cuales abundaron las actitudes heroicas, sino que se escribe una novela sobre el coronel Agosto y los cinco
compañeros que colaboraron con los milicos. Es la ideología del sistema que
apunta la mira del que escribe, que no rescata el marco entero sino la parte
más miserable de los hechos.
Lamentablemente el siglo XXI ha parido un montón de
ex-guerrilleros que no tienen el más mínimo interés en rescatar la historia de
la revolución, más bien desean fervorosamente enterrarla y que la gente que los
vota olvide que alguna vez fueron revolucionarios. Calculan en votos perdidos o
ganados, tiemblan cuando ocurren imprevistos de este tipo. Frente a la “operación
enchastre” que inician las cartas de Amodio, ignorarlas no parece la respuesta
más conveniente; el que calla otorga y tal vez tenga miedo que salgan otras
verdades a luz. Hay que mostrar las patas de la sota para que no prosperen la
mentira, las dudas y la confusión; es,
además, una oportunidad concreta para divulgar elementos de la historia
reciente, en especial el proceso que condujo al golpe de Estado. Hay que confiar
en la capacidad e inteligencia de la opinión pública para hacerse un juicio de
valor. Además, los votos se pierden por otros motivos, no por la historia
infame que hace este traidor.
26 de mayo del 2013
jueves, 25 de abril de 2013
Sueños herejes
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Salió en Voces 25 de abril 2013
por Jorge Zabalza
En memoria de Raúl Sendic (28-04-2013)
SUEÑOS HEREJES
Cuenta el Flaco Beletti que a fines de los ’50 encontró a Raúl Sendic repartiendo unos pequeños volantes en un acto electoral del Partido Socialista. Estaban escritos a mano e interrogaban imperativamente a quienes los recibían: “¿Diga si los trabajadores en la URSS participan en la determinación de su salario?”.
Las contradicciones que agitaban el experimento soviético no estaban a la vista, por el contrario, las velaban un sinfín de complejidades culturales, políticas y hasta socio-sicológicas. Para explorar mares tan procelosos, Raúl Sendic utilizó como brújula la forma de fijar el monto de los salarios en la URSS. La anécdota sirve para revelar los caminos que transitaba el pensamiento de Raúl, un estudioso de los clásicos del marxismo y profundamente comprometido con la emancipación de los asalariados.
El capitalismo transforma al trabajador en un objeto que se compra en el mercado laboral al menor precio posible. No tiene en cuenta sus necesidades vitales y culturales, lo considera una simple cifra de la ecuación económica, le hace perder la naturaleza humana y lo convierte en instrumento que sólo sirve para generar ganancias. En el acto de fijar el precio de la fuerza de trabajo alcanza su máxima intensidad la alienación; hasta el propio individuo forzado a venderse actúa como si se considerara un objeto.
De ahí que la preguntita del volante casero no tuviera nada de inocente. Entrañaba una crítica muy seria al Partido Comunista de la URSS y al Estado soviético. Por más que el primero se autodenominara representante de los intereses de la clase obrera y el segundo cubriera todas las necesidades terrenales de la población (alimentación, trabajo, vivienda, educación y salud), los trabajadores no participaban en la determinación de su salario y, en consecuencia, seguían siendo considerados una cosa, una cifra en el plan de producción. .
A pesar de este hecho innegable, quienes en Uruguay se encargaban de hacer apología, sostenían que en la URSS se había avanzado hasta casi tocar el comunismo con la punta de los dedos. En los ’90 estos feligreses fueron sorprendidos por el derrumbe de la iglesia y recién entonces, rotos los cordones umbilicales y para explicarse las causas del desastre, se vieron obligados a pensar por sí mismos. En cambio Raúl Sendic, que jamás se dejó encadenar a dogmas y versos oficiales y que siempre fue capaz de percibir lo esencial con su ojo crítico, ya antes de lo ’60 había comprendido que en la URSS las “armas melladas” estaban empujando hacia la restauración del capitalismo. Raúl percibió que el hecho sustancial consistía en que, por debajo de las versiones y los números “oficiales”, los asalariados soviéticos estaban tan lejos de su emancipación como antes de octubre de 1917, mientras que él entendía que los asalariados eran lo suficientemente adultos como para hacerse cargo de la resolución de sus propios asuntos y determinar por sí mismos el monto de sus propios ingresos en función de sus necesidades y las de la comunidad. Y sabía que ésa era la senda de la emancipación social. Como Ernesto Ché Guevara creía que la revolución era esencialmente un fenómeno de consciencia.
El salario, un motivo para laburar.
En la antigüedad se utilizaron argumentos más que contundentes para persuadir a los esclavos que trabajaran hasta el fin de sus días. En el medioevo los siervos también supieron de la fuerza bruta de los señores. Debieron sucederse varias revoluciones para descubrir que el mejor negocio era colocar la gente en condiciones que los forzaran a venderse por un salario. Desde entonces la necesidad de ganarlo para consumir, despierta al trabajador cada mañana y lo impulsa a correr para marcar tarjeta en hora.
Aún con los asalariados constreñidos a venderse, los dueños de todo debieron tejer una complicada y gigantesca urdimbre de instituciones destinada a lograr el consentimiento pacífico de los sometidos a trabajo forzado. La superestructura ideológica inserta en cada persona el microchip de los valores éticos, morales y culturales que necesita la reproducción del capital, tal es el sentido último de la democracia burguesa, principal escenario de la tramoya que maquilla la ferocidad del sistema y aliena las consciencias. Sin embargo, dado el carácter social de la producción, los asalariados no pueden ignorar que son una clase sometida a explotación, su consciencia se debate entre gruesas contradicciones pero, al mismo tiempo que viven en la alienación, saben de las consecuencias reales del sistema capitalista. Sólo les queda por dar el paso siguiente y descubrir la necesidad de tirar abajo el sistema infame.
Se supone que en el comunismo habrá desaparecido el dominio opresivo de una clase y que trabajar no se sentirá como la maldición de dios o un sacrificio necesario, fenómeno que plantea el problema fundamental y decisivo de cómo impulsar a trabajar y producir sin estímulos materiales. Sin temor a decir un disparate demasiado grande, cabe pensar que el ritmo de la transición al socialismo, estará pautado por la medida en que los estímulos morales y políticos vayan sustituyendo al salario. Los alienados se irán despojando de sus egoísmos, del afán de lucro y del espíritu de competencia, a la par que incorporarán los valores éticos y morales que motivan a trabajar concientemente en beneficio de la comunidad. Uno imagina que las mujeres y hombres del comunismo trabajarán a pura conciencia, que los impulsará la cultura de la revolución social.
La lucha revolucionaria ya era un inicio en ese camino. El espíritu insurrecto de los revolucionarios fue crisol de nuevos valores, de entrega generosa y desprendimiento total de lo material. Hubo mujeres y hombres que alcanzaron el estadio más elevado de la conciencia social, un proceso maravilloso que en el experimento soviético fue abortado por el surgimiento de la “nueva clase” que parasitó el Estado. Pasaron a vivir del trabajo ajeno como antes hacía la clase propietaria e hicieron prevalecer sus intereses de casta sobre los del pueblo asalariado.
La epidermis revolucionaria de Raúl Sendic fue alérgica a esa imagen de sociedad adocenada, cuya vida política se reducía a obedecer las “líneas” bajadas desde el vértice partidario. En todos sus escritos se trasunta la apuesta a la conformación de un sujeto político masivo, integrado por mujeres y hombres erguidos, insurrectos, altamente ideologizados, que han decidido individualmente transitar hacia el socialismo y no necesitan estímulos materiales ni empujones para aportar generosamente su esfuerzo a la comunidad. Quizás el tránsito al socialismo haya que verlo como un proceso de transformación del espíritu de cada uno de los constructores de la nueva sociedad, una práctica colectiva que va creando en cada individuo nuevas formas de relacionarse con los demás. Mujeres y hombres que asumen su responsabiliad individual frente a la comunidad, se vuelven capaces de conducir por sí mismos el proceso revolucionario y desarrollan al máximo su potencial intelectual, todos trabajadores, poetas y filósofos, todos artistas y científicos, pensadores y creadores al mismo tiempo. Esta visión de la sociedad es una conclusión de la crítica a los resultados de los experimentos revolucionarios del siglo XX, donde se condenó los asalariados a una infancia perpetua.
Un pueblo acampado.
José Batlle y Ordóñez vivió en París los días de la Comuna de 1870 y fue contemporáneo de la insurrección de los soviets en 1917. Esas experiencias de poder popular y revolucionario marcaron a fuego sus propósitos políticos, toda la acción del batllismo estuvo dedicada a levantar barreras sanitarias para impedir que el virus de la revolución internacionalista contagiara al pueblo trabajador. Los Batlle no vieron en el Estado solamente una máquina de dar palos, comprendieron que además podía ser empleado como amortiguador para absorber rebeldías y adormecer consciencias. Estatizaron cuanto pudieron, incluso la vida política. Lograron enredar los cuadros políticos en las redes de las estructuras estatales, los transformaron en funcionarios públicos de la política, más preocupados por la defensa de su cargo que por la vida que llevaba el pueblo. La fisiología del Estado funciona en base a burocratizar individuos... Es el fenómeno que se tragó a buena parte de los movimientos revolucionarios del siglo XX. Ocurre hoy mismo en este país.
El Estado aborrece todos los cambios radicales, es contrarrevolucionario. Quizás por ello terminaron en desbarranque general los experimentos que quisieron gerenciar el tránsito al socialismo desde el Estado, errónea concepción que creó rígidas estructuras de ordeno y mando y cortó de raíz las formas soviéticas de autogobierno. Quizás para hacer revoluciones haya que irse bien lejos del Estado, es más, tal vez lo más saludable sea ubicarse en franca oposición a su aparato burocrático para no dejar que el estado se trague el movimiento de los de abajo, autoconvocarse y autoorganizarse para crear un nuevo orden totalmente separado del estatal, un orden sin imposiciones externas, surgido desde las entrañas del pueblo. La autorganización popular vista como el poder de una multitud acampada en calles, plazas y centros de producción o de estudio, dándose esas micro-formas que se reproducen a sí mismas una vez liberada la fuerza de la iniciativa popular. El movimiento caótico a nivel molecular pero ordenado como sistema político. El orden que derriba los muros subjetivos que impiden hermanarse a los individuos, como bien dice Raúl Zibechi, una dialéctica en que el campamento reactúa sobre sus organizadores, revolucionando estructuras mentales, conciencias y valores morales, animando a organizar nuevos campamentos.
Quizás éste fuera el modo de impedir que una casta surgida de las entrañas del Estado haga abortar el nacimiento del ser humano de nuevo tipo. La cuestión es reconstruir lo subjetivo, crear una cultura de participación masiva en las decisiones políticas. Una cultura irreductiblemente opuesta a la de votar cada cinco años y luego sentarse a mirar la política en la televisión. No es simplemente cuestión de aceitar y cambiar engranajes organizativos oxidados. El problema es cómo recuperar esa capacidad de gobernarse a sí mismos que los pueblos muestran donde sobreviven comunidades primitivas o en los momentos estelares de la lucha de clases.
Las armas en manos del pueblo
Para apoderarse de las tierras, del trigo almacenado y de las mujeres, los más fuertes despojaron de sus armas a los más débiles y, para defender esas nuevas propiedades suyas se organizaron en ejércitos. La desigualdad nació de ese matrimonio por conveniencia entre la propiedad privada y el monopolio de las armas, pues mientras cada cual tenía su lanza, arco o espada era poco menos que inevitable el trato de igual a igual. Es con la división de los hombres entre quienes portan armas y quienes no las tienen que surgió la capacidad para disuadir, amenazar, coaccionar, coercionar y reprimir, o sea, la razón de ser del Estado y de sus instituciones (los parlamentos, el gobierno ejecutivo, la administración de justicia) . Sin ejércitos que los respaldaran, Montesquieu no habría tenido “poderes” que separar. El tan mentado Estado de Derecho es el derecho de los protegidos por las armas a dominar los desprotegidos que el ejército vigila y controla.
Diez mil años de represión armada hacen que se vea como muy natural vivir sometidos a vigilancia policíaco militar. Es un hecho universalmente aceptado. Nadie imagina formas no monopólicas para el uso de las armas, sólo se concibe la exclusividad en manos de un aparato verticalizado. ¡Cómo si ello fuera alguna garantía de paz y felicidad! La gente recién cobra consciencia de la naturaleza real de los ejércitos cuando sufre en carne propia su terrorismo o el del imperialismo y sus mercenarios.
El verticalismo absoluto es el modo de ser de la pirámide de mandos, obedecer las órdenes superiores sin pensar, por reflejo automático. Por eso resulta incomprensible que algunos políticos de la actualidad uruguaya se digan “soldados” de fulano o de mengano, equivale a vanagloriarse de no pensar. La vida cuartelera funciona en base al miedo a la democracia y a la igualdad, por eso mismo su sola existencia pone límites a cualquier forma de libertad. Mientras los embriones de autoritarismo se mantengan vivos donde existe la disciplina militar, la democracia sólo llegará hasta las puertas de los cuarteles y estará siempre bajo tutela.
El monopolio estatal de las armas perderá todo sentido una vez abolida la propiedad monopólica de las tierras y de los medios de producción, los pueblos sólo serán libres si recuperan las armas que les fueron arrebatadas en los albores de la historia y que hoy están en manos totalmente irresponsables e inescrupulosas.Es un verdadero contrasentido pensar formas de poder popular y autogestión con las miras de los fusiles apuntando desde los cuarteles. El poder popular es el poder del pueblo armado y organizado.
En las comunidades primitivas las lanzas no estaban sujetas a monopolio pero, sin embargo, los asuntos se resolvían en asamblea, pacíficamente, sus integrantes no se asesinaban entre sí hasta exterminarse.... la violencia ha sido el modo de vivir de las sociedades cuyos pueblos fueron expropiados de su derecho inalienable a usar armas. El comunismo no podría ser una sociedad desarmada, pues ello no sería jamás una garantía de paz e igualdad. Por el contrario, el alto grado de consciencia social que predominará en el comunismo, capacitará la gente para emplear las armas de manera racional y responsable en beneficio de la comunidad. Al estar todas y todos armados en el campamento del pueblo organizado nadie podrá imponer nada a nadie. La democracia armada exige un esfuerzo permanente de diálogo, intercambio y coordinación, la base imprescindible de la autogestión popular. Las armas en manos de milicias populares quizás sean la mayor garantía posible de que reine la paz entre las mujeres y los hombres. Un territorio libre de violencia.
Abolición del patriarcalismo
El patriarcalismo es tan antiguo como los ejércitos. Durante milenios se ha educado a las niñas y los niños para que lo masculino sea el ejercicio del poder y el rol femenino sea aceptarlo sin chistar. Esas diferencias se incorporan al comportamiento con la misma naturalidad que se aprende a caminar, hasta parece que vinieran codificadas en el ADN humano, que fueran instintivas. Milenios de impunidad han hecho de la cultura patriarcal una lápida muy pesada que aplasta los sentimientos de justicia e igualdad y explican que la doble moral y del doble discurso hayan tardado tanto en cobrar visibilidad política. Pese a los esfuerzos realizados por Federico Engels, los movimientos revolucionarios demoraron más de un siglo en descubrir que para alcanzar la emancipación social es preciso abolir definitivamente el patriarcalismo. Los cambios en la propiedad no eliminan al bichito patriarcal ni la doble moral ni la discriminación. ¿Cuán democráticas pueden ser las organizaciones del poder popular si en la intimidad de la pareja reina la hipocresía patriarcal? El fin de la dominación de clases es el fin de todas las formas de discriminación, en particular y especialmente, el sometimiento de lo femenino a lo masculino.
La lucha por desarraigar de las mentalidades las tradiciones del machismo y patriarcalismo será, quizás, el desafío más trascendental del tránsito al socialismo. El proceso debería conducir a nuevas formas institucionales, tal vez un inicio de elllo sea el retroceso de la homofobia frente a la aceptación cultural del matrimonio igualitario. También estamos hablando de relaciones afectivas entre padres e hijos que nada tendrán que ver con las actuales, determinadas por la propiedad privada. La familia burguesa es una forma de relación que parece invariable y eterna, pero que, simplemente por ser producto de la historia es una institución que será transformada en el curso de la revolución social. .
Una nueva subjetividad diferenciará las mujeres y los hombres del comunismo de los seres deformados por la alienación y la violencia que produce la sociedad burguesa. Una revolución en las sensibilidades. Las emociones y los sentimientos de amor y solidaridad nacerán naturalmente en las personas, no serán más obligaciones culturales o el cumplimiento de roles predeterminados por las reglas sociales.
Los paradigmas de belleza no serán más modelos impuestos por el consumismo forzoso o la publicidad mediática, una revolución estética en los conceptos de femineidad y masculinidad, en los atributos que se valorarán para cada uno de los géneros y.que pautarán las aspiraciones y proyectos personales. Un cambio radical en las relaciones entre géneros en el trabajo, la amistad y la política. Quizá por ser la revolución más profunda de la subjetividad será la más difícil de acometer y de concretar.
La ley del aparatismo
En el batallar por sus reivindicaciones específicas, los trabajadores azucareros del norte uruguayo descubrieron la necesidad de superar formas de lucha que ya habían agotado, y el sindicato se propuso ocupar las 33.000 hectáreas de un latifundio para reclamar “tierra para trabajar”, consigna netamente política y nueva demostración de que no existe lucha social en estado puro. Ese campamento de “peludos” en el arroyo Itacumbú (1962) fue un hervidero de ideas; de juicios, valores y sentimientos, algunos que surgían de la experiencia propia y otros que llegaban junto con las noticias y relatos de las luchas campesinas lideradas por Julião en el norte de Brasil y por Hugo Blanco en el Perú. También soplaban vientos que venían de una lejana isla del Caribe. Ideas dispersas e inconexas, sentimientos de bronca y rebeldía, un revoltijo que circulaba de fogón en fogón, que despertaba la curiosidad e inducía a reflexionar. Las tradiciones del marxismo, expuestas en pocas y sencillas palabras por Raúl Sendic y otros luchadores, ayudaban a explicar y entender los porqué de los acontecimientos que estaban viviendo, cuáles eran las causas de la miseria, de dónde provenía la riqueza de los gringos y los estancieros, a qué juego jugaban los jueces,la policía y los políticos juntavotos.
Al prepararse para tomar las dos estancias y defenderlas del previsible ataque policial, se hizo necesario pasar en limpio el borrador. Las ideas se fueron ordenando de forma elemental y espontánea para darle sentido a la práctica. Una teoría revolucionaria en ciernes, el anticipo de otra que vendría luego, más global y completa, un instrumento de orientación para sacudirse de encima y para siempre patronales, jueces y policía, sobre la cuestión del poder en una palabra. Con sus “ 30 preguntas” de 1968, Raúl Sendic le puso letra a la música que ya sonaba en los oídos de los trabajadores, tanto de los organizados en el sindicato UTAA como de los agrupados en el barrio montevideano de La Teja. La tendencia espontánea a insurreccionarse, ya existente en esos sectores populares, fue la fuerza que dió origen al movimiento tupamaro. Los primeros documentos del MLN(T) sólo pretendieron encauzar hacia un horizonte socialista y revolucionario las luchas sociales que surgen por sí solas de la opresión y la explotación. El movimiento guerrillero de los ’60 se gestó en la lucha de los asalariados, pensaba y actuaba como una especie de intelectual orgánico del movimiento de esas masas insurrectas.
Tiempo después las cosas cambiaron. Los documentos del MLN(T) en 1971 y 72 se parecen más a un invento intelectual que a una lectura del pensamiento que circulaba en bruto por el abajo en movimiento. Se perdió la conexión entre lo que surgía espontáneamente y el trabajo intelectual de la organización guerrillera. El trabajo intelectual fue haciéndose orgánico del aparato militar y dejando de ser orgánico del movimiento de masas. A partir de entonces las acciones armadas fueron dejando de ser comprendidas de inmediato por los destinatarios de su mensaje, no las reconocían como propias sino que las sentían ajenas. Paulatinamente se fueron convirtiendo en simples espectadores de la lucha guerrillera y se cayó en el mano a mano con las fuerzas represivas, el camino más corto hacia la derrota. Hubo otros factores determinantes por supuesto, pero a mi entender personal, el elemento decisivo de la derrota fue el abandono por parte del MLN (T) de la nterior organicidad se su pensamiento con sectores asalariados en lucha. en esas condiciones los integrantes de la organización se transforman forzosamente en predicadores del dogma partidario, revestido de infabilidad y cientificismo, pero no por ello menos dogmático y sectario. Desprenderse del entendimiento popular fue la antesala ideológica del aparatismo militarista..
¿Es irremediable que degenere en aparato verticalizado de ordeno y mando lo que nació pensante, crítico e insurrecto?. ¿Es irremediable que el ser nacido en las entrañas de la clase asalariada, termine en aparato uyos intereses sustituyen los populares? No, de ninguna manera, no es un destino inevitable. No debía haberlo sido para el movimiento tupamaro. Después de tantas derrotas inapelables, se está obligado a repensar tanto las relaciones con el movimiento de masas como las formas organizativas que los revolucionarios se darán a sí mismos. La cuestión es encontrar una vía de escape a la ley del aparatismo que parece haber regido durante todo el siglo XX y en todos los continentes.
El horizonte y las tradiciones autoritarias.
En el horizonte más lejano se vislumbra una sociedad donde las mujeres y los hombres no deberán vender su fuerza de trabajo y se asociarán para producir al impulso de su conciencia social. Habrán olvidado completamente las costumbres y la cultura del patriarcalismo, las funciones del Estado se habrán ido traspasando hacia el poder del pueblo organizado, que tendrá en sus manos la administración de las armas así como la planificación central, la gestión y el control de la producción, el modo más directo de extinguir el Estado para siempre y de vivir pacíficamente en el comunismo, la democracia entre iguales.
Parece obvio que los movimientos y partidos que proclaman la intención de hacer la revolución, deberían adecuar sus formas organizativas a los rasgos esenciales de ese horizonte comunista hacia el cual navegan. Sin embargo, por lo general copian esas estructuras verticalizadas propias del Estado burgués. Una verdadera paradoja porque en su discurso ideológico proclaman un rechazo frontal a esas formas que adoptan. ¿Cómo extrañarse entonces que el centralismo democrático derive en verticalismo y que la autodisciplina consciente se deforme en obedezco y mando?. ¿Qué clase de revolución se puede pretender si los revolucionarios se organizan imitando al Estado que se proponen destruir?
Cada varios años se convoca a un congreso donde se discute el informe –revestido de cientificidad, por supuesto- que presentan los más destacados mandarines Luego de aprobados los documentos por las bases del partido, el congreso elige un parlamento denominado “comité central”, que a su vez designa el organismo ejecutivo que dirigirá la acción política de los organismos de base. Más que instancia democrática de elaboración de concepciones y estrategias, el rol de los congresos parece reducirse a legitimar el elenco que conducirá a la organización partidaria y que lo hará en base al precepto que subordina los organismos inferiores a las decisiones tomadas por los superiores. Teóricamente de esa manera se asegura que el partido actúe con eficacia y potencia pero, en la práctica, a medida que se suman errores en el vértice de la pirámide, la desconformidad y la disidencias van ganando el ánimo de la base. Rápidamente se pierd la capacidad de golpear como un puño único y el partido entra en crisis hasta desplomarse como castillo de naipes. Apoyado en esta historia de derrumbes, uno se atreve a mirar críticamente la regla clásica que regula la fisiología de los movimientos revolucionarios, y a pensar que quizás sea necesario deshacerse también de tradiciones organizativas ya obsoletas, por lo menos para no navegar con los ojos abiertos hacia una muerte anunciada: el aparatismo.
Totalmente disciplinado por los actuales parámetros autoritarios, por mucho esfuerzo que haga uno no logra imaginarse en concreto el comunismo, le parece una utopía inalcanzable, tan difícil de concebir como el espacio-tiempo. La emancipación social es también una revolución total en el sistema de coordenadas mentales, un esfuerzo cultural tan tremendo como el ya realizado en la física de las partículas elementales y en las ciencias del cosmos, el esfuerzo de cambiar radicalmente el modo de concebir las relaciones entre los revolucionarios y de éstos con el pueblo... ¿porqué entonces permitir resabios autoritarios que luego nos empujarán en caída libre hacia el aparatismo?
Apostamos a la conformación de un movimiento de revolucionarios cuya teoría sea la síntesis orgánica de las corrientes de pensamiento que fluyen de las luchas sociales, un tejido más del pueblo armado y organizado, una red de múltiples centros de decisión anudados entre sí, todos ubicados en un mismo plano organizativo y abiertos al aire que respiran las masas en movimiento. Para ello quizás los revolucionarios deban olvidarse completamente del Estado hoy mismo. Cambiar la estrategia “toma del aparato burocrático-militar” por la de “estimular la organización consciente del poder popular” hasta que se apropie de las funciones del Estado y lo extinga para siempre. Es más largo de decir, pero tal vez refleje con mayor aproximación las concepciones históricas del marxismo.
Brevísimas disculpas
Tanto en lo nacional como en lo internacional hay temas muy candentes y de urgente consideración a los cuales hay que hincarle el diente. Tal vez uno debiera ahorrarle a los lectores estos “sueños herejes” y dedicarse a encarar cuestiones de mayor interés. Uno se interroga si no está cayendo en ensoñaciones inventadas, en elucubraciones abstractas que se apartan de la vida social. Sin embargo, está claro que no son sólo sueños, sino también conclusiones extraídas de la experiencia revolucionaria del siglo XX, de la que triunfó en varios países y de la que fue derrotada en otros; que otro análisis más de ideas que hace medio siglo circulan entre la masa militante, entre esos amplios sectores que conservan el ojo crítico, la inquietud intelectual y el espíritu insurrecto, aún después de sentir como resbalaba entre sus dedos la arena de castillos que creían muy sólidos. Sacarle punta al mundo futuro es más necesario que nunca, es un trabajo orgánico a los que pretenden seguir navegando entre sombras y temporales. No existe otra forma de dar cuenta del presente que oteando el horizonte.
En tiempos de calabozos microscópicos y horas infinitas, solíamos perdernos en divagues a través de cartitas clandestinas. Fueron los días en que Raúl Sendic escribió su libro, también clandestino, “Reflexiones sobre economía”, sacado de contrabando de los cuarteles y publicado en México con prólogos de Mario Benedetti y Ruy Mauro Marini. Privados del mundo sensorial nos refugiamos en el pensamiento abstracto para seguir vivos y, para no enloquecer del todo, discutíamos arduamente sobre ese socialismo por el cual seguíamos luchando porfiadamente en las catacumbas. Raúl Sendic fue un hombre de pensamiento que, además de expresarlo muscularmente con “remolinos de hechos”, los dejó documentados por escrito, en decenas de artículos, cartas, poemas y entrevistas donde abordaba los problemas concretos del socialismo hacia el cual intentaba mantener firme el timón de su nave. Ellos revelan que sus mayores preocupaciones tenían que ver con los valores éticos y morales que impulsan a luchar contra las consecuencias sociales del capitalismo y transitar firmemente hacia el socialismo. Por eso mismo entiendo que intentar reflexionar sobre estos temas es el homenaje más adecuado a Raúl Sendic, el del pensamiento revolucionario
sábado, 13 de abril de 2013
Rumbo a lo ya conocido
por Jorge Zabalza
El ”baño de pueblo” no fue del agrado de la Suprema Corte de Justicia, lo calificó como ”asonada” y encomendó a la jueza Merialdo y al fiscal Zubía que mandaran Fuenteovejuna a la cárcel. Ímproba tarea para tan escasas luces!
En primer lugar porque no hubo delito: la decisión política de quitar de enmedio a la doctora Mariana Mota y proteger a los criminales de lesa humanidad despertó una indignación generalizada, que simplemente expresaron las centenas de autoconvocados frente a la puerta de la Corte, en el Pasaje de los Derechos Humanos. La concentración fue recontrapacífica como mostraron todos los medios. Hubo ausencias notorias, dirigentes del Frente Amplio que debían estar ahí, respaldando a la jueza de la Verdad y Justicia. Después llegaron tarde y mal… la Corte se agrandó, se hizo muralla de impunidad e injusticia y declaró comunes los delitos contra la humanidad.
En segundo lugar, cuando la doctora Mota entró al edificio la acompañaron un par de decenas de manifestantes que deseaban hacerle sentir su solidaridad. Hasta que a Raúl Oxandabarat cerró provocativamente las puertas de la Suprema y la gente reaccionó entrando en tropel con cánticos y aplausos. No hay ley que condene por concurrir a un acto público en una oficina pública, menos aún si los concurrentes dan muestras de respeto aunque lo hagan en forma barullenta. Por supuesto hay viejos conservadores que se molestan con el bullicio, que desearían que la sociedad fuera un cuartel y tener a todos formados en orden cerrado y silenciosos.
En tercer lugar: la cosa no pasó de algunos gritos destemplados, como en la tribuna cuando los jueces te roban el partido, pero alguien hizo intervenir los grupos de choque, los policías formaron un cordón y fueron empujando con la intención de desalojar el patio central. Después de forcejeos que parecian juegos adolescentes en el patio de recreo, un oficial insólitamente usó la cabeza para razonar y desarmó el cordón para que el público se retirara tranquilamente. Sin embargo, nadie quería dejar a Mota en manos de la arbitrariedad y solamente nos retiramos cuando el Jefe de Policía puso un plazo de cinco minutos…. De qué “asonada” hablan, señores?. Sólo existió en la mentalidad represiva de jueces que hicieron su carrera de magistrados gracias a la dictadura, para quién eran bienvenidos los que interpretaban los códigos y las leyes con visión reaccionaria y fascistoide.
Sin la provocación de Oxandabarat y sin la intervención policial, el acto se habría desarrollado normalmente, pero, por su impronta antipopular y autoritaria, solamente se sienten cómodos protegidos por cordones represivos y tomando decisiones caprichosas escondidos detrás de sus enormes escritorios. Nos hicieron vivir malos momentos a todas y todos, prensa, funcionarios judiciales y manifestantes en general.
Zubía y Merialdo tampoco quieren que les vean la cara, ordenaron que el presumario judicial quedara en manos de funcionarios policiales bajo el mando de un oficial policial y en uno de los bien recordados recovecos de la Jefatura de Policía. Merialdo y Zubía son de la misma calaña que los jueces de la Suprema, instruyeron un procedimiento que es todo un símbolo dictatorial.
Los informativos taparon de inmediato las valoraciones que cuestionaron el sentido del procedimiento judicial en Jefatura. Cumplen su papel de no divulgar opiniones que hagan pensar críticamente sobre cómo actúan las instituciones del Estado. La prensa de izquierda también hizo la vista gorda y está dejando que pase inadvertidamente esta transgresión a la convivencia democrática burguesa. Sin embargo, como las conocidas recomendaciones de Brecht son muy acertadas, tal vez ahora que varios conocidos dirigentes del PITCNT han sido también citados a Jefatura, la prensa de izquierda se haga eco de las denuncias de los insoportables ultras.
El poder político también calló la boca. El presidente dice que no puede opinar por la separación de poderes, pero esto no fue obstáculo para que atacara a la jueza Mota por sus declaraciones a Página 12. Mujica ha contribuído, y mucho, para que Uruguay sea un paraíso de impunidad, todos saben que opina sobre la decision de la Corte sobre el impuestito a los latifundios mayores de dos mil hectáreas, pero nadie sabe su opinion acerca de la arbitrariedad de la Suprema en material de DDHH. Por su parte, los parlamentarios frenteamplistas podrían plantear de una vez por todas la anulación de la ley de caducidad y, aunque más no sea, desatar un debate que permita acumular fuerzas para la Verdad y la justicia. Está claro que no quieren hacerlo, que prefieren la política de Olvido y Perdón que irradia desde el poder ejecutivo. El presidente tampoco se ha expresado sobre el proceso al Plan Cóndor que se realiza en Argentina al amparo de las actitudes del “tuerto” y de la “vieja”. A Mujica no se le escapa ni una palabrita de repudio a los asesinos y un elogio al clima favorable a juzgar que se ha generado en la otra orilla.
En conclusion, con la zancadilla a la jueza Mota colocaron la piedra fundamental de la gran muralla que impide el paso de la Verdad y la Justicia. Después vino el disparate –vergüenza internacional- de considerar delitos comunes las barbaridades cometidas por las fuerzas armadas. Ahora dieron el tercer paso, dando a la población un mensaje bien reaccionario al instruir un sumario judicial en Jefatura de Policía. El paso siguiente lo deberá dar el ministro de cultura sancionando a la fiscal Ana Tellechea por salirse de las políticas oficiales y cuestionar a la Suprema Corte de Justicia.
El poder judicial sigue caminando rumbo al autoritarismo y a un conflicto de poderes que incline la balanza hacia la extrema derecha y proteja a los criminales de lesa humanidad. A la vista y paciancia de todo el mundo se está gestando una santa alianza entre la derecha política, los dinosaurios de los centros militares, probablemente algunos mandos de la fuerza armada y el sector que gobierna al poder judicial. No pueden recuperar el gobierno en elecciones nacionales y entonces buscan los caminos menos constitucionales ya experimentados exitosamente en Honduras y Paraguay.
Avisen a todos los compañeros y compañeras!
13 de abril del 2013
Jorge Zabalza
miércoles, 27 de marzo de 2013
"Atrévase a hablar claro Fernández: usted está a favor o en contra del imperialismo?"
Huidobro: “Malvinas es base de la OTAN”
Defensa por izquierda
Eleuterio Fernández Huidobro dijo que, si hay una próxima guerra, “será por los recursos, y nosotros tenemos recursos”. El ministro defendió la Ley de Defensa, apuntó que implementarla llevará “diez o quince años”, y opinó que “a la izquierda no le interesan los temas militares”, porque “le tiene odio a los militares”. El ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro defendió la Ley de Defensa Nacional, en la que se delinea una "hoja de ruta" para las Fuerzas Armadas en el nuevo contexto latinoamericano y mundial. En conversación con La República, apuntó que esta normativa es "una formidable ley que la izquierda no conoce", y que, por eso, está llegando a las Mesas Políticas para que sea analizada.
Según el ministro, la ley estaba en el programa de 2004, cuando el Frente Amplio accedió por primera vez al gobierno, y recordó que "surgió por el más grande debate que se haya hecho en Uruguay". Huidobro dijo que implementarla llevará "diez o quince años", porque "es la primera gran reforma del Estado". Sobre el punto, señaló que existen "algunas trancaderas", como la Ley de Inteligencia, a discusión del Parlamento, y la ley de traspaso de la Justicia Militar al Poder Judicial".
Para Huidobro, hubo "un cambio sustantivo" en materia geopolítica luego de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, y destacó que, en ese escenario de "mundo multibloqueado", nació la Unasur. "Es un cambio histórico, brutal, que la izquierda no ha tomado nota de eso, porque a la izquierda no le interesan los temas militares, porque les tiene odio a los militares. Es un odio racial. Es que el ejército está compuesto por la gente más pobre de este país. Anteriores y posteriores obreros del Sunca pasaron por los cuarteles. No se puede decir que los soldados son elite", subrayó el jerarca.
El ministro opinó que, si se produjera un nuevo conflicto bélico internacional, "será por los recursos, y nosotros tenemos recursos. Hay que prepararnos para defendernos y prepararnos juntos, porque un solo país no puede defenderlos. Ni Brasil".
En ese contexto, y consultado sobre si las Islas Malvinas constituyen la "Guantánamo del Sur", Huidobro apuntó que "es una base de la OTAN", por lo que "Alemania limita con Argentina", y agregó que "en Europa mandan los alemanes. También tenemos a Francia en la Guyana, que es parte del área metropolitana de Francia. Curazao es holandesa...", sentenció.
Comentarios de Jorge Zabalza
"Atrévase a hablar claro Fernández: usted está a favor o en contra del imperialismo?"
En “Montevideo Portal” se recoge la opinion del señor ministro de defensa Fernández sobre un posible futuro escenario bélico internacional. La guerra "será por los recursos, y nosotros tenemos recursos. Hay que prepararnos para defendernos y prepararnos juntos, porque un solo país no puede defenderlos. Ni Brasil". Se me ocurre oportuno hacer algunas precisiones:
a) quiénes son los “nosotros” que “tenemos recursos”? El pueblo uruguayo no es, la propiedad de la tierra, el principal recurso del Uruguay, está en manos de grandes latifundistas y corporaciones internacionales. Debajo de la superficie cultivable están los minerales (hierro, oro, posiblemente petróleo) que también se están entregando al capital extranjero. Está el agua subterránea del Acuífero Guaraní…. Qué hizo el señor ministro para defenderla? Pues se abstuvo de tomar posición pública en defensa del agua cuando el movimiento popular juntó las firmas y realizó la campaña para reformar la constitución e impedir que los grandes capitales se apropiaran de las reservas del líquido elemento. Si uno fuera el periodista le habría pedido que especificara quiénes son ”nosotros”.
b) Otra preguntita del millón: señor ministro Fernández , con quiénes hay que ”prepararnos para defendernos y prepararnos juntos”. Hasta el momentos las únicas patas que se le ven a la sota son los SEALS y el Comando Sur . Es con ellos que se están discutiendo acuerdos estratégicos para la defensa y la seguridad….de los EEUU y, como esa nación imperialista es la más interesada en los “recursos que tenemos” y en los que tiene Brasil y toda América Latina, uno tiene derecho a sospechar que estaríamos pactando con el demonio. Es una falacia acordar la defensa de un recurso con quién quiere apoderarse de él y está interviniendo militarmente en todo el mundo para apropiarse de lo ajeno y, de paso, asesinar cientos de miles de vidas inocentes.
c) De puro atrevido que es uno y dejándose lllevar por el odio, al analizar los futuros conflictos internacionales que vendrían, le preguntaría con el mayor de los respetos: “señor ministro Fernández, usted que piensa del imperialismo, cómo juegan los EEUU en esa guerra por los recursos sobre la que usted alerta”. Atrévase a hablar claro Fernández: usted está a favor o en contra del imperialismo?
En otro tramo de la entrevista, Fernández arremete contra quienes fueron sus compañeros en aquellos tiempos que se autodenominaba revolucionario: “a la izquierda no le interesan los temas militares, porque les tiene odio a los militares. Es un odio racial. Es que el ejército está compuesto por la gente más pobre de este país. Anteriores y posteriores obreros del Sunca pasaron por los cuarteles. No se puede decir que los soldados son elite".
a) No es un odio racial, Fernández, uno odia a la institución que asesinó, desapareció, violó mujeres y hombres, torturó masivamente y, durante doce largos y pesados años, mantuvo al pueblo uruguayo recluído en un gigantesco campo de concentración. Los relatos de las compañeras y de los compañers me llenan de odio el corazón. Me indigno leyendo sus propias “Memorias del Calabozo” porque recuerdo los golpes, los plantones, el submarino y las humillaciones a la familia. Las huelgas de hambre. No puedo olvidar, Fernández, no puedo amarlos como usted los ama. Pero no es el odio el que dirige la conducta de casi la mitad del electorado uruguayo cuando votó para anular la ley de caducidad… es el afán de saber la Verdad y de hacer Justicia en el marco de las leyes nacionales e internacionales. Los uruguayos somos demasiados racionales para dejarnos llevar por los los impulsos más primitivos. Que tipo de democracia puede basarse en la Impunidad y el privilegio frente a la justicia?
b) Por la dudas que su memoria le haga trampas le recuerdo que no fueron de tez blanca y ojos celestes, las tropas de los EEUU que cometieron los crímenes más atroces en Vietnam, Afganistán, Irak y Japón. No es odio racial, es odio a los ejércitos, a la institución que monopoliza el empleo de las armas, es odio a la violencia organizada del Estado para oprimir a los pueblos y, si es necesario, exterminar pueblos enteros para defender los intereses del capital internacional..
c) Por ahí usted opina que hay culpables militares y culpables civiles de los crímenes del terrorismo de Estado. Estamos de acuerdo, señor Ministro, pero… qué ha hecho usted para juzgar y castigar a esos civiles tan asesinos como los uniformados que nos robaron la vida de tantas y tantos? Pues en el Congreso del Frente Amplio argumentó en debate con Hugo Cores para que se sacara del programa de gobierno la anulación de la ley de Caducidad. Pues no firmó en el Plebiscito ni hizo campaña por Verdad y Justicia. Pues escribió sobre los desaparecidos en Chile (responsabilidad de los criminales chilenos) pero no ha hecho una sola denuncia sobre los crímenes de los militares uruguayos. Pues defendió al General Dalmao, procesado por el asesinato de Nibya Sabalzagaray, porque usted piensa que un alférez es muy joven para torturar y asesinar. Fernández, asuma valientemente y con coraje que usted no quiere Verdad y Justicia porque ello afecta a militares que usted ama tanto.
Jorge Zabalza (por el Colectivo del Blog Noticias Uruguayas)
sábado, 2 de marzo de 2013
El nuevo pacto del Club Naval
Cartilla para principiantes (III)
por Jorge Zabalza
3 de marzo de 2013.
por Jorge Zabalza
3 de marzo de 2013.
Entre junio de 1968 y marzo de 1985,
cientos de militares y policías torturaron, violaron mujeres y hombres,
secuestraron niños, asesinaron militantes y desaparecieron forzosamente a
muchos detenidos. En el Uruguay uno de cada quinientos estuvo preso por sus
ideas políticas, fue una represión masiva, generalizada, sin límtes
prácticamente, ofendió a la comunidad humana mundial tanto como a los tres
millones de uruguayos. Idéntica naturaleza que los crímenes de los nazis contra
los pueblos soviético y judío, o que los cometidos en Ruanda y en Irak, o los
que hoy se cometen en Palestina por las tropas israelíes. Son crímenes contra
la humanidad entera y deben aplicárseles las normas internacionales aprobadas
por las naciones del mundo precisamente para estos casos de desborde de la
barbarie y el salvajismo. Hechos incontrovertibles, innegables.
En Uruguay esos criminales han sido protegidos por un
acuerdo político no escrito, el Pacto del Club Naval consensuado en 1984 por cuadros
del Partido Colorado, la Unión Cívica y el Frente Amplio. A cambio de que los
mandos militares regresaran a los cuarteles y permitieran elecciones nacionales
( aunque fuera con proscripciones), quedó establecido que el Poder Judicial no
juzgaría a quienes habían practicado con denuedo el terrorismo de Estado. La
impunidad “sobrevolaba o subyacía” el
entendimiento político con los mandos militares, al decir del general Líber
Seregni, uno de los dirigentes que consintió tan espúreo acuerdo.
Una vez permitido el regreso de la
democracia burguesa, en el entusiasmo primaveral las víctimas de terrorismo y
sus familiares reclamaron justicia ante el poder judicial. Su valiente acción
sirvió de excusa a los tuteladores para señalar con claridad los límites de la
democracia formal, pues el general Medina escondió las citaciones judiciales a
varios de los más notorios asesinos en el “coffre fort” de la comandancia de
las fuerzas armadas. Su gesto brutal refrescó la memoria de los que se habían
comprometido a hacerse los chanchos rengos; connotados defensores del orden
establecido se sintieron en el “deber” de elaborar la ley de la caducidad de la
pretensión punitiva del Estado, hiperbólica denominación para un engendro que
hincó de rodillas a la “clase política” ante el partido militar. Dicho sea de
paso, meses más tarde algunas de sus víctimas intentaron lavar la imagen del
general Medina acompañándolo candorosamente a repartir bandejitas de comidas a
los escolares pobres.
Cada
vez que el movimiento popular
quiso anular la caduca ley de caducidad,
los malabarismos de los cuadros políticos la mantuvo vigente. Pese a
ello, como las bases frenteamplistas fueron la columna humana
que sostuvo la lucha contra la impunidad, creció a ojos vista el caudal
electoral
de la fuerza política y decreció el de los partidos comprometidos en la
defensa
de los criminales. Esa es una de las razones, tal vez la pricipal, para
que el
responsable de finanzas de la Comisión de Notables por Verdad y Justicia
(la
del Voto Verde en 1989) fuera elegido como primer Intendente
“progresista” de
Montevideo en 1990 y quince años después, como primer presidente
frenteamplista
del Uruguay. A fines del 2004, Fernández, líder del pragmatismo y la
entrega,
asumió ante el Congreso del Frente Amplio que para ganar las elecciones
era
necesario mantener la vigencia de la infame ley que protegía a quienes
fueron
sus torturadores y los asesinos de sus hermanos de lucha revolucionaria.
Puede
parecer curioso al lector desprevenido, pero tan inmoral y poco ética
postura
obtuvo el apoyo de la mayoría de los congresistas y, con ello se
trastocó, de
hecho, la columna de la verdad y la justicia en base ideológica y
política del olvido
y el perdón.
La impunidad “progresista”
Asumiendo como propios los
compromisos del Club Naval, una vez asumida la presidencia de la república
Tabaré Vázquez enloqueció a la opinión pública con sus gambetas y zigzagueos
endiablados. Hacía como que buscaba la Verdad y la Justicia (autorizó, por
ejemplo, las excavaciones en los cuarteles en busca de restos de desaparecidos)
pero ayudó a institucionalizar definitivamente la impunidad como política del Estado uruguayo. Se opuso con
uñas y dientes a la anulación de la ley aberrante y pretendió hacer una especie
de “día del perdón” con los 19 de junio, fecha en que se recuerda el nacimiento
de José Artigas, caudillo de una de las pocas revoluciones agrarias del siglo
XIX.
Pese a la magnitud de los
obstáculos, en el 2009 la lucha popular casi, casi, logró echar abajo la ley
que protege a los asesinos de las normas internacionales. Para sostener la
impunidad otra vez salieron de las penumbras algunas de las más renombradas
víctimas a cortar el paso del Juicio y Castigo. José Mujica demostró ser un
demagogo tan hábil y falso como Tabaré: firmó públicamente en favor del
plebiscito por la anulación de la ley de impunidad, pero durante toda la
campaña electoral mantuvo al respecto un
ominoso silencio sobre la aspiración popular de verdad y justicia. Su actitud sembró
confusión en el electorado y sectores de militancia frenteamplista sabotearon
el llamado Voto Rosado. Hubiera bastado conque Mujica hiciera una mínima señal de
apoyo a la anulación, para que hoy día no existiera la inmoral ley de caducidad
que continúa siendo el fondo del problema según expresó la primera senadora
Lucía Topolansky. Mujica optó por sumarse a quienes defienden la impunidad
consagrada en el pacto del Club Naval, voluntad en ese entonces ya reforzada
por las negociaciones secretas del más famoso ladero del presidente
ex-guerrillero.
Como reconoce la propia dirigencia
del Frente Amplio, la gestión del gobierno de Mujica se destaca por la
ineficiencia general y, en particular, en lo referente al programa popular,
vivienda, educación y salud. En cambio ha sido extraordinariamente eficaz para fortalecer
y aceitar la maquinaria policíaco militar, dejándola en inmejorables
condiciones de armamento, movilidad y funcionamiento, pronta para futuros
desmanes y malones terroristas. Para justificar el fortalecimiento del brazo
armado del capitalismo, Mujica, Fernández y Bonomi predican la peregrina idea
de que han cambiado muchísimo, ahora son “profesionales” y ello les impediría cometer
nuevamente los crímenes que cometieron en el pasado. Como si los policías
“profesionales” no torturaran en las comisarías y las “profesionales” tropas
israelíes no fueran las responsables del genocidio al pueblo palestino. Por el
contrario, a mayor “profesionalidad” mayor capacidad técnica para la tortura,
la violación, el asesinato y la desparición forzosa. Están aceitando la
guillotina que caerá sobre la cabeza del pueblo uruguayo.
Es el discurso y la práctica de
olvidar y perdonar que la derecha destaca y aplaude tanto como la política
económica del gobierno. El compromiso de las víctimas arrepentidas con los
victimarios es destacado como una demostración
de altruísmo y “humanismo”, cuando en realidad, lo único que demuestra es el abandono
de los principios y los valores que los llevaron a pretender la transformación
revolucionaria de la sociedad. Llegaron al gobierno gracias a su aura guerrillera
y al haber sido torturados como rehenes, identidad que se quitaron de encima
porque les molestaba para las transas con los dueños del Uruguay, las
corporaciones transnacionales y el imperialismo. Con el consentimiento y apoyo de
los parlamentarios y los dirigentes del Frente Amplio, el cuarteto
Mujica-Fernández-Topolansky- Bonomi instaló una atmósfera ideológica que
convierte al Uruguay en santuario para los criminales impunes.
El santuario de la impunidad
En las condiciones santificadas por
el “progresismo” la derecha encontró el campo más favorable para que
prosperaran sus ideas linderas con el fascismo. Las claudicaciones abrieron las
puertas a dos resoluciones de la Suprema Corte de Justicia que representan una
amnistía de hecho a los criminales del terrorismo de Estado. La primera fue la
remoción de la Jueza Mariana Mota que obstaculiza la rápida diligencia de las 55 causas contra militares y
policías y la segunda es la sentencia que declara incostitucional el mamarracho
de ley interpretativa, aprobada por los parlamentarios frenteamplistas para
eludir el desafío de anular la ley de caducidad. El Pacto del Club Naval ha
sido reflotado por la Corte de In-justicia, cuyos ministros ingresaron a la magistratura
durante la dictadura militar, cuando no cualquiera podía acceder al cargo de
juez. El gesto brutal de la Corte, equivalente al del general Medina en 1986,
fue aprovechado por el Partido Colorado y el Partido Nacional, que se sienten derrotados
de antemano y están buscando hacer política allí donde tienen poder, como en la
Suprema Corte de Justicia. Están renovando sus credenciales antipopulares y
antidemocráticas, quizás estén pensando en una escalada y en ejercer presiones
desde otros de sus centros de poder, como los mandos militares y los gremios
del latifundio. Volveremos a tener en el escenario la antigua santa alianza reaccionaria.
El nuevo empuje de la impunidad no logra
opacar la necesidad histórica de verdad y justicia. Ella renace y se recrea.
Porque son sentimientos arraigados muy profundamente en el espíritu de los
pueblos y porque desvirtúa de hecho todo el discurso liberal que sustenta la
democracia burguesa. Los privilegios de los criminales, dada su condición de
militares y policías, contradicen rotundamente la terna ideológica de la
revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad. A la natural aspiración de
verdad y justicia, malherida por los administradores del poder judicial, sólo le
queda el parlamento como posibilidad de respuesta institucional. Luego del
gambito de la Corte, al parlamento le toca jugarse por la libertad, la igualdad
y la fraternidad, principios básicos desde el origen del sistema republicano y
mucho más fuerte que la mentada separación de poderes. En el santuario de la
impunidad los parlamentarios frenteamplistas podrían jugarse por la verdad y la
justicia y anular la ley de caducidad de una vez por todas.
Pusilánimes
Una ley puede echar abajo a otra
ley. De hecho, en el empuje primaveral de marzo de 1985, el parlamento dominado
por los partidos tradicionales aprobó la ley No. 15.738 que en su primer artículo
elevaba a la categoría de leyes los “actos institucionales” de la dictadura y
en su artículo segundo anulaba 18 de esas leyes aprobadas en el anterior. El
recordado Helios Sarthou -¡qué falta hacés, viejo querido!- abundó en varios
escritos doctrinarios sobre la capacidad del parlamento para anular aquello que
él mismo aprobó.
La ley de caducidad contradice toda
la legislación internacional sobre los derechos humanos, esas leyes que
hicieron posible la condena de los criminales nazis en Nüremberg y que harán
posible la condena de los genocidas que visten el uniforme de los EEUU.
La ley de caducidad contradice la propia
Constitución del Uruguay, como confirmó una sentencia de la Suprema Corte para uno de
los casos concretos. .
¿Por qué el Frente Amplio no hace valer su
mayoría en el Parlamento y la anula de una vez por todas? No existen argumentos
legales para no hacerlo. Puede argumentarse, como he leído por ahí, que este
caprichosa Suprema Corte declararía inconstitucional una ley de tal índole....bueno,
muchachos, entonces habría que convocar al pueblo de verdad, no como se hizo el
lunes 25 de febrero. El pueblo en la calle es la única garantía de Verdad y
Justicia.
Quizás la única razón política para
mantener la vigencia de la ley de caducidad sea el compromiso con los mandos militares;
la mayoría de los sectores del Frente Amplio continúan consintiendo el apoyo
dado por el general Seregni al Pacto del Club Naval. Algunos descargan sus responsabilidades culpando
a Víctor Semproni por sus deplorables actitudes,
olvidando como presionaron a Guillermo Chifflet para que entregara su banca
pero le perdonan la vida al diputado del Espacio 609. Anular o no la ley de
impunidad coloca al MPP en un brete: pinta en los muros “Fuerza Mota” y “Verdad
y Justicia” al mismo tiempo que sus mandarines negocian en secreto con los
militares y pidieron la cabeza la Jueza Mota. La situación está siendo un
detector para las mentiras y versos de Topolansky y asociados. Es como cuando
votaron el ingreso de los SEALs a territorio nacional o cuando callan sobre el
escándalo de las camionetas yanquis patrullando calles de Montevideo.... en el
Espacio 609 podrán decirse muy antimperialistas, pero sus manos levantadas niegan sus dichos. El único resultado de la
pusilanimidad es el desprestigio del parlamento y de la institucionalidad
burguesa... el pueblo uruguayo terminará como el italiano, votando payasos.
Estamos ante la reedición del Pacto inmoral
y nada ético entre los mandos militares y los cuadros políticos. Un nuevo acuerdo
no escrito, implícito en las guiñadas, los gestos y las conductas. Por eso no
los voto más y menos todavía a Tabaré.

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