viernes, 11 de diciembre de 2020

Semblanza de Ricardo Zabalza


 


ANTESALA

30 de noviembre del 2020.
Jorge Zabalza


El día que murió la abuela Joaquina, los mayores fueron a velarla y los nietos quedamos en casa. Con el Mono, mi primo mayor, subimos a Ricardo a un carro de cuatro ruedas a cuya baranda atamos un ventilador de mesa a modo de hélice y empujamos al “avión” cuesta debajo por la calle Treinta y Tres. Cuando quisimos acordar, mi hermanito iba a toda velocidad, rumbo al Mercado Municipal, hasta que, en la estación de nafta del Negro Scuarcia, el rodado desbarrancó y el niño cayó al suelo. Alarmados el corte en la frente llamaron a mi padre. Cumplimos una condena de más de un mes sin salir. Fue su cicatriz de iniciación, adquirida con poco más de un año de vida.

A los diez años, más o menos, ya se enojaba al menor vientito y por eso le decíamos Gallo de Lata. Jugábamos al fútbol en la calle José Enrique Rodó, frente a la casa de mis tías. Sin querer, la pelota terminó en el patio de las veteranas señoritas Castro. El Gallo subió a mis hombros, se encaramó en el muro de dos metros y saltó adentro. Agarró la pelota y la devolvió a la calle. El perrazo salió de la nada, Ricardo corrió como quién vio al diablo, trepó el muro y saltó encima mío, pero, el bicho alcanzó a arrancarle un pedazo de pantorrilla. Con un susto de película, lo llevé a “cacunda” hasta lo del tío Beto, que no era médico, pero tenía una farmacia. Le dieron los primeros auxilios. Esta vez la condena duró un par de meses.

La tercera vez ya estaba en el liceo y yo en primero de preparatorios. Queríamos entrenar para cazar cotorras en el Parque Rodó. La Intendencia pagaba un vintén por cada una, para que la orquesta municipal pudiera tocar sin que el bicherío armara escándalo. Ricardo se paró en el patio del fondo con el brazo estirado y empuñando una pistola de plástico. Yo apuntaba con la chumbera desde la azotea. Después cambiaríamos de roles. El chumbo se lo extrajo de la mano el tío Beto. Entre pulgar e índice llevó para siempre un bulto que recordaba su valor y mi buena puntería. Papá partió la chumbera contra la escalera y yo cumplí una condena de tres meses.

Ricardo llevaba sus cicatrices con orgullo de vasco. Las sentía como condecoraciones por lindos recuerdos de aquella infancia sin hambre, preocupaciones o dolores, transcurrida bajo una protección invisible e intangible, como en un ensueño, inocentes de realidad.

Allá por el 2013, con Veronika y un grupo de compañeres creamos la “Fundación Ricardo Zabalza”. Nos proponíamos un centro dedicado al trabajo social que abarcara, principalmente los temas de la adolescencia barrial, maternidad y drogadicción. Empezaríamos en Santa Catalina y el Oeste montevideano, territorio que conocía bastante a fondo y, después de esa primera experiencia, ver hasta donde podíamos llegar. Fueron largos los trámites para obtener la necesaria personería jurídica. En el interín salió la idea de escribir una biografía de Ricardo y, grabador en mano, con Veronika nos fuimos a Minas, buscando testimonios. Las entrevistas abarcaron el espectro social minuano, porque la realidad de nuestros primeros años de vida oscilaba entre ambos polos sociales. Zelmar Riccetto (hijo) lo definió con certeza: “Ricardo era un andariego, andaba por los barrios, jugaba al fútbol en todos lados, allá en la Cañada y en el Barrio Olímpico, ahí lo conocí. Iba todas las tardes a jugar, ¡y jugaba muy bien!”. El fútbol era nuestro centro de interés. Si no estábamos jugando (en el recreo de la escuela, al salir de ella, en la cancha de lo “Bomberos” o en el campito de la ANCAP), nuestras conversaciones adolescentes giraban en torno a Maracaná, el mundial del 54, la selección de Lavalleja de los 60, el Peñarol del 49 y el del 66. Vivíamos coleccionando figuritas.

El “Adelita” Vázquez y el “Gallo” eran amigos del alma. Nacieron para jugar al fútbol, dotados de esa plasticidad de artistas, que les permitía dormir en el empeine la pelota que caía desde las nubes como llovida del cielo o amagar para desconcertar al rival antes de gambetearlo. Ricardo jugó en el “Zamora”, el cuadro de la cañada, a la que escribió Carlitos Porrini y cantó Daniel Viglietti, zona de familias laburantes y humildes, con una identidad barrial muy fuerte. El fútbol nos hizo abandonar la sobreprotección social y política del apellido y aventurarnos en mares abiertos y procelosos donde no era sencillo navegar. La escuela pública, la plaza de deportes y el campito (en mi caso, jugando al básquetbol) educaron nuestra sensibilidad social hasta convertirla en solidaridad con el oprimido. La antesala del suicidio de clase.

Los técnicos del “Zamora” fueron los dos Mariano Vázquez, padre y hermano mayor del “Adela”; se puede afirmar que influyeron en la formación del carácter de Ricardo bastante más que muchos de sus maestros y profesores. Entre los testimonios grabados, escojo el del “Adela”: “…vengo a hablar de Ricardo, por eso, porque fue una excelente persona, un muchacho muy humilde, el no tenía prioridad, porque nosotros no podíamos vincularnos con las personas pudientes del centro, del Club Minas. Había dos clubes acá, el Minas y el Democrático y la mamá lo mandaba al Club Minas, a los bailes infantiles, pero Ricardo optaba por sacarse la corbata y irse con nosotros al bar del famoso Carlos “el Chila” Porrini. Ahí estaba la famosa Cañada Zamora. Ahí nos criamos los once hermanos de la familia Vázquez Ayusto”.

(…) “nosotros andábamos todo el día en la vuelta del deporte, en la plaza se hacía atletismo, se hacía boxeo y el profesor [Radamés] Ventura inauguró el campeonato de los barrios. No teníamos camisetas y ahí hicimos la rifa y el “Loco”Augusto nos compró todas las rifas. Ahí mismo, en la esquina de Sarandí y Batlle nos compramos las medias y las camisetas en lo del “Turco” Elías. Mi cuñada nos cosió los números a las camisetas y ganamos el campeonato de punta a punta.” (…) “Ricardo vino cuando se formó el Zamora de baby, que lo trajo mi hermano Mariano que le decían “Galarza”. Y ahí empezó la amistad conmigo… ¡bah! Yo lo conocía de la Escuela N° 2, pero ahí nos hicimos amigos, bien amigos, pues.”
(…) “No fui al sepelio de él, ni nada, pero siempre lo voy a recordar, fue mi gran amigo, una gran persona. Un muchacho excepcional, humilde, aunque fuera de buena posición. Yo tenía doce años y la persona del centro era del centro y los del barrio éramos del barrio, pero Ricardo siempre se venía para el barrio. Andaba en una bicicleta, como dice Zelmar, la bicicleta azul, andábamos dos o tres arriba. Voy a decir una cosa que tenía él, todo positivo era, porque era estudioso y cuando llegaba la hora de tenerse que ir a estudiar, él se iba, aunque tuviera que ir a jugar al futbolito. Ricardo era ese hombre, el tío que yo tuve era Ricardo, porque si tenía frío se sacaba el buzo y me lo daba”. (..) “Ricardo venía a la casa de nosotros, papá arreglaba cocinas en esa época. Después Ricardo empezó a traer al Chucho y lo trajo a jugar al Zamora, después empezaron a venir varios del centro a Zamora”.

(…) “Entonces, fuimos a jugar al Platense en Montevideo a un campeonato que organizaba Nobel Valentini. Nos llevaban en Corporación de Ómnibus, televisaban en directo los partidos, eran las primeras televisaciones en directo de baby fútbol, jugábamos de tarde y nos ayudaba el Veco Laferranderie, que era de Minas y estuvo en “El Gráfico” de Buenos Aires. Nosotros fuimos a jugar ese campeonato, Ventura no acompañaba y mi hermano dirigía, iban Badiola, García, Alfredo Tellechea, que eran directivos. Tomábamos el ómnibus en la Plaza Libertad, a las doce del mediodía nos íbamos. El famoso Lungo Cubas, un hombre muy pobre, que vendía números de lotería y hacía letras de murga, venía con nosotros. Cuando llegábamos al Platense, (se pueden imaginar que mi padre no nos podía dar dinero) yo iba con los zapatitos a jugar. Llegamos al Platense y era de parqué el piso y nosotros llevábamos zapatos de fútbol, entonces el Veco nos consiguió que nos prestaran calzado para poder jugar en esa cancha”. [El problema del calzado era grave para aquellos gurises. Siempre que cuadra, el Indio Armanetti me cuenta cómo el Gallo se sacó sus championes nuevitos y se los regaló en los baños del Platense para que pudiera entrar a jugar].

(…) “Era un campeonato nacional de la liga uruguaya” (…) “Y empezamos a ganar y a ganar y empezaron a alentar ¡Lavalleja, Lavalleja”! El Platense estaba lleno, era un bochinche bárbaro y jugábamos con orejeras, era otro mundo para nosotros, acostumbrados a jugar en el pastito de la plaza deportes”. (..) “Volvimos al pueblo y todo el mundo nos esperaba, nos aplaudía y gritaban”.

(…) “Yo quisiera volver a tener la convivencia que tenía con Ricardo, porque no la pago con nada, no hay dinero que valga eso. Volví a jugar en cuarta y en tercera con Ricardo, fue cuando comenzó a andar en la famosa Vespa. Íbamos al Teatro Lavalleja a jugar al casín, que Ricardo era el uno. Fuimos de esos niños que nunca tuvimos maldad con nadie, simplemente queríamos divertirnos, jugar al fútbol, jugar al futbolito, jugar al casín. Le gustaba el casín pero nunca dejó el estudio, por eso digo Ricardo fue un muchacho qué... ¿cómo decirles? Lo veo siempre con la sonrisa y un agujerito acá en el costado, esa sonrisa que no dejaba nunca, y el día que se enojaba, ¡era bien bravo! Por eso le pusieron Gallo de Lata”. (…) “toda crianza de buena cepa, no era de hacer picardías, no había esa maldad, esa era la crianza que teníamos. Jamás tuve un lío con Ricardo, una sola vez lo vi llorando, pero fue cuando perdimos el invicto de 49 partidos sin perder. Creo que fue con el Molino Viejo o los Buzones. Y me echaron a mí, entonces. Estábamos en la plaza de deportes, en las jaulitas de los vestuarios, entonces me dijo “por culpa tuya perdimos”, me acuerdo que se estaba sacando las championes, como yo era que hacía los goles, “pero Ricardo no seas malo, si me el juez me echó, que culpa tengo yo”. Teníamos trece años, pero llegábamos a los catorce y ya no podíamos jugar más, después pasamos a cuadros de la liga, él jugo en Central y yo en Sportivo”.

(…) “Yo terminé sexto y fui a trabajar con mi padre, fuimos juntos a la selección y salimos campeones del Este…después se fue para la facultad. Y un día me dijo en el Café Oriental, había música, yo andaba con la barrita del Sportivo, y él venía saliendo, con un chaleco y siempre con la sonrisa. ¿Cómo andás? Yo bien, pero me metí en una cosa que no te puedo decir qué es y yo no se lo dije nunca a nadie. Estaba con Marianela, fui y lo abracé y le pregunté y me dijo eso. Vino con esa sonrisa. En la puerta del Oriental, un domingo, él se iba el domingo de noche para Montevideo.”

(…) “Y un día vino mi hermano y me dijo “me lo mataron al Ricardo”, el día que lo mataron en Pando fue el peor día de mi vida. Después me encontré con el padre de Ricardo. Me hablaba para ver si yo le hablaba de Ricardo, pero nunca le hablé. Don Pedro era un buen tipo. Siempre me quería dar trabajo, pero nunca me gustó la política, ni quiero saber de nada. Éramos sanos con Ricardo, nos dedicábamos a compartir. Ricardo, si fuera ahora, no sé lo que sería acá en Minas, porque era bueno, bueno mismo”.






viernes, 27 de noviembre de 2020

Sodomía

 



“Acá llegamos nosotros, los dueños del Uruguay, a gobernar según nuestras necesidades y perspectivas”, es el mensaje de la coalición multi reaccionaria. No hemos necesitado de los viejos golpes de Estado para hacernos cargo de la política económica, el control policial de la población y las relaciones internacionales. Desde siempre hemos sido dueños del poder, ahora pudimos recuperar el gobierno sin salirnos de la Constitución y las leyes.

Parece ocioso debatir sobre el articulado de la “ley de urgente consideración”, cuando lo esencial no fue el debate parlamentario, sino el acto de poder y de soberbia que significó. La LUC es mucho más que la hoja de ruta para los próximos cinco años de gobierno. Ante nuestra pasividad, nos sodomizaron una vez más, sin piedad y sin escrúpulos. El medioeval derecho de pernada.

Frente al hecho inevitable, hubo parlamentarios que inicialmente pusieron el grito en el cielo, desplegaron toda la parafernalia verbal de que disponían y condenaron la LUC de Lacalle Pou. Sin embargo, luego de discutirlo entrecasa, predominó la mesura y terminaron aprobando casi el 50% de la LUC. Flagrante incoherencia entre el discurso y los hechos. Sin consultar al movimiento social para nada, se auto convencieron de que solamente la mitad del engendro era antipopular y anticonstitucional. Consideraron que la otra mitad era urgente, estaba en el “camino correcto” y merecía pues ser aprobada para reducir los daños, según sostuvieron. Podrían haber convertido el parlamento en el primer escalón de la defensa del movimiento popular, pero no se los permitió su particular visión de un quehacer responsable: transar y transar, retroceder y retroceder. En definitiva, consintieron la sodomización.

“Hay que escapar a la lógica de ganar y perder”, redondeó el Pelado Gómez la tarde del jueves, pues no se trata solamente de si las firmas alcanzarán o no: se trata de dar una señal clara, un gesto que indique la disposición a lucha contra el proyecto multi reaccionario que la coalición viene ejecutando. Exclamar ¡no nos dejaremos sodomizar! ¡no pasarán! Dejar claro que, para hacerlo, deberán vencer la resistencia popular. Es el momento del grito de dignidad, de trasladar a las calles la democracia, sacarla del recinto parlamentario y mudarla al territorio de la participación política directa. Como ha hecho el pueblo chileno durante el último año como vienen haciendo en Colombia, Perú, Guatemala y Honduras. Hasta en Brasil el pueblo corcovea indignado. El movimiento popular debería anticiparse a las luchas sociales que se le vienen encima, aprontar los corazones y preparar brochas y pinceles, pero, sobre todo, recuperar aquel horizonte transformador que convocó a empujar la dictadura militar y a los gobiernos de derecha que la siguieron.

Lo fundamental es dar una señal bien clara: con las calles llenas de pueblo no les será tan fácil como en el parlamento cumplir con sus propósitos de sodomización. Es el momento de abandonar las lógicas que todo lo analizan en cantidades de votos para el 2024 y comenzar a acumular en consciencia, recuperar aquel viejo horizonte que se extravió en el salón de los pasos perdidos.

Desde el pacto del Club Naval, las fuerzas armadas sostuvieron que era todo mentira que, convocados por el poder ejecutivo, el parlamento y la partidocracia, habían actuado en defensa de la “nación agredida” por el comunismo internacional y la subversión. Esa pétrea historia oficial era el basamento ideológico de la disciplina ciega, la obediencia refleja, sin pensar. Durante 35 años los gobiernos no cuestionaron la falsificación que se enseñaba en liceo y escuela militar.

Ante sendos tribunales de honor un par de notorios verdugos confirmaron que la institución armada fue la responsable orgánica de los crímenes de lesa humanidad. Las torturas, violaciones, asesinatos y desapariciones forzosas se realizaron siguiendo las órdenes del comando superior, no fueron errores ni excesos cometidos por algunos degenerados. Era una política de Estado.

Ahora, al parecer, la oficialidad más joven se siente afectada por los “sentimientos negativos” que despierta esa verdad archisabida en la sociedad. Salvo uno cuantos “políticos”, la gente no los abraza ni adula. Se les desarticuló el entramado ideológico que sostiene la obediencia debida. Los inocentes querubines quedaron desconcertados, la mirada perdida en lontananza. En una institución piramidal, no democrática, cuando se debilita la confianza religiosa y política que une a sus miembros, comienza a fallar la disciplina de los robots.

Antes de que el desconcierto se les transformara en duda existencial, los mandos superiores salieron a salvarlos de la confusión. Verticales como es su deber ser, decidieron revisar los programas de historia que se enseñan en el liceo y la escuela militar. En especial el período comprendido entre los años 1968 y 1985. Su propósito no es escribir la otra historia sino revisarla para encontrar nuevas justificaciones a los viejos crímenes.

¿Con qué perspectiva revisarán la historia oficial sobre el asesinato de “Nucho” Batalla en 1972 torturado en el cuartel de Treinta y Tres en plena democracia? ¿Seguirán sin reconocer la responsabilidad de los mandos en el asesinato de Roberto Gomensoro, muerto bajo tortura en el cuartel de La Paloma, cuando todavía no había dado el golpe de Estado?

Todavía no han dicho una sola palabra sobre la orientación de la revisión, pero, sin esperar algo más concreto, imbuidos por el espíritu liberal que domina la coyuntura, todo el progresismo (el partidario y el social) se sumó a la algarabía que despertó esta iniciativa de los generales. Se hicieron eco de la derecha liberal y de sus medios masivos. ¡Llegó la democratización esperada! Sin embargo, nada indica que esa ilusión se haga realidad: el mismo comandante que decretó el “estado de revisión de la historia”, fue el presidente del tribunal que no encontró que José Gavazzo hubiera faltado al honor militar por torturar y desaparecer a Tito Gomensoro.

De puro desconfiado y suspicaz, uno se inclina a pensar que es otra operación de inteligencia, otra de esas maniobras dirigidas a neutralizar cúpulas partidarias y de las organizaciones sociales. Algo así como fueron los documentos dados a conocer en febrero de 1973. Aquellos que, medio siglo atrás, se quemaron con leche, debieran asustarse al ver la misma vaca con otra caravana.

La estrategia de oposición responsable toma forma de responsabilidad hacia lo anunciado por un ejército que aún no ha respondido por sus crímenes. Es el sainete que remeda la tragedia de 1972/73, cuando tantos y tantas buscaron “oficiales nacionalistas” en el pajar de la Doctrina de Seguridad Nacional. Huele a nueva sodomización del movimiento popular. Tal vez, como hace medio siglo, logren su objetivo, pero, esta vez, por lo menos, intentemos no consentir la sodomía.

Jorge Zabalza
Publicado en Voces





martes, 17 de noviembre de 2020

Historias propias

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 21 de octubre de 2020

viernes, 4 de septiembre de 2020

Punto de encuentro con Zabalza

 


Jorge Zabalza: “Bonomi cambió la policía y la convirtió en un organismo mucho más represivo que antes”
Autor: Publicador Radio Universal | 3 septiembre, 2020
 

“Larrañaga está llevando adelante su política con los instrumentos que le dejó afinados Bonomi” argumentó.


 

En entrevista en Punto de Encuentro el exintegrante del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros (MLN), Jorge Zabalza, se refirió a la administración de Eduardo Bonomi frente al Ministerio del Interior.

El exguerrillero expresó: “Yo creo que Bonomi cambió la policía y la convirtió en un organismo mucho más represivo que antes”. “Hicieron cursos en Estados Unidos, Israel, preparó la policía, trajo vehículos, armas, trajo ese helicóptero que permanente anda por ahí y creó el Programa de Alta Dedicación Operativa (Pado)”, argumentó.

Zabalza aseguró que a su entender Bonomi “le dejó un legado al ministro Jorge Larrañaga y hoy él lo está mejorando . Larrañaga está llevando adelante su política con los instrumentos que le dejó afinados Bonomi”, concluyó.

 https://970universal.com/wp-content/uploads/2020/09/zabalza-sobre-Bonomi.mp3

 Zabalza y la culpa al Frente Amplio de perder las elecciones.


El exguerrillero explicó a su entender porque el Frente Amplio no ganó las elecciones nacionales: “No creo que Daniel Martínez sea el responsable de la derrota electoral del Frente Amplio, lo es el propio frente”, dijo Zabalza.
“Por eso evitan la autocrítica y la autocrítica te tiene que hacer repensar. No puede ser que no haya vivienda y acá a seis cuadras de casa (barrio Santa Catalina, Montevideo) hayan 700 familias que están pasando el invierno en unos ranchitos de madera al descampado”, argumentó.
En esa linea apuntó: “No hubo una política de vivienda a resolver el tema de los más humildes, que son los que realmente tiene problema de techo. No hubo una política dirigida a educar a las personas más humildes, más marginadas, se los quiso convertir en consumidores, se les inyectó algunas ayudas del Mides para convertirlos en consumidores de quinta categoría”.
En la misma línea señaló: “el destino de la izquierda que se convierte en progresismo y que a la larga renuncia a su mensaje de cambiar la sociedad. y se incorpora a ese capitalismo que hoy en día es un 0,001% dueño de todo el capital”, argumentó.
Escucha la crítica al Frente Amplio realizada por Jorge Zabalza:

 https://970universal.com/wp-content/uploads/2020/09/zabalza-sobre-Frente-Amplio.mp3?_=2


 
Zabalza: “El mismo día que mataron al padre de Burgueño murió mi hermano”

“Va a ser un tema de eterna lucha”, dijo en Punto de Encuentro sobre las versiones del pasado reciente.

Jorge Zabalza, controversial exguerrillero del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, se refirió a los reclamos de Familiares Víctimas de la Sedición por incluir su versión en la enseñanza pública. “El mismo día que mataron al padre de [Diego] Burgueño en la Toma de Pando murió mi hermano. Cada cual tiene sus sentimientos”, destacó.

“En la historia de los libros de las Fuerzas Armadas aparecen todas esas cosas, ¿no? Eso fundamentó la dictadura y el terrorismo de Estado. No sé, creo que va a ser una eterna lucha”, reflexionó.

Leé también: Lacalle Pou evalúa planteos de Familiares víctimas de la Sedición para “cambiar la historia”

https://970universal.com/wp-content/uploads/2020/09/ZABALZA-HERMANO.mp3?_=1 

 

Zabalza: “Mujica y Huidobro tienen muchísima responsabilidad en lo que pasó con las actas”

“Manini está haciendo una operación muy inteligente, como la hizo Mario Aguerrondo [exmilitar]”, dijo en Punto de Encuentro.

El extupamaro del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), Jorge Zabalza, se refirió al tema de las actas del Tribunal de Honor militar en Punto de Encuentro y dijo que el expresidente José Mujica y el exministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro tuvieron “muchísima responsabilidad en lo que pasó”.

“Para esa parte [que votó a Mujica y a Huidobro] representaban gente que había dado todo por esos cambios. ¿Qué pueden pensar los que fueron desalojados en Santa Catalina, bajo un decreto firmado durante su gobierno? ¿Qué pueden pensar sobre Mujica y Huidobro, que facilitaron la impunidad?”, cuestionó.

Escuchá lo que dijo Zabalza:

https://970universal.com/wp-content/uploads/2020/09/ZABALZA-MUJICA-Y-HUIDOBRO-1.mp3?_=1 

https://www.elpais.com.uy/informacion/politica/zabalza-actas-vazquez-mujica-huidobro-facilitaron-impunidad-ultimos-anos.html
 "Energúmenos": explicación de Zabalza sobre caso Vázquez
 

A través del blogspot "Zurdatupa", Zabalza indicó en referencia al coronel (r) Gilberto Vázquez que "el acta con las declaraciones del energúmenoreconfirma que los crímenes aberrantes obedecieron a una política sistemática de las fuerzas armadas, cuyos mandos ocultaron y ocultan toda la información al respecto. ¿Cómo hacer para que revelen la verdad y se haga Justicia?".

Sobre el conocimiento en este momento de las actas, señaló en la publicación realizada este jueves: "¿Fue una especie de frenazo, un anticipo de la voltereta que dio Fernández Huidobro como ministro? Es inexplicable que un gobierno progresista haya mantenido en carácter de reservados documentos tan esclarecedores de la Verdad. Los periodistas debieron reemplazar a los gobernantes omisos en el deber de informar a la población".

"Tampoco convencen esas explicaciones de “no tengo conocimiento, porque los militares debían informarme y no lo hicieron”. Denota mucha pasividad", dijo en referencia a las declaraciones del exministro de Defensa, José Bayardi.

"El hecho evidente es que los militares, hipotéticamente subordinados del poder civil, les pasaron por el moño las actas con las confesiones de Gilberto. ¿Dónde está la responsabilidad individual del militante? ¿No se debería haber estado mucho más alerta cuando se trataba de tamaño energúmeno? ¿No debían haber leído y releído hasta descifrar el significado de cada punto y coma? ¿O, simplemente, se conformaron con homologar los expedientes que los coroneles pusieron para la firma?", indicó.

Zabalza también apuntó contra Luis Rosadilla (ministro de Defensa durante parte del gobierno de Mujica) y nuevamente contra Fernández Huidobro porque "rindieron sin condiciones el imperativo ético. Culminación bizarra de la derrota de la verdad, se convirtieron en un engranaje más de la maquinaria burocrática de impunidad, abogados honorarios y voceros de los criminales con los que bebían whisky. Se pasaron los principios por allá abajo", apuntó.

Para el extupamaro, "si se elude la reflexión sobre las condiciones en que la impunidad se va imponiendo, se seguirán alimentando aves de rapiña y, el día menos pensado, los cuervos nos comerán los ojos", remató su escrito.

 

 

jueves, 3 de septiembre de 2020

Energúmenos


 

Al declarar ante sus cómplices, Gilberto Vázquez aprovechó la oportunidad y les recordó que estaba encarcelado por crímenes cometidos por todos. Mientras los generales disfrutaban su buen pasar, el asesino la pasaba mal en Domingo Arena: “deben protegerme o los mando en cana”. Quisieron que se callara la boca, pero el muy energúmeno continuó con la lista de las aberraciones, recordándoles a los del tribunal de honor que la política de exterminio y el plan cóndor no eran inspiración de unos pocos. “Todos somos asesinos”, parecía sentenciar, parafraseando el título de la inolvidable película de André Cayatte.

No le busquen más vueltas, a Gilberto no le interesaba que se supiera la Verdad, lanzaba sus dardos contra los mandos porque los quería chantajear. Alguna tajada habrá sacado, pero, para saber su monto, habrá que esperar que se descubran nuevas verdades ocultas. Parece mentira, pero la Verdad quedó comprobada gracias a una vulgar rencilla carcelaria entre delincuentes.

Escribir sobre este escándalo no es nada fácil. Revuelve las entrañas, pero, no de horror, sino de bronca e impotencia. El acta con las declaraciones del energúmeno reconfirma que los crímenes aberrantes obedecieron a una política sistemática de las fuerzas armadas, cuyos mandos ocultaron y ocultan toda la información al respecto. ¿Cómo hacer para que revelen la Verdad y se haga Justicia?

Nadie ignora la responsabilidad de la institución armada, pero, hay genios de las maniobras “políticamente correctas” que apostaron a que el pasaje del tiempo trajera el olvido de unos y el perdón de los otros. Querían convencer a sus fieles de que la cuestión se resolvería por sí sola al morir los verdugos y las víctimas. Sin embargo, aunque de coronel para arriba ya murieron casi todos los culpables, estas actas confirman que la paz solamente llegará cuando se sepa toda la Verdad. El asunto no se resuelve sólo entre verdugos y verdugueados, porque la barbarie intentó esclavizar el pueblo entero. Los efectos del terrorismo no están solo en los costurones que uno lleva en la piel y en el corazón.

Asumir el ministerio de defensa el 1° de marzo de 2005 no era sencillo, más aun, siendo civiles, frenteamplistas y comprometidos con la Verdad y la Justicia. Cayeron, como peludo de regalo, a una institución en manos del terrorismo de Estado, donde predominaba su modo de interpretar la realidad y la historia reciente. El universo dividido en amigos y enemigos, los militares eran más leales a la doctrina de seguridad nacional que a las autoridades civiles. Fue el legado que dejó el general Medina, desacatos y amenazas al por mayor.

Un imperativo ético obligaba a los intrusos civiles, debían horadar muralla de impunidad que protegía a los criminales. Afectase a quien afectare. Provocase la reacción que fuera. Con ese impulso moral, la compañera Azucena logró descubrir, en el año 2007 los más de 14.000 documentos del titulado “archivo Berruti”, que estaban escondidos en el ex CGIOR, ex Escuela de Inteligencia del Ejército. Abrirlos al conocimiento público era el modo más directo de quebrar la cultura de la impunidad dentro y fuera del ministerio, de demostrar que la Verdad no era un mito sino realidad oculta. Sin embargo, después que Azucena renunció al ministerio debieron pasar más de 10 años para que el contenido de los archivos quedara librado al conocimiento del público. ¿Fue una especie de frenazo, un anticipo de la voltereta que dio Fernández Huidobro como ministro? Es inexplicable que un gobierno progresista haya mantenido en carácter de reservados documentos tan esclarecedores de la Verdad. Los periodistas debieron reemplazar a los gobernantes omisos en el deber de informar a la población.

Tampoco convencen esas explicaciones de “no tengo conocimiento, porque los militares debían informarme y no lo hicieron”. Denota mucha pasividad. El hecho evidente es que los militares, hipotéticamente subordinados del poder civil, les pasaron por el moño las actas con las confesiones de Gilberto. ¿Dónde está la responsabilidad individual del militante? ¿no se debería haber estado mucho más alerta cuando se trataba de tamaño energúmeno? ¿no debían haber leído y releído hasta descifrar el significado de cada punto y coma? ¿o, simplemente, se conformaron con homologar los expedientes que los coroneles pusieron para la firma? En el segundo gobierno del Frente, Luis Rosadilla y Eleuterio Fernández rindieron sin condiciones el imperativo ético. Culminación bizarra de la derrota de la Verdad, se convirtieron en un engranaje más de la maquinaria burocrática de impunidad, abogados honorarios y voceros de los criminales con los que bebían whisky. Se pasaron los principios por allá abajo. Para que esta historia Nunca Más se repita debe ser la madre de todas autocríticas: ¿qué apoyos fueron necesarios para defraudar la confianza de los que marchan cada 20 de mayo?

Por cierto, si se elude la reflexión sobre las condiciones en que la impunidad se va imponiendo, se seguirán alimentando aves de rapiña y, el día menos pensado, los cuervos nos comerán los ojos. Las cosas deben quedar en blanco y negro, como la tropilla de la muerte. Jorge Zabalza