lunes, 20 de enero de 2020

Mujica transformó su pasado en un relato épico


Frente a la playa de Santa Catalina, donde hizo caer a Daniel Martínez en una broma pesada que se hizo viral, está la casa de Jorge Zabalza. Barrio de pescadores, las calles tienen nombres de peces. Zabalza vive en la calle Burel, de vista privilegiada, un balcón frente al Río de la Plata. La casa se la compró hace 30 años a un dirigente del Partido Colorado. Eso lleva la conversación hacia ese lado y el viejo tupamaro sorprende diciendo que Talvi era el candidato que le caía mejor al comienzo de la campaña electoral.
“Me parecía el más interesante como individuo, con un análisis distinto. No desde el punto de vista político. ¡Si digo eso se levantan de la tumba mi padre y mi abuelo y me matan a palos!”, se ríe el exguerrillero, hijo de Pedro Zabalza, integrante del Consejo Nacional de Gobierno en la época del colegiado y senador del Partido Nacional.
Zabalza acaba de publicar un libro sobre artiguismo, La leyenda insurgente, que le llevó tres años de investigación y escritura.
¿Por qué hizo un libro sobre artiguismo?
El otro día fui a radio Carve y salió Jorge da Silveira, el Toto, a darme un abrazo. Él jugaba al basquetbol en el liceo Zorrilla y yo en la selección de Minas. Hicimos amistad en aquella época. Y él se acordaba de que en 1961 hubo un concurso nacional sobre el artiguismo, en celebración de los 150 años de la batalla de Las Piedras. Estábamos en preparatorios. El Toto y yo salimos empatados en el segundo lugar.
Es decir que siempre le interesó la historia.
Sí, en parte por influencia de la biblioteca del viejo Zabalza. Después, en la cárcel, historia nacional era de lo poco que podíamos leer.
¿Qué decía aquel ensayo juvenil?
Yo castigaba mucho a los “mercachifles” de Montevideo. ¡Era ruralista en esa época!
Según su investigación, el artiguismo abreva de rebeliones indígenas que lo precedieron.
En mi análisis, el artiguismo continúa las rebeliones guaraníes de 1750 y la de Tupac Amarú de 1780. Hay una tradición de rebelión de las poblaciones originales que está muy oculta. En Asunción, por ejemplo, hubo una rebelión guaraní cada cuatro años.
Usted sigue revindicando el derecho a la rebelión. Es una piedra angular de su pensamiento.
Sigo el ejemplo del cura jesuita Francisco Suárez, que revindicaba el derecho a rebelarse contra los reyes, en el caso de que fueran protestantes. Él decía que si había un rey pagano, había derecho a rebelarse.
¿Y hoy cuándo hay derecho?
Creo que el derecho a la rebelión es genérico en toda la Tierra. El planeta está administrado por el capitalismo, el capitalismo está en guerra permanentemente, y donde no hay guerras hay grandes desigualdades. El capitalismo no ha logrado solucionar los grandes problemas, que son sus propias consecuencias sociales, esas diferencias, esa brecha. Y no ha podido solucionar su relación con la naturaleza, destruye, es depredador. El derecho a la rebelión es inherente, implícito a la condición humana.
 Mujica es el símbolo del tipo que renunció a su pasado, que lo fantaseó, lo transformó en un relato épico y con eso hizo el caudal electoral que le permite hoy ser uno de los operadores mayores del capitalismo que hay en Uruguay.
Su esposa es sueca. ¿Ha estado en su país?
Sí.
Es un país capitalista y es uno de los que mejor ha logrado mitigar las desigualdades.
Igual hay gente durmiendo en las calles, como acá.
¿No lo ve como un modelo? Cuando va a Suecia, ¿qué ve?
Veo que la ciudad que tiene la mayor cantidad de industria sueca es San Pablo. Y nosotros también. La Ericsson, Ega, Alfa Laval, todo lo sueco que hay acá… con eso se construye la democracia sueca. Es como la época de los griegos: qué linda que era Grecia, qué lindo como paseaban de la mano Platón con Sócrates por el Ateneo, pero había 300.000 esclavos.
¿Nosotros somos a Suecia lo que los esclavos eran a Atenas?
Así viven bien los suecos, los finlandeses… Ahora el Tribunal Constitucional de Finlandia acaba de prohibir la construcción de la última planta de celulosa que quería hacer allí UPM, por su agresión al medioambiente. Y acá les construimos una vía férrea de US$ 2.000 millones, los abrazamos, va un presidente a humillarse allá, como fue Mujica, a pedirles por favor que vengan. Después hacen un acuerdo que todavía no se sabe muy bien todo lo que dice. Esa es la actitud de nuestras élites gobernantes.
Y ante eso…
…hay derecho a la rebelión.


Cuando habla de todo lo que el capitalismo no ha podido solucionar, de sus injusticias. ¿La desigualdad en Uruguay era más grande en los 60, cuando los tupamaros se rebelaron, o es más grande hoy?
Hoy, sin dudas. La producción se divide en una parte para el capital, una para el trabajo y otra para el Estado, a través de los impuestos. En los años 60, la parte que iba para el trabajo, la masa salarial, era el 40%. Hoy, después de 15 años de gobierno del Frente Amplio, no llega al 32%. La población del Uruguay recibe hoy, por lo que produce, menos de lo que recibía en los 60. Entonces no solo hubo organizaciones armadas. También hubo una gran movilización social. Hoy se justificaría más que existiera esa movilización. Y no se ha realizado porque las organizaciones sociales principales, de trabajadores y jubilados, están vinculadas al Frente Amplio. Por otro lado, y eso no puedo negarlo, ha habido mejoras. Yo lo veo acá: los trabajadores en general han mejorado.
¿Cómo puede ser que los trabajadores hayan mejorado y al mismo tiempo haya más injusticia?
Porque los que más han ganado son los bancos, los latifundistas… los ricos se hacen más ricos, los pobres se hacen menos pobres.
Y entonces, si la brecha es más grande hoy… ¿no se precipitaron al rebelarse en los 60?
No creo que hayamos sido apurados. Pienso que nos equivocamos en otra cosa. Nosotros tomamos el ejemplo de lo que ocurrió en la Sierra Maestra, en Cuba, donde un grupo guerrillero se fue a las sierras y luego se desarrolló como un ejército, y terminó derrotando al ejército de Batista. Los que adoptamos ese modelo en nuestra cabeza estábamos profundamente equivocados. Porque le pusimos demasiada importancia a los aspectos militares de la lucha, y fuimos perdiendo las definiciones iniciales que tenía el movimiento tupamaro en sus inicios, que era hacer política con armas, usarlas como apoyo de un trabajo político. Lo hicimos en un primer período, pero después fuimos cayendo cada vez más en querer transformarnos en un ejército que creciera hasta ser capaz de tomar Montevideo. Y eso trajo muchos males. Porque la estructura militar debe ser el peor invento de la sociedad.
¿No es muy ingenuo pensar que podrían poner un límite al uso de la violencia? ¿Acaso al decidir usar las armas en la política ya no estaba el germen de esa transformación?
La idea era usar las armas para hacer política y para defendernos también. El MLN creció después, con Pacheco Areco, después de Líber Arce, como respuesta. Porque en ese momento la respuesta electoral y política no existía. La respuesta que encontraba la gente era por el lado de las armas.
Alguna gente. Para una cantidad mucho mayor la respuesta estaba dentro de la política y votaban a Wilson, por ejemplo.
Por supuesto, sí. Pero también hubo 6.000 presos...
¿Cómo se dio ese cambio desde el MLN inicial al que se creyó un ejército que iba a poder derrotar a las fuerzas armadas?
Ese fue nuestro error. Hacer política significa acumular en cabezas, darle elementos a la gente para que comprenda la realidad y sienta la necesidad de actuar. Eso ocurrió en la primera época del MLN. Luego nos enzarzamos en una lucha primero con la policía, después con los escuadrones, luego con el Ejército. Empezamos a ver solo la realidad a través de que nos estaban torturando y fuimos centrando toda nuestra estrategia en hostigar y tratar de derrotar a ese aparato. Hoy creo que el método guerrillero ya no es aplicable. Pero en aquella época lo correcto hubiera sido no sumar y sumar gente, sino seguir siendo 50 o 60 personas organizadas que hicieran acciones que tuvieran un sentido político, que ayudaran a comprender.
Eso, además, hubiera comprometido a mucha menos gente. Al final miles terminaron presos, torturados, sin contar a los que perdieron la vida.
Por supuesto. Pero entendimos que acumular fuerzas era integrar gente al aparato.
Los muchachos que los siguieron a ustedes fueron miles, y la mayoría no la pasó bien.
¡A ustedes no! Yo soy uno de los muchachos que seguí a Mujica, tengo diez años menos que él. Pero nosotros también empujábamos, queríamos. Había una necesidad. Era el espíritu del 68. Ese año habían ocurrido una cantidad de hechos a nivel mundial, la lucha por la democracia en Checoslovaquia, la plaza de Tlatelolco, las grandes manifestaciones en San Pablo y Río de Janeiro, el Poder Negro, las manifestaciones contra la guerra en Vietnam y Woodstock en Estados Unidos… todo eso creó un clima ideológico. Vos sentías la necesidad de hacer la revolución. Que había poca reflexión, es cierto. Que la sociedad ideal que queríamos no la habíamos discutido demasiado, por supuesto. Era un anhelo…
 La estructura militar debe ser el peor invento de la sociedad.
Los cálculos políticos de los líderes tupamaros no se cumplieron: instaurar un foco guerrillero no hizo que Uruguay se levantara en armas; el Ejército no se dividió como preveían, etcétera, etcétera.
Es lo que te digo. El método guerrillero tiene un error inicial que es el querer desarrollar un ejército a partir de un pequeño grupo guerrillero. Lo tendríamos que haber reflexionado en esa época.
Pero hubo gente que se sumó pensando que eso iba a funcionar.
Sí, claro. Yo creí que iba a funcionar. Mi hermano creyó que iba a funcionar. Tenía cinco años menos que yo. Ese pensamiento de que hay que había que hostigar al Ejército lo teníamos totalmente incorporado. Hostigarlo para que no torturara. Desde Raúl (Sendic) hasta el último de nosotros. Y esa fue una lógica que no funcionó. Soñábamos con la Revolución Española, era la historia reciente de mi generación.
Otra que terminó mal.
También. Pero que termine mal no es justificativo para no hacer nunca más nada. Porque las condiciones sociales te matan de otra manera. No te digo en Uruguay, pero en África ¿cuánta gente está muriendo por falta de atención médica? Los africanos, los haitianos, tienen el derecho a la rebelión.
Pero también pueden terminar peor de lo que están. Uruguay después de la revolución tupamara tuvo 12 años de dictadura.
En ese momento vos no estás pensando que te van a derrotar. Hacés las cosas para triunfar. Y acá no se ha pensado lo suficiente en el tema de los ejércitos. En Uruguay el Ejército sigue intacto en su estructura ideológica.
¿Le dolió la referencia casi festiva de Mujica a la “toma” de Pando, en la película de Kusturica, obviando por completo que hubo cinco muertos?
Mucho. Mucho. Me da mucha bronca. Rabia me da. Porque él no tiene ningún derecho a referirse de esa manera. Él hizo un nuevo relato. Él dice bien claro: yo nací de nuevo en la cárcel. Dice: este que soy yo se hizo en los calabozos, en la soledad, durante el martirologio. Quiere decir que ahí en la cárcel, en los calabozos donde estaban Fernández Huidobro, Mujica y Rosencof, algo pasó que los tres renacieron. Los tres salieron hechos hombres nuevos y con unas ideas nuevas, como la que Mujica sostiene al final de la película, donde dice: unos se pasaron al capitalismo y yo estoy entre los que lo administran. O sea, entre los que sirven al capitalismo, entre los que operan en su beneficio. Es uno a quien le dejan administrar el capitalismo. Por eso lo aplaude Soros y tantos otros.
Ellos tres han escrito la historia oficial tupamara: Fernández Huidobro y Rosencof a través de sus libros, Mujica a través de las entrevistas.
Sí, nosotros nunca escribimos nuestras experiencias. Mujica lo hizo a través de los medios. Él forma parte del espectáculo, es un actor del espectáculo político.
Pando tuvo un saldo trágico, cinco personas muertas. Tres compañeros suyos, su hermano Ricardo, Jorge Salerno y Alfredo Cultelli. Y también…
Burgeño y Fernández Díaz.
Exacto, el civil y el policía. Cinco personas. ¿Valió la pena esa acción con ese saldo trágico? Han pasado muchos años y uno percibe que en usted el dolor por la muerte de su hermano no ha menguado.
Yo estaba en el grupo que estaba preparando Pando y caímos un mes y medio antes, en julio. El grupo de mi hermano entró por nosotros. Eran unos gurises.
¿Le pesa?
Sí, claro que sí. ¿Por qué yo estoy vivo y él no?
¿Valió la pena esa acción?
Pando marca el inicio de ese error que ya dije. Fue el inicio de nosotros pensando en transformarnos en un ejército. Fue la primera operación en la que demostramos que pensábamos que multiplicando la cantidad de grupos íbamos a triunfar. Ahí intervinieron 40 y pico de compañeros. Y pensamos que si llegábamos a ser 4.000, organizados como un ejército, podíamos tomar Montevideo.
Muchas veces las referencias a Pando son épicas, como si hubiera sido una aventura, casi festivas, desprovistas de todo dolor.
“Y después fui y me tomé una cerveza”.
Tal cual. Mujica en la película de Kusturica llevó ese fenómeno al máximo.
¡Seguro! Mujica es el símbolo del tipo que renunció a su pasado, que lo fantaseó, lo transformó en un relato épico y con eso hizo el caudal electoral que le permite hoy ser uno de los operadores mayores del capitalismo que hay en Uruguay. Yo hace poco tuve una discusión con varios compañeros viejos que siguen en el MLN. Me decían que en octubre votara al Frente para preservar los derechos. Pero recordemos. Primer gobierno de Tabaré, la bancada del MPP, con varios tupas viejos como (Ernesto) Agazzi y Juan José Domínguez, votó la ley que convirtió las ocupaciones de terreno en delito penal. ¡De terrenos! Dijeron que se iba a resolver el problema de la vivienda construyendo, pero hoy existe la misma carencia de viviendas del 2004, 15 años después. No hicieron nada. Siguen los asentamientos. Acá la situación mejoró porque la gente trabajando construyó su baño, revocó las paredes, le puso tela asfáltica a las chapas. Es cierto. Compraron su moto, tienen Directv. Todo eso es cierto, pero el problema de la vivienda en Uruguay no se resolvió. Prefirieron no tocarlo, para no tocar la estructura de la propiedad de la tierra urbana, los terrenos del Estado y los que están abandonados.
Igual he visto que está rodeado de carteles del MPP.
Sí, por supuesto. Pero todos mis vecinos saben cómo pienso. En 2004, cuando dije que no iba a votar al Frente Amplio, porque iban a pagar la deuda externa y no iban a resolver ni el problema de la vivienda ni el de la educación, hubo vecinos que me dejaron de saludar y un amigo íntimo me quiso pelear. Hoy, después de lo que pasó acá con Daniel Martínez, todo el mundo se mata de la risa. Eso que pudiera haber dado lugar a repudio, no lo dio. Hay un cambio muy grande. La gente ha comprendido. ¿Te creés que no se dan cuenta lo que es hoy la lucha por los cargos de la Intendencia? ¿Cómo se explica que haya tantos interesados en ser intendente?
¿Qué le diría al hijo de Burgueño?
¡Qué le voy a decir! El padre se metió en el medio de in tiroteo, entre los policías y uno de los autos…
¿La culpa la tuvo Burgueño?
No, no la tiene. Yo no creo en los efectos colaterales. Ahí hubo una culpabilidad nuestra. En aquella época se dijo que la bala que lo mató era de la policía, pero aun así se estaban tiroteando con los compañeros y la responsabilidad es nuestra. Siempre que hice algo por Pando, hablé de ese tema, porque Burgueño era un hombre de pueblo. La responsabilidad de su muerte, por lo menos para mí, es nuestra. O es compartida con la policía. Nosotros tenemos que asumir nuestra parte.
También hubo gente a la que ustedes ejecutaron, gente inocente. Usted ha admitido que las muertes de Pascasio Báez y Roque Arteche son equiparables a delitos de lesa humanidad. También ejecutaron a un capataz de Niboplast…
No tiene sentido. Hicimos cosas que no tienen sentido. Forma parte de transformarnos en un ejército, que tiene una lógica del enemigo. Cuando nosotros nos empezamos a militarizar y a transformar en ejército, empezamos a adoptar la lógica del enemigo. Una lógica binaria: amigo o enemigo. Y a partir de ahí empezaron…
…los desastres.
Es así. Un ejército es todo lo contrario a lo que uno pueda pensar que es la democracia.
La lógica del enemigo hace que uno no vea al otro como ser humano.
Claro.
Y su discurso de mantener vivo el derecho a la rebelión, ¿no implica el riesgo de ver como enemigos a otros actores de la sociedad?
No, porque yo paralelamente hago la crítica al ejército en todos lados. Empezando porque creo que es lo más antidemocrático que debe haber. Es imposible democratizar un ejército, porque funciona en base al mando y obedezco. La existencia de un ejército dentro de la democracia liberal termina avasallando todas las libertades, porque dentro del ejército no hay libertad. Y si un movimiento guerrillero se transforma en un ejército, se convierte en una estructura autoritaria, que no quiere libertades, que no acepta divergencias individuales y que define al otro como enemigo. Entonces, sos un desastre. Y cuando analizo las guerrillas del 70, nuestro error fue ese. ¡Estoy criticando al Che Guevara!
Así es.
Sí, lo estoy criticando. Él, por su experiencia, no podía verlo de otra manera. Pero nosotros adoptamos eso, como lo adoptaron en Perú, Colombia, Venezuela, Chile, en todos lados la misma idea. Fue el profundo error de los movimientos guerrilleros de los 70.
¿Entonces propone una rebelión pacífica?
Bueno, (se ríe)… la sociedad es violenta, no seas malo. Las desigualdades sociales, la violencia se ve todos los días. Todas las noches me ponen un parlante ahí afuera hasta las tres de la mañana y venden porros o pasta base. Es violencia. Yo le critico al pragmatismo del Pepe Mujica que filosóficamente está aceptando esa situación. Cuando dice "administro el capitalismo", lo hace atemperando e impidiendo que la gente se rebele. Ese es su papel. Yo no acepto la sociedad tal cual es. Más allá de que hoy no pueda hacer nada, hay que transformarla. Y al hacerlo, se desata la violencia porque vas a ser reprimido.
Ese modo de pensar no corre el riesgo de caer en los errores del pasado, de ver a otros como el enemigo.
No, porque hay que mantenerse firme en las cosas que nunca más hay que hacer. Creo en el derecho a la rebelión, pero nunca más un ejército. Esa es la estructura maldita que inventó la humanidad.











jueves, 9 de enero de 2020

sábado, 4 de enero de 2020

"Se acabó el recreo", dijo Manini




Por Jorge Zabalza
artículo publicado el 30 de diciembre en "CLARIDAD"

País de los amortiguadores, de instituciones políticas para atemperar las consecuencias sociales del capitalismo. ¡Qué lindo este Uruguay del republicanismo y la democracia representativa! De la ficción electoral donde los pobres se creen iguales a los ricos porque votan en la misma urna y elijen a quien se encargará de hacerles pagar la Deuda. Las elecciones son, de verdad, un acto de prestidigitación. La concordia entre liberales alcanza su punto culminante en la rambla, entre Punta Carretas y Malvín, en el país de las banderas frenteamplistas que se abrazan sin pudor con las de la coalición multi reaccionaria. Un coro de estómagos rebosantes que entonan el himno nacional.

Sin embargo, pocas cuadras al norte hay otro país, el de las panzas vacías, el del millón con ingresos menores a veinte mil pesos, los que no pueden dejar de pensar en el pesito nuestro de cada día, los que voten a quien voten seguirán con su vida de anestesiados, alimento de lobos y lobas, carne de cañón de las cárceles, víctimas del sistema por haber nacido lejos de la vidriera para turistas.

Tampoco está en la rambla el tendal que dejó la política económica del astorismo: 160.000 desempleadas y desempleados, otro tanto cuyos empleos bajaron de calidad, los dueños de pequeños comercios en concordato, los pequeños productores que debieron abandonar el agro. Esas capas medias que, mientras financian vía IRPF el asistencialismo social, ven que las grandes multinacionales no dejan nada para el país.

No hay índice de Gini ni línea de pobreza que puedan disimular las consecuencias de haber subordinado la economía a los intereses financieros internacionales. Sin embargo, como las y los sacrificados en el altar del grado inversor son mayoría, los partidos compiten para obtener su consentimiento. Entre todos, los arrean hacia el matadero, testuz inclinada y chiflando bajito. Es el modo de dominar pacíficamente.

Empero, en esta ocasión, más de 50.000 electores del área metropolitana, que habían votado al Frente Amplio en 2014, cambiaron de arriero y fugaron hacia otros partidos. El electorado uruguayo navega a contracorriente de los pueblos que, para librarse de la dependencia del capital financiero, tomaron el control de las calles, avenidas y plazas de América Latina. Mientras ellos enfrentan balas de goma, tortura, violaciones y gases lacrimógenos, el pueblo del Uruguay parece haber elevado al gobierno la representación más vinculada al agronegocio, al capital financiero y la mano dura.

¿La victoria de la coalición multi reaccionaria se debe a la mala comunicación o a que la gente se cansó de versos? Si, señores, dejaron de votarlos porque disienten con ustedes. No fue la forma en que se comunicó, sino el contenido de la comunicación.

Véase por ejemplo lo que ocurrió con los derechos humanos. Aunque de manera diferente que los gobiernos anteriores, los progresistas también cumplieron con el pacto del Club Naval. Este es un país donde el político de izquierda más avezado es qui-en mejor sabe transar, en secreto y sin escrúpulos, con los propios criminales, la impunidad de los delitos de lesa humanidad. Con mucha prudencia y sin ofender a nadie, las marchas del 20 de mayo expresaron masivamente su disidencia con el Olvido y Perdón que se adivina en las actitudes y los gestos con que los gobernantes respaldan la impunidad.

¿Qué habría ocurrido si Tabaré, Mujica y Astori se hubieran puesto al hombro la lucha por Verdad y Justicia? ¿Si no hubieran tenido tantas contemplaciones con el centro militar y los comandantes en jefe del ejército? ¿Si hubieran dejado de pagar las jubilaciones a los oficiales procesados y los recluyeran en cárceles comunes? Serían gestos entendibles, actitudes educadoras para la lucha por Verdad y Justicia y no sus incomprensibles mensajes que convocan a aguantar pacientemente al militarismo.

Seguramente las consignas de las marchas habrían cambiado la desconformidad por los aplausos y la fuga de votantes habría sido muchísimo menor. ¿Quién dijo que el gobierno desgasta n3ecesariamente la fuerza política? La gente no piensa sólo con el bolsillo, necesita creer, tener esperanzas. Solamente se precisaba desterrar el Olvido y el Perdón.

La derrota comenzó cuando los apóstatas se convirtieron en operadores de su versión de neoliberalismo suavizado con asistencia social. ¿Qué hubiera pasado si, en cambio, hubieran gobernado a lo Salvador Allende? ¿Si no hubieran cambiado los paradigmas del gobierno? Si hubieran rescatado del olvido el imaginario transformador, el del Congreso del Pueblo, el que dio origen a la CNT y al propio Frente Amplio. Los actuales partidos políticos progresistas han dejado de expresar y representar la lucha contra el poder, contra la clase dominante y los centros del capitalismo mundial. Están integrados al sistema institucionalizado de dominación. ¡¡En Chile, Bachelet llegó al colmo de mantener el mismo modelo de producción y distribución que Pinochet!!

Hay una crisis de representatividad, dicen los politólogos, valoración que, en el fondo, significa que ellos mismos no creen que el resultado de las elecciones represente realmente la voluntad del pueblo. Lo más probable es que el progresismo continúe colaborando con el neoliberalismo sin lubricante que ahora accedió al gobierno nacional. Hace rato que eligieron jugar de “oposición responsable” y acordar aquello que en la campaña descalificaron como antipopular. Gobierne quien gobierne, lo esencial continuará por los mismos carriles, unos en la rambla de Pocitos y otros sobreviviendo como pueden en el Pantanoso. Hasta que el pueblo, por sí y ante sí, diga basta y arranque a caminar.

Tal vez, aunque es poco probable, el retorno al viejo horizonte transformador pueda venir desde abajo, desde las bases frenteamplistas.

Pese a la sistemática política de desvalorizar y desarticular el Frente-movimiento, se produjo la avalancha militante entre octubre y noviembre del 2019. La dirigencia progresista quiere atribuirse la convocatoria, pero, en realidad, ella fue organizada desde los comités de base. Su irrupción significó la derrota de la estrategia de reducir la vida política al círculo central de los caudillismos y abre las puertas a la integración del “pueblo frenteamplista” a los movimientos que lucharán a muerte contra el neoliberalismo puro y duro.

Es que la conducción del progresismo ha demostrado su incapacidad para tomar la iniciativa en la lucha por la liberación de la mujer o por la defensa del aire, el agua y la tierra. No pueden hacerse cargo de la agenda de derechos porque quieren medrar en el espacio que les permite la clase dominante, sin salirse de los políticamente correcto. No quieren transformar la sociedad, revolucionarla. Nunca van a llamar a conquistar en la calle lo que se perdió en las urnas.

Ya pasó en Ecuador y Chile, en Bolivia y Colombia. Sus pueblos mestizos debieron asumir, por sí y ante sí, la conducción de la lucha con el capitalismo. Movimientos sociales multiétnicos, capaces de poner de relieve los aspectos más soterrados por la ideología dominante, el patriarcalismo, la violencia doméstica, el racismo, la destrucción de los recursos naturales, del agua, la tierra y el aire. Que han logrado comprender que mientras haya capitalismo habrá patriarcalismo y violencia contra las mujeres. Que mientras se cabalgue tras la tasa de ganancia la depredación será el modo de producir. Movimiento s sociales que han sido capaces de reunirse y organizar la batalla, de constituir organismos políticos de base popular, dejando a un lado los progresismos que concilian con el poder económico y militar. El recreo terminó, la lucha espera.








viernes, 20 de diciembre de 2019

Presentación La leyenda insurgente en Montevideo

Videos de la presentación en Montevideo


























viernes, 13 de diciembre de 2019

Un libro para futuros revolucionarios




Concebido como una revisión de la historia oficial, el libro de Jorge Zabalza reúne historias que transcurren en tres siglos, desde la conquista hasta la conformación del Estado nación. Con su narrativa insurgente, refuta la leyenda militarista del artiguismo, traza potentes conexiones con los guaraníes y los negros africanos. La leyenda de Zabalza es una toma de partido por los olvidados de la historia oficial, esa construcción falsa producida por las clases dominantes con el objetivo de no permitir el surgimiento de generaciones insurgentes.

Brecha por Raúl Zibechi y Diego Castro

13 diciembre 2019


Con Jorge Zabalza, sobre «La leyenda insurgente»
—En la dedicatoria inicial a tu hermano Ricardo planteás la necesidad de rescatar las historias de las manos de los poderosos. ¿Cuál es la importancia de este libro que recorre casi tres siglos de historia no oficial?

—En la dedicatoria digo que sobrevivir no nos da derecho a olvidar todo lo que dijimos y la concepción que teníamos. Por suerte, desde niños aprendimos a mirar críticamente la historia oficial, que es la historia fabricada por los historiadores del Partido Colorado. Como el hogar nuestro era blanco tuvimos una mirada crítica. La revolución cubana tuvo que esperar a ganar para empezar a rescatar a José Martí, a Antonio Maceo, a Julio Mella (que estaba completamente olvidado). Nosotros tenemos una historia para consolidar el Estado: la de la segunda mitad del siglo XIX, y parte del batllismo, porque Pepe Batlle colaboró con esa historia. Carlos María Ramírez, Francisco Bauzá, Clemente Fregeiro… Empezás a recorrer la historia y son todos colorados. Juan Zorrilla de San Martín, el gran poeta de Uruguay, escribió La leyenda patria y se olvidó de nombrar a Artigas. En la época de Máximo Santos se retoma a Artigas, al calor de los puestos y los premios que les daba el Estado a estos intelectuales, y Zorrilla de San Martín –recién ahí– escribió la epopeya de Artigas. Ramírez se convirtió en el apologeta de Artigas, Eduardo Acevedo… Todos salieron a construir una figura de Artigas que, en gran parte, es la leyenda “militarizada”: un Artigas con uniforme, bien peinado, con gesto adusto. Uno lee testimonios directos de la época y Artigas no era eso. Yo me lo imagino con un pelo bastante largo, bastante mugriento y vestido como podía, lejos de esa imagen de estampita que nos dejó Blanes. La leyenda insurgente toma partido sobre la historia para colaborar en futuras insurgencias. Está la leyenda negra, la leyenda celeste –como la llama Carlos Real de Azúa–, que es el invento del Partido Colorado, y también la leyenda insurgente. Si en algún momento queremos fundamentar históricamente una revolución en Uruguay, hay que dar vuelta la mirada. Todo el nomenclátor de Montevideo es falso; simbólicamente, el Partido Colorado refleja esa historia. Hay que cambiar todo el calendario de fiestas patrias: el 25 de agosto no quiere decir nada, es una mentira.

—¿Quiénes son nuestros Martí, nuestros Mella?
—En primer lugar, hay que rescatar a los guaraníes. En aquella época había unos 150 mil guaraníes en unas 30 misiones creadas por los jesuitas. Fueron los que protagonizaron los cercos a Colonia del Sacramento, construyeron la muralla de Montevideo y la ciudad de Minas, donde todavía hay un pueblo de guaraníes, Los Tapes. Fundaron Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes; eran la mano de obra. Cuando portugueses y españoles quisieron liquidar el problema invadiendo las misiones, hubo un derrame hacia el sur, muchos se quedaron del Río Negro, al norte. Nuestra realidad es guaraní en esa época, Buenos Aires tenía 10 mil habitantes y Montevideo 4 mil o 5 mil, pero había 150 mil guaraníes organizados en una sociedad que producía bajo principios cooperativos. Administraban 15 o 20 estancias en el norte de la Banda Oriental. Esa realidad se transmitió al movimiento artiguista. ¿Por qué Artigas no defendió Montevideo y se llevó a toda su gente para el norte? Fueron a rescatar los siete pueblos de las Misiones Orientales. El centro de gravedad político, social, demográfico de aquella época era el guaraní.

En segundo lugar, hay que rescatar a los batallones artiguistas de africanos. Pero no sólo el artiguismo; San Martín cruzó los Andes con 2.500 esclavos liberados, de los cuales regresaron 123. Los que pusieron la sangre fueron los negros africanos y los guaraníes. San Martín era indio guaraní; hasta hoy se niegan a hacerle el Adn a sus restos. Hay demasiados testimonios que lo tratan de indio y la oligarquía porteña lo menospreciaba por indio. Hay que homenajear a Andresito, a Sepé, a Encarnación Benítez, a Baltasar Vargas, cambiar a Lorenzo Batlle y a Lafone por ellos, que son los verdaderos héroes patrios. No sólo hay que enseñar otra historia en las escuelas, también hay que reflejarla simbólicamente. Ahora había una polémica, si ponerle o no a una calle Mario Benedetti. Lamento discrepar con Mariano [Arana], que es un buen compañero, una buena persona, uno lo aprecia y le tiene cariño, pero mantener el nomenclátor actual de Montevideo y de las ciudades del Interior es mantener una historia falsa, hecha para justificar la dominación de clase. Y no sólo Montevideo fue el principal centro esclavista de la zona, es decir, todos los familiares de los grandes personajes de la historia fueron esclavistas. Los tatarabuelos de los Batlle y los Herrera eran esclavistas, las grandes fortunas del Uruguay se hicieron sobre esa base.

—¿Esta mirada de la historia ya la tenían presente en los sesenta?
—Nos enseñaron historia con el hermano Damasceno, una fantasía tan grande, un cuento enorme. Tuvimos la suerte de tener en el liceo un profesor socialista, Silos Piedra Cueva, compañero de Carlitos Machado, y una profesora, Olga Labraga, que era del Cerro, de origen comunista. Ellos quebraron esa historia nacional. Luego vinieron las lecturas: Lucía Sala Turón, José Pedro Barrán, Benjamín Nahum, y ahora, como buen autodidacta –debo de haber metido la pata en algo, porque los autodidactas siempre la meten–, me dediqué a estudiar a gente que últimamente ha hecho investigaciones serias sobre distintos temas en Río Grande, Paraguay, Corrientes y Uruguay. El último tema que trato en el libro son los datos de la antropología genética, que aparentemente no tiene nada que ver con la historia. Allí se establece que el 31 por ciento de los nacidos en este territorio que hoy se llama Uruguay tenemos algún gen guaraní por el lado materno. En Tacuarembó es el 61 por ciento, en Montevideo es el 20 por ciento.

—Es curioso que sea Carlos Maggi quien trabaje estos temas, que no es de izquierda. ¿Te sorprende?
—No, yo soy admirador de él. Maggi tiene una sensibilidad distinta, de artista. Él reacciona frente a la descripción de Artigas de [Dámaso Antonio] Larrañaga. Dice, no, este hombre no se está haciendo el pobre, este hombre está reflejando una cultura diferente, que no es la austeridad por falta de medios económicos. Maggi fue uno de los tres que estudió el archivo Artigas (además de Pivel Devoto y Petit Muñoz). Toda la versión del Artigas bandolero hay que rescatarla; nos vendieron que nació a los 39 años el día que le entregan el sable (los españoles). Sobre lo que sucedió antes en su vida no sabemos nada; era un bandolero social, diría Hobsbawm. Es muy probable que hablara guaraní, las montoneras artiguistas hablaban guaraní, los documentos en castellano vienen después, de la mano de [Miguel] Barreiro y [José Benito] Monterroso: los curas ilustrados. También influyeron en Artigas lecturas provenientes de Estados Unidos, lo rescata el propio Maggi; textos de Thomas Paine sobre democracia y federalismo.

—Decías que este libro es un legado para las próximas generaciones insurgentes. ¿Qué aspectos son centrales para las revoluciones futuras?
—Mirar diferente la historia. Analizamos el presente dependiendo de la historia que contemos. Para tener independencia política y económica es necesario tener independencia de pensamiento. Lo cuento en el libro: acá no había burgueses, había empleados de la burguesía británica. Hubo gerentes, mayordomos, amanuenses. Con ellos se constituyó el Estado, no como una clase social con intereses propios, ni una burguesía nacional con intereses contradictorios a los del imperialismo, sino que eran servidores del imperialismo. Los centros capitalistas siguen teniendo sus amanuenses hoy en día. Tampoco había una clase asalariada. No podemos caer en el invento de trasplantar la historia de Europa a América Latina diciendo que hubo una confrontación de clase, inventando contradicciones que no existían.

De alguna manera, este libro es como lo que han hecho los cataristas en Bolivia o los zapatistas en México: reescribir la historia para que las rebeldías puedan florecer en otras generaciones. ¿Tenés esa esperanza?
—Yo tengo, sí. Fijate, leí el libro del viejo Herrera La misión Ponsonby, cuando tenía 12 años (mi viejo tenía bruta biblioteca y le encantaba la historia). Ese fue el primer libro de revisionismo histórico, hecho para contraponerse a la historia oficial de la clase dominante que se instaló a fines del siglo XIX. Jorge Abelardo Ramos –discrepo mucho con él– entiende que la lucha por la independencia es una continuación de la lucha entre liberales y absolutistas en Europa. No, señor, en 1780 fueron las rebeliones de Túpac Amaru y Túpac Katari. Túpac Amaru llegó a movilizar 100 mil quechuas y aymaras, le puso un cerco durante tres meses a la ciudad de La Paz. Abelardo Ramos y también los colorados nos quieren vender que somos liberales porque éramos jacobinos. Nosotros fuimos la continuación de los tupacamaristas y de los guaraníes que lucharon contra los españoles. Ese enfoque yo lo quiero transmitir, por eso arranco el libro con Alejo García, que era el más enfermo de todos, el “descubridor” del Paraguay. García viene con Juan Díaz de Solís y se salva de la matanza. Y no fueron los charrúas, sino los guaraníes quienes se lo comieron en un ritual. García llega a Porto Alegre y, empujado por la fiebre del oro, se camina miles de quilómetros hasta casi el Potosí, llega al sur de Bolivia, caminando en medio de la selva, cinco españoles con una compañía de 2 mil guaraníes.

Después lo mataron y le ponen “el descubridor” de Paraguay, pero no descubrió nada. Era la locura del oro lo que los empujaba, la misma de Pizarro, de Cortés, de Irala, de Mendoza, que se tuvo que volver a España corriendo porque los querandíes casi se lo comen. Esa historia que nos quieren vender de la conquista como algo planificado no es así. Fue una locura, una historia de tipos de-sorbitados, medio locos, que se conquistaron un continente impulsados por la burguesía británica, el desarrollo y la revolución industrial. El afán de lucro los impulsaba.

—¿Dónde ves la leyenda insurgente hoy?
—En el feminismo, en las movilizaciones de las mujeres, que tuvo sus inicios en grupos militantes pequeños de gente muy estudiosa y persistente, con una voluntad política muy decidida. Fueron las que expandieron el tema del patriarcalismo, la violencia y la explotación hacia las mujeres. Esto no es tan antiguo, empezó hace 30 o 40 años y hoy se presenta como un movimiento masivo que se expande por todo el mundo. Es muy parecido a lo que sucedió en 1968 con el movimiento estudiantil, y tiene un destino anticapitalista, porque el patriarcalismo tiene una razón económica de existir. El otro movimiento poderoso que está surgiendo es el de la defensa de la tierra, el agua, el aire, el medioambiente. Hace poco, los que luchan por un Canelones libre de soja tuvieron un laudo favorable de la Institución de Derechos Humanos, que reconoce que el uso de agrotóxicos atenta contra la salud y los derechos humanos. Esto está ocurriendo en todo el mundo, en Suiza dejaron de utilizarlos, y a Suiza no se la puede acusar de socialista. Estuvo la lucha contra Aratirí y ahora contra Upm 2 y el tren. Sueño con que un día ocupemos Upm 2, con un movimiento lo suficientemente fuerte como para decir que no queremos Upm. Por supuesto que hoy no tiene mucho asidero, pero es un norte. Nunca pensamos que las ideas de una revolución social, de un mundo socialmente justo, tienen que ser mayoría electoral para después generar hechos políticos. Esas ideas deben ser adoptadas por una cantidad suficiente de mujeres que, además de luchar por la igualdad, sean anticapitalistas, y de gente que luche por la defensa del medioambiente y sepa que el capitalismo es su principal enemigo. También pienso en la lucha por los derechos humanos, porque es la esencia de la batalla contra los opresores en la búsqueda de los desaparecidos. En el último tiempo ha sido reducida a su mínima expresión, en Uruguay y en Argentina. En el Batallón 13 no hay diez máquinas trabajando, hay sólo una; no hay 50 estudiantes de antropología, hay ocho o diez, porque falta voluntad política. Les interesa hacer un hecho político del tabaco y no de los desaparecidos.

—¿Qué opinión tenés sobre el proceso electoral?
—Estas elecciones son lo más pobre que hay. El cotejo entre dos o tres formas de ser mayordomos del capitalismo. El mayordomo frenteamplista, con el Mides que reparte ingresos, pero me dicen los trabajadores que no les sirve hacer horas extras en la construcción porque el Irpf les come el hígado. Es mentira que se repartió la riqueza, no se repartieron las estancias ni se cambió el modo de producir. No se tocaron los intereses del capital. Además, hubo un traslado de la política, de lo social a los comités de base y después los mataron. A un mes de las elecciones se reabrieron, como antes hacían los blancos y los colorados, pero es muy pobre comparado con el entusiasmo que había antes en cada casa y en cada auto con la bandera. El vecino te dice: “¿Y a quién voy a votar?”.
—Frente a este escenario, ¿qué se puede hacer? —La perspectiva que veo de ruptura ­–porque acá de lo que se trata es de romper ideológicamente la idea de que se terminó la revolución y de que hay capitalismo para siempre–, la veo por el lado de los movimientos sociales: feminismo, ambientalismo y derechos humanos. Es decir, los movimientos que han ganado independencia con relación a los aparatos electorales, porque los otros están atados al éxito electoral de la izquierda progresista. El ambientalismo y la lucha de las mujeres choca con el capitalismo, el patriarcado es la forma de expresión del sistema capitalista. Por eso todos los días nos enteramos de un feminicidio. Hoy en día las manifestaciones de los 20 de mayo, la Marcha de la Diversidad, la de los 8 de marzo, son lo que eran antes las manifestaciones sindicales. Los principales luchadores en materia de derechos humanos en Uruguay quedaron todos subordinados al gobierno frenteamplista. Les teníamos respeto y cariño, pero están subordinados. Hoy el Estado no puede evitar ser operador del olvido y del perdón. Eso es lo que pasó con Tabarecito, y a este Manini Ríos le están haciendo un gran favor. Uno llega a viejo y lamenta una cantidad de errores, haber caminado por senderos equivocados. Pero también vio tantas cosas positivas… La gente en asamblea en los asentamientos tiene una vinculación con el artiguismo cuando decide que determinado terreno va para esta familia porque necesita más, los otros van a la Ute, a la Ose… Hubo períodos en los que este pueblo se ha movilizado, pero hoy no es así. Cuando la gente toma resoluciones por sí misma no se puede prever si será ahora o en 30 o 40 años. Hay momentos en la historia en los cuales la gente es dueña; recuerdo el Cordobazo, que fue muy profundo. No hubiera habido lucha armada en Argentina si Agustín Tosco y los sindicatos no hubieran hecho esa movilización sindical que culminó en una sublevación política contra la dictadura de [Juan Carlos] Onganía. Mirá lo que pasó en Haití. En uno de esos momentos históricos los ciudadanos tomaron un cuartel, a mano pelada, no fue una organización, el Mln o el Erp. La masa fue al cuartel, tomó las armas y nunca las encontraron. En el Cordobazo cercaron las comisarías, los policías gastaron las municiones y no pudieron reprimir.

Manini Ríos

“Estamos ante un liderazgo de futuro”

—¿Por qué el líder de Cabildo Abierto utiliza la simbología artiguista?
—Es el mismo sistema que empleó Máximo Santos: crear un héroe militar para fortalecer la presencia del Estado. La estrategia de Manini es reagrupar a ese 43 por ciento que le dijo que sí a la dictadura en 1980 y en 1989, para llevar adelante la mano dura.
—¿Tiene proyección política? —Le veo futuro. Van a venir Soros y Rockefeller y, en vez de hablar con el Pepe, hablarán con él. Estamos ante un liderazgo de futuro del Uruguay. Estamos viendo el nacimiento de un nuevo Mario Aguerrondo: empezó como jefe de Policía, creó la logia Tenientes de Artigas y tuvo el 14 por ciento del electorado en 1971. Fue muy potente.

























domingo, 1 de diciembre de 2019

Tierra Libre 1 diciembre 2019

con Jorge Zabalza













miércoles, 6 de noviembre de 2019

Entrevista de Diego Castro y Raúl Zibecchi

ENTREVISTA A JORGE ZABALZA POR DIEGO CASTRO Y RAÚL ZIBECCHI PARA "ZUR-PUEBLO DE VOCES


Jorge Zabalza presenta el libro “La leyenda insurgente”concebido como un aporte de un viejo luchador social a las rebeldías futuras. Refuta la historia negra y la “celeste” (militarista) del artiguismo a la que le opone su leyenda insurgente. En ella emergen Andresito, Sepé y Encarnación Benítez, para dar fuerza a la conexión entre artiguismo, guaraníes y “escalvos negros”.