Ocupación de un predio en Santa Catalina
Por Jorge Zabalza
30 abril 2020
¿Tienen derecho los más humildes a un techo digno? Por supuesto. ¿Es
legítimo que ocupen tierra para construir su futuro hogar? Claro que sí. A
partir de estos interrogantes filosófico-jurídicas -y de sus respuestas- el
doctor Helios Sarthou había elaborado su “doctrina okupa” a la uruguaya,
alguna que otra decena de miles deben la posesión del solar donde
levantaron su hogar.
Un par de centenas de miles no pueden acceder al terreno donde construir
un techo digno, se los impide el monopolio del negocio inmobiliario urbano.
Es la estructura de la propiedad la evidente razón de las desigualdades en
el uso de la tierra, el problema básico, fundamental, de Uruguay y de
América Latina. Mientras no se resuelva, siempre habrá ciudadanos y
ciudadanas sin techo donde guarecer a sus hijas e hijos.
Por su parte, el Estado no cubre el déficit habitacional. El déficit afecta a
las trabajadoras y los trabajadores más empobrecidos y, en especial, a los
más jóvenes y excluidos de la vida social y política. Irresponsabilidad total
de los gobiernos que, sean del color que fueren, se comen el futuro.
El tan mentado Estado de Derecho, diamante del pensamiento liberal,
protege solamente los privilegios de la cumbre, indiferente a las
necesidades de los de abajo, reducidos a la marginación. Mas que
indiferente, los empuja hacia el estado de permanente necesidad. El actual
“ordenamiento territorial” arroja al precipicio multitudes, es una masacre
masiva e impune.
En consecuencia, dado que los dueños de todo y su Estado de Derecho
imponen la desigualdad y la marginación, los perjudicados tienen derecho
tomar pacíficamente las tierras que precisan para salvarse del
desbarranque. Es totalmente legítimo agarrarse de un fierro caliente
cuando te empujan al vacío. La situación exculpa a los usurpadores, que,
última instancia, están actuando conforme a los principios generales del
derecho: sacrifican el derecho del propietario del predio para proteger el
derecho a un futuro digno para sus hijas y nietas. Causan un mal menor
para escapar al mal mayor.
Mis vecinas y vecinos de Santa Catalina ocuparon esas 800 hectáreas de
tierra yerma, que ni siquiera estaban alambradas, donde solamente crecen
chircas y abrojos. El estado de necesidad a que están sometidos justifica
plenamente que hayan elegido el camino más directo, la usurpación
pacífica de terrenos echados al abandono por sus propietarios. Sí, es
verdad, se está agrediendo el derecho del propietario, pero, también es
verdad que la propiedad no puede ser utilizada para joder a los demás, su
uso debe tener una finalidad social, que impulse el desarrollo de la justicia
social, no que la impida. La propiedad privada, al estar monopolizada por
unos pocos es la causa de la injusticia.
No hubo daño en las cosas ni en las personas. Al ocupar dejaron
marcadas las calles y los espacios comunes (merenderos, CAIF, salón
comunal, etc.-, dividieron la tierra en solares, lograron que OSE -con
consentimiento del MVOTMA- instalara tres canillas con agua potable,
están tramitando en UTE la corriente eléctrica, en la IMM la recolección de
residuos. Están dispuestos a pagar sus solares mediante un acuerdo con
los propietarios.
¿Dónde está el ánimo de cometer un delito? No. La intencionalidad es
resolver por una vía directa el problema social que los gobiernos no
quieren resolver, su ánimo es civilizar el páramo que ocuparon, llevar la
civilización al desierto. Obedecen el mandato de la justicia social. Su
desobediencia social ha tenido la virtud de revelar el carácter injusto del
actual estado de cosas.
El fiscal Diego Pérez no tiene dudas. Enceguecido, acusa por asociación
para delinquir desechando el contenido social de los hechos. ¡Transmuta
un movimiento social en organización delictiva! Asume la misión sagrada
de defender la dictadura del capital sobre los más jodidos e indefensos
asalariados. Un ejercicio desmedido de poder que, en su filosofía, encierra
las bases del terrorismo de Estado.
Vivimos en patrias diferente, señor fiscal, la suya es la de los
especuladores inmobiliarios protegidos por el Estado de Derecho, la
nuestra es la patria de los trabajadores y trabajadoras que viven en el
Estado de Necesidad.
Jorge Zabalza
jueves, 30 de abril de 2020
martes, 21 de abril de 2020
Resistencia Mapuche se alza en armas
contra el estado, los intereses capitalistas y los yanaconas
Lleu-Lleu
Diario Venceremos
A través de un comunicado difundido por distintos medios de comunicación la organización denominada RESISTENCIA MAPUCHE LAVKENCHE se adjudica un conjunto de acciones político-militares en la zona del Lago Lleu-Lleu, correspondiente a la comunas de Contulmo, Caleta y Tirúa.
Recordemos que el día de ayer más de 100 weichafes se tomaron y ejercieron control armado de la ruta que une Tirúa con Cañete, lugar en el cual procedieron a la levantar barricadas, colgar lienzos y ejercer la autodefensa armada con pistolas, escopetas y wetruwes, frente al intento de la policía de sacarlos del lugar. Fueron más de 10 horas donde ejercio control total del territorio.
Durante el desarrollo de los hechos, una tanque mowag de carabineros intentó reprimir el levantamiento, siendo atacado con balas y con coche bomba el cual no logró el objetivo de inutilizar el blindado. Sin embargo provocó un extenso corte de luz en las comunas aledañas.
En semanas anteriores se han desarrollado varias acciones de resistencia e la zoaa, incluyendo la que la quema de maquinaria forestal por más de 2.000.000 de dolares, la quema de casas de veraneo, y un carabinero herido con 3 balas mientras intentaba reprimir una manifestación.
Aquí se expresa la voluntad de un pueblo, por hacerse dueño de propio destino.
A continuación reproducimos el comunicado de la RESISTENCIA MAPUCHE LAVKENCHE
Pu weichave (guerreros) de la Resistencia Mapuche Lavkenche reivindicamos la acción armada realizada este lunes 13 de abril en el sector de Lleu Lleu en contra de efectivos policiales al servicio de empresas forestales usurpadoras de nuestro territorio ancestral. Con este acto damos un paso firme hacia la unidad de la resistencia mapuche en la zona Lavkenche y reafirmamos nuestro compromiso irrestricto de expulsar de nuestro territorio a las empresas forestales y cualquier otra expresión capitalista que atenten contra la vida mapuche y de los pueblos.
Esta acción es fruto de numerosos nütram (diálogos) de las distintas expresiones de la Resistencia Mapuche, cuyo sustento cultural y político germinan desde el weichan y el control territorial que desarrollan los distintos Lov y comunidades mapuche en Resistencia en los predios forestales ocupados masivamente, donde se ha plasmado materialmente la autonomía comunitaria en base a la independencia organizativa, alejado de las directrices políticas que la institucionalidad winka y empresas forestales han diseñado para algunas zonas mapuche y que hoy amenazan con desatar una verdadera guerra interna amparada por el gobierno, fiscales y policías.
Es lo que ocurre en la zona sur del Lago Lleu LLeu, donde algunos dirigentes yanaconas han llevado a sus comunidades a trabajar mancomunadamente con la empresa forestal Mininco. Dicho trabajo es dirigido por los dirigentes Santos Reinao, Jorge Lincopan y Arturo Millahual, todos reconocidos operadores políticos de la institucionalidad winka que por años han pactado con las forestales.
Estos dirigentes han ocupado la lucha mapuche para intereses propios, arrastrando a sus bases a seguir bajo el yugo colonial de estas empresas que por años han saqueado y destruido nuestra tierra, secado nuestras aguas, alterado nuestro itrovil Mongen y enriqueciéndose a costa de la pobreza de nuestra gente.
Fue así como en diciembre de 2018, 11 comunidades mapuche ocuparon el fundo Choque, reivindicando, según ellos, 20 mil hectáreas. Dicha ocupación no sólo fue una puesta en escena para lo que vendría, sino que
además pasó por encima de la lucha que otras expresiones de la resistencia mapuche desarrollaron por años en dicho fundo, saboteando los intereses de Mininco, ocupando algunos paños de tierra reconstruyendo así la vida mapuche.
A poco más de un año el escenario es diametralmente opuesto. Hoy la empresa forestal Mininco ha vuelto a tener el control del fundo Choque, los dirigentes, como Santos Reinao, se han convertido en contratistas de Mininco y las comunidades hoy reforestan este predio con pinos y eucaliptus, perpetuando así el modelo forestal.Esta empresa ha optado por incorporar a las comunidades al negocio y para brindar el éxito del plan, incluso han creado brigadas de seguridad armadas dirigidas por algunos mapuches, varios de ellos antiguos militantes de la resistencia mapuche que trabajan en complicidad con policías y fiscales.
Entre ellos
destacan comuneros que en 2015 fueron torturados por carabineros al interior de un fundo de Mininco, encarcelados y ahora, de forma increíble, han traicionado a su pueblo y sin ninguna dignidad pasaron al bando enemigo transformándose en un grupo paramilitar.
Por estos hechos es que como Resistencia Mapuche Lavkenche reivindicamos las armas y el derecho a la autodefensa y asumimos la obligación de expulsar, de forma definitiva, a las empresas forestales y sus lacayos
de nuestro territorio. Hacemos un llamado también a las comunidades aludidas a reflexionar sobre su actuar y retomar un camino propio como mapuche, basado en las normas que han trazado nuestros kuivikeche y que nos obliga a no tranzar con el winka usurpador.
Por territorio y autonomía
libertad a los presos políticos mapuche
Resistencia Mapuche Lavkenche
Lleu-Lleu
Diario Venceremos
A través de un comunicado difundido por distintos medios de comunicación la organización denominada RESISTENCIA MAPUCHE LAVKENCHE se adjudica un conjunto de acciones político-militares en la zona del Lago Lleu-Lleu, correspondiente a la comunas de Contulmo, Caleta y Tirúa.
Recordemos que el día de ayer más de 100 weichafes se tomaron y ejercieron control armado de la ruta que une Tirúa con Cañete, lugar en el cual procedieron a la levantar barricadas, colgar lienzos y ejercer la autodefensa armada con pistolas, escopetas y wetruwes, frente al intento de la policía de sacarlos del lugar. Fueron más de 10 horas donde ejercio control total del territorio.
Durante el desarrollo de los hechos, una tanque mowag de carabineros intentó reprimir el levantamiento, siendo atacado con balas y con coche bomba el cual no logró el objetivo de inutilizar el blindado. Sin embargo provocó un extenso corte de luz en las comunas aledañas.
En semanas anteriores se han desarrollado varias acciones de resistencia e la zoaa, incluyendo la que la quema de maquinaria forestal por más de 2.000.000 de dolares, la quema de casas de veraneo, y un carabinero herido con 3 balas mientras intentaba reprimir una manifestación.
Aquí se expresa la voluntad de un pueblo, por hacerse dueño de propio destino.
A continuación reproducimos el comunicado de la RESISTENCIA MAPUCHE LAVKENCHE
Pu weichave (guerreros) de la Resistencia Mapuche Lavkenche reivindicamos la acción armada realizada este lunes 13 de abril en el sector de Lleu Lleu en contra de efectivos policiales al servicio de empresas forestales usurpadoras de nuestro territorio ancestral. Con este acto damos un paso firme hacia la unidad de la resistencia mapuche en la zona Lavkenche y reafirmamos nuestro compromiso irrestricto de expulsar de nuestro territorio a las empresas forestales y cualquier otra expresión capitalista que atenten contra la vida mapuche y de los pueblos.
Esta acción es fruto de numerosos nütram (diálogos) de las distintas expresiones de la Resistencia Mapuche, cuyo sustento cultural y político germinan desde el weichan y el control territorial que desarrollan los distintos Lov y comunidades mapuche en Resistencia en los predios forestales ocupados masivamente, donde se ha plasmado materialmente la autonomía comunitaria en base a la independencia organizativa, alejado de las directrices políticas que la institucionalidad winka y empresas forestales han diseñado para algunas zonas mapuche y que hoy amenazan con desatar una verdadera guerra interna amparada por el gobierno, fiscales y policías.
Es lo que ocurre en la zona sur del Lago Lleu LLeu, donde algunos dirigentes yanaconas han llevado a sus comunidades a trabajar mancomunadamente con la empresa forestal Mininco. Dicho trabajo es dirigido por los dirigentes Santos Reinao, Jorge Lincopan y Arturo Millahual, todos reconocidos operadores políticos de la institucionalidad winka que por años han pactado con las forestales.
Estos dirigentes han ocupado la lucha mapuche para intereses propios, arrastrando a sus bases a seguir bajo el yugo colonial de estas empresas que por años han saqueado y destruido nuestra tierra, secado nuestras aguas, alterado nuestro itrovil Mongen y enriqueciéndose a costa de la pobreza de nuestra gente.
Fue así como en diciembre de 2018, 11 comunidades mapuche ocuparon el fundo Choque, reivindicando, según ellos, 20 mil hectáreas. Dicha ocupación no sólo fue una puesta en escena para lo que vendría, sino que
además pasó por encima de la lucha que otras expresiones de la resistencia mapuche desarrollaron por años en dicho fundo, saboteando los intereses de Mininco, ocupando algunos paños de tierra reconstruyendo así la vida mapuche.
A poco más de un año el escenario es diametralmente opuesto. Hoy la empresa forestal Mininco ha vuelto a tener el control del fundo Choque, los dirigentes, como Santos Reinao, se han convertido en contratistas de Mininco y las comunidades hoy reforestan este predio con pinos y eucaliptus, perpetuando así el modelo forestal.Esta empresa ha optado por incorporar a las comunidades al negocio y para brindar el éxito del plan, incluso han creado brigadas de seguridad armadas dirigidas por algunos mapuches, varios de ellos antiguos militantes de la resistencia mapuche que trabajan en complicidad con policías y fiscales.
Entre ellos
destacan comuneros que en 2015 fueron torturados por carabineros al interior de un fundo de Mininco, encarcelados y ahora, de forma increíble, han traicionado a su pueblo y sin ninguna dignidad pasaron al bando enemigo transformándose en un grupo paramilitar.
Por estos hechos es que como Resistencia Mapuche Lavkenche reivindicamos las armas y el derecho a la autodefensa y asumimos la obligación de expulsar, de forma definitiva, a las empresas forestales y sus lacayos
de nuestro territorio. Hacemos un llamado también a las comunidades aludidas a reflexionar sobre su actuar y retomar un camino propio como mapuche, basado en las normas que han trazado nuestros kuivikeche y que nos obliga a no tranzar con el winka usurpador.
Por territorio y autonomía
libertad a los presos políticos mapuche
Resistencia Mapuche Lavkenche
viernes, 17 de abril de 2020
El virus en el umbral de la creación
Aldo Mazzucchelli, Hoenir Sarthou, Alma Bolón, Carlos A. Gadea, Jorge Zabalza, Luis E. Sabini Fernández, Rafael Bayce, Jorge Añón y Marcelo Marchese
El Virus en El Umbral de La... by Alberto Cabrera on Scribd
jueves, 16 de abril de 2020
Primera línea
Por Jorge Zabalza
14 de abril 2020
Desde
hace varias semanas venimos publicando diversas entrevistas y notas que
muestran el impacto de la crisis económica y sanitaria en los pueblos
de Nuestra América. En esta oportunidad, le propusimos
a Jorge Zabalza, experimentado compañero y ex militante del
MLN-Tupamaros, unas preguntas sobre la coyuntura en Uruguay, sobre el
modo en que estaba afectando a los trabajadores y el pobrerío, cuál era
la acción del gobierno y del Frente Amplio. Y también la pregunta de la
hora para todo el movimiento revolucionario: cuáles son las tareas que
nos caben.
Con
gran generosidad el compañero escribió un documento en el que retoma
estos interrogantes pero va mucho más allá, definiendo un horizonte
estratégico que, hoy más que nunca, tenemos que defender a capa y
espada.
Allá por enero de este año, en Santa Catalina, uno de los asentamientos más antiguos de Montevideo, una señora marcó un terreno baldío para construir una casa a su hija y nietos. A los diez días, 700 familias ya se habían acoplado y estaban civilizando un quilómetro y medio cuadrado de tierra yerma. Sin proponérselo para nada, la buena señora había puesto de relieve la ausencia de planes de vivienda que cubrieran el déficit habitacional de los más sumergidos.
Es la vieja tradición del movimiento popular uruguayo hacer por sí mismos lo que no hace el Estado.
Otro hecho significativo: a una semana de comenzada la cuarentena florecieron las ollas populares en los barrios, otra tradición de autoorganización solidaria cuya última manifestación había sido en el 2002. Como detrás de un palo, aparecieron decenas de miles de personas haciendo cola para llevarse un plato de comida. Es que la cuarta parte de la población activa trabaja en condiciones precarias, por afuera de las leyes laborales y sin contar con protección sindical. La pandemia ha tenido la virtud de poner de manifiesto que la tercera parte de la población, más un millón de personas, están en condiciones de suma vulnerabilidad.
Los hechos están cuestionando el poema demagógico de la reducción de la pobreza, así como el criterio de medirla en función de una canasta de productos básicos. Cuantificación cuyo complemento es la estrategia del asistencialismo, empujar los pobres con bonos y tarjetas, para que pasen al otro lado de la “línea de pobreza” y se eleven a consumidores de cuarta o quinta categoría. Claro que, luego, al menor soplo, rodarán cuesta abajo en la pirámide. La marginación y la exclusión son consecuencias sociales de la reproducción ampliada y solamente se erradicarán en la medida que ese pueblo de la informalidad se alfabetice, logre comprender la realidad que los reduce a la pobreza y los prepare para luchar y dar sepultura al capitalismo.
En quince años legalizaron el aborto, la venta de marihuana y el matrimonio igualitario, pero, al mismo tiempo, gracias a su política económica, el capital bancario y los dueños de la tierra incrementaron al máximo sus ganancias. Los gobiernos progresistas apostaron a las inversiones extranjeras y a honrar la deuda externa, fueron los mejores de la clase y, gracias a ello, reciben aplausos de las calificadoras de riesgo. Se predicaba el control de “los mercados” por el Estado, pero, en la práctica, se implementaron políticas de exoneración fiscal y de Zonas Francas en favor de las inversiones extranjeras. Mecanismos que, años atrás, habían sido rechazados por el Frente Amplio cuando lo introdujeron los gobiernos de la derecha neoliberal. Hicieron (hacen) gárgaras con la democracia liberal y la agenda de derechos sin atreverse a tocar las relaciones de propiedad ni la acumulación de riqueza.
Desde el Pacto del Club Naval en 1985 quedaron comprometidos con la impunidad del terrorismo de Estado, investigaron muy poquito, lo suficiente para conformar a sus más fieles feligreses. Sus mayorías electorales les permitía gobernar a lo Salvador Allende, pero no quisieron saltar la valla y gobernaron a lo Batlle, reformismo de principios del siglo XX, de neto carácter burgués. Resultado: el Frente Amplio perdió las elecciones ante una coalición multireaccionaria, cultora de la fe neoliberal, integrada por mayordomos de los centros mundiales del capitalismo, por operadores del Departamento de Estado y por el novísimo partido militar.
La aristocracia financiera propietaria del mundo, cuyos apetitos provocaron el terremoto financiero que venían registrando todos los sismógrafos, aprovechó el temporal y responsabilizó al coronavirus de la recesión y de todas las plagas que azotan la humanidad. Además, como necesitan que el salario pague sin protestar la recomposición de la reproducción ampliada y de la tasa de ganancias, emplean la peste para amedrentar a las masas, siembran semillas de espanto y de “distancia social”, acostumbran la gente a dejarse “organizar” desde arriba y, en fin, a estar vigilada con medios electrónicos y presencia policial. Es la vaselina ideológica liberal que siempre precede la instalación de la violencia institucionalizada, la excusa perfecta para avanzar hacia la sociedad bajo control. Cuando el modo pacífico de dominación deja de servirles, salen a luz el palo, la reja y la bala, los recursos últimos de la democracia liberal y representativa.
Hay otro tipo de vaselina, más sutil: “al coronavirus lo venceremos entre todos”, que convoca unirse para la salvación nacional, por encima de las clases sociales y de las definiciones ideológicas, un nuevo pacto de la Moncloa o la Concertación Nacional que fracasó en el Uruguay de 1985. Es la vieja canción socialdemócrata entonada por los diversos progresismos de América del Sur con idéntica finalidad: arrastrar al electorado al trampero y dejar la sociedad tal como está.
Sin embargo, liberales y progresistas olvidan que las últimas grandes catástrofes de la historia produjeron las grandes revoluciones sociales. La primera guerra mundial cosechó la revolución rusa de 1917 y la tentativa de 1918 en Alemania, mientras que la segunda abrió las puertas a la Revolución en China y luego las de Corea y Vietnam. Hasta en los períodos de resignación y sometimiento pacífico, las tradiciones de lucha y rebeldía popular continúan recorriendo los subterráneos de la consciencia y, cada tanto, espontáneamente, emergen hechos que traducen esa capacidad potencial para organizar su propio poder (ocupación de tierras en Santa Catalina, decenas de ollas populares por todo el país). Un buen día, los pueblos ganarán calles y plazas como hizo el chileno, luego de 30 años de ficción democrática. La vía pacífica de opresión siempre acaba en “la más hortera de todas las guerras”, vaticinaba Luis Eduardo Aute.
Luego de esta catástrofe del coronavirus, la historia puede ser conducida hacia uno u otro rumbo: recomposición del capital o revolución social, socialismo o barbarie.
Dependerá de la voluntad de centenas de miles de pequeñas mujeres y pequeños hombres, de su responsabilidad social y de que comprendan la necesidad de hacer su revolución, de cómo se den maña para movilizarse masivamente y de cómo asuman un propósito netamente anticapitalista. Los pueblos, esas multitudes indignadas, son las que determinarán cómo y por dónde se escribirá la historia de las insurgencias del siglo XXI, sin su independiente y activo protagonismo, todo se reducirá a remedar las tragedias del siglo XX.
Los pueblos han aprendido a organizar directamente su contra violencia, a no delegar su responsabilidad política en aparatos que terminan sufriendo las mismas las enfermedades que todos los que monopolizan la política y el uso de las armas. Sin embargo, en el incendio también será esencial una primera línea, la de los militantes organizados, los que, bajo el aguacero del triunfalismo burgués, han sabido mantener encendidas las brasas de la insurgencia y del poder popular. En todo caso, será una rebelión inteligente, con la militancia tomando forma de masas y las masas haciéndose militantes, la insurrección de una retaguardia indistinguible de la vanguardia, todas y todos iguales.
Jorge Zabalza
(11 de abril de 2020, Día de la Identidad Indígena y de la Nación Charrúajueves, 2 de abril de 2020
La tentación insurgente
A Juan Siola y Alvear Leal
Hollywood y Netflix lo venían anticipando: a la vuelta de la esquina acechaba el apocalipsis de las pandemias. Ahora, cuando los augurios se volvieron hechos reales, la parafernalia mediática convirtió el COVID-19 en motor de la histeria colectiva, otro hecho real. El susto es el combustible que impulsa una nueva concentración y centralización del capital, instrumento de la recomposición de la reproducción ampliada. COVID-19 ocupa el lugar del cuco que dejó vacío Bin Laden.
Como no puede crecer y desarrollarse sin crear sus propios sepultureros, el capitalismo dio origen a condiciones que ampararon la pandemia. Una vez instalada la peste, se disparó la crisis que se venía cocinado hace rato. El COVID-19 es consecuencia del capitalismo siglo XXI, no es la causa ni el responsable de la recesión y el desastre financiero. Aun propulsando la campaña del miedo, las clases dominantes debieron encender una luz de esperanza: de la crisis se sale “salvando la cadena de pagos”, consigna que debe leerse “salvar la cadena de acreedores”, pues el objetivo indirecto del salvataje son los bancos y los prestamistas de la deuda externa, la aristocracia financiera, en una palabra. La ensalada la aderezaron con amenazas truculentas: si se deja de pagar desaparece la humanidad o se cae en el caos o, lo que es peor aún, en manos de la anarquía y el marxismo.
Esta guerra la ganaremos entre todas y todos dice la propaganda, unidos los pobres con los ricos, los explotados y los explotadores, frenteamplistas y fascistas, una reedición de la fracasada “concertación nacional” de 1985. El carácter patriótico justifica la “economía de guerra” donde todas y todos se sacrifican para salvar el sistema que los jode. Es la bandera de la “salvación nacional”, la que arrastró pueblos enteros a morir en las trincheras de la primera guerra mundial. Sin embargo, mientras sea capitalista la patria no podrá ser ni para todos ni para todas, pero el anzuelo brilla en el agua y los peces quedan enganchados.
Mientras muchos imaginábamos el recurso a la mano dura, pero, sorpresivamente, el gobierno del Uruguay apela a la consciencia y a exhortar como método. Una línea bien diferente a las de Macri y Bolsonaro. Los dirigentes frenteamplistas contemplan, azorados, como Lacalle Pou se apropia del melifluo poema político mujiquista/astorista. En definitiva, las medidas que se han tomado para enfrentar la pandemia no difieren demasiado de las que podría haber implementado un gobierno del Frente Amplio en las mismas circunstancias. El asistencialismo social marcaba la diferencia entre el neoliberalismo del trío Tabaré-Mujica-Astori y el más crudo y explícito que propone la coalición multi reaccionaria. El nuevo discurso de Lacalle dejó muy mal parados a los dirigentes frenteamplistas, cada vez es más difícil encontrar las siete diferencias. Ser “oposición responsable” equivale a organizar el repliegue.
El gobierno aprovechó los sentimientos generalizados de solidaridad despertados por la pandemia y expropió por la fuerza a los funcionarios públicos con mayor nivel de ingresos. La creación del fondo coronavirus ha conquistado las simpatías de la población que no confía en los empleados estatales. La medida instala en la sociedad el concepto de que, con determinados fines y en determinadas circunstancias, se justifica la “solidaridad forzosa”. Este hecho entraña cierto peligro, puede ser mal entendido, permite imaginar otras expropiaciones forzosas y otras formas de cubrir las necesidades de los pobres.
Como su aparato estatal y partidario hiper centralizado ha sido exitoso, el ejemplo de China se esgrime para justificar cuarentenas obligatorias, distanciamientos sociales y detenciones de los transgresores. Los gobiernos liberales de occidente han sacado policías y soldados a la calle y a las carreteras, para recomendar el encierro es cierto, pero también para vigilar y castigar a los transgresores y la gente se va acostumbrando…
Viktor Orban, presidente de extrema derecha de Hungría, se ha hecho otorgar poderes casi ilimitados para combatir al coronavirus. Históricamente los períodos de recomposición del capital condujeron a regímenes autoritarios y dictaduras como las de los años 70. Nadie puede afirmar cómo será el mundo que dejará la pandemia, pero, sin embargo, no es descabellado sospechar que florecerán formas e instituciones de control policial e informático … ¡con consentimiento de la población asustada por su seguridad sanitaria!
¿Dejaremos que la aristocracia financiera nos siga arrastrando hacia nuevas catástrofes, llámense pandemias, guerras al por mayor o desastres ambientales? ¿Permitiremos que se nos impongan regímenes autoritarios de toda laya? Hay formas muy diferentes al orden burgués y patriarcal, ¿no será momento de pensar en desarticular lo que ha fracasado y transformarlo en otro orden, en uno para redimir a las víctimas del capitalismo?
Un orden con mujeres y hombres iguales entre sí, portadores de sentimientos e ideas de responsabilidad social, solidaridad y altruismo; que hayan desechado el paradigma de la competencia y el escalar a cualquier precio; que sean capaces de construir formas de producir basadas en la cooperación y la propiedad social.
Un orden con relaciones políticas basadas en el respeto entre iguales; que asegure la participación de todas y todos en las decisiones que atañen al conjunto de la sociedad, donde el pueblo ejerza directamente su poder. ¿No está suficientemente claro que la democracia liberal no está hecha para transformar la sociedad sino para perpetuar el reinado del capital? ¿No habrá que escapar del Palacio Legislativo para dar la batalla de ideas luchando en la calle, por Verdad y Justicia, por la igualdad de género, por el respeto a la naturaleza? ¿No habrá que salirse del marco de un Estado de Derecho que creó la burguesía para someter y dominar las fuerzas populares? ¿No será momento de la insurgencia en las ideas? ¿No habrá que comenzar a entender mejor los mensajes de Ernesto Guevara y Raúl Sendic Antonaccio?
Por Jorge Zabalza
viernes, 13 de marzo de 2020
Hojas de ruta
Al Piffi Cámera y Alberto Melgarejo, hermanos de lucha.
Por Jorge Zabalza
11 marzo 2010
Los primeros días dibujaron una imagen nítida: cámaras empresariales, policía, fuerzas armadas, comité central israelita e iglesia católica, las fuerzas vivas alineadas tras “su” gobierno. Centralización política de los poderes fácticos. Nadie puede dudar sobre quienes gobiernan y quienes son gobernados. Invitados especiales a la ceremonia de asunción, Piñera, Bolsonaro y Duque, indican cómo piensa gobernar Lacalle Pou.
Dos siglos atrás, los ingleses vendieron la libertad de comercio a los criollos y los convirtieron en mayordomos suyos, administradores de su capitalismo. Después, en el siglo pasado, en nombre de la libertad y la democracia, los EEUU sembraron de dictaduras América La Pobre. Ahora, al parecer, la libertad será la marca en el orillo del gobierno de Lacalle Pou, su meta es hacernos creer que seremos más libres, aún cuando estemos obligados a presentar la cédula de identidad sin protestar.
La deuda externa y las nuevas zonas francas nos hacen cada día más dependientes del capital financiero, o sea, de la piratería internacional. No se detendrá para nada la concentración de la propiedad de la tierra y más población será expulsada del campo. De la misma manera que antes se hizo ante Bush y Obama, Soros y Rockefeller, ahora otros pantalones se bajan ante Trump.
Mientras siga contando con fieles administradores, fueren del partido que sea, el capital continuará expropiando al trabajo y ése será el proceso fundamental en la sociedad uruguaya, aunque el expropiado desfile a caballo, vivando junto a su patrón una divisa ya desmerecida.
¿Qué se puede esperar con la irrestricta libertad de las zorras y los zorros en el gallinero? Los discursos de la transmisión y el borrador de ley de urgente consideración transpiran malas intenciones. Algunos de los gorilas las exhiben en público, sin pudor alguno, mientras otros dejan escapar exabruptos o muestran distraídos la hilacha de la canana. Está a la vista que la coalición es el rejunte de lo políticamente más reaccionario. No hay nada que esperar. Hay que dar señales de no estar dispuestos a dejarse atropellar. Como hicieron las y los agremiados en ADES y FENAPES.
Se cambió el sol de los masones por el escudo de los que traicionaron al artiguismo pero, sin embargo, sólo ha cambiado el modo de gobernar, la esencia del sistema sigue siendo la misma desde hace siglos. La violencia patriarcal continuará asolando hogares, trabajos y espacios públicos. El capitalismo y sus administradores continuarán negando rotundamente la igualdad y a las mujeres se las seguirá agrediendo de muchas formas sutiles, simbólicas, legales y físicas. Los desaparecidos seguirán desaparecidos y los torturados se encontrarán con sus torturadores a la vuelta de la esquina. Nada indica que, sorpresivamente, ahora vaya a aumentar la velocidad de tortuga en la búsqueda institucional de Verdad y Justicia. Nada permite suponer que el agronegocio dejará de prosperar a fuerza de fumigar mujeres, niños y trabajadores en Canelones y otros departamentos sojeros. No parecen ser de urgente solución el problema de vivienda para los sectores marginados ni la cuestión de las familias arrojadas a los asentamientos.
Se aprontan los corazones para la lucha por la educación pública y su autonomía, por el monopolio de la producción de combustibles y para no perder derechos ciudadanos por andar sin cédula de identidad o la condición humana por haber cometido un delito y estar encarcelado.
La amenaza de tormentas que oscurecen el horizonte sólo puede despertar las adormecidas tradiciones de lucha y resistencia. El panorama es de recalentamiento de la lucha de clases. En Fuenteovejuna se van cocinando a fuego lento formas de oponerse a los delirios del neoliberalismo. Deberá reprimir un pueblo entero, señor presidente.
Educados, armados y tecnificados por el progresismo hasta la semana pasada, los policías de hoy avanzan por el mismo camino en que asesinaron a Guillermo Machado el 16 de julio de 1989, en plena democracia primaveral. Ya lamentaremos manifestantes dejados ciegos o lloraremos los muertos con “munición no letal”, ¿qué otro sentido tuvo el despliegue cuasi militar del domingo 8 de marzo? Cabe sospechar también que la declaración de guerra a las “bocas de pasta base” integra una estrategia superior, la que persigue el propósito de instalar el principio de autoridad en la periferia urbana. En definitiva, la misma línea aplicada por Gustavo Leal y Eduardo Bonomi, agravada ahora por gatillos y palos más fáciles. El claro mensaje dado con los operativos de saturación atemoriza y preocupa toda la población. Cuando la democracia representativa y electoral no permita fluir libremente sus deseos y aspiraciones, la clase dominante recurrirá, una vez más, al brazo gordo de su Estado de Derecho. En última instancia, esa fue una de las principales razones del golpe de militar.
En el país de los amortiguadores (don Carlos Real de Azúa dixit) siempre aparecen avezados negociadores y bomberos dispuestos a prestar sus servicios y encargarse de canalizar hacia los pasillos del parlamento los reclamos y reivindicaciones de los sectores populares. Se trata de conciliar lo inconciliable. Corren a sostener la democracia liberal uruguaya, la de mejor calidad en el mundo según evalúa el poeta de la ciencia política, mi amigo Fito Garcé. ¿Cuál es la democracia en que viven las familias excluidas de los planes de vivienda, las que se ven forzadas a desafiar la intemperie para luchar por un hogar para sus hijos e hijas?
Un poema esta democracia liberal de altísima calidad a la que no interesa el Uruguay del millón de pobres que alimenta los privilegios del 1%, el del hambre de techo y justicia social, el de la falta de laburo y las bajas jubilaciones, los feminicidios, la discriminación, el racismo y la homofobia, la juventud pastabasera, las feroces atrocidades en las calles, los escolares que no aprenden y los capataces que disciplinan peones a rebencazos.
La apuesta a humanizar esta democracia renga y salvaje, sobre cuya calidad fantasean tanto, es el sustento de la tesis de “oposición responsable”, hechura del progresismo, o del “regresismo” como lo llama el compañero Ricardo Viscardi. Entre los velos de la fantasía se adivina el propósito ambicioso y realista (muy realista) de ganar las elecciones en el 2024 y recuperar el uso y abuso del aparato estatal.
Los parlamentarios y dirigentes del progresismo aborrecen las historias de protesta y resistencia en los espacios abiertos, allí donde pueden crecer las mismas ideas transformadoras que están floreciendo en la Alameda de Santiago y en El Alto de La Paz. Es de prever que el “regresismo” pondrá en juego su mucha influencia sobre las organizaciones populares para evitar que la lucha política se traslade a las plazas y avenidas del Uruguay.
¿Será en el mundo formal del parlamento, donde se dice tanto una cosa como la otras, o será, en la calle, en el mundo real, en el de las verdades esenciales? ¿Quién define el escenario donde se jugará el partido contra el neoliberalismo? Seguramente no serán los filósofos del espectáculo televisivo ni nosotros, los aspirantes a revolucionarios, limitados a jugar en espacios reducidos. Lo determinante será la opción que haga el movimiento masivo de los sectores populares: deberá decidir entre respaldar fielmente a los predicadores del electoralismo o dar batalla en las plazas y avenidas, pacíficamente, pero con mucha decisión y firmeza, como hizo el movimiento feminista el domingo pasado, como hará la gente y Familiares el próximo 20 de mayo. La injusticia y la violencia siempre vienen de arriba.
Jorge Zabalza
Por Jorge Zabalza
11 marzo 2010
Los primeros días dibujaron una imagen nítida: cámaras empresariales, policía, fuerzas armadas, comité central israelita e iglesia católica, las fuerzas vivas alineadas tras “su” gobierno. Centralización política de los poderes fácticos. Nadie puede dudar sobre quienes gobiernan y quienes son gobernados. Invitados especiales a la ceremonia de asunción, Piñera, Bolsonaro y Duque, indican cómo piensa gobernar Lacalle Pou.
Dos siglos atrás, los ingleses vendieron la libertad de comercio a los criollos y los convirtieron en mayordomos suyos, administradores de su capitalismo. Después, en el siglo pasado, en nombre de la libertad y la democracia, los EEUU sembraron de dictaduras América La Pobre. Ahora, al parecer, la libertad será la marca en el orillo del gobierno de Lacalle Pou, su meta es hacernos creer que seremos más libres, aún cuando estemos obligados a presentar la cédula de identidad sin protestar.
La deuda externa y las nuevas zonas francas nos hacen cada día más dependientes del capital financiero, o sea, de la piratería internacional. No se detendrá para nada la concentración de la propiedad de la tierra y más población será expulsada del campo. De la misma manera que antes se hizo ante Bush y Obama, Soros y Rockefeller, ahora otros pantalones se bajan ante Trump.
Mientras siga contando con fieles administradores, fueren del partido que sea, el capital continuará expropiando al trabajo y ése será el proceso fundamental en la sociedad uruguaya, aunque el expropiado desfile a caballo, vivando junto a su patrón una divisa ya desmerecida.
¿Qué se puede esperar con la irrestricta libertad de las zorras y los zorros en el gallinero? Los discursos de la transmisión y el borrador de ley de urgente consideración transpiran malas intenciones. Algunos de los gorilas las exhiben en público, sin pudor alguno, mientras otros dejan escapar exabruptos o muestran distraídos la hilacha de la canana. Está a la vista que la coalición es el rejunte de lo políticamente más reaccionario. No hay nada que esperar. Hay que dar señales de no estar dispuestos a dejarse atropellar. Como hicieron las y los agremiados en ADES y FENAPES.
Se cambió el sol de los masones por el escudo de los que traicionaron al artiguismo pero, sin embargo, sólo ha cambiado el modo de gobernar, la esencia del sistema sigue siendo la misma desde hace siglos. La violencia patriarcal continuará asolando hogares, trabajos y espacios públicos. El capitalismo y sus administradores continuarán negando rotundamente la igualdad y a las mujeres se las seguirá agrediendo de muchas formas sutiles, simbólicas, legales y físicas. Los desaparecidos seguirán desaparecidos y los torturados se encontrarán con sus torturadores a la vuelta de la esquina. Nada indica que, sorpresivamente, ahora vaya a aumentar la velocidad de tortuga en la búsqueda institucional de Verdad y Justicia. Nada permite suponer que el agronegocio dejará de prosperar a fuerza de fumigar mujeres, niños y trabajadores en Canelones y otros departamentos sojeros. No parecen ser de urgente solución el problema de vivienda para los sectores marginados ni la cuestión de las familias arrojadas a los asentamientos.
Se aprontan los corazones para la lucha por la educación pública y su autonomía, por el monopolio de la producción de combustibles y para no perder derechos ciudadanos por andar sin cédula de identidad o la condición humana por haber cometido un delito y estar encarcelado.
La amenaza de tormentas que oscurecen el horizonte sólo puede despertar las adormecidas tradiciones de lucha y resistencia. El panorama es de recalentamiento de la lucha de clases. En Fuenteovejuna se van cocinando a fuego lento formas de oponerse a los delirios del neoliberalismo. Deberá reprimir un pueblo entero, señor presidente.
Educados, armados y tecnificados por el progresismo hasta la semana pasada, los policías de hoy avanzan por el mismo camino en que asesinaron a Guillermo Machado el 16 de julio de 1989, en plena democracia primaveral. Ya lamentaremos manifestantes dejados ciegos o lloraremos los muertos con “munición no letal”, ¿qué otro sentido tuvo el despliegue cuasi militar del domingo 8 de marzo? Cabe sospechar también que la declaración de guerra a las “bocas de pasta base” integra una estrategia superior, la que persigue el propósito de instalar el principio de autoridad en la periferia urbana. En definitiva, la misma línea aplicada por Gustavo Leal y Eduardo Bonomi, agravada ahora por gatillos y palos más fáciles. El claro mensaje dado con los operativos de saturación atemoriza y preocupa toda la población. Cuando la democracia representativa y electoral no permita fluir libremente sus deseos y aspiraciones, la clase dominante recurrirá, una vez más, al brazo gordo de su Estado de Derecho. En última instancia, esa fue una de las principales razones del golpe de militar.
En el país de los amortiguadores (don Carlos Real de Azúa dixit) siempre aparecen avezados negociadores y bomberos dispuestos a prestar sus servicios y encargarse de canalizar hacia los pasillos del parlamento los reclamos y reivindicaciones de los sectores populares. Se trata de conciliar lo inconciliable. Corren a sostener la democracia liberal uruguaya, la de mejor calidad en el mundo según evalúa el poeta de la ciencia política, mi amigo Fito Garcé. ¿Cuál es la democracia en que viven las familias excluidas de los planes de vivienda, las que se ven forzadas a desafiar la intemperie para luchar por un hogar para sus hijos e hijas?
Un poema esta democracia liberal de altísima calidad a la que no interesa el Uruguay del millón de pobres que alimenta los privilegios del 1%, el del hambre de techo y justicia social, el de la falta de laburo y las bajas jubilaciones, los feminicidios, la discriminación, el racismo y la homofobia, la juventud pastabasera, las feroces atrocidades en las calles, los escolares que no aprenden y los capataces que disciplinan peones a rebencazos.
La apuesta a humanizar esta democracia renga y salvaje, sobre cuya calidad fantasean tanto, es el sustento de la tesis de “oposición responsable”, hechura del progresismo, o del “regresismo” como lo llama el compañero Ricardo Viscardi. Entre los velos de la fantasía se adivina el propósito ambicioso y realista (muy realista) de ganar las elecciones en el 2024 y recuperar el uso y abuso del aparato estatal.
Los parlamentarios y dirigentes del progresismo aborrecen las historias de protesta y resistencia en los espacios abiertos, allí donde pueden crecer las mismas ideas transformadoras que están floreciendo en la Alameda de Santiago y en El Alto de La Paz. Es de prever que el “regresismo” pondrá en juego su mucha influencia sobre las organizaciones populares para evitar que la lucha política se traslade a las plazas y avenidas del Uruguay.
¿Será en el mundo formal del parlamento, donde se dice tanto una cosa como la otras, o será, en la calle, en el mundo real, en el de las verdades esenciales? ¿Quién define el escenario donde se jugará el partido contra el neoliberalismo? Seguramente no serán los filósofos del espectáculo televisivo ni nosotros, los aspirantes a revolucionarios, limitados a jugar en espacios reducidos. Lo determinante será la opción que haga el movimiento masivo de los sectores populares: deberá decidir entre respaldar fielmente a los predicadores del electoralismo o dar batalla en las plazas y avenidas, pacíficamente, pero con mucha decisión y firmeza, como hizo el movimiento feminista el domingo pasado, como hará la gente y Familiares el próximo 20 de mayo. La injusticia y la violencia siempre vienen de arriba.
Jorge Zabalza
jueves, 27 de febrero de 2020
Ocupación del predio en Santa Catalina
Enviado por Jorge Zabalza
650 familias están ocupando un predio al norte de Santa Catalina. Se instalaron en el terreno hace 40 días y aún no han tenido contacto alguno con las autoridades del ministerio de vivienda, la Intendencia de Montevideo o la Alcaldía. Esta última institución sin embargo, se pronunció de la mano del propio Alcalde del Municipio A, Gabriel Otero quien dijo en varios medios que se trataba de “ocupaciones delictivas” y en declaraciones en Radio Uruguay desmintió incluso la existencia de una ocupación masiva. Reactiva se acercó hasta el lugar para hablar con los vecinos y pudo constatar la dimensión de la ocupación y el enorme esfuerzo organizativo que están haciendo para concretar el proyecto que dé solución al problema de la vivienda para esta enorme cantidad de familias.
>>> Lo subterráneo
Para sorpresa de la buena mujer, su iniciativa se reprodujo como cianobacterias en aguas contaminadas, una explosión social como la que iniciaron aquellos estudiantes que saltaron los controles en el metro de Santiago de Chile. A un mes del atrevimiento de la vecina, el terreno está dividido entre unas 650 familias, todo el mundo respeta los solares marcados con muy precarias estacas unidas por muy delgado hilo. Resuelven por acuerdo y hacen con sus propias manos lo que el gobierno fue incapaz de hacer.
En décadas de vida Santa Catalina se ha ido urbanizando, un poco gracias al esfuerzo comunitario y otro poco ejerciendo presión sobre las instituciones: una nueva escuela se sumó a la que construyeron los vecinos hace casi 40 años; en un predio militar, el Comando Sur regaló “desinteresadamente” una policlínicas que vino a reemplazar la antigua, construida y administrada desde siempre por los vecinos; las líneas 124 y 186 solucionaron la falta total de transporte que antes obligaba a caminar a campo traviesa veinte cuadras o más para tomar un ómnibus; ahora funcionan una UTU y un jardín de infantes, habemus rambla y playa habilitada. Mucho más urbanizados estamos, pero, sin embargo, las perspectivas de los habitantes siguen siendo bastante poco halagüeñas.
En las casitas con techo de chapa la ola de calor recalentó al rojo vivo la difícil convivencia familiar, el hacinamiento se volvió ensopado. En esas condiciones, desilusionada con las décadas de paciente espera, la vecina decidió “hacerse cargo” del problema, cruzó la calle y marcó un solar en aquel enorme baldío que se recostaba sobre la otra vereda. Un acto desesperado, desapercibido para quienes administran la macroeconomía y, sin embargo, trascendental para la vida de la protagonista y su familia.
Miren el mapa de Montevideo en el GPS. Busquen Continuación Camino Burdeos, calculen las cuadras que corren desde la esquina con Camino Santa Catalina -la del histórico “Parador El Recreo”- hasta Los Geranios, un poco antes del Punto Verde de la cooperativa que mantiene limpio el barrio. Hacia el norte, el campo llega hasta Camino Sanfuentes. Esa extensión, con más de un quilómetro y medio cuadrado de superficie, medio siglo baldía, manchones de chilca, casi sin árboles, hoy día está poblada con carpas, casillas de chapas y de tablas de 15. Hasta algún rancho de barro se está construyendo. Sobre experiencia en crear barrios enteros de la nada. Es la civilización que llega montada en los hombros de quienes hacen la historia real que luego otros escribiremos.
Para sorpresa de la buena mujer, su iniciativa se reprodujo como cianobacterias en aguas contaminadas, una explosión social como la que iniciaron aquellos estudiantes que saltaron los controles en el metro de Santiago de Chile. A un mes del atrevimiento de la vecina, el terreno está dividido entre unas 650 familias, todo el mundo respeta los solares marcados con muy precarias estacas unidas por muy delgado hilo. Colonizan la tierra. Resuelven por acuerdo y hacen con sus propias manos lo que el gobierno fue incapaz de hacer.
Hasta 20.000 nuevos hogares se forman cada año en Uruguay. Casi la totalidad son parejas muy jóvenes. Un 22% de ellas y ellos están desempleados. El 38% de los de 18 a 22 años que tienen la suerte de trabajar, lo hacen negro, porcentaje que apenas disminuye al 31% para las y los de 23 a 26 años1. El desempleo y el trabajo por fuera de la ley se mantienen irreductibles, inmunes a la inclusión financiera. Son problemas nacionales que se agudizan y hacen sonar todas las alarmas cuando el marco del análisis se reduce a la periferia urbana.
Según FUCVAM, hacen falta unas 88.000 viviendas más en el Uruguay. Quienes constituyen los nuevos hogares casa quisieran, pero, hoy como ayer, no pueden acceder al techo propio y siguen forzados a refugiar sus necesidades en asentamientos. Los versos atrapa-votos no lograron impedir el crecimiento del déficit habitacional. Parece que las políticas de vivienda no integraran la agenda de derechos.
En el 2004 los frenteamplistas imaginaban que nadie más se mojaría con la lluvia en la tristeza de los techos de cartón. Sin embargo, en quince años, “su” gobierno no concretó ningún plan de viviendas populares, ni consideró siquiera el que propuso Eduardo Rubio en diputados. La presencia del Estado ha quedado más identificada con la acción represiva que con soluciones a los apremios que sufre la población arrojada fuera del alero protector de las instituciones. La carencia de soluciones reales y masivas propició el surgimiento de proyectos de caridad (Plan Juntos, Techo), políticas de ranchos mejorados, muy cristiana por supuesto, pero que no trajo ninguna solución al hambre de dignidad. Mientras se resuelvan sólo parcialmente, la desocupación y la falta de techo continuarán marcando a fuego la realidad social y contribuyendo a aumentar al máximo la presión que soporta la olla.
Una salida institucional y legal posible hubiera sido apoyar el desarrollo de cooperativas de ayuda mutua para familias de bajos recursos. Una apuesta a la autoorganización y la alfabetización política. En cambio, haciendo lo contrario de lo que decía querer, Mujica promulgó la ley 18.795 que exoneró de impuestos las inversiones en las zonas centrales de la ciudad, donde se cuenta con todos los servicios, pero los vacía el alto costo de alquileres y préstamos hipotecarios. Esas nuevas viviendas son inaccesibles para quienes más las precisan: se modificó de un toque el significado de la expresión “interés social”, que hasta el 2004 quería decir “los más infelices” y ahora, con hipócrita demagogia, sirve para encubrir negocios de especuladores y empresarios.
Los sectores más desvalidos soportan pacientemente el vergonzante conservadurismo de la administración progresista que dejó de lado la construcción de viviendas de verdadero “interés social”. Las soluciones reales pasan por reformar la estructura de la propiedad urbana, algo imposible de hacer sin lesionar intereses que el progresismo criollo no se atreve a tocar, ni se atreverá nunca. Implicaría gobernar a lo Allende, expropiando a la clase que hegemoniza la democracia representativa. La renuncia al imaginario esperanzador alarga la espera que están sufriendo los sectores populares, pero, cientos de predicadores de la resignación, los ayudan a soportarla... al menos hasta ahora.
Es cierto. Los baños con cerámica sustituyeron las letrinas y la cocina con tres hornallas reemplazó a la garrafa de una sola y precario equilibrio; la moto aumentó las posibilidades de movilidad y Directv inundó la vida de entretenimiento, fútbol y telenovela. El asistencialismo social del MIDES y los consejos de salarios se tradujeron en mejoras concretas de la calidad de vida y del nivel del consumo de los marginados, el consumista de quinta accedió al consumo de cuarta categoría, pero siguen la ñata contra el vidrio.
Las gárgaras electoralistas no libraron de la marginación a la sociedad. Los 615 asentamientos irregulares registrados en el 2011 apenas se redujeron a 607 en el 20182. El MVOTMA confiesa que entre los años 2011 y 2018 se constituyeron 45 nuevos asentamientos irregulares, mientras que 42 de ellos habían sido regularizados. Según Verificado.uy, 192.000 es la media de las personas expulsadas hacia los asentamientos irregulares. Nada menos que el 5.5% de los 3:500.000 habitantes del Uruguay, porcentaje que en Montevideo se eleva al 10% de su población. Sigue siendo espantoso… ¿o no?
La marginación es consecuencia de la necesidad de fuerza de trabajo de bajísimo costo y por fuera de las regulaciones. Se arrojan sectores enteros al círculo del infierno, donde no pueden comprender qué les sucede, ni identificar a quienes los han excluido de la sociedad y de la política. Se los ayuda a soportar la ignominia, inculcando la creencia de que lograrán escapar cuando los gobernantes aumenten el poder de compra de los excluidos. El concepto de pobreza, falsificado con la “línea de pobreza”, es la base de la hegemonía cultural e ideológica: incapacita a los marginados para organizarse y dar vuelta la tortilla.
La hegemonía no puede evitar que el oprimido tenga la sensación de que lo están manipulando, de que dude si aquellos que votó representan en verdad sus intereses u operan en beneficio de los dueños del poder. Aunque no sepa explicar por qué, lo abruma la sospecha de que la democracia representativa es una estafa y lo lleva a juntar rabia. La bronca se acumula en los subterráneos hasta que emerge como resistencia y lucha en algún momento y de alguna manera.
Un palabrerío hueco le marca los carriles por donde está permitido expresarla correcta y pacíficamente. ¿Qué significa dentro de la constitución y de la Ley todo, fuera de ellas nada? La experiencia de vida enseña al oprimido que el Estado de Derecho sólo protege las grandes propiedades y los privilegios de los dueños de todo, que encubre y complementa la violencia institucional. Aprende que si pierde la paciencia y se sale del camino prescripto, intervendrá el componente esencial de la dominación de clases: el aparato policíaco militar. La realidad social y política termina por ser comprendida con toda claridad.
Los “irrecuperables” de siempre, los descreídos de las falsas opciones y de los falsos ídolos, percibimos la dignidad desafiante en la toma espontánea de los terrenos en Santa Catalina. Indican el cansancio que provoca la insatisfacción de las necesidades populares, el sentido de justicia social que reservan los pueblos en sus corazones y su capacidad para tomar decisiones autónomas y organizarse por sí mismos. En nuestra perspectiva insurgente, la iniciativa individual que se volvió alud colectivo permite adivinar la existencia de un imaginario que anticipa futuras rebeldías populares.
Notas: 1. Abril de 2019. Octavo informe del SICLAB (Unión Capital AFAP) con datos de Equipos Consultores y el Instituto de Economía de UDELAR. 2. Informe 2018 del Programa de Mejoramiento de los barrios del MVOTMA.
>>> Masiva ocupación en Santa Catalina
La gota que desbordó el vaso
A mediados de enero una mujer que vivía
en una situación de hacinamiento cruzó la calle Burdeos y parceló un
pedazo de tierra. Así, según todos los relatos, empezó esta ocupación. A
los días ya eran 30 familias y hoy son 650. El promedio de edad de los
ocupantes es de 25 años y cerca de 300 niños día tras día juegan
alrededor de lo que sueñan será su futuro hogar y su futuro barrio. Los
datos los obtuvieron los propios ocupantes, producto de un censo que
realizaron apenas ocuparon y cuadricularon el terreno, nos cuenta Adrian
Alanis, uno de los jóvenes que integra una de las tres comisiones en la
que se dividieron las 650 familias ocupantes.
Días atrás algunos trabajados de FFOSE
se acercaron al lugar para interiorizarse con lo que estaba sucediendo.
Fueron ellos los que nos informaron de esta situación y se pusieron en
campaña para ver cómo podían colaborar con los trámites para la futura
conexión de los servicios esenciales de luz y agua. Llegamos al lugar
entonces con abundante información y de la mano del veterano dirigente
tupamaro Jorge Zabalza. Nos habían dicho que él estaba muy al tanto de
lo que sucedía ya que enseguida que se dio la ocupación, lo fueron a
buscar para pedirle 3algún consejo”. El ex presidente de la Junta
Departamental vive a unas cuadras de allí en la “Rambla” de Santa
Catalina.
El panorama
EL predio ocupado es de casi 8
hectáreas. Está delimitado al sur por Camino Burdeos, al norte por
Camino Sanfuentes y al este por Camino Dellazoppa. Las parcelas están
claramente delimitadas y son todas iguales. “Nadie tiene más que nadie”
nos dicen con orgullo. En la medida que vamos recorriendo, Zabalza es
saludado de forma indistinta por niños, jóvenes y viejos que ven en él
alguien que se jugó la vida por causas como esta que ahora ellos están
viviendo. –“Acá están los nietos de los que ocuparon los primeros
terrenos. Todo al oeste de Cibils fue ocupado por trabajadores”, dice
Zabalza y agrega: “Lo que no resuelve el Estado lo vamos resolviendo
nosotros. Hay una Cultura”. Tal vez esta sea la explicación del orden
que vimos, del cuidado por la limpieza, por la organización casi
inmediata de dos merenderos y la reserva de un espacio para un salón
comunal, así como una olla popular cada noche “para que nadie se acueste
con la panza vacía”.
El predio pertenece a un privado y sería
destinado a la colocación de molinos de viento. Los vecinos también
manejan la información que el presunto dueño, una tal Frois, habría
muerto. El Alcalde dice de forma confusa que son predios destinados para
obras de saneamiento y al mismo tiempo son predios rurales. Lo cierto
es que hace años que no sucede nada y luego de que la primera vecina
plantó bandera, se acabó la espera y se echó a nadar el nuevo barrio.
Sobre el clima que reina en la ocupación, Adrián nos cuenta que es muy
bueno ya que casi todos se conocen. “No tenemos que llamar a la policía,
los vecinos se cuidan unos a otros”, nos relata. Están organizados
¿Será esta una de las claves para combatir la inseguridad? Parece casi
evidente que sí. En el recorrido también vimos que cada parcela está
identificada con el apellido de la familia. Las calles ya están
demarcadas, tienen reservado varios lugares como de uso común para
espacios verdes y actividades comunitarias. Algunas de las 650 familias
ya iniciaron incluso gestiones para crear 2 cooperativas de viviendas e
integrar la FUCVAM.
El drama social y las respuestas
En definitiva, al decir de Zabalza, “la
obra civilizatoria en esta zona de Montevideo la hacen los trabajadores a
través de las ocupaciones, transformando un terreno baldío en un
barrio”. A su vez es la expresión de un drama social que “no sale en las
campañas electorales, ni el discurso de los dirigentes ni en los medios
de comunicación pero sí está presente en la sociedad, reflexiona el
Tambero.
Lo importante ahora, es no dejar aislada
esta “acción política” de los nietos de los primeros ocupantes de la
zona, casi todos muchachos y muchachas jóvenes que de esta forma están
reivindicando el derecho a vivir con dignidad. Ese derecho que era
válido en los años 90 y también lo es ahora en 2020.
>>> Escuchar notas a Adrian Alanís y Jorge Zabalza
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