sábado, 5 de noviembre de 2011

Rehenes

Denuncia judicial por tortura                                                               Jorge Zabalza  



Ciudad de Libertad, 7 de setiembre de 1973. Establecimiento Militar de Reclusión No. 1 (EMR No.1).  Las dos o las tres de la madrugada. Despertar a golpes de bastones en las barandas de metal y las puertas de las celdas, el redoble ensordecedor excitaba a los guardias, se ponían frenéticos, hacían temblar el hormigón de las paredes. Susto grande y reflejo de meterse dentro de los calzoncillos largos, de la camisa de franela  y de los tres pares de medias, encima de todo les eché el mameluco gris, salté sobre la cama y dentro de la frazada. Tapado hasta las cejas oí correr el cerrojo de la puerta, entró el tropel, apenas logré incorporarme de la cama, me metieron la capucha, tiraron mis cosas al suelo, creí que era requisa, pero me agarraron de los sobacos y me arrastraron por la “planchada”,  bajamos a golpe de escalón hasta la guardia de prevención, me dí cuenta que me sacaban por la puerta del costado. Me hicieron tropezar para levantarme a patadas, se corrió la capucha y alcancé a ver la bocha pelada del coronel Lems Martínez, el director del penal, controlando siempre a sus tropas. Me tiraron dentro de una camioneta, amontonado con otros cuerpos, uno encima del otro. Salimos del penal a mucha velocidad. Nadie hablaba. Sólo se oían los “handies”. Reconocí la tos de Marenales y oí protestar a Sendic, sumé mi voz para que me reconocieran a su vez.  Alguien ordenó silencio y con un bastonazo le dió  seriedad a su orden. Por los ruidos y las órdenes, aquello era una caravana. Alrededor de una hora después, se detuvieron a deliberar. Sendic dijo que necesitaba ir al baño, no le contestaban, insistió y lo golpearon. Vino un oficial y nos comunicó que nos iban a fusilar, nos sacaron de la camioneta y nos tuvieron parados largo rato en medio del campo. Años después, sonsacando a un soldado, logré que me contara que fué en el cruce las rutas cinco y once. Seguramente ahí se dividió caravana en tres, el grupo de Huidobro, Mujica y Rosencof salió hacia Santa Clara del Olimar, a Manera, Waseen y Engler los llevaron al batallón de ingenieros en Paso de los Toros y a nosotros tres nos invitaron para la inauguración del aljibe de Durazno. Nos esperaban once años de soledad y un largo periplo por los calabozos de la patria.  
En setiembre de 1973 ya estaba derrotada la subversión y consumado el golpe de Estado, se habían cumplido los dos objetivos conque la reacción justificó la irrupción de las fuerzas armadas en el escenario político. Comenzaba la etapa de la rapiña al salario, el saqueo a las arcas del Estado y los hurtos a las víctimas del terrorismo de Estado. El camino de la victoria  los había hecho amos y señores de una cantidad tan grande de presos y presas que no sabían qué diablos hacer con ellos, dado que las condiciones internacionales no permitían una “solución final” como la practicada por los nazis. Por otra parte, el cúmulo de información  acerca del MLN(T) ya les resultaba imposible de manejar. Pareció  improductivo, por el momento, continuar con la tortura salvaje de manera sistemática a los tupamaros, optaron por dejarla en barbecho durante un par de años, mientras organizaban la OCOA y el Plan Cóndor,  se preparaban para el uso masivo de la desaparición forzosa y hacían el trabajo de inteligencia previo a la criminal campaña contra el Partido Comunista del Uruguay, los Grupos de Acción Unificadora y el Partido por la Victoria del Pueblo. Un momento de respiro, que le dicen..
En ese contexto, decidieron hacer de las cárceles un recinto de exterminio lento de los  revolucionarios, enloquecerlos a todos y todas, hacerles perder sus recursos morales y mentales para la militancia política. Como aniquilar al enemigo es dejarlo sin capacidad de respuesta, si no lo podemos matar a todos, enloquecerlos les pareció la táctica más adecuada para una victoria completa. Idearon una fina y meticulosa ingeniería de manipulación sicológica destinada a desarticular las personalidades más rebeldes. En junio de 1973 secuestraron del Penal de Punta Rieles a Alba Antúnez, Maria Elena Curbelo, Raquel Dupont,Jessie Macchi, Flavia Schilling, Gracia Dri, Cristina Cabrera, Estela Sánchez, Lía Maciel, Miriam Montero Stanke y Elisa Michelini y las trasladaron los cuarteles para someterlas a un régimen infamante, de destrucción síquica y moral. De rebote, con la llamada “rotación” crearon una situación de angustia e inseguridad en el resto de las compañeras,  cualquiera de ellas podía ser la próxima en ser secuestrada.  

La estrategia ensayada con las compañeras fue aplicada desde setiembre de 1973 a los secuestrados del Penal de Libertad. Se podían tomar todo el tiempo del mundo, nadie los apuraba. No nos fusilaron para no perder un instrumento de chantaje.  Al horizonte amenazante de la tortura a golpes, plantón, picana y submarino, siempre posible de ser aplicada, incluso dentro del Penal, le agregaron la metodología de la gota de agua que horada la piedra.. La tortura sicológica vino aderazada con arranques retóricos de corte nacionalista y condimentada  con discursos contra la corrupción de los políticos y los especuladores. Los más atrevidos se atrevían a confesar simpatías con reformas agrarias y sociales que, por supuesto, debían mantener en secreto para no ser descubiertos por los mandos fascistas. Jugaban con las divisiones internas en las fuerzas armadas, presentando la puja de poder entre grupos iguales entre sí como diferencias ideológicas entre legalistas y golpistas o fascistas y nacionalistas. El método de desarticulación de las reservas morales del prisionero comenzaba por transformar el rechazo a los torturadores en comprensión del motivo conque justificaban la tortura: obtener información para evitar derramamientos de sangre. Intentaban despojar a la tortura de su naturaleza inhumana e ignominiosa, haciendo  que el prisionero la viera como una cuestión pragmática, instrumento de uso inevitable en una guerra, que debía aceptarla como una consecuencia de sus propios actos y dejarla de ver como una práctica aberrante. No sólo mediante el dolor físico se quebraba al torturado, en la sala de tortura se trataba de convencerlo de lo ilusorio de su lucha por la revolución social. Si el torturador lograba que el torturado entendiera intelectualmente sus argumentos, el prisionero derivaba, conciente o inconcientemente, hacia la claudicación y  el consentimiento obsecuente. En algunos casos, la derrota del torturado llegaba al sometimiento y colaboración totales. El régimen de aislamiento dejaba al prisionero sólo contra el mundo, privado de todo estímulo intelectual, flotando en la estratófera como si el calabozo fuera un satélite artificial, víctima fácil de las presiones y manipulaciones del torturador profesionalizado en las academias estadounidenses de tortura. Estaba pensado como sistema de degradación síquica y moral que favorecía la claudicación y la entrega moral de los prisioneros.

Ciudad de Paso de los Toros, setiembre de 1978, Batallón de Ingenieros No. 3. El trío conformado con el General Feola, comandante de la División de Ejército III, el Coronel Cordero, jefe del S-2 divisionario y el Mayor Portela segundo al mando de dicho servicio, llegó al cuartel para confirmar los resultados de la tortura sicológica en nosotros tres. Después de cinco años de total aislamiento, ya no poseíamos información operativa alguna, simplemente querían verificar el estado de nuestra moral,  saber si en ese lustro de incesante presión sicológica, con picos de golpes y plantones, habían logrado mellar nuestro espíritu de resistencia y nuestra salud mental. ¡Fueron unos científicos de la tortura, pues! Los inquietaba comprobar si manteníamos contacto entre nosotros y qué información manejábamos sobre la situación extramuros.  Nos interrogaron un día a cada uno, cuatro horas a Sendic y a mí, que éramos más parcos y cinco horas les llevó el interrogatorio a Marenales que es más expansivo.  Justificaban el interrogatorio diciendo que necesitaban el  perfil de algunos compañeros cuyas fotos nos mostraban. Recuerdo que me mostraron las de Falero Montes de Oca, Mario Navilliat, Alberto Iglesias, Lucas Mansilla, Efraín Martínez Platero, Andrés Cultelli, Antonio Bandera, Atalivas Castillos, Félix Bentín y muchos más. ¡Muchos de ellos ya desaparecidos en 1978!
En realidad las preguntas concretas se desarrollaban en el marco de una charla sobre política que llevaban adelante Feola y Cordero, informándonos de como el bloque soviético  perdía pié frente al bloque occidental, Cuba se venía al suelo y estaba al caer, por supuesto nada dijeron del triunfo en Vietnam ni de la guerra civil en Nicaragua. En Uruguay había partido militar para rato y nosotros moríríamos hechos pedazos en los calabozos subterráneos. Como hacía habitualmente en los interrogatorios, Raúl Sendic contestó  “sí” o “nó” a las preguntas que le hicieron. En mi caso fui contestando con evasivas hasta que dije no saber quién era Aparicio Mauro Saravia Delgado y, levantado la voz, Cordero me reprochó “pero si ´éste fue novio de tu hermana”, con lo cual dió por finalizada la “fiestita”.  Terminados estos interrogatorios, nos trajeron a la celda una hoja en blanco y una birome con la orden de hacer un informe detallado sobre los compañeros acerca de quienes nos habían interogado. Sendic, Marenales y yo les devolvimos las hojas en blanco. Nos negamos. Sabíamos que estaban tomando el pulso a nuestra entereza.  
El régimen de aislamiento de los “rehenes” tuvo víctimas inocentes y gratuitas. Tanto las madres y los padres como las hijas y los hijos se vieron obligados a un peregrinaje torturante por los cuarteles, las mujeres sometidas a revisaciones humillantes en las salas de guardia, los visitantes veían al visitado de lejos, a veces a través de un tejido mosquitero, la charla era vigilada cuerpo a cuerpo y  las “transgresiones” al no escrito reglamento, eran severamente castigadas por el oficial encargado, por lo general un alférez empeñado en hacer méritos. Al ser trasladados de cuartel, no informaban de nuestro destino a los familiares, dejándolos en la angustia de creer que podíamos haber sido desaparecidos forzosamente. En varias ocasiones los hijos vieron a sus padres lastimados. El matrato y la tortura sicológica a las familias de los “rehenes” no tenía otra intención que quebrar su solidaridad y lastimar síquicamente a los niños, dándoles mucho palo para que aprendieran a no ser como sus padres. Además el ensañamiento con la familia repercutía anímicamente en el prisionero y los torturadores lo sabían muy bien.   
En el 2011, continúan las intervenciones contra pueblos hermanos y las maniobras militares conjuntas con los EEUU, cuyas fuerzas armadas, como es viejo y sabido, torturan, secuestran, asesinan y desaparecen gente por todo el mundo, ayer, hoy y siempre.  Inevitablemente las justificaciones políticas que hacen los gobiernos uruguayos de esas vergonzosas acciones disimuladas con el rótulo de “misiones humanitarias”, crean un clima ideológico signado por la hipocresía y la impunidad que favorece la transformación de los soldados y oficiales en torturadores salvajes. La cría de pichones de torturadores está asimismo favorecida por el machismo reinante en los cuarteles, donde se cultivan los peores valores de una sociedad patriarcal y homofóbica, donde la sodomización es una forma de imponer la autoridad al otro. En el 2011 continúa vigente la estructura de mando hiperverticalizada que ha servido  para justificar, por la debida obediencia, los desmanes más aberrantes y que, por otra parte, se constituye en garantía del anonimato del torturador y propende a la complicidad de los culpables bajo la ley silencio, obligatoria en todo aparato piramidal. En las fuerzas armadas permanecen actuantes las mismas condiciones internas que reprodujeron sádicos y morbosos al por mayor. No sólo son permanentes los delitos de lesa humanidad, la producción de torturadores también es permanente. Denunciar a los torturadores del pasado es una forma de crear conciencia popular para impedir que en el futuro se empleen la tortura y los otros instrumentos del terrorismo de Estado.

Con el Dr. Juan Fagúndez presentamos en el Juzgado Penal de 19no. Turno –de ahí nos derivaron al Juzgado Letrado de la ciudad de Libertad- una denuncia por “los apremios físicos y psíquicos recibidos (....)  por parte de las personas encargadas de comandar y custodiar a los detenidos en los establecimientos militares donde estuvo detenido durante la dictadura”. Se plantea al poder judicial la identificación de todos los mandos que, de una u otra manera, estuvieron involucrados en la tortura de los denominados “rehenes”. Todos ellos, los jefes de las Divisiones II, III y IV del Ejército durante el período comprendido entre el 7 de setiembre de 1973 y el retono al EMR No.1 en abril de 1984; los directores del Penal de Libertad en esas fechas; los tenientes coroneles y mayores que comandaban las unidades en cuyos calabozos estuvimos recluidos y los jefes de los S-2 en dichas unidades. Estos datos los solictamos con anterioridad al Ministro de Defensa señor Luis Rosadilla pero no fueron proporcionados por dicha repartición pública.
Nos presentamos antes de que se aprobara la ley de imprescriptibilidad en el parlamento, porque mi amigo y abogado alegó que “provocar la muerte, lesionar, a una persona, era y es delito. Singularizar las razones, describirlas detalladamente para identificarlas inequívocamente con la estrategia de los represores, no es más que descubrir que el delito cometido por las fuerzas de seguridad de una nación, cuando se hace con claro abuso de poder, en claro ejercicio de terrorismo de estado, era y es un delito aberrante.  
“(...) se trata de crímenes de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles, dada la naturaleza de los mismos y ya que estos actos eran delitos en el momento de haber sido cometidos, lo fueron en un estado donde rige la normativa referente a los derechos del hombre y la humanidad, y por ello no se violenta el principio de irretroactividad en el sentido de que no convierte una conducta legal en ilegal, sino que determina que quienes cometieron una conducta que era y es ilegal, amparado en diferentes circunstancias que le permiten mantener la impunidad de sus actos, una vez desaparecidas esas injustas y anormales condiciones de privilegio, serán juzgados como debieron serlo siempre. Decir ahora que los apremios físicos y psíquicos cometidos mediante claros actos de terrorismo de estado han prescripto porque se trata de delitos con penas cortas como ser el abuso contra los detenidos, lesiones graves y gravísimas, o la violación, es ignorar los hechos, y cuando estos hechos sucedían, en el resto del mundo ya se condenaban a torturadores y violadores por delitos de lesa humanidad, basta recordar los informes de Amnistía Internacional de fines de los años 70 y comienzos de los 80. sería ridículo pretender que el Uruguay asumiese dicha calificación de los tipos penales que se estaban cometiendo en esos años, en claro reconocimiento de esa actividad criminal. Quien reventó los testículos de una persona, o sus dedos, o lo asfixió en excremento, lo mutiló, quien manoseo las partes íntimas de una mujer, la violó, o le reventó el cuerpo y el alma, ¿su motivación en la obediencia debida era mayor que la de proteger a un ser humano detenido, indefenso, atado, encapuchado?. Estas conductas eran delitos, y lo son, y la motivación junto con la forma de comisión determinan la gravedad de los hechos. Aquellos que han arrancado a las madres y padres sus hijos para darlos a terceros, mientras estos niños, ahora adultos, no fueron identificados, o no la han sido aún, ¿no están perpetuando el crimen día a día? Las consecuencias físicas y psíquicas de los torturados también perduran, y perpetúan la comisión del delito respecto de quienes lo cometieron, u omitieron impedir su comisión”.
La seriedad de la denuncia y las conductas delictivas denunciadas podrán ser corroboradas por los testigos presentados: José Mujica, Eleuterio Fernández, Henry Engler, Mauricio Rosencof, Julio Marenales y Jorge Manera. Otros de los “rehenes”, Adolfo Wassen, fue dejado morir sin atender debidamente el tumor que comenzó a aquejarle antes del retorno al Penal de Libertad. Raúl Sendic falleció al contraer una enfermedad posiblemente a raíz del debilitamiento de sus defensas durante el régimen de aislamiento que le impusieron. La denuncia y el castigo de los crímenes de lesa humanidad no es cuestión del pasado, por el contrario, apunta  a construir una sociedad donde no existan torturadores salvajes, ni asesinos privilegiados por ser militares, ni la desaparición forzosa como método para aterrorizar los pueblos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Pequeña polémica después del ocho de octubre

 A invitación de los compañeros de la Agrupación “8 de Octubre” dije unas palabras en la Plaza Raúl Sendic de La Teja, en recuerdo del Ché Guevara y a los caídos en la toma de Pando.  Luego las  puse por escrito y las eché a volar por los espacios  internéticos.  Aunque no parecía ameritarlo,  el artículo recibió  respuesta de Ignacio Martínez en su habitual Columna  de Pensamiento que publica el semanario “El Popular”. Bueno, me pareció interesante la invitación a debatir en el periódico oficial del PCU y el 24/10 envié “Los sesenta en el 2011”  a dicho semanario. Como me extendí más de lo que permiten las páginas de “El Popular” no se pudo publicar el viernes pasado.  Es indiscutible dejar espacio a cuestiones más trascendentes como la ley de imprescriptibilidad y el conflicto de los obreros metalúrgicos, pero no me han informado sobre cuándo será posible concretar mi derecho a responder a Ignacio. No son temas de urgencia, pero la mirada hacia atrás tiene que ver con las perspectivas de las acciones futuras.  Indudablemente no son de menospreciar.    

Un abrazo fraterno
Tambero

8/10/2011                                                                                              Jorge Zabalza

                  LOS OCHO DE OCTUBRE  

A principios de los años ’60, bastante antes del deterioro de la democracia burguesa, dado el estancamiento de la producción y la caída de la tasa de ganancias, se podía preveer que el arriba necesitaría emplear la violencia contra un abajo que todavía no se movía como en el ‘69, pero no se mostraba dispuesto a pagar el costo de la crisis.
El Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) pudo , entonces,  anticiparse al devenir y se comenzó a preparar para enfrentar al arriba con la violencia organizada por los de abajo. Significö un rechazo de plano a la posibilidad de acumular las fuerzas del cambio por la vía electoral y parlamentaria y elegir conscientemente el camino de la lucha guerrillera como método de acumulación política. Los tupamaros primigenios rompieron decididamente con la legalidad permitida por la clase dominante y llamaron a tomar las armas para derrocar el régimen. Tremenda responsabilidad histórica!.
A mediados de 1967, Jorge Pacheco Areco diö comienzo al uso ilegítimo de la violencia organizada por el Estado, con la consecuencia inmediata de tres estudiantes muertos por la policía y centenares de trabajadores sindicalizados detenidos por medidas prontas de seguridad. La desmesura pachequista radicalizó las luchas populares que, al influjo de la tendencia clasista y combativa, se lanzó a las calles a enfrentar la represión. La lucha social abrió espacios políticos a la lucha armada. La mentalidad combativa y la infraestructura clandestina que había desarrollado el MLN(T) en los años que llevaba preparándose, hacían posible el empleo sistemático del método guerrillero y, por consiguiente, fue la organización política en mejores condiciones para enfrentar la violencia represiva.
Desde ese momento el movimiento popular lo percibió como expresión política de su propia lucha, como la organización que defendía a los perjudicados por las destituciones, las persecuciones sindicales, los apaleamientos callejeros y los encarcelamientos injustificados. Era el movimiento que dejó atrás lo declarativo y apuntó con acciones armadas a derribar el régimen como, por otra parte, lo requerían las movilizaciones populares.
Este sábado se recuerda a Jorge Salerno, Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza, asesinados por la Guardia Metropolitana el 8 de octubre de 1969 en la toma de la ciudad de Pando. El MLN(T) concibió esta forma de homenajear a Ernesto Guevara también asesinado en Bolivia dos años antes, como demostración de que la guerrilla tenía la edad suficiente para pasar de las acciones “muerde y huye” a las de controlar un territorio, aunque fuere por breves momentos. Se quería transmitir el mensaje de que, en un futuro no muy lejano, sería posible tomar Montevideo como se había hecho con Pando. Es curioso pero, a pesar de que la acción terminó en derrota militar, tres compañeros muertos y más de veinte prisioneros, la operación de Pando significó el comienzo del crecimiento explosivo del MLN (T).
¿Qué estaba pasando?... pese al desastre en Pando, amplios sectores populares ya reconocían la lucha armada como alternativa real al reformismo electoral y parlamentario. La sangre derramada fructificó rápidamente en conciencia y compromiso revolucionario. Los hechos de Pando expresaron el espíritu romántico y el sentimiento épico de toda la generación que tomó la senda trazada por el Ché. No teníamos una sola duda, la vida sólo tenía valor si se ofrendaba en el altar de la emancipación social, nos entregábamos a la lucha en la más completa seguridad de estar haciendo la revolución.
Los hechos de Pando sirvieron también para refrendar la concepción que apuntaba al desarrollo de un poder paralelo y opuesto al del Estado, un poder organizado a partir de un aparato guerrillero que extendía su estructura hacia el pueblo como una telaraña de organizaciones diversas pero que, en la práctica, subordinaba el movimiento de masas y la lucha social al centro político que conducía la lucha armada. Paradójicamente, la toma de Pando, símbolo de la disposición combatiente a hacer la revolución, sirvió de plataforma de lanzamiento a la teoría del doble poder, cuya aplicación práctica culminaría en 1972 con el enfrentamiento mano a mano entre el MLN(T) y las fuerzas armadas, en la que obtuvo la victoria el aparato que contaba con los medios del Estado, con el consentimiento efectivo del imperialismo y el apoyo de sectores reaccionarios que clamaban por “mano dura”.
La clave de la derrota del MLN hay que buscarla en la teoría y práctica del doble poder, en cómo la hipertrofia del aparato relegó el movimiento popular al rol de simple espectador, el pueblo sentado en la tribuna sin involucrarse en la lucha armada contra el brazo represivo de la clase dominante.  No se precisa renegar del pasado guerrillero para asumir el error y la derrota, como algunos están haciendo lamentablemente, sino que es preciso analizar a fondo las experiencias revolucionarias y elaborar las conclusiones teóricas que de ellas surjan, sin que importe lo cruda que pueda ser la crítica a cómo pensamos y cómo hicimos en el último medio siglo de historia.
Es cierto, cayeron los muros, fracasó el socialismo real y la URSS, China Popular y otras experiencias ayer revolucionarias construyen capitalismo desde el Estado, es cierto, no tenemos certezas como medio siglo atrás, pero también es muy cierto que en el sistema capitalista no hay solución para los asalariados. Por si en la historia de los pueblos no hubiera quedado claro, llegó esta última crisis para demostrar que al reproducirse, ampliarse y concentrarse, el capital solamente puede producir más exclusión y más marginación. Pueblos que hasta ayer aceptaban pacíficamente la dominación, hoy levantan sus banderas de rebeldía en Europa, África del Norte y hasta en el territorio privado de Wall Street. Se precisa una nueva teoría revolucionaria, una teoría que conciba la lucha revolucionaria como una creación autónoma del movimiento popular, de un pueblo insurrecto que se organiza y se arma a sí mismo para hacer la revolución, una teoría que no conciba al movimiento revolucionario encerrado en un aparato, dirigiendo el proceso desde su panóptico. Los viejos “hombres de aparato” cuentan con muchísmos elementos y experiencias, un testamento político que podría servir de base a quienes harán la próxima revolución.
Durante un siglo funcionaron eficazmente diferentes aplicaciones de la teoría para construir aparatos de poder revolucionario, y lo hicieron con tanta  eficacia que derrotaron y sustituyeron al Estado burgués en varias naciones.  Dode fracasaron esos aparatos fue en producir seres humanos con una filosofía de vida totalmente antagónica a la del capitalismo. La propia esencia del doble poder lleva a ese fracaso, porque al construir un aparato revolucionario tan poderoso, en realidad se está construyendo una forma de organización que posee idénticas características a la del Estado burgués que se quiere destruir. En consecuencias, no se forman las mujeres y los hombres con los valores del socialismo, sino que, en ese aparato esencialmente idéntico al Estado, se forman burócratas cuyos valores son los del capitalismo, la competencia a muerte por un cargo, las pujas de poder y conspiraciones internas.
Muchos viejos sobrevivientes de los procesos revolucionarios del ’70 han hecho suyos los intereses del Estado, se han integrado plena y conscientemente a la democracia burguesa y administran las políticas que favorecen los grandes negocios del capital. No los miremos con desconcierto, preguntándonos que pasó con esos sandinistas, farabundos y tupamaros, analicemos su práctica política en los aparatos donde sus cabezas aprendieron a funcionar para ejercer el poder, hacia las masas y en la interna. Luego vendrán los comportamientos pautados por los intereses personales, por sus delirios de grandeza y el autoconvencimiento de ser infalibles, de ninguna manera pueden concebir que la emancipación social de los trabajadores es asunto de los propios trabajadores y no de “vacas sagradas” o caudillos que les dictan cátedra sobre cómo liberarse.

Estamos viviendo un período de transición entre el agotamiento de la teoría del doble poder y la ausencia de una concepción global de construcción del poder revolucionario del pueblo armado y organizado. La transición y la ausencia se manifiestan como desconcierto, ya no se tienen aquellas seguridades y sentimientos épicos conque dieron la vida los tres compañeros asesinados en Pando. Son, por consiguiente, tiempos de reubicarse con sinceridad: sabemos de la necesidad de acabar con el capitalismo y transformarnos en columnas de una sociedad de seres libres libremente asociados. Son también tiempos de no dejarse coptar por el capitalismo o los cantos de sirena del poder político, de no entregarse a los valores y la filosofía del pasado, de cultivar los valores y la filosofía del futuro. Son tiempos de estacas, de clavarse en la izquierda revolucionaria y resistir los embates y los cantos de sirena. De esperar al acecho.
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14/10/2011                                                                                         Ignacio Martínez
COMPAÑERO, CREO QUE ESTÁS EQUIVOCADO
El compañero Jorge Zabalza acaba de lanzar una reflexión titulada “Los ocho de octubre”. Saludo la iniciativa. Es necesario reflexionar. Pero deseo hacer algunas observaciones. Dice Zabalza: “A principios de los años ’60… se podía prever que el arriba necesitaría emplear la violencia contra un abajo que todavía no se movía como en el ’69…” La historia de nuestro país, durante el siglo XX, da cuenta de la represión en aumento que las clases dominantes ejercieron, principalmente contra los trabajadores del campo y la ciudad (las luchas de 1952). Los trabajadores perciben ese endurecimiento y buscan la unidad que creará la CNT (1964-1966), al tiempo que en el terreno político se intentan formas de alianzas para enfrentar la crisis: 1962 la Unión Popular y el FIDEL, 1967 Acuerdo de Época. Es desacertado afirmar que “El Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) pudo, entonces, anticiparse al devenir y se comenzó a preparar para enfrentar al arriba con la violencia organizada por los de abajo.”Los de abajo ya se venían organizando desde mucho antes, pero estuvieron muy lejos de participar en los preparativos del MLN que armó su propia estrategia despegado del pueblo que luchaba. Quien irrumpe en la escena debido a la crisis es la clase media que se derrumba por la pendiente social y una de las manifestaciones más claras de esa clase media es, precisamente, el MLN. Tampoco es cierto que los tupamaros “…llamaron a tomar las armas para derrocar el régimen…”. Las tomaron ellos, nomás, en el marco de un creciente aislamiento con relación a otros grupos guerrilleros, con otras organizaciones de izquierda y con el pueblo que siguió luchando, resistiendo la ofensiva reaccionaria y preparándose para una lucha sostenida que tuvo su punto más alto en el enfrentamiento contra la dictadura en 1973, donde ya el MLN como tal prácticamente no existía.
Más adelante Zabalza afirma que “La mentalidad combativa y la infraestructura clandestina que había desarrollado el MLN(T)…. hacían posible el empleo sistemático del método guerrillero y, por consiguiente, fue la organización política en mejores condiciones para enfrentar la violencia represiva…” Creo que esta afirmación se da de bruces con la realidad y encierra una subestimación del enemigo que está en la base de su análisis erróneo. Si tomamos en cuenta los dos años y medio de lucha guerrillera intensa (octubre 1969- abril1972), asistimos a un proceso de lucha y derrota, donde la represión, finalmente, pudo más. Había que prepararse para una resistencia de largo aliento contra el poder dominante, para la procura del programa claro, para las alianzas que nos hicieran más fuertes y, luego del 73, para la resistencia a la dictadura y todos los inmensos esfuerzos que se hicieron para intentar derrotarla; derrota relativa que podrá ser tema de otra reflexión analizando todos los aspectos de lo que fue la salida que después resultó.
Sin dudas que la lucha tupamara es parte de la lucha de nuestro pueblo, pero es una afirmación equivocada decir que “el movimiento popular lo percibió como expresión política de su propia lucha”. Tanto no es así que la izquierda, fue construyendo otra alternativa durante el año 1970, que culminará en la fundación del FA en 1971. No me cabe duda que los compañeros tupamaros se entregaron “a la lucha en la más completa seguridad de estar haciendo la revolución.” Pero tampoco me cabe duda de que el intento de crear “…un poder organizado a partir de un aparato guerrillero…” fue un error porque, entre otras cosas, como el mismo Zabalza dice “subordinaba el movimiento de masas y la lucha social al centro político que conducía la lucha armada” y eso fue parte de un error teórico, de una desviación política y del comienzo del fin para ese esfuerzo heroico, pero equivocado. Concuerdo con que “la emancipación social de los trabajadores es asunto de los propios trabajadores y no de “vacas sagradas” o caudillos que les dictan cátedra sobre cómo liberarse”. Hoy se impone ponernos de acuerdo en la estrategia, en el programa, en las alianzas y en la construcción de ese poder que sólo está en el pueblo organizado en sus estructuras sociales y fundamentalmente políticas. Bienvenido el debate. Bienvenida la reflexión y la autocrítica. Ese es el mejor homenaje para los caídos aquellos dos Ocho de Octubre en Bolivia y Uruguay. 

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24/10/2011                                                                                              Jorge Zabalza
                                LOS SESENTA EN EL 2011
La “columna de pensamiento” del compañero Martínez podía haberse referido al “derechazo” de Tabaré Vázquez, ese que golpeó brutalmente la quijada de los lectores de “El Popular”, antimperialistas de toda la vida. Era el gran tema de la semana, aunque, por supuesto, no arrojará novedades electorales porque, para obtener su retorno como candidato, los peregrinos echarán rodilla a tierra, rogarán sin atreverse a criticar y dejarán explícito su consentimiento al pedido de apoyo político a Condolezza Rice y George Bush II realizado en nombre del pueblo uruguayo y del Frente Amplio. Es tan veleidosa la voluntad de Vázquez que, con toda seguridad, conmovido por los ruegos, accederá a ser presidente de la república en el 2015 y, contando con el respaldo de sus feligreses, se sentirá lo suficientemente fuerte para hacer nuevas concesiones al imperialismo (un nuevo TLC, bases militares, etc).
En verdad este hecho trascendental merecía más las “observaciones” de Martínez que el articulito“los ocho de octubre” pero, está claro, prefirió atacar la voz que predica en el desierto a desafiar la ira del “gran Tabaré” y de sus guardaespaldas. El contenido de “los ocho de octubre” no difiere en nada de un centenar de artículos y de un ensayo (“Raúl Sendic. Su pensamiento revolucionario”) que he publicado a lo largo de la última década....¿porqué recién ahora merece las observaciones de Nacho?. ¿Porqué no los anteriores y más completos materiales?. ¿El desencanto amenaza hacerse bronca crónica y vuelve peligrosa para el discurso hegemónico hasta la más mínima herejía?
Intentaré algunas precisiones a las observaciones de Nacho:
UNO: Desde comienzos del siglo XX el batllismo jugaba a dos puntas con el pueblo trabajador: mientras empleaba la amortiguación política en los conflictos más “civilizados”, reprimía ferozmente los más radicalizados. Los de arriba pueden ser muy selectivos a la hora de reprimir, por eso mismo, dicho sea de paso, hay que mirar con cuidado los neobatllismos hoy en boga. En 1951/52, cuando el gobierno de Luis Batlle endureció su política hacia los trabajadores, reprimiendo con el ejército a los gremios solidarios, hubo quienes respondieron con barricadas y miguelitos en el puente del Pantanoso, el famoso “paralelo 38”,violencia bien de abajo para resistir la ocupación militar del Cerro y que sirve para indicar con precisión la temperatura de la lucha de clases en los años que se festejaba el golazo de Ghiggia en Maracaná.
En febrero de 1958 Raúl Sendic, fundador del movimiento tupamaro, expresaba en EL SOL ese sentimiento de frustración de los trabajadores reprimidos por el batllismo: “la democracia de nuestro país, como la democracia burguesa en todos lados, no resiste la prueba de fuego de la lucha de clases”, y sigue siendo así, en todo el mundo, acá y ahora también, como reafirma la actitud del ministro Bonomi, progresista él, al quitar la careta a la democracia burguesa y amenazar con la fuerza policial a los piquetes instalados en las puertas de las fábricas y talleres metalúrgicos.
Es a partir de la visión de Sendic, totalmente escéptico hacia la “democracia”, que los tupamaros primigenios decidieron prepararse para lo peor, lo mismo hizo la FAU y algunos grupos socialistas, grupos que más tarde formarían el Coordinador con el propósito de rescatar los tres “peludos” apresados al asaltar un banco para financiar las marchas cañeras. La concreción de la unidad sindical en la CNT no sólo fue obra de los comunistas, sino también de León Duarte, Héctor Rodríguez, Gerardo Gatti, Rodríguez Belletti, Hugo Cores, Washington Pérez, Chela Fontoura, Walter Cholo González, Conrado Fernández, Pedro Mora, el Pocho Hornos, Luis Dubra y un montón más de los dirigentes de la tendencia clasista y combativa, que por algo se llamaba así. Por otra parte, todos ellos estaban vinculados, de alguna manera, a los grupos del Coordinador, todos experientes en el empleo del abanico completo de las formas de lucha sindical, desde las negociaciones más civilizadas hasta los métodos de acción directa más rupturistas. Fueron coautores del programa del Congreso del Pueblo, polemizaban ardorosamente sobre métodos y vías y coincidían en la necesidad de unificar las luchas sindicales.
Es un hecho histórico que la irrupción de Pacheco Areco en 1968 encontró al MLN en mejores condiciones que otras organizaciones para emplear los métodos guerrilleros, por eso pudo reaccionar al toque y capturar a Ulises Pereira Reverbel, mano derecha de Pacheco, asumiendo la representación de los golpeados trabajadores bancarios, estatales (de UTE y portuarios) y de los estudiantes que sufrieron el asesinato a mansalva de Líber Arce. La acción política de la guerrilla estimuló el ascenso de la combatividad de los luchadores sociales que, a su vez, en un ir y venir dialéctico, creó las condiciones subjetivas para que la guerrilla se propusiera profundizar su accionar militar. La toma de la ciudad de Pando fue la continuación armada del ascenso de la lucha popular, pero además, fue un homenaje a Ernesto Guevara y una respuesta a su convocatoria a “crear dos, tres, muchos Vietnam”. Cualquiera puede discrepar o sentirse irritado con la estrategia del MLN, pero descalificarla por “pequeña burguesa” es insuficiente y, a mi parecer, revela cierta impotencia para comprender cabalmente la influencia ideológica de la Revolución Cubana y del Ché Guevara en toda América La Pobre.
DOS: La intención del acuerdo de ÈPOCA era la difusión de las resoluciones de la OLAS, o sea, impulsar la vía armada para la revolución latinoamericana. Ahí estaban el Partido Socialista, la Federación Anarquista del Uruguay, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el Movimiento Revolucionario Oriental y los “independientes” (tupas disfrazados que trabajaban en EPOCA como Andrés Cultelli, Jorge Manera y Julio Marenales). Como ya no es necesario hacer misterio, si investigás un poco podrás informarte acerca de cómo y quienes financiaron el diario. Las formas legales e ilegales, públicas y clandestinas de la lucha revolucionaria no se veían como incompatibles o excluyentes, no se demonizaba a nadie por asaltar un banco para financiar un periódico o un conflicto sindical. Se impulsaba la formación de la CNT y las “relámpago” en los comités de movilización de la FEUU, se trabajaba en EPOCA y se creaba la infraestructura necesaria para la lucha guerrillera, en esos procesos históricos que combinaban métodos pacíficos y de acción directa, nacieron el MLN, después la OPR-33 Orientales y más tarde las FARO. Nacho, es un error grave contraponer a la estrategia de los tupamaros pårimigenios a los “acuerdos de ÉPOCA”.
Otro recuerdo personal. En 1964, para repudiar la ruptura de relaciones con la Revolución Cubana, se ocupó el edificio de la Universidad. Hubos choques muy violentos con la policía y el ejército, recuerdo estar codo a codo con Jorge Morera, Cubas, Poggi y varios otros compas de la UJC, en la primera línea, por supuesto. En esos días me integré a la FAU, el Brasilero Fuques me hizo leer a Buenaventura Durruti y, como actividad práctica, participé de los entrenamientos del parque Roosevelt, preparación física para chocar con la policía en “manifestaciones relámpagos” y “ocupaciones salvajes” como las de FUNSA, Ghiringuelli y el Frigorífico Nacional. Se entrenaban Elena Quinteros, el Gauchito Idilio De León, el Hugo Casariego, Gustavo Inzaurralde, Roger Julien, Mauricio Gatti y muchos sobrevivientes que no es necesario nombrar. El “uso ilegítimo de la violencia desde el Estado” se veía venir y todos se preparaban. Los dos años de entrenamiento para la lucha callejera no fueron, sin embargo, un obstáculo para ser elegido, en 1966, como consejero de la Facultad por el orden estudiantil, porque lo cortés no quitaba lo valiente y hacer una cosa no impedía hacer la otra, sin pretender parafrasear al actual presidente de la república. Todo se veia complementario y esa visión de las cosas permitió al MLN(T) ser parte de la fundación del Frente Amplio, no sólo con su declaración de apoyo crítico y de tregua unilateral en diciembre de 1970, sino porque los militantes y los simpatizantes tupamaros fueron motores en la creación de los comité de base, de la Unión Popular de don Enrique Erro y del “Movimiento de Independientes 26 de Marzo”. LA FAU-OPR-ROE optaron en aquellos años por mantenerse apartados del proceso de unidad desde las bases populares que se concretó con la fundación del Frente en 1971. El MLN(T) no.
TRES: Como he contado mil veces –vanagloria de veterano- allá en mis años de mozo salí corriendo a enrolarme en las filas de Ernesto Guevara para participar de la aventura en Bolivia. Para mi alegría personal en esas filas encontré a muchos camaradas de la UJC uruguaya, los mismos con los que veníamos compartiendo piedras y cócteles, ¡una cincuerntena, Nacho!. Lo mío no era locura “pequeño burguesa”, estaba convalidada por la compañía de quienes se denominaban partido del proletariado y se disponían a dar la vida armas en mano por la revolución socialista. Era la línea estratégica definida por la Conferencia de la OLAS, reafirmada en el “mensaje a la Tricontinental” y llevada adelante en toda América La Pobre por revolucionarios de distintas vertientes ideológicas pero que rechaban unánimente la vía parlamentaria y apostaban a la metodología guerrillera para la acumulación de fuerzas. Los fundamentos de la opción guerrillera del MLN(T), querido Nacho, son de autoría de la OLAS y la Tricontinental, por eso, para rebatir nuestra interpretación de los sesenta, tendría que encarar la crítica y el rechazo de aquellas resoluciones que conmovieron América La Pobre y, me atrevería a decir, el mundo entero. Recuerdo la fotografía de nuestro ex canciller Reinaldo Gargano aplaudiendo a rabiar cuando Fidel leyó la declaración de la OLAS.
En su discurso de la sesión final de la OLAS, Rodney Arismendi sostuvo que la lucha armada era la “síntesis superior y más elevada de todas las formas de lucha”, la vía principal para el combate por la emancipación social en la mayoría de los países latinoamericanos. A diferencia del XX Congreso del PCUS y del eurocomunismo sesentista, los comunistas uruguayos nunca negaron las afirmaciones de Marx y Lenin acerca del carácter violento de la revolución social, por eso, aún cuando criticaron duramente el “foquismo” y discreparon tácticamente con el empleo de los métodos guerrilleros en Uruguay, siempre los consideraron una forma de lucha legítima y, en consecuencia, se prepararon para ponerla en práctica cuando entendieran que se daban las condiciones favorables. Nacho, querido compañero, ¡qué lindo haberlo vivido para poderlo contar!, como verás no es tan sencillo cortar el delgado hilo que separaba la vía de acumulación pacífica de la vía de acumulación mediante la acción armada. Los debates en la izquierda revolucionaria y en el movimiento social eran sobre CÒMO enfrentar la arremetida de la reacción y de la rosca criolla, no se discutía la necesidad de la revolución ni la de enfrentar al enemigo de clase, porque las balas y las rejas de la represión no distinguían posiciones ideológicas o políticas. Los fundamentos se entrecruzaban en el plano de la teoría y, en la práctica cotidiana, los militantes que se abrazaban más allá del encono y de la confrontación política que, a veces, se hacían golpes de puño. Eso sí, mi hermano, nadie proponía humanizar el capitalismo, acordar con el latifundio, permitir la invasión del capital extranjero, abrazarse con las culebras de uniforme ni pedirle ayuda al gran asesino de los EEUU. Era impensable, sencillamente impensable en la izquierda revolucionaria..
CUATRO: Las rejas y los golpes avivaron hasta las neuronas más duras y hubo autocríticas al por mayor. Los ensayos de Harari, Modernell, Cultelli, Jorge Torres, Blixen y las entrevistas de Clara Aldrighi son profundamente reflexivas y aportan diferentes visiones e interpretaciones sobre el movimiento tupamaro, algo natural cuando el pensamiento no es monolítico. De cierta manera son autocríticos hasta quienes hoy administran las instituciones burguesas que ayer combatieron, aunque se pasaen de rosca y lo suyo se parece demasiado a la liquidación de los principios y las concepciones. Por eso creo que exageras al dar la “bienvenida a la autocrítica”en el MLN(T)... ¡si hay décadas de autocrítica y reflexión!.
Por mi parte, he intentado buscar las claves de la derrota del MLN(T) en los errores profundos de concepción más que en las razones circunstanciales.  Ahí aparece el “aparatismo”, que no es “aislamiento de las masas” sino manipulación del movimiento popular en función de los intereses de un Partido, Movimiento o Aparato. El “aparatismo” es una enfermedad compartida por muchos y, a mi modo de ver, es un debate muy necesario para quienes queremos una sociedad sin clases, gestionada por trabajadores libres libremente asociados. Nacho querido, he tratado, además, de que las diferencias profundas de enfoque no impidan la fraternidad y el respeto por el otro. Disculpame si no lo he logrado.

sábado, 8 de octubre de 2011

Los ocho de octubre

A principios de los años ’60, bastante antes del deterioro de la democracia burguesa, dado el estancamiento de la producción y la caída de la tasa de ganancias, se podía preveer que el arriba necesitaría emplear la violencia contra un abajo que todavía no se movía como en el ‘69, pero no se mostraba dispuesto a pagar el costo de la crisis.

El Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) pudo , entonces,  anticiparse al devenir y se comenzó a preparar para enfrentar al arriba con la violencia organizada por los de abajo. Significö un rechazo de plano a la posibilidad de acumular las fuerzas del cambio por la vía electoral y parlamentaria y elegir conscientemente el camino de la lucha guerrillera como método de acumulación política. Los tupamaros primigenios rompieron decididamente con la legalidad permitida por la clase dominante y llamaron a tomar las armas para derrocar el régimen. Tremenda responsabilidad histórica!.
A mediados de 1967, Jorge Pacheco Areco diö comienzo al uso ilegítimo de la violencia organizada por el Estado, con la consecuencia inmediata de tres estudiantes muertos por la policía y centenares de trabajadores sindicalizados detenidos por medidas prontas de seguridad. La desmesura pachequista radicalizó las luchas populares que, al influjo de la tendencia clasista y combativa, se lanzó a las calles a enfrentar la represión. La lucha social abrió espacios políticos a la lucha armada. La mentalidad combativa y la infraestructura clandestina que había desarrollado el MLN(T) en los años que llevaba preparándose, hacían posible el empleo sistemático del método guerrillero y, por consiguiente, fue la organización política en mejores condiciones para enfrentar la violencia represiva.

Desde ese momento el movimiento popular lo percibió como expresión política de su propia lucha, como la organización que defendía a los perjudicados por las destituciones, las persecuciones sindicales, los apaleamientos callejeros y los encarcelamientos injustificados. Era el movimiento que dejó atrás lo declarativo y apuntó con acciones armadas a derribar el régimen como, por otra parte, lo requerían las movilizaciones populares.

Este sábado se recuerda a Jorge Salerno, Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza, asesinados por la Guardia Metropolitana el 8 de octubre de 1969 en la toma de la ciudad de Pando. El MLN(T) concibió esta forma de homenajear a Ernesto Guevara también asesinado en Bolivia dos años antes, como demostración de que la guerrilla tenía la edad suficiente para pasar de las acciones “muerde y huye” a las de controlar un territorio, aunque fuere por breves momentos. Se quería transmitir el mensaje de que, en un futuro no muy lejano, sería posible tomar Montevideo como se había hecho con Pando. Es curioso pero, a pesar de que la acción terminó en derrota militar, tres compañeros muertos y más de veinte prisioneros, la operación de Pando significó el comienzo del crecimiento explosivo del MLN (T).
¿Qué estaba pasando?... pese al desastre en Pando, amplios sectores populares ya reconocían la lucha armada como alternativa real al reformismo electoral y parlamentario. La sangre derramada fructificó rápidamente en conciencia y compromiso revolucionario. Los hechos de Pando expresaron el espíritu romántico y el sentimiento épico de toda la generación que tomó la senda trazada por el Ché. No teníamos una sola duda, la vida sólo tenía valor si se ofrendaba en el altar de la emancipación social, nos entregábamos a la lucha en la más completa seguridad de estar haciendo la revolución.
Los hechos de Pando sirvieron también para refrendar la concepción que apuntaba al desarrollo de un poder paralelo y opuesto al del Estado, un poder organizado a partir de un aparato guerrillero que extendía su estructura hacia el pueblo como una telaraña de organizaciones diversas pero que, en la práctica, subordinaba el movimiento de masas y la lucha social al centro político que conducía la lucha armada. Paradójicamente, la toma de Pando, símbolo de la disposición combatiente a hacer la revolución, sirvió de plataforma de lanzamiento a la teoría del doble poder, cuya aplicación práctica culminaría en 1972 con el enfrentamiento mano a mano entre el MLN(T) y las fuerzas armadas, en la que obtuvo la victoria el aparato que contaba con los medios del Estado, con el consentimiento efectivo del imperialismo y el apoyo de sectores reaccionarios que clamaban por “mano dura”.
La clave de la derrota del MLN hay que buscarla en la teoría y práctica del doble poder, en cómo la hipertrofia del aparato relegó el movimiento popular al rol de simple espectador, el pueblo sentado en la tribuna sin involucrarse en la lucha armada contra el brazo represivo de la clase dominante.  No se precisa renegar del pasado guerrillero para asumir el error y la derrota, como algunos están haciendo lamentablemente, sino que es preciso analizar a fondo las experiencias revolucionarias y elaborar las conclusiones teóricas que de ellas surjan, sin que importe lo cruda que pueda ser la crítica a cómo pensamos y cómo hicimos en el último medio siglo de historia.

Es cierto, cayeron los muros, fracasó el socialismo real y la URSS, China Popular y otras experiencias ayer revolucionarias construyen capitalismo desde el Estado, es cierto, no tenemos certezas como medio siglo atrás, pero también es muy cierto que en el sistema capitalista no hay solución para los asalariados. Por si en la historia de los pueblos no hubiera quedado claro, llegó esta última crisis para demostrar que al reproducirse, ampliarse y concentrarse, el capital solamente puede producir más exclusión y más marginación. Pueblos que hasta ayer aceptaban pacíficamente la dominación, hoy levantan sus banderas de rebeldía en Europa, África del Norte y hasta en el territorio privado de Wall Street. Se precisa una nueva teoría revolucionaria, una teoría que conciba la lucha revolucionaria como una creación autónoma del movimiento popular, de un pueblo insurrecto que se organiza y se arma a sí mismo para hacer la revolución, una teoría que no conciba al movimiento revolucionario encerrado en un aparato, dirigiendo el proceso desde su panóptico. Los viejos “hombres de aparato” cuentan con muchísmos elementos y experiencias, un testamento político que podría servir de base a quienes harán la próxima revolución.

Durante un siglo funcionaron eficazmente diferentes aplicaciones de la teoría para construir aparatos de poder revolucionario, y lo hicieron con tanta  eficacia que derrotaron y sustituyeron al Estado burgués en varias naciones.  Dode fracasaron esos aparatos fue en producir seres humanos con una filosofía de vida totalmente antagónica a la del capitalismo. La propia esencia del doble poder lleva a ese fracaso, porque al construir un aparato revolucionario tan poderoso, en realidad se está construyendo una forma de organización que posee idénticas características a la del Estado burgués que se quiere destruir. En consecuencias, no se forman las mujeres y los hombres con los valores del socialismo, sino que, en ese aparato esencialmente idéntico al Estado, se forman burócratas cuyos valores son los del capitalismo, la competencia a muerte por un cargo, las pujas de poder y conspiraciones internas.

Muchos viejos sobrevivientes de los procesos revolucionarios del ’70 han hecho suyos los intereses del Estado, se han integrado plena y conscientemente a la democracia burguesa y administran las políticas que favorecen los grandes negocios del capital. No los miremos con desconcierto, preguntándonos que pasó con esos sandinistas, farabundos y tupamaros, analicemos su práctica política en los aparatos donde sus cabezas aprendieron a funcionar para ejercer el poder, hacia las masas y en la interna. Luego vendrán los comportamientos pautados por los intereses personales, por sus delirios de grandeza y el autoconvencimiento de ser infalibles, de ninguna manera pueden concebir que la emancipación social de los trabajadores es asunto de los propios trabajadores y no de “vacas sagradas” o caudillos que les dictan cátedra sobre cómo liberarse.


Estamos viviendo un período de transición entre el agotamiento de la teoría del doble poder y la ausencia de una concepción global de construcción del poder revolucionario del pueblo armado y organizado. La transición y la ausencia se manifiestan como desconcierto, ya no se tienen aquellas seguridades y sentimientos épicos conque dieron la vida los tres compañeros asesinados en Pando. Son, por consiguiente, tiempos de reubicarse con sinceridad: sabemos de la necesidad de acabar con el capitalismo y transformarnos en columnas de una sociedad de seres libres libremente asociados. Son también tiempos de no dejarse coptar por el capitalismo o los cantos de sirena del poder político, de no entregarse a los valores y la filosofía del pasado, de cultivar los valores y la filosofía del futuro. Son tiempos de estacas, de clavarse en la izquierda revolucionaria y resistir los embates y los cantos de sirena. De esperar al acecho.
Jorge Zabalza


Ricardo Zabalza acribillado en Pando








lunes, 12 de septiembre de 2011

Sucedió un 11 de septiembre y Nudo de recuerdos

Sucedió un 11 de septiembre



El atentado a las torres gemelas fue un suceso que estremeció al mundo, hubieron muchas víctimas, pero no nos olvidemos de los demás acontecimientos que acaecieron el 11 de septiembre en distintos años.

Escribo esto porque ese atentado pasó a ser el hecho distintivo de esa fecha, el que más se recuerda, del que más se escribe y habla sin haber sido el único acontecimiento importante, ni el que cobró más víctimas. Esto me lleva a hacer la siguiente pregunta: ¿Por qué nos comportamos como si los yankees tuvieran la prioridad y el monopolio sobre el dolor? Justamente ellos, que son los causantes de tanta masacre y tanta muerte, ellos que han utilizado todas las excusas para reprimir, para atacar, para invadir e intervenir en los asuntos políticos de otros países, ellos son los que tienen más derecho a recordar y llorar a sus muertos, poseedores del dolor del que la prensa hace eco a nivel mundial. ¿En qué fecha se recuerdan todos los muertos directos e indirectos que hay en el haber de los EE.UU.? Recordemos, sin ir muy lejos todos las muertes que el suceso del 11 de septiembre justificó, recordemos Irak, recordemos Afganistán y sigamos recordando a lo largo y ancho del mapa y el tiempo, vamos a encontrar mucha sangre regada por estos y otros “dueños de la verdad”.

Un 11 de septiembre del 1609 en España se da la orden de expulsión contra los musulmanes no convertidos de Valencia; este será el inicio de la expulsión de todos los musulmanes de España.

Un 11 de septiembre del 1906 Mahatma Gandhi inicia su Movimiento de No Violencia.

El 11 de septiembre de 1919 los Marinos de los EE.UU. invaden Honduras

También es en un 11 de septiembre (1941), la fecha en que en los EE. UU. Comienzan las excavaciones para la construcción del Pentágono.

En 1943, un 11 de septiembre, en Minsk y Lida, los nazis comienzan el exterminio del ghetto judío.

Durante un 11 de septiembre de 1944, la RAF bombardea la ciudad de Darmstadt matando a 11.500 civiles.

En 1965, también un 11 de septiembre, llega a Vietnam la Primera División de Caballería estadounidense, todos sabemos que pasó después.

El 11 de septiembre de1973, se da un golpe de estado en Chile, dirigido por el general en jefe del ejército Augusto Pinochet que derroca al gobierno socialista del presidente Salvador Allende que se suicida ese mismo día. Se da inicio a un régimen militar que duraría diecisiete años.

Año 1978, un 11 de septiembre, Jimmy Carter (presidente de EE. UU)., Saddat (presidente de Egipto), y Begin (primer ministro de Israel) se encuentran en Camp David y acuerdan un marco para la paz entre Israel y Egipto y una paz extensa en Oriente Medio, paradójicamente un 11 de septiembre, cuatro años después, las fuerzas internacionales que estaban garantizando la seguridad de los refugiados palestinos, abandonan Líbano tras la invasión por parte de Israel. Cinco días después, varios miles de refugiados son masacrados en los campos de refugiados de masacre de Sabrá y Chatila por falangistas cristianos maronitas.

Recién el 11 de septiembre del 2001 en EE. UU., suceden los atentados en las Torres Gemelas (en Nueva York), al Pentágono (en Washington) y a un avión (en Somerset, Pensilvania). Casi 3000 personas fallecen, y el grupo Al Qaeda (encabezado por Osama bin Laden), es señalado como el presunto autor de dichos ataques. Desde entonces se comenzó a perseguir y a aterrorizar a los musulmanes en EE.UU. y en otros países

Un 11 de septiembre del 2005 el Estado de Israel declara oficialmente su intención de dejar el disputado territorio de la Franja de Gaza después de 38 años de ocupación, cosa que no sucede.

Hace solo 3 años, un 11 de septiembre del 2008 en Porvenir (departamento de Pando, Bolivia) se lleva a cabo la masacre de Porvenir, con 18 campesinos muertos y 30 desaparecidos.

Solamente nombro algunos de los sucesos que acontecieron en esa fecha, considero injusto que EE.UU. monopolice el 11 de septiembre hasta tal punto que llegamos a identificar erróneamente el atentado a las Torre Gemelas como el hecho más importante.


Veronika Engler (11 de septiembre del 2011)


11 de septiembre, nudo de recuerdos 
por Jorge Zabalza



Los bastones golpeaban rítmicamente las barandas del segundo piso, resonaban las botas que corrían sin ton ni son al grito de los oficiales, ruidos de puertas de metal golpeadas cada vez que sacaban a uno de nosotros en el segundo piso. El aquelarre, todas las brujos sueltos y excitados. Todos sabíamos el batuque tenía olor a “flauteo”, es decir, traslado de presos con destino desconocido. Con el susto se aceleraron mis reflejos, tiré de inmediato un montón de hojillas de fumar al “biorse” y guardé las más importante entre las gasas del vendaje purulento que mal taqpaba la herida del vientre. Por si me tocaba, me puse dos calzoncillos largos, tres camisetas de punto, un rompevientos, tres pares de medias y, por arriba de todo eso, el mameluco gris con su “070” y el distintivo rojo.

Cuando llegó mi turno, me levantaron de los sobacos y me sacaron en el aire, dolía la putna del bastón clavado en las costillas, bajamos la escalera rebotando contra las paredes, me encapucharon y ataron las manos atrás, a la cintura y a los tobillos. Finalmente me arrojaron como una bolsa de papas en la caja de una camioneta cerrada. ¿Será por lo de Cuba, que no había saltado? ¿O descubrieron el proyecto de fuga en helicóptero, que habíamos logrado enviar a los compañeros?. El pulso acelerado, la cabeza giraba a mil por hora en un torbellino de preguntas y respuestas imaginarias. Apenas empezó a andar el vehículo, pedí que me aflojaran las esposas... tanteo para saber cuán caldeado estaba el ambiente. El puñetazo conque respondieron al pedido quería decir el horno no está para bollos. Sin embargo, algún resultado obtuve porque después de oír mi voz, el Bebe pidió para ir al baño y Marenales se quejó de que le dolía el lumbago. Así fue que los tres nos enteramos de quienes éramos los tripulantes forzosos de la camioneta, claro que no sabíamos que estábamos constituyendo un trío que duraría más de una década de verduguismo.

Algunas peripecias después la camionetas llegó a destino y frenó de golpe para golpearnos bien, nos bajaron de un tirón y, aprovechando el envión, nos lanzaron escaleras abajo hasta el fondo del pozo, sin piedad. Las perspectivas eran bien poco halagüeñas. Al despertar sin capucha descubrí el brocal de un aljibe pero, ¡oh sorpresa!, lo estaba viendo desde adentro. Paredes antiquísimas de ladrillos enormes asentados en barro, piso de portland lustrado recién hecho, una guardia ubicada en una especie de estrado instalado al pie de la escalera y protegido por un tejido de alambre. El gallinero de la guardia estaba en medio de los otros tres recuadros de tejido de alambre que albergaban nuestra miseria. El paso de las horas me enseñó que se podía sortear vigilancia tan estrictia, pues desde una esquina del mío, podía ver a Marenales sin que los milicos se dieran cuenta, al tiempo que ,desde otra de ellas, podía hacerlo con Raúl. Después de acumuladas horas y horas de ocio fozoso, terminamos armando un sistema de comunicaciones con el alfabeto sordomudo.

La mañana del 12 de setiembre de 1973, el sargento que estaba de guardia desplegó un ejemplar del “EL PAÍS” de Montevideo, cuya tapa recibía a cinco columnas la muerte de Salvador Allende y el golpe de Pinochet, eso sí, el diario festejaba el crimen de los gorilas chilenos en nombre de la democracia liberal y de la paz política. No sé si por descuido o qué Marenales alcanzó a leer el titular del diario. Ni lerdo ni perezoso el Viejo Julio me pasó la noticia , que de inmediato transmití a Raúl. No nos alcanzaban los dedos para comunicarnos, llenamos la mañana con nuestros comentarios.

Al atardecer, un grupo de sobretodos verdes apareció en la escalinata del aljibe y descendió hasta nosotros. El jefe del batallón, teniente coronel Curuchet,¨nos miraba con severidad. Lo mismo hizo el comandante de la Base Aérea Militar de Durazno cuyo nombre he olvidado. El desfile lo encabezaba el general Zubía, jefe la División de Ejército II y responsable directo de nuestro “flauteo” desde el Establecimiento Militar de Reclusión No. 1 (Penal de Libertad) y. Por consiguiente, del régimen de tortura continuada a que nos sometieron durante los once años de aislamiento en los calabozos cuarteleros. Los jefazos venían a darnos oficialmente la buena nueva de Chile, nos informaron que gracias al golpe nos libraríamos de pasar años en tortura de baja intensidad, pues los sucesos chilenos eran buena ocasión para fusilar a los rehenes uruguayos. Nos ejecutarían apenas llegara a Durazno la orden que estaba en el despacho de Bordaberry (no de Pedro, sino de su padre) y que venía rodando cuesta abajo por la estrcutura de mando. Estábamos ante el polluelo del Cóndor, una demostración de la sintonía ideológica entre los gorilas del Cono Sur, los tres quedaríamos ligados a la masacre del pueblo chileno y al recuerdo de Salvador Allende.

La batalla perdida en Chile el 11 de setiembre de 1973 fue un punto culminante de la historia del terrorismo de Estado, la derrota a manos del fascismo más puro y duro sufrida por el pueblo en mejores condiciones de continuar el ciclo revolucionario de los sesenta inciado por los guerrilleros cubanos. Habría que esperar veinte años para que el sandinismo, al tomar el poder en Nicaragua, reactivara las expectativas de los revolucionarios de América Latina. Está demostrado que la caída del gobierno de Allende tenía una importancia estratégica para los EEUU en su fría guerra con la URSS , y que fue financiado y coordinado desde el Pentágono y el Departamento de Estado que dirigía Henry Kissinger, mano derecha del presidente Nixon. Los 11 de setiembre debería ser la fecha en que los pueblos de América Latina recuerdan las matanzas de que fueron víctimas por parte del Estado más genocida del universo, desde el robo del territorio californiano a Méjico en el siglo XIX al golpe de Estado en Honduras hace pocos meses.

martes, 6 de septiembre de 2011

La gran fuga y el doble poder

Jorge Zabalza,  6 de setiembre 2011


La mañana del 30 de mayo de 1970, el Penal de Punta Carretas amaneció alborotado:  sin efectuar un sólo disparo el MLN(T) se había llevado todas las armas del Centro de Instrucción de la Marina. Las puertas de las celdas fueron dejadas a media tranca, las burlas y los gritos triunfales transmitían la noticia  de celda en celda y, poco más tarde, en el patio de recreo los presos políticos hicieron gimnasia todos juntos. Con el fin de disimular la fuerza real que representaban, habitualmente la preparación física se hacía por columna, cada día dos de las seis en que estaban organizados los tupamaros, cada cual con su cronograma de ejercicios físicos, deportes, cursos técnicos y formación política.
Esa mañana del 30 de mayo, los falsos pudores se quemaron en la hoguera del triunfalismo. Encabezados por Pedro Dubra y el Canario Long, doscientos revolucionarios formados  de a cuatro en fondo, trotaron en una larga fila alrededor de la cancha de fútbol. La voz aflautada del Canario gritaba “izquier!” y doscientas suelas golpeaban al unísono el piso de balasto, resonando en los muros como un sólo golpe, seco, tremendo, que hacía temblar los cimientos del presidio. Los  viejos retirados militares que formaban la Guardia Blanca y vigilaban desde lo alto del muro,  cargaron sus carabinas maúseres por las dudas. Allá en al patio vaían un ejército de revolucionarios, un verdadero ejército acuartelado en el Penal de Punta Carretas.
Hubieron más de veinte planes de fuga en discusión. Estaba aquél que tanto gustaba a Jorge Manera Lluveras: dos de nuestros más atléticos compañeros (posiblemente Pedro y el Canario) se escondían en los baños,esperaban el momento exacto en que los dos guardias estuvieran alejados del punto de ataque, escalaban el portón del corredor 23, uno subía a hombros del otro y con dos palos de escoba atados, colgaba un gancho y una escala de cuerda de la baranda donde se apoyaban los guardias, trepaban hasta lo alto a fuerza de brazo  y los reducían con revólveres de un tiro (de fabricación casera, invento del Inge). El resto treparíamos por la escala y bajaríamos hasta la calle descolgándonos por cuerdas los ocho metros de altura. Estaba pensado saltar a un camion cargado con colchones para acelerar la bajada. Se daba por descontado que el fuego de los compañeros de afuera cubriría la “descolgada”, para que la guardia no hiciera blanco en los fugados.  
A mí me gustaba el proyecto de entrar un par de metras, reducir los guardias en la “tercera”, de mañana temprano al repartirse el café, tomar el “centro uno”, abrir los portones que daban a la calle Ellauri (no era difícil obtener sus llaves) y salir en tropel rumbo a la ciudad y la libertad.
En conversaciones con el “Diente” Rosa, cuya comisión era lavar la ropa blanca del hospital, Juancito Almiratti descubrió la posibilidad de irse por un túnel exacavado desde la cloaca hacia el sótano. Se tomaba el hospital y nos íbamos chiflando bajito. La operación la bautizamos “Gallo” y fracasó cuando se intentó llevar cabo.
La realización de una fuga  estaba en el aire, creo que hasta los guardias daban por descontado que los tupas se iban a fugar en algún momento. Era un hecho virtual, faltaba concretarlo.  La fuga de los tupamaros era la consecuencia necesaria de la situación de doble poder, cuya base política estaba en el accionar guerrillero y, en particular, el asalto al cuartel de la Marina,  pero que en Punta Carretas alcanzaba una expresión muy clara.
Cada guardia de Punta Carretas estaba sujeto a la influencia de los dos poderes, el del aparato del Estado, que pagaba su sueldo y representaba la posibilidad de la represión policial, y el del aparato guerrillero, que en el penal ejercía una influencia muy concreta, mano a mano, que el guardia no podía desconocer de ninguna manera.  Por un lado, el hombre era sensible al discurso antisubversivo del pachacato, convalidado por el consentimiento de la mayor parte del electorado y reafirmado cotidianamente por los medios de comunicación, pero por el otro, no podía desconocer la justicia de la causa que impulsó al movimiento tupamaro para tomar la armas. En la disyuntiva y la contradcción entre los dos poderes, el guardia a veces, pocas veces, cumplía con su triste oficio, y en otras, las más de las veces, hacía la vista gorda y no se metía en líos. No era moco de pavo estar identificado por quienes habían ejecutado al Comisario Morán Charquero.
El flaco Melián y Juancito Almirattti coordinaban las relaciones políticas con la población carcelaria, un arte en el que verdaderamente se debía hilar muy finito y en el cual jugaba un importasnte papel la solidaridad concreta: la mitad de las vituallas que entraban a los presos políticos pasaban a los presos sociales a través del “almacén” que administraban Arturo Dubra y el Indio Yamandú Rodríguez Olariaga.  En la semana de turismo de 1971 el MLN(T) impartió cursos a los presos sociales que lo deseaban: historia nacional, economía política (lo dió Raúl Sendic), historia del movimiento sindical, la revolución cubana, etc. Sin esa base social favorable la fuga no habría sido posible; desde los planos del penal y los alrededores hasta el uso clandestino del teléfono (no había celulares ni facebook en aquellos tiempos), desde contar con información exacta sobre lo que pensaban y hacían las autoridades carcelarias hasta la posibilidad de entrar o sacar cualquier objeto, todo dependía de las simpatías y el apoyo de la población carcelaria. Y, como si eso fuera poco, solamente gracias a la incorporación de Arión Salazar se pudo excavar el túnel desde su celda en el primer piso, la más cercana al muro de la calle García Cortinas.   
Con los secuestros de Mitrione, Dias Gomide y Fly,  el MLN (T) apareció administrando la justicia popular, en un ejercicio puro de contrapoder, planteando canjear los prisioneros de Punta Carretas y Cabildo por los prisioneros de la Cárcel del Pueblo, de igual a igual. En aquella semana de agosto de 1970  tuvo lugar una pulseada histórica entre el régimen y el movimiento guerrillero. Pacheco se mantenía en sus trece, no quería negociar con subversivos,  pero las presiones para ceder y salvar la vida de los secuestrados era mucha. La caída del Comité Ejecutivo en el allanamiento de la calle Almería, sobretodo por el apresamiento de Raúl Sendic, resolvió la pulseada en favor del pachecato. La suerte (o el trabajo de inteligencia) pareció inclinar la balanza del poder en favor del aparato del Estado.
Sin embargo, durante esos meses en que el MLN(T) pareció haber sido noquedao, la lucha popular siguió cuenstionando el poder del pachecato. Con sus diversas formas de movilización, los sindicatos, las organizaciones vecinales y los gremios estudiantiles iban desarrollando en los hechos y desde las bases una red de poder independiente del régimen y que apuntaba contra el sistema. Sobre esas experiecnia populares de lucha y resistencia frutificaron las gestiones que conformaron el acuerdo partidario “Frente Amplio”. En diciembre de 1970 el MLN(T) declaró su apoyo crítico a la nueva opción electoral y suspendió unilaterlamente las acciones militares para no obstaculizar su desarrollo como movimiento organizado  en Comités de Base. Al influjo de las noticias del mundo exterior, los presos de Punta Carretas sintieron la imperiosa urgencia por conquistar la libertad para integrarse a la lucha revolucionaria,  de ahí que fueran desempolvados los planes de fuga que habían sido archivados cuando el entusiasmo del canje. El movimiento tupamaro trabajó denodadamente por la fuga de los presos políticos, dentro de la cárcel y fuera de ella. No podemos olvidar las largas horas de los compañeros excavando el túnel apodado el Mangangá para llegar al subsuelo del Penal desde un apartamento ubicado a cuatrocierntos metros de  distancia.
La historia del Abuso ha sido relatada en varias versiones. Hoy hace cuarenta años que Joaquín Schroeder tendió su brazo para ayudarme a salir por la boca del túnel. También hoy cumpliría noventa años Andrés Cultelli.
Los presos salimos con los planes “hipopótamo” y “del 72” en el bolsillo y en la cabeza. Salimos a trabajar empeñosamente construyendo tatuceras en el Collar y en el Tatú, a conectar berretines con las cloacaas en las cloacas, a armar milicias con  la columna 70, a desarrollar el aparato militar hasta sus últimas consecuencias. El contrapoder guerrillero fue el imaginario que nos predispuso a tomar Soca y la comisaría de Camino Repetto, a declarar la guerra en Paysandú y a las jornadas del 14 de abril y del 18 de mayo de 1972.  El MLN(T) no se quedó sin estrategia sino que implementó una equivocada:  desarrollar el aparato guerrillero hasta dejarlo en condiciones de tomar Montevideo como el 8 de octubre dev 1969 se había tomado Pando.  La gran fuga fue la apoteosis de la concepción del doble poder, la confirmación por la práctica de que era posible instaurar un poder guerrillero contrapuesto al poder del aparato represivo.
Las anteojeras que nos colocó el doble poder no nos permitieron ver la concepción qué entrañaban las movilizaciones populares de base en los barrios, los sindicatos de la tendencia combativa y los gremios estudiantiles donde crecían la ROE y los FER. Se pensó la insurrección como tarea del aparato guerrillero desarrollado en una telaraña que llegara “hasta el pueblo”, pero no se pudo imaginar la insurrección como tarea del pueblo organizado autónomamente y armado hasta los dientes. No percibimos ni discutimos ni elaboramos la insurrección en el marco del poder popular y ese error de concepción nos llevó a morir en la batalla “aparato contra aparato”. 




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jorge zabalza

miércoles, 24 de agosto de 2011

Los santos inocentes

A diecisiete años de la Masacre de Jacinto Vera, desde sus cargos en el mando de las fuerzas policiales los asesinos de Fernando Morrnoi y Roberto Facal continúan impunes y predispuestos a nuevas megarepresiones contra el movimiento popular.

Un abrazo fraterno a “BARRIKADA” en su retorno a la lucha de siempre.

Arriba los que luchan!

Tambero




Los santos inocentes



Al bajar hacia la costa por el bituminoso, si doblas a la izquierda y entras a las calles polvorientas, te sale al paso una nube de niños y perros. Abandonados a la buena de dios, que por allí no pasó, juegan en las cunetas donde corren los oscuros efluentes, acechan parasitosis, hepatitis y púrpura y los toman por asalto garrapatas y pulgas. Niños y perros duermen en la misma habitación, muchas veces la única, demasiadas veces en el mismo colchón. La lluvia repiquetea en las chapas del techo, pero la humedad no tiene nada de romántica, atraviesa las paredes de bloques y sirve de caldo de cultivo a hongos, moho y enfermedades bronquiales.



Nada de esto dicen las cifras que recogen el crecimiento del producto bruto, de las exportaciones y de las inversiones extranjeras. El Uruguay en cifras se va para arriba, pero el abismo entre ricos y pobres se hace cada vez mayor, porque la distribución del ingreso sigue favoreciendo a los que más tienen. Los éxitos en los números tampoco dicen nada de hacia dónde camina el Uruguay, país productivo que vende sin agregar valor a sus productos primarios y depende del vaivén de los precios internacionales. Ellos tampoco indican nada acerca de la depredación de los recursos naturales por grandes capitales protegidos por el Estado. Cifras y más cifras son exhibidas con el fin de llenar los corazones de expectativa, pero, en verdad, son cifras juntavotos y nada más.

Uno de cada diez montevideanos vive en los asentamientos irregulares, exactamente el 11% de la población. Al oeste de Camino Cibils, en la Villa del Cerro, el fenómeno recrudece: cuatro de cada cinco ciudadanos son ocupantes de terrenos. Allí la irregularidad es lo normal y también son normales las consecuencias sociales provocadas por la irregularidad. Un espectáculo que lastima las sensibilidades más delicadas y por eso, el sistema, que es sabio, lo oculta en la periferia, donde la miseria y los megaoperativos no ofendan la mirada del turismo y de los gobernantes.


Mientras que uno de cada tres montevideanos tiene menos de veinte años, la población de los asentamientos es sensiblemente más joven, pues una de cada dos personas que en ellos viven, son menores de dicha edad. En general, la pobreza tiene cara de niño en el Uruguay, casi la mitad de los 57.600 niños nacidos cada año, lo hacen por debajo de la llamada “línea de pobreza”, una maldición que suma anualmente alrededor de 28.800 nuevos asalariados, empobrecidos, precarios y semiocupados.


Nacen y salen a la lucha por la supervivencia, pero el objetivo no es fácil de alcanzar. Quince de cada mil uruguayos mueren antes de cumplir su primer año de vida pero, como cabe sospechar que la guadaña es clasista y se ensaña con los nacidos lejos de Pocitos y Punta del Este, es posible que alrededor de 450 de los nacidos en la pobreza, mueran antes de su primer año de condena. Su odisea no termina ahí porque casi mil de ellos no llegarán a cumplir cinco años. De esa manera, el comportamiento tan poco democrático de la tasa mortalidad infantil contribuye a reducir la pobreza, permitiendo al Uruguay ocupar orgullosamente lugares de privilegio en las estadísticas latinoamericanas.


Si se revisan las cifras de los problemas de salud infantiles con un sesgo de clase, se concluye en que aproximadamente 2320 de los pobres de nacimiento sufren desnutrición, 4640 tienen un peso menor al normal y, paradójicamente, unos 2700 padecen obesidad. Ellas revelan que bastante más de la mitad de los niños nacidos pobres sufren anemia por carencia de hierro en su alimentación... ¡aunque la sangre de un buen porcentaje de ellos tiene demasiado plomo!. Muy pocos de esos niños reciben ayuda para superar el déficit que soportan. Sobreviven, es cierto, pero con la salud tan precaria, que no logran encarar en condiciones óptimas su educación escolar y su inserción laboral. En las escuelas bautizadas “de contexto sociocultural crítico”, bastante más del 50% de los alumnos entre seis y once años presentan trastornos emocionales y de comportamiento. Son los condenados de antemano, los que salen a pelear la vida armados con escarbadientes.



En el Uruguay termina la escuela solamente un niño de cada tres que ingresan a ella, cifra que también es preciso corregir a la luz de la realidad social. En primer lugar, porque entre los egresados de primaria, uno de cada diez son los llamados “pases sociales” (“los mandamos al liceo para que no jodan más en la escuela”) y, en segundo lugar porque, con toda seguridad, el promedio de egresados disminuye a uno de cada cuatro alumnos en las escuelas de la pobreza. De los 28.800 pobres que nacen cada año, serán unos 7.000 los que terminen primaria y, de ellos, apenas 980 terminarán los seis años de enseñanza secundaria... nada más. El sistema educativo funciona como una máquina de picar carne y espíritu, los restos se arrojan al basurero de los desechos humanos.

El lenguaje que manejan es limitado, muy limitado, pocas palabras y no todas correctamente pronunciadas, se habla con faltas de ortografía, algo que es más evidente cuando escriben. El sistema los ha reducido a hablar algo que es un verdadero dialecto del idioma “uruguayo”, esa versión nuestra del castellano. En el mismo paquete del lenguaje, vienen envasadas la decena de valores y el centenar de conceptos suficientes para abordar los problemas cotidianos propios de su modo de vivir. La escasez de términos y categorías necesariamente les recorta la conciencia de la realidad social y les impide tomar cuenta de la opresión que está en el origen de la miseria y la exclusión. Es muy elemental la visión del mundo que inculca el sistema a través de las restricciones en el lenguaje, la educación y la cultura. Basta con el sentido común más vulgar, el suficiente para asegurar el cumplimiento del rol de trabajadores irregulares y con muy bajos salarios, que les asigna la economía capitalista.



¿Se dan cuenta, ustedes, que poseen el interés y la capacidad intelectual para leer “Barrikada”, del universo de conocimientos sobre el cual ni siquiera tienen noticia los asalariados empobrecidos?. ¿De todo lo que no les interesa conocer, porque la ignorancia es también desinterés? El mundo de las ciencias, la literatura, la filosofía y la poesía les resulta muy lejano y muy ajeno. Se los aliena para que no precisen del pensamiento abstracto, se les cercena capacidad intelectual, los esclavos no necesitan pensar, se los castra para que obedezcan dócilmente el látigo del amo.

Como suele recordar Helios Sarthou, los sindicatos, los gremios estudiantiles, las cooperativas y los comités de base barrial fueron verdaderas escuelas de cultura y conocimientos. En ellas, los luchadores sociales anarquistas, comunistas, socialistas y tupamaros, combatían la acción castradora del intelecto, transmitían las categorías que permitían pensar la historia de los pueblos desde la opresión y para emanciparse. Por otra parte, la vida de cada revolucionario irradiaba valores y filosofía: entrega a la causa, anteponer los intereses colectivos a los personales, dar a la sociedad sin esperar recibir nada a cambio, todo por la revolución social. ¿Cuánto transmitía Ruben Sassano simplemente conversando en la esquina del bar de los armenios que daban de desayunar a veinte niños de La Teja todas las mañanas?. De esa forma, desde abajo, el lenguaje se ampliaba, se aprendía a pensar críticamente, la visión del mundo se hacía global y compleja y la conciencia se desalienaba lo suficiente para indignarse, perder la paciencia e intentar la rebelión. Pese a la persistencia del bombardeo alienante que sufrían, los trabajadores siempre terminaron rebelándose, en 1900 y en los ´60, en la Huelga General del ’73 y en el ’83 de la movilización contra la dictadura. La clase dominante pretendía seguir dominando eternamente, pero los dominados no cesaban de intentar emanciparse, de romper cadenas, todas ellas, las visibles y las invisibles. Esa es la historia de la lucha de clases.


Los vientos del pragmatismo destrozaron el ideologizado tejido social de antaño. El asistencialismo que predomina no contribuye al desarrollo y ampliación de la conciencia sino que, por el contrario, ayuda a su adormecimiento. Han hecho desaparecer el entramado familiar, laboral, social y político que se oponía a la alienación cultural y contrarrestaba la acción alienante de la cultura dominante. Al mismo tiempo se desmonetizó el valor de dedicar la vida a la lucha social, los revolucionarios han sido seducidos por el poder, cayeron derrotados por el “socialismo”, el amiguismo, el clientelismo y el “acomodo”, adoptaron la cultura política que cuya exclusividad se adjudicaba a la derecha. Hoy vale todo, el dicho ya no coincide con la obra, reinan la hipocresía y el doble discurso, una casta burocrática sustituyó a la militancia dando como resultado la desaparición forzosa de los referentes éticos y morales a nivel de base. El pueblo organizado ha perdido sus enormes posibilidades de desarrollo intelectual, de superar el recorte del lenguaje, los valores y conceptos, de adoptar una filosofía de vida independiente de los dueños de todo.


En la coyuntura actual cabe agregar que el pesito más en el bolsillo genera un estado de ánimo proclive a creer fervorosamente en los caudillos partidarios, una fe religiosa que se extiende al sistema en general, legitimándolo. Los pesitos se escapan entre los dedos, pero alcanzar para unos arreglitos en la casa, algunos electrodomésticos de segunda, la moto a crédito y un consumo un poquito mayor, y con ese falso “bienestar”, una mejoría evidente con relación al 2002, se crea el clima subjetivo reacio a cuestionar y a exigir que se cumplan las promesas electorales. Sin haber resuelto ninguno de los problemas sociales de fondo y gracias a esos pesos provenientes del boom internacional de los alimentos, los gobernantes obtienen gratuitamente el consentimiento a su discurso de resignarse, de desesperar del socialismo, porque es imposible de alcanzar, de no luchar, no poner palos en rueda de los grandes inversores extranjeros, no rebelarse porque es inútil, aceptar pacíficamente el estado de cosas, aceptar la impunidad y los privilegios de los criminales del terrorismo de Estado y... ¡todavía, hacerlo con alegría!. Se dejó de indicar el camino, para terminar colectivamente con la vida miserable de la pobreza, el de los cambios de fondo.

Como contrapartida de su función de freno a la bronca social, el Uruguay Progresista deja abierto un hueco de ideas, tan grande es el hueco que parece minería a cielo abierto. La ñata contra el vidrio, el pobrerío mira el despilfarro del país de primera, ese del sur de Avenida Italia y rellena el vacío de pensamiento crítico a fuerza de esquina, cumbia villera y reggaeton, de telenovelas, Tinelli y spots publicitarios, cayendo en las redes de la cultura dominante. Una de las respuestas de bronca social es salir de caño a robar un banco o un Abitab, darle a un taxi o un ómnibus, arrebatar una cartera, En definitiva otra forma de desesperación social y resignación política, de aceptar que el mundo es injusto y que no hay otra manera de salir del pozo que jugándose la personal en una rapiña desesperada. Son los valores y la filosofía que favorecen el desarrollo del capitalismo y alejan a los individuos del horizonte de una sociedad socialista.


El Instituto de Estadísticas fija la frontera de la pobreza en 7.123, 84 pesos para Montevideo y 4.818,94 pesos para el resto del país. La “línea” se fija en base a relaciones entre el ingreso y el consumo de las personas. Supuestamente dejan de ser pobres las personas cuyos ingresos y consumo atraviesan la frontera hacia arriba. Es ridículo definir la pobreza solamente con criterios monetarios. Ella es, sobre todo, la reducción deliberada de la capacidad intelectual de las personas, la imposición de un modo de vida regido por concepciones que pertenecen a la clase social que las oprime, haber sido marginados de la inteligencia, la conciencia social y el conocimiento humano, las condiciones imprescindibles para emanciparse a sí mismos y a la sociedad toda.

Desde presidencia piden que se les transmitan valores para que no roben y no se arriesguen a pasar años en cárceles que violan los derechos humanos. ¿Es en serio que Mujica plantea que el millón de pobres respeten la propiedad privada?... ¿de qué propiedad privada hablarían?, ¿de la riqueza ajena a la que nunca accederán?. Vamos a dejarnos de bobadas, antes, cuarenta años atrás, cuando éramos jóvenes y revolucionarios, los socialmente más jodidos, en los cantes y en las cárceles, se miraban en el espejo de las vidas ejemplares y, por lo menos, intuían otras perspectivas. Hoy se les ha privado del paradigma, del mensaje de rebelión revolucionaria, de las mujeres y hombres convencidos de luchar hasta el fin por cambiar el injusto orden social. A no quejarse de la cosecha de las tormentas que ayudaste a sembrar. Son ineludibles las responsabilidades individuales en el desarme ideológico de la sociedad, la rendición incondicional comenzó por rendiciones individuales.


Durante generaciones, los dueños del capital han dado origen a un estamento de asalariados sin garantías estatales, sindicales y políticas y, para que no luchen por su liberación, los han privado de los instrumentos intelectuales para luchar organizados por su propia liberación. Aunque todavía no lo saben, son los nuevos sepultureros del capitalismo, decía Raúl Sendic en 1985. Son las mismas masas proletarias que conmueven los informativos con sus rebeliones en el norte de África, sus campamentos indignados en Barcelona y Madrid, los 300.000 israelíes que salieron a la calle (¡por fin!) o la irrupción violenta de los ingleses de origen inmigrante, racial y socialmente discriminados. El capitalismo está desanudando la venda que cegaba a sus esclavos, porque fue la lucha feroz entre los grandes capitalistas la que provocó el estallido financiero del 2008 y alimenta la crisis económica que se desarrolla actualmente, esa lucha los fuerza a recortar el ingreso de los asalariados del mundo entero y es el combustible que incendia la pradera. Muchedumbres inactivas durante décadas, que se dejaron explotar pacíficamente, sin protestar siquiera, pero que hoy dicen basta y se echan a andar.

El mundo capitalista parece estar viviendo sus “jacqueries”, levantamientos masivos semejantes a aquellos de los campesinos europeos del siglo XVIII, que agrietaron el mundo feudal y prepararon la revolución francesa. Los levantamientos actuales ya no ocurren en un solo país, la explosión social que el capitalismo no puede contener abarca el mundo entero. Globalizaron el capitalismo, globalizaron el salario y ahora globalizan la rebelión social, las “jacqueries” de las masas de asalariados empobrecidos del siglo XXI.

Creo que todos saben que crisis, recorte del pesito más y lucha social llegarán al Uruguay como a toda América La Pobre. Tal vez por eso los megaoperativos hacen pensar en megarrepresión a los trabajadores empobrecidos y las “misiones de paz” en Haití y el Congo permiten pensar en “misiones de paz” en los asentamientos irregulares.


Un país de primera, puro verso.

Jorge Zabalza

lunes, 8 de agosto de 2011

Busequeando

”El Lalo los junta a todos”, me comentó el Inge Manera al pasar y fué así, vinimos de todas partes, salimos de todas las cuevas, para darnos el abrazo lleno de recuerdos rodeando a Ibiray.
Nos convocó el reconocimiento a los compañeros que sacan adelante Ibiray, a su fraternal preocupación por los que están en las peores y su dedicación a ls tarea del “salvataje”.
“¿Para qué se juntan tantos viejos?” le preguntó Juan a Veronika. Pues para un “trille” de patio de recreo,  para reconocer algunos rostros que se habían perdidos en las lejanías del tiempo y la distancia, para repetir viejos relatos recontrasabidas, para recordar a propios y ajenos, para recrear las viejas bromas, las livianas, las medio pesadas y algunas pesadas del todo. Para no vernos solamente en los velorios y salas de tratamientos intensivos.
Medio siglo después de aquél ’69 del abajo que se mueve, de esa historia de lucha que, a la vista está, nos unió para siempre, el reencuentro también tiene un gustito a reivindicación del pasado colectivo, a reapropiación de lo que vivimos con tanta intensidad, tan íntimamente unidos por el afecto al compañer@. Después de todo, esa épica dió sentido a nuestra vida y, más allá de que cuarenta años después navegamos hacia puertos muy diferentes, aquella historia valió la pena y nos resistimos a renegar de ella.   
Bueno para la salud mental, bueno para mantener el ánimo, bueno para el esfuerzo de sobrevivir hasta los cien. Seguramente, por saber que es bueno para nosotr@s, tantos hij@s deciden soportar el aburrimiento y nos acompañan para divertirse viendo la catarsis de los “adultos mayores”.
Esta vez, la buseca estaba buenísima.
Felicitaciones Ibiray. Hasta el año que viene.
Abrazos a tod@s
Tambero