domingo, 26 de octubre de 2014

Desde Santa Catalina

Apenas se logra comprender las diferencias entre las Zonas Francas creadas en 1987 por Sanguinetti, Lacalle y Jorge Batlle, criticadas por entregar el país a las transnacionales y los privilegios concedidos a las Zonas Francas por Mujica-Vázquez-Astori en el período 2005-2014, argumentando que crean trabajo y aumentan el producto bruto interno.

¿Cómo distinguir entre los abrazos de Lacalle y Jorge Batlle dieron a George Bush (padre) y los abrazos que Mujica regala a Obama y Julissa Reynoso? ¿cuál de los dos presidentes de EEUU es más genocida que el otro? ¿por qué en un caso se hablaba de “sumisión” y en el otro se dice con orgullo que “hablaron de igual a igual”? ¿es igual Mujica que Obama?.

¿Cuán distintos son el “olvido y perdón”, política de impunidad con vaselina de Astori, Mujica y Vázquez, de la impunidad sin lubricante de Sanguinetti, Lacalle Herrera y Jorge Batlle?. Tampoco se puede diferenciar la tortura-instrumento de educación progresista que impide a los adolescentes escapar de las cárceles, de la tortura-método para destrucción moral y síquica empleado por las fuerzas armadas y la policía desde 1968 en adelante.

Es un contrasentido de la lógica más elemental que se sostenga que el camino al socialismo pasa por privilegiar las ganancias de los bancos, los estancieros y las empresas extranjeras. Las contradicciones y las estupideces en el discurso frenteamplista hacen que los jóvenes se retraigan y se alejen de las capillas; no sienten los lazos afectivos que los más viejos al Frente Amplio. No vivieron las persecuciones y violencia que crearon la identidad pueblo-Frente Amplio en los '70 y la recrearon desde 1983. Será el menos malo de todos los partidos del sistema, como dicen, pero no les conmueve las entrañas el relato de rejas y palos de sus abuelos, madres y padres.

En los dos últimos períodos electorales, los menores de veinticinco participaron masivamente en las luchas sociales trascendentes: el “Voto Rosado” para anular la ley de la Impunidad; la movilización en defensa de la tierra, del agua y del aire y, en concreto, contra el proyecto de minería a cielo abierto de Aratiri y el gobierno; y, ahora, el “No a la Baja” contra el proyecto reaccionario de bajar la edad de imputabilidad. Huyeron de los partidos pero generan acción política por fuera de ellos, los colocan entre la espada y la pared y los obligan a definirse. No sienten el fervor de la campaña electoral, parecen indiferentes y desinteresados, pero se entusiasmaron con luchas y movilizaciones altamente ideologizadas.

El fenómeno tiene varias lecturas, la más popularizada es que la juventud “no quiere nada, no es como nosotros, los del '80 o los del '83”; con menos prejuicio en las gafas, se podría comparar el alejamiento masivo de las estructuras partidarias de hoy, con el que protagonizamos en 1960 los que teníamos menos de veinticinco años. Son los mismos interrogantes e idéntico desencanto. Ayer entendimos la necesidad del socialismo y se abrieron nuevos caminos de lucha... ¿Podrá ocurrir lo mismo a la juventud actual? Plantearse el problema anticipa la respuesta positiva. Probablemente, casi que con toda seguridad, a nueva nueva izquierda surgirá de las necesidades lucha social en que están involucrados los jóvenes. Lucharán contra el capitalismo mundializado como lo están haciendo las juventudes de medio mundo,

el carácter de su revolución tendrá que ser socialista de liberación nacional, para sacudirse al mismo tiempo el yugo de los dueños del Uruguay y de los dueños del mundo. La emancipación social en territorio nacional implica la emancipación del capital transnacional y del poder político militar de los EEUU, en un proceso revolucionario donde ambos aspectos son indistinguibles e indiferenciables, como lo fueron en la Revolución Cubana. Ahí estaremos los viejos sobrevivientes si nos dan cabida y la chance de tirar alguna piedra.

Me niego a creer que todo se reduce a oponer un programa más acabado al del Frente Amplio. La historia particular de cada organización partidaria, así como la metodología empleada en relación con el movimiento de masas y en el modo de tomar decisiones a la interna, hacen tanto al programa como la reforma agraria o el no pago de la deuda externa.

En lo personal, además, luego de una dramática experiencia de vida política y viendo la perspectiva emancipadora desde la lucha social, creo a pies juntillas que el nuevo movimiento revolucionario anticapitalista se va a destacar por una postura moral muy principista. Algo semejante a aquella luz moral de los primeros anarquistas y comunistas que vinieron al Río de la Plata y concitaron el respeto y la admiración. En nuestros primeros años, los tupamaros también supimos preocuparnos por los valores ideológicos básicos como una forma de hacer política. Aferrarse a los principios de la moral revolucionaria es un mensaje que siempre encuentra oídos receptivos.

Debo reconocer no creo conveniente organizar un espacio partidario que se diga de intención revolucionaria y participe en las elecciones nacionales. Entiendo necesario dar a la juventud uruguaya un mensaje de independencia y autonomía., de principismo. En estos años y en el Uruguay quiero estar bien lejos del estalinismo, lejos del pragmatismo, lejos del doble discurso, lejos de los acuerdos que dejan de lado principios para obtener una banca, lejos del oportunismo electoralista y de la utilización interesada de los demás. Votaré en blanco hoy y en el ballotage. Estoy demasiado viejo para dejarme arrear al matadero de ojos abiertos.

Un abrazo fraternos a todas y todos, incluso a aquellos que luchan por la revolución y no están de acuerdo conmigo en esta instancia electoral. Lo que vota no es la definición más trascendental de una persona. Algo hemos aprendido en ese sentido ¿no es así?






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