viernes, 7 de septiembre de 2012

viernes, 10 de agosto de 2012

Voto protesta

  Jorge Zabalza



Reproduzco a medias una entrevista que Fernado Vilar (imposible sospecharlo de izquierdista) le hizo Oscar Bottinelli (secretario de Seregni después de 1985). Las cosas que dice ratifican lo que se  puede percibir en la diaria, simplemente conversando con la gente. Factum asegura que por lo menos un diez por ciento de electorado (230.000 personas) es “refractario” a los partidos políticos y puede afirmarse que son “frenteamplistas desengañados” y que no se van hacia la derecha. Uno tiene derecho a analizar algunos aspectos de los varios que ofrece dicha afirmación. 
PRIMERO: Está claro que votaron al Frente Amplio, pero... ¿cuál será su vinculación con la lucha social? Sin temor a errarle muy feo, se puede afirmar que su desconformidad viene del desastre de la educación (maestras, profesores y padres con escuelas y liceos que se caen a pedazos, cansados de versos y acuerdos multipartidarios); también habrá trabajadores de la salud (pública y privada) que deben tragarse la poesía que hacen con el FONASA y “bancar” la realidad cotidiana; funcionarios estatales y municipales a quienes se destrata como si fueran unos sinvergüenzas; obreros metalúrgicos y de la construcción que no pueden ignorar el crecimiento de la desigualdad; pequeños y medianos empresarios que deben pagar religiosamente los impuestos o les caen con todo, pero que saben muy bien que las grandes empresas extranjeras no pagan un solo peso; asalariados y pequeños productores rurales a quienes les mienten descaradamente mientras las grandes empresas de la soja, la forestación y la ganadería se la llevan toda; etc, etc, Este gobierno ha cultivado la desconformidad de los productores de plusvalía, entre los cuales hay ochocientos mil “oncemilpesistas” a quienes todos los días les dicen que ha disminuído la pobreza y a ellos no les alcanza ni para la cuarta parte de la canasta básica. Puedo equivocarme, por supuesto, pero creo que los desconformes con el gobierno y desengañados con el Frente Amplio viven del salario y no de las rentas de capital.
  SEGUNDO ASPECTO:   He leído por ahí que las perspectivas no son buenas para los centros del capitalismo internacional. Los grandes bancos están reeditando sus grandes negocios o sea, desde el punto de vista de las víctimas, están robando lo que queda para robar, principalmente a esa clase trabajadora europea que durante décadas gozó del Estado de Bienestar. No son “errores” del capital financiero sino la más pura lógica capitalista, esta vez llevada al paroxismo. La muerte anunciada hace que hasta el propio Astori y sus corifeos hayan olvidado que estábamos blindados y aparecen preocupados, aunque todavía continúan asegurando que están “preparados” para controlar el desastre. También lo aseguraban Papandreu y Zapatero.  NO ES ATREVIDO PENSAR QUE EN UN FUTURO NO TAN LEJANO LA CRISIS ACAMPE EN LAS COSTAS DEL RÍO DE LA PLATA.
Y bien, en esas circunstancias determinadas por el sálvese quién pueda, los 230.000 desconformes-refractarios-desengañados de hoy, están llamados a ser la sustancia política del millón de asalariados, indignados y llenos de bronca, que saldrán a las calles montevideanas junto a mucha otra gente cuyos ingresos no son salariales pero caerán al precipicio. La gran diferencia con el 2002 será que esta vez los amortiguadores frenteamplistas estarán hechos pedazos, en particular el Gran Amortiguador José Mujica que está quedando pegado a las corporaciones transnacionales, sin darse cuenta que se juntó con estas buenas señoras cuando a ellas ya se les pasó el cuarto de hora.  En consecuencia, parece aconsejable que los mecanismos de la democracia electoral puedan ser utilizados para recrear un sentir colectivo como ocurrió con los que votaron Rosado en el 2009, pese a la decepción y el desconcierto. 

TERCER ASPECTO: Es de suponer que estos 230.000 ex-votantes del Frente Amplio están de vuelta de los caudillos, caudillitos y caudillejos. Se cansaron de depositar su confianza en la “veleidosa probidad de los hombres” dijera José Artigas. ¿Qué les asegura a que confiando en otra persona no les pasará lo mismo? De repente eligen un diputado o un senador confiando ciegamernente en que no se dará vuelta y al tipo, que está dotado de todos los dengues y debilidades de su condición humana, lo tientan los cánticos del poder y se les da vuelta como una media. No es la primera vez que ello ocurre y cada cual que revise cuántas veces confió ciegamente en fulano o mengano, que una vez sentado en la butaca terminó siendo un verdadero sátrapa. Desde un punto de vista muy personal, estoy convencido que hacer campaña para que los 230.000 hagan valer su indignación votando AL HOMBRE o LA MUJER es inducir a la gente a recrear ingenuidades que salen muy caras. Creo que esta es la mayor debilidad del camino electoral y parlamentario. La confianza en Fidel, el Ché Guevara y Raúl Sendic no provino de su “carrera” hacia una banca. No creo que llamando a votar a fulano en lugar de votar a mengano se contribuya a fortalecer esa identidad común de los 230.000 refractarios-desengañados con los gobiernos frenteamplistas. Más bien creo que el resultado es el contrario... se divide lo que identifica a todos, se sectoriza por un voto y, finalmente, se sectariza los espíritus.  
      
 CUARTO ASPECTO: En lo estrictamente personal, creo que está llegando la hora de hablar del  VOTO PROTESTA, que los desengañados, desconformes y refractarios se hagan valer activamente, en una actitud que los abarque a todos, que no queda en una decisión individual,  que no los divida sectariamente entre varias opciones, algo como el voto rosado que cosechó casi el 50%  del electorado, que voten en blanco, anulado o se abstengan  PERO QUE PROTESTEN COLECTIVAMENTE,  QUE HAGAN OIR SU VOZ DE PROTESTA. 

Jorge Zabalza
Por el Colectivo del Blog Noticias Uruguayas

A mitad de camino entre elección y elección


 

 Oscar A. Bottinelli – diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo - agosto 3 de 2012
 “1 de cada 10 uruguayos asume una actitud de desafecto hacia todos los partidos políticos, y esos desafectos son fundamentalmente frenteamplistas. [...] lo realmente significativo es que los frenteamplistas disconformes no miran hacia los partidos tradicionales, ni a otras opciones, sino que se quedan en una actitud de rechazo, refractaria. [...] Pese a todo su desencanto, piensan más cerca de los frenteamplistas puros que de blancos y colorados. Eso les impide atravesar la frontera”.

- ¿A dónde van esos votos, entonces?
- Básicamente hacia lo que llamamos actitud refractaria: voto en blanco, voto anulado, decir que no votan a ninguno. La suma de estas tres manifestaciones arroja un 10% del electorado total. Entonces, 1 de cada 10 uruguayos asume una actitud de desafecto hacia todos los partidos políticos, y esos desafectos son fundamentalmente frenteamplistas.


Tema para otro análisis es en qué están contentos con el gobierno y el Frente Amplio, y en qué están disconformes. Lo importante ahora, en el análisis de hoy, es que más allá de las razones de la disconformidad, esta disconformidad existe.

Pero lo realmente significativo es que los frenteamplistas disconformes no miran hacia los partidos tradicionales, ni a otras opciones, sino que se quedan en una actitud de rechazo, refractaria. Es decir, para verlo al revés, que los partidos tradicionales no logran captar a esta gente, que el Frente Amplio pierde, al menos provisoriamente.

- ¿Quiénes son estos frenteamplistas disconformes?
- Aquí hay otro tema importante. En las pasadas elecciones, dirigentes blancos y colorados dijeron: vamos a recuperar los votos prestados al Frente Amplio que ahora están disconformes. Grave error. Los que votaron antes a blancos y colorados y son nuevos votantes de la izquierda, esos, en gran medida, están conformes con el Frente Amplio, más o menos conformes con el gobierno.

Los realmente disconformes son los viejos frenteamplistas. En dos grandes segmentos, Uno muy pequeño, que son los disconformes a la izquierda, los que pensaban que un gobierno de izquierda iba a caminar hacia un nuevo tipo de socialismo, anticapitalista, y ven que no va por allí. Pero el grueso de los disconformes están en la otra punta: gente con óptica política y culturalmente liberal, fuertemente democrático-liberal, políticamente liberal, nada extremista ni fundamentalista ni ideologizada

-¿Entonces por qué no van a los partidos tradicionales?

- En el análisis político importa ver qué es lo que ve y lo que siente la gente. No importa si esa gente tiene o no razón, si los hechos son o no son como cree. Porque cada uno actúa como cree que son las cosas. Hay dos cosas que a esa gente lo distancia de los partidos tradicionales en lo político


*Oscar Bottinelli, director de Factum
LA ONDA® DIGITAL

AGOSTO DE 1994 por Jorge Zabalza (publicado en el SEMANARIO VOCES)

La primer mitad de la década del ’90 estuvo marcada por la implosión del capitalismo de Estado en la URSS y el aluvión reaccionario que provocó.  Las internacionales burguesas se sintieron dueñas del universo para toda la eternidad. En Uruguay, esa soberbia neoliberal fue acompañada por el crecimiento sostenido de las cifras.  Crecieron el Producto Bruto Interno, el salario real y el consumo privado. Descendió notablemente la inflación y el déficit fiscal. El trunfalismo y su propia impronta clasista indujeron al presidente Lacalle a aplicar a rajatabla el modelo recomendado por el Consenso de Washington y, a los pocos días de iniciado su gobierno, aumentó el IVA y el impuesto a las retribuciones personales, política de ajuste fiscal o, mejor dicho, de expropiación de masa salarial. El fiscalazo fue reforzado con la disolución de los consejos de salarios y la campaña para reglamentar el derecho de huelga, medidas de guerra contra los asalariados.Lacalle intentó redondear su proyecto con una ley que privatizaba las empresas públicas y que fue rechazada por una abrumadora mayoría en el plebiscito del 13 de diciembre de 1992. Meses más tarde el presidente Lacalle firmó el Tratado de Asunción que dió origen al Mercosur, forma concreta de sus acuerdos ideológicos y políticos con Carlos Saúl Menem, Fernando Collor de Melo y Andrés Rodríguez. Por supuesto, entonces no se oyó a los grandes medios de comunicación protestar por el signo ideológico de ese verdadero Plan Cóndor del Neoliberalismo. La eliminación de las barreras aduaneras en la región fue el gran negocio para las transnacionales con sede San Pablo que buscaban expandir su mercado y un pésimo negocio para las empresas uruguayas que abastecían el mercado interno.  Los perjuicios que provocó el Mercosur desataron resistencias generalizadas.... hasta los estancieros y los grandes agricultores se movilizaron para rechazarlo.
Las consecuencias sociales del “lacallismo” no se hicieron esperar, la brecha social se hizo abismo profundo, abundaron los conflictos sindicales, las ocupaciones de terrenos por el cooperativismo, las movilizaciones estudiantiles, hubo lucha popular para impedir la privatización de las empresas estatales. Los desalojos en masa a quienes no podían pagar el alquiler o la cuota del Banco Hipotecario, impulsaron la emigración hacia la periferia de Montevideo para tomar terrenos baldíos de propiedad estatal y privada. Lacalle fue escenógrafo y guionista de la obra que se representó años después, en el 2002, cuando la crisis bancaria hizo estallar las presiones sociales que se venían acumulando. El carácter antipopular de su gobierno hizo que los partidos identificados con las políticas neoliberales perdieran consentimiento popular, al tiempo que ayudó a fortalecer la influencia del Frente Amplio, que en ese entonces parecía opuesto al esquema fondomonetarista. Las elecciones de 1994 comprobarían que si bien el neoliberalismo partía en dos la sociedad, el electorado se dividía en tres tercios, uno de los cuales respaldaba a las promesas del trío Seregni-Vázquez-Astori.
El partido de la amortiguación

Electo por un Frente Amplio que todavía olía a izquierda,Tabaré Vázquez asumió como Intendente de Montevideo en 1990, precisamente cuando Lacalle lo hizo con la presidencia de la república. El gobierno municipal contrapuso el modelo “neoliberalismo con políticas sociales” al “neoliberalismo con políticas de ajuste” que aplicó Luis Lacalle. Se rebajaron a seis las horas de trabajo de los funcionarios municipales, pero se sustituyó a los trabajadores presupuestados con empresas tercerizadas, ONGs, becas y pasantías, una forma diplomática de recortar los derechos laborales y salariales de los trabajadores. El proceso de descentralización política del gobierno municipal, eje prográmatico frenteamplista, fue aplicado con tantos temores que en los hechos se lo castró y fue una vana desconcentración de las oficinas administrativas con las decisiones políticas hipercentralizadas en manos del Intendente. Se creó el banco de materiales de construcción para auxiliar a familias que los necesitaran, pero al tiempo que se reprimió severamente la venta callejera que era el modo de vida de muchas de esas familias. La forma de gobernar del primer gobierno frenteamplista fue un elemento decisivo en la renovación ideológica del Frente Amplio,  eufemismo conque se encubrió el recorte del programa popular.
   
Sin su gran enemigo rojo, el capitalismo dejó de precisar partidos políticos para la guerra contra el “comunismo internacional” y comenzó a promover los partidos para la “paz social”, paz con los incluídos en el sistema y guerra violenta a los excluídos de él.  Se pretendía generalizar al mundo la experiencia de la socialdemocracia europea, que fuera recreada con éxito en la España de Felipe González, el país más parecido al Tercer Mundo en el Mercado Común Europeo. Paralelamente al “salvajismo” del Consenso de Washington, los organismos internacionales agitaron la idea de los “pactos sociales”, una forma de asegurarse el consentimiento pacífico de las víctimas del neoliberalismo.  Los dueños del mundo ya no sentían a la izquierda latinoamericana como una quintacolumna de la URSS, comenzaron a pensarla  como un posible sucedáneo de la socialdemocracia europea y les extendieron  el permiso de acceder al gobierno, siempre y cuando, por supuesto, se comprometiera a mantener el acceso libre de las empresas transnacionales a las economías nacionales. Se abrió el embudo de las tentaciones en América Latina. Tabaré Vázquez, Danilo Astori y Líber Seregni se zambulleron de cabeza.
En esos mismos meses se produjo una trascendente escisión en el Partido Comunista del Uruguay. Mayoría electoral en el Frente Amplio y fuerza predominante en el movimiento sindical, los dirigentes del PCU se empantanaron en un debate público sobre las ideas que estaban llevando a la disolución de la URSS. La discusión fue encarnizada. La muerte de Rodney Arismendi facilitó la huída en masa de los “renovadores”;  todo el Comité Ejecutivo del PCU, casi todo su Comité Central y todos sus parlamentarios pasaron a ser los principales sustentadores del “neoliberalismo con políticas sociales”. Esteban Valenti fue santificado al ser uno de los asesores personales de Tabaré Vázquez, para quien negoció en secreto una privatización del Casino Carrasco mientras el pueblo juntaba firmas con la ley de empresas públicas de Lacalle. Varios de los principales dirigentes huídos del Partido y la UJC fundaron Asamblea Uruguay con Danilo Astori. La cúpula del mayor aparato de izquierda se pasó con armas y bagajes a la socialdemocracia. Ya nada podría detener la metamorfosis del Frente Amplio.  
En el territorio ideológico identificado con la consigna “ni olvido ni perdón a los torturadores” nació en 1989 el Movimiento de Participación Popular (MPP). Su primer lustro de vida se caracterizó por la intensa inserción política en todas las movilizaciones populares y por el escaso caudal electoral recogido, que de todas formas alcanzó para que  Helios Sarthou y Hugo Cores fueran diputados. Integrado al Frente Amplio pero estrechamente comprometido con la lucha social y la acción directa,  el propósito del MPP  fue actuar de “polo ideológico”, una estaca revolucionaria clavada en la punta izquierda de la coalición para frenar su derechización. Las condiciones creadas por las políticas de Lacalle, que provocaron la radicalización de las luchas y cuestionaron la estrategia amortiguadora del Frente Amplio, abrieron espacios para que el MPP cosechara lo sembrado en el movimiento popular. En agosto de 1994 ya contaba con una fuerza militante capaz de sostener al mismo tiempo la movilización en el Hospital Filtro  e intervenir activamente en la campaña contra la “minirreforma”.


La Masacre de Jacinto Vera.

El Estado Español reclamó a tres de los ciudadanos vascos detenidos por la policía de Montevideo. Un par de miles de personas marcharon desde Plaza Libertad hasta jefatura de policía exigiendo que les otorgaran el asilo político. Los hechos colocaron al país en la pantalla internacional y el gobierno de Lacalle los extraditó para dar muestra de su mano dura. Como la extradición equivalía a entregarlos a los torturadores, los vascos optaron por hacer una huelga de hambre seca, medida por la que fueron internados en el Hospital Filtro al estar en peligro sus vidas.  Durante varios días se mantuvo una vigilia frente al hospital para impedir cualquier maniobra que intentara la policía o, por lo menos, para ser testigos de ella. El martes 24 agosto de 1994, el PITCNT declaró paro general y convocó a manifestar en solidaridad con los vascos. FUCVAM se sumó al movimiento. La convocatoria y el desarrollo de la movilización se difundía al instante desde CX 44 Radio Panamericana, propiedad del MLN(T), gracias a lo cual la acción militante no pudo ser aislada y se transformó en una movilización masiva, increíble, tan populosa que hasta la Mesa Política del Frente Amplio concurrió en pleno y con Tabaré Vázquez y el general Líber Seregni a la cabeza.
El 11 de agosto el ministro de Interior Ángel María Gianola había alentado a la Guardia Republicana a  “combatir disturbios o grandes manifestaciones” con todos los medios disponibles. La arenga tuvo sus efectos y a las cinco de la tarde del martes 24, sin ningún tipo de justificación, la Republicana arremetió a caballo, sable en mano, apaleando mujeres con bebés, ancianos y niños. La multitud se defendió de la agresión policial. Empujado contra las vallas policiales por el ataque, el cordón de autodefensa enfrentó a mano limpia y pedradas a los represores. 44 agentes contusos, ninguno de gravedad.  En cambio, desde varios patrulleros dispararon a matar. Asesinaron  a Fernando Morroni. Hirieron de cuatro balazos en la espalda a Esteban Massa, enfermero que asistía en el suelo al lastimado Ruben Sassano. El estudiante Carlos Font fue internado con pérdida de masa encefálica por un balazo en la cabeza. Mónica Ramírez militante Fucvam también internada con heridas de balas en el vientre. Esa noche, en extrañas circunstancias, fue asesinado Roberto Facal al llegar a su casa en Jacinto Vera, barrio prácticamente tomado por las patotas policiales. Quedaron heridos más de 100 manifestantes en la operación represiva,15 de ellos a balazos. El miércoles 25 de agosto miles acompañaron a Fernando hasta el Cementerio del Norte. Su asesinato permanece impune todavía, pese a que el actual presidente de la república y varios de sus ministros estuvieron entre los convocantes a la manifestación y fueron testigos de la violencia policial en la Masacre de Jacinto Vera.
La minirreforma.
“Minirreforma” fue bautizado un paquete de 14 enmiendas constitucionales producto del  acuerdo entre Julio María Sanguinetti, Jorge Batlle, Luis Alberto Lacalle, Liber Seregni, Danilo Astori y Tabaré ´Vázquez, los grandes lideres del momento. De inmediato los dos tercios de los diputados y senadores la aprobaron a tapas cerradas, hecho festejado con alborozo por los medios de prensa y la partidocracia. Cuando en la Dirección Nacional del MPP Helios Sarthou hizo trizas el contenido del engendro tripartito e informó sobre sus alcances, la irritación fue general. El PCU y el  MPP rechazaron la “minirreforma”,  salieron a debatir públicamente contra la derecha y recorrieron los comités de base de todo el país discutiendo con los sectores socialdemócratas del Frente Amplio. Las organizaciones de jubilados, el PITCNT y otras organizaciones sociales se sumaron a la campaña contra la “minirreforma”. CX 44 Radio Panamericana  se transformó  en vocero de la campaña. Las bases frenteamplistas se encargaron de contradecir los fundamentos que exponían la recién nacida Asamblea Uruguay, el Partido Socialista y la Vertiente Artiguista. La oposición a la “minirreforma” tuvo eco en la población y lo que había sido iniciativa de un par de organizaciones partidarias se transformó en correntada incontenible. El domingo 28 de agosto de 1994 se realizó el plebiscito  y la “minirreforma” fue rechazada por el electorado, que votó contra la opinión de todos los popes de la política.     
Lucha social y acción directa.
Muchos de los que estaban en Jacinto Vera habían sido militantes en las comisiones barriales que juntaron firmas contra la ley de impunidad  e hicieron la campaña por el Voto Verde. Otros provenían de la reorganización de los comités de base y las coordinadoras del Frente Amplio, hasta ese momento ligados a las reivindicaciones vecinales y a la lucha por los derechos humanos. Un tercer grupo venía directamente de las ocupaciones de terrenos, ya fueran cooperativistas de FUCVAM  o de las comisiones de vecinos surgidas en el boom de los asentamientos irregulares. También estuvo presente mucha gente joven que traía la experiencia de la lucha contra las razzias y que luego canalizaron sus inquietudes en la formación de varias radios comunitarias. Había además muchísimos estudiantes liceales de la “coordinadora” que venían de luchar a brazo partido contra la “reforma de Rama”. Estaban además  las agrupaciones ampliadas sindicales que dieron los duros conflictos del Bão, Colagel y Juan Benzo en la industria química, de Cocacola y Norteña en la bebida,  de Isabella en la metalurgia, el de la Asociación Española y el Casmu en la salud privada y el del Hospital de Clínicas. Los que enfrentaron a las patronales del transporte en los conflictos de ONDA y de CUTCSA, los que ocuparon el Victoria Plaza y la Terminal Cruces cuando la huelga de los 83 días en la construcción, los compañeros despedidos de FUNSA con complicidad de Romero y los de la pesca que habían escrachado al Presidente Lacalle en su casa. Asimismo había militantes del taxi, los de la huelga de hambre de Promopes, los ferroviarios del “tren bajo control obrero”, los funcionarios del INAME, los judiciales, los municipales y los del registro civil, los educadores que luchaban por la enseñanza (profesores de secundaria y de la UTU, del magisterio y funcionarios de la universidad) y, finalmente, los trabajdores del Espinillar agremiados en URDE, que se vinieron caminando desde Constitución junto a los de UTAA. No era poca cosa la experiencia de resistencia y lucha social acampada frente a las vallas policiales que rodeaban el Hospital Filtro.
Una fuerza militante que avanzaba con un horizonte insurreccional y echaba raíces en las historias de lucha libertaria de principios del siglo XX  y en la tendencia clasista y combativa de los ’70. Dispersa o agrupada en varias organizaciones, esa militancia encontró otro punto de reunión en el MPP de 1989, donde coincidieron y debatieron diferentes vertientes del pensamiento crítico de origen marxista y libertario. Un núcleo activo que estaba demostrando su capacidad para convocar los ancianos, niños y madres con coches de bebé que integraban la abigarrada multitud entorno al Hospital Filtro y para intervenir con iniciativas en los mecanismos de la democracia formal logrando que el 63% del electorado rechazara la “minirreforma”.  Una militancia intransigente que participó en ocupaciones de tierras y de fábricas, en marchas y campamentos, que todos los Primero de Mayo llegaba al acto de la central obrera en la Columna CerroTeja, embanderada con la consecuencia y el compromiso de clase. Que el 24 de agosto resistió la represión salvaje de la policía en Jacinto Vera, pero también tenía un senador, dos diputados y ediles en Montevideo y Trinidad para denunciar y actuar con espíritu extraparlamentario. Que estaba dentro del Frente Amplio pero en permanente discrepancia y crítica,  aliado en la calle con los grupos y partidos extrafrenteamplistas. Como todos caminaban hacia el mismo punto, el horizonte insurreccional que compartían, esa dispersa y desordenada fuerza militante demostró ser capaz de actuar con efectividad y de golpear coordinadamente.
La tarea asignada por el sistema.
Horizonte revolucionario, clasismo, combatividad y convocatoria de masas... proceso incipiente pero lleno de promesas. La prensa reaccionaria y los sectores neoliberales del Frente Amplio calibraron el peligro de inmediato  y, como de costumbre, sacaron los fantasmas de  los ’70 de su buhardilla. Su estrategia fue asustar a los pusilánimes para que disuadieran a los espíritus más rebeldes. La derecha atacó a los “subversivos”, arreciando en particular contra los tupamaros; el Frente Amplio se desentendió y adjudicó su derrota electoral de 1994 al agrupamiento de radicales insoportables. Había que separar aguas urgentemente pensaban..  
La política de acumular en la lucha social y la acción directa parecía correcta y cosechaba resultados concretos. Hacía ya tiempo que varios ex-guerrilleros no parecían muy convencidos de continuar andando ese camino que el MPP venía recorriendo desde su nacimiento. Acariciaban el cráneo que siglos antes acarició Hamlet, su dilema era si continuar o no andando ese camino que el MPP venía recorriendo desde su nacimiento. Se resistían a involucrarse en otra ruptura violenta con el sistema. Se inclinaban por aceptar el rol que ofrecía el sistema y sumarse a la correntada electoralista sin abandonar el discurso revolucionario, por abrazarse lealmente con los aliados socialdemócratas, aunque hubiera que expulsar del MPP a los que no entendían la “etapa” ni los “tiempos”. La duda ya era  concesión y conciliación.
Se tomaron el tiempo suficiente para desterrar de su memoria los desaparecidos y asesinados, para cambiar de anteojos y tergivesar su propia historia, para hacerse amigos de empresarios y militares y para ganarse la confianza de las corporaciones transnacionales y del Pentágono. Transa va, transa viene, arrastraron mucha gente por la culebrera senda del olvido y perdón a los culpables, del “malinchismo” con el capital transnacional y del apoyo a las vergonzosas misiones de paz. Insensiblemente fueron sacando la política de los espacios libres callejeros y la encerraron en el parlamento y los organismos del Frente Amplio. Convirtieron a los militantes con arraigo social en “soldados” fieles. Les hicieron perder su esencia revolucionaria. Así se interrumpió la acumulación de fuerzas militantes y lograron estupidizar el entorno del MLN-MPP. ¡Tarea cumplida! Su trabajo les valió el aplauso y las felicitaciones de la derecha y  la socialdemocracia que les daba la bienvenida a la “democracia”.
Agosto de 1994, fue el nudo. En la disyuntiva entre el desarrollo de la fuerza militante y el beneplácito del sistema, dieron un paso adelante y se arrojaron cuesta abajo por el embudo de las tentaciones. Entonces ya estaban en compañía de miles de conversos y feligreses, cada cual tan responsable como sus dirigentes de que transformar al movimiento revolucionario en un aparato político cuyo único fin es asegurar el consentimiento para la conciliación de clases. Cuando sobrevino la crisis bancaria en el 2002 y los indignados se reproducían en todos los sectores sociales, el MLN-MPP ya había sido domesticado y se sintió su ausencia. La Masacre de Jacinto Vera fue decisiva para torcer la voluntad de los ex-guerrilleros e instalar una nueva religión en el escenario político del Uruguay. La religión del enchastre:  más PLUNAs y más BOTNIAs y más SEALs y más megaoperativos y más cárceles para los pobres. Son responsables de sus opciones pues hicieron abortar deliberadamente el otro camino, el que comenzaba a recorrer la fuerza militante acampada en Jacinto Vera. La historia no los absolverá.

 Jorge Zabalza

jueves, 2 de agosto de 2012

A 10 años del 2002



A 10 años del 2002 (La Diaria)



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lunes, 16 de julio de 2012

Cifras, realidad y versos

 De  Jorge Zabalza

La previa.
En un programa televisivo de unos años atrás, preguntado por el porqué de lo acertado de sus pronósticos, Luis Eduardo González, doctor en ciencias políticas, luego de explayarse sobre la metodología que empleaba y con una sonrisa cómplice, agregó que al resultado le sumaba o le restaba algún puntito según le aconsejara el olfato. No todo es ciencia en la vida de los cientistas políticos, hay mucho de arte en ellos, son verdaderos artistas. En definitiva, el grado de aproximación a la realidad de las encuestas depende de los anteojos o de la nariz del que interpreta las cifras, es decir, de su carga ideológica.
Es habitual que las encuestas sobre el ingreso de los trabajadores sean relacionadas  con las cifras recogidas en los años anteriores. Estudian por consiguiente la evolución histórica, criterio que permite extraer conclusiones políticas, porque si los ingresos decrecieron algo huele mal en la política económica, y si se incrementaron. por el contrario, abren paso a autoelogios muchas veces desmerecidos. En cambio, para este artículo se optó por comparar los ingresos de los trabajadores con la canasta familiar que elabora la revista “BUSQUEDA” todos los meses; puede parecer absurdo, pero el olfato aconseja al autor que en lugar de estudiar evoluciones históricas, se adopte el criterio de valorar los ingresos monetarios en función de la capacidad de consumo  y de lo que falta a la familia trabajadora para alcanzar el nivel de remuneraciones suficiente para una vida sin aprietos. .
 Ingresos insuficientes.
Durante el 2011 la canasta básica de BUSQUEDA promedió los 44.000 pesos por mes por hogar con cuatro miembros. En consecuencia, para redondear un ingreso que cubra  las necesidades materiales y espirituales en una familia tipo, el marido y la mujer deberían ganar por lo menos unos  22.000 pesos cada uno. Habrá quienes argumenten que 44.000 pesos puede ser poco o que, por el contrario, puede ser mucho, y todas las opiniones son de recibo porque usar la canasta básica como vara de medir el grado de suficiencia del ingreso es un método que no tiene rigor científico. Sin embargo, el olfato de quién escribe este artículo le indica que 44.000 pesos es suficiente para vivir como dios manda. 
El Instituto Cuesta-Duarte acaba de públicar un material sobre el nivel de los salarios en el año 2011. Según sus datos, los ingresos de 1:165.000 uruguayos son menores a los 20.000 pesos y representan el 73% del total de los ocupados (asalariados, cuentapropistas, cooperativistas, patrones y trabajadores en los programas sociales del Estado). Los ingresos de aproximadamente las tres cuartas partes de los que trabajan en el Uruguay, perciben ingresos que no alcanzan a la media canasta familiar y por lo tanto son insuficientes para llevar una vida sin apreturas. Agreguémosle a esos datos que el 85% de las pasividades son menores a 20.000 y entonces se logrará tener un cuadro completo de lo preocupante de la situación de insuficiencia. Un dato más contundente aún: los ingresos de 905.000 trabajadores son menores a 14.000 pesos según el informe del Instituto Cuesta-Duarte, cantidad que representa el 56% del total de los ocupados. Por supuesto, habrá quienes relativicen la valoración de insuficiente para los ingresos menores de 20.000 pesos pero no pueden hacerlo con los menores a catorce mil pesos que el PITCNT califica como ”sumergidos”.
El ejército de pobres.  
El informe del Cuesta-Duarte retoma el concepto de “diezmilpesistas” que se empleó en el informe del año anterior. Ajustado por el índice de precios del consumo (IPC)  10.000 pesos en el 2010 son 10.860 pesos en el  2011. Es decir que hoy por hoy el término equivalente sería “oncemilpesistas”,  categoría que comprende a 744.000 trabajadores, que representan el 63% del millón seiscientos mil uruguayos con ocupación.  Motivo de  alborozo de los redactores del informe es que los oncemilpesistas del 2011 sean 69.000 personas menos que los diezmilpesistas del 2011, sin embargo, también deben preocuparse al conbrar conciencia una vez más la dimensión de la pobreza en Uruguay. Esas casi 750.000 personas tiene tan reducida su capacidad de consumo y de acceso a la educación y la cultura, que viven en la pobreza material y espiritual, son pobres por más ceibalitas que les hayan proporcionado a sus hijos. ¡Compañeros, esta es la medida exacta de la parte del pueblo que está excluído de la bonanza exportadora y del optimismo del equipo económico!
Las cifras del Cuesta-Duarte revelan otros datos que sirven para redondear el cuadro de la pobreza en el Uruguay:
                      a) 230.000 personas perciben menos de 6.000 pesos... ¡un 20% del total de los que trabajan!  Claro, siempre y cuando se continúe considerando  “ocupado” a todo aquél que trabaja una hora por semana, criterio que desvirtúa totalmente la divisón del mundo del trabajo entre ocupados y desocupados. Por más que los organismos internacionales recomienden ese criterio, no deja de ser una aberración que crea una categoría de “ocupados” en la que entran los que limpian vidrios en los semáforos, los que recorren la ciudad con un bolso al hombro en bicicleta o a pié, los que piden en la puerta del supermercado y los que cuidan o lavan coches en los barrios de Montevideo, que responden que sí a los encuestadores, que trabajan una hora a la semana. Y en el medio rural la cosa es peor... hasta los “andantes” pueden decirse ocupados!
                      b) 426.000 personas ocupadas trabajan no están registradas en el BPS. Son el 36% del total según el Cuesta-Duarte. El 80% de ellos tiene ingresos menores de 14.000 pesos. El resultado de la regla de tres simple indica que  343.000 uruguayos “sumergidos” les será muy difícil jubilarse alguna vez.  Aunque las cifras indican que ha aumentado, y mucho, la cantidad de los aportan a la seguridad social, es muy preocupante tantos miles de uruguayos están en negro y sin esperanzas. A ellos no los ha tocado la varita mágica del progresismo. Por mucho esfuerzo mental que hago, me resulta imposible creer el verso de que las políticas progresistas aclararán ese negro horizonte con el paso de los años. ¿Cuántos decenios de gobierno progresista se precisan para que ellos lleguen al nivel “suficiente” de ingresos o sea 22.000 pesos, media canasta básica?
                      c) del millón seiscientos mil ocupados que viven el Uruguay, 1:152.000 son asalariados, o sea que, casi el 73% de los que trabajan lo hacen en régimen de dependencia de un patrón. El salario discrimina a las mujeres: el 40% de ellas ganan menos de 10.000 pesos, mientras que el 35% de asalariados los hombres son diezmilpesistas. Y discrimina a los menores de 25 años: el 82% de los jóvenes cobre salarios menores a 14.000 pesos. La discriminación por género y por edad es inherente a la extracción de plusvalía y, por consiguiente, la pobreza tendrá cara de mujer y de joven mientras exista capitalismo. .  
                     d) Hay un 4% de los encuestados que dicen ganar más de 50.000 pesos, entre ellos está el 1% de los millonarios uruguayos que en muchos casos son “desocupados”, no trabajan ni estudian y viven en Punta del Este. En el otro extremo están los ingresos menores a 6.000 pesos que, como se señaló antes, son el 20% dl total de los trabajadores. El Instituto Cuesta-Duarte estudia como ha evolucionado la distancia entre ambos extremos y concluye que ella ha disminuído en los últimos años, que la desigualdad es menor que antes del gobierno progresista. Sin embargo, el criterio empleado no da cuenta de la desigualdad real que se manifiesta al repartirse el ingreso nacional entre asalariados, patrones y Estado. La cifra de que dispongo,  según números de propio Cuesta-Duarte, indica que entre el 2006 y el 2010 los asalariados perciben menos del 30% de la torta general, que ese porcentaje es bastante menor que lo percibido en 1998 y mucho menor que el 40% que les tocaba a los asalariados en los años ’70. Estos datos permiten pensar que, pese a lo estudiado por el Cuesta-Duarte, la desigualdad no ha disminuído cuando la torta nacional se reparte entre las clases sociales.   
                    d) Un cuadro elaborado muestra que en el 2011 la política salarial puso su centro en mejorar los salarios del 20% que gana menos de 6.000 pesos. Ellos recibieron un aumento del 15%, más del triple del incremento de los salarios mayores a 50.000 pesos. ¡Aplausos!. Todo aplauso tiene su pero, sin embargo, los soldados recibieron un aumento del 100% y a los oficiales de mayor grado se les incrementó el 22% de sus sueldos...No hay punto de comparación y me ahorro los comentarios: la política salarial de este gobierno es miliquera!. No quieren que los soldados y policías integren el ejército de pobres.
Vulnerables
Este año Uruguay deberá pagar más de seis mil millones de dólares por intereses y amortizaciones de la Deuda Externa. El crecimiento del Producto Bruto Interno está sostenido por la burbuja financiera de créditos al consumo y especulación inmobiliaria. Todavía encima los rubros principales de la producción material (soja, carne, arroz, forestación) están en manos de corporaciones transnacionales que pueden emprender vuelo al menor alerta de terremoto.Todo muy poco sólido, la bonanza puede transformarse en desastre en cualquier momento.
Por otra parte, es tan espantosa la debacle del capitalismo mundial que en la barra tecnocráta que rodea a Danilo Astori ya nadie sostiene que Uruguay está blindado, verso que utlizaron durante los úlrimos cuatro años para engatusar giles. Lo ocurrido con PLUNA –una calesita financiera que se hizo trizas- anticipa el futuro del proceso económico del Uruguay.  Es demasiado probable que la burbuja finaciera se desinfle y que los responsables del desastre hagan lo mismo que hicieron con la quiebra de PLUNA: nieguen con desparpajo su responsabilidad y se “enfermen” para no dar la cara frente al parlamento. Son muy “democráticos” mientras el escenario escenario soporta su descaro.
Apenas la crisis ancle en puertos uruguayos, el “capitalismo con políticas sociales de alivio”  cederá su lugar al “capitalismo con políticas de ajuste” a lo Rajoy. Los candidatos a víctimas de los ajustes fiscales que vendrán son los que tienen ingresos menores a 20.000 pesos. Equivale a entender que es muy vulnerable la situación de un millón ciento sesenta y cinco mil uruguayos y, en particular, la de los novecientos mil que viven con menos de 14.000 pesos. Mujica pondrá cara de Zapatero o de Papandreu, dirá más vaguedades y dislates y, para descargar los costos sobre los sectores vulnerables, cederá el paso a administradores con cara de serios, en los cuales puedan confiar más los dueños del sistema. Vulnerables a la crisis que vendrá y vulnerables a la política económica que ya está.
Como en el caso de PLUNA, el gobierno está frente al abismo, ve venir el desbarranque, pero sigue caminado hacia el vacío. Sosteniendo la política económica que privilegia el pago de la Deuda y las inversiones extranjeras y que, en consecuencia, acentúa y profundiza la dependencia ecoónmica del Uruguay.  Marenales y su barra tupamaro-emepepista se refugian en una falacia: “no hay propuestas alternativas a la de Astori”sostienen. Hasta llegan a considerarlo un candidato aceptable para suceder a Mujica. No, de ninguna manera. Es necesario cambiar radicalmente la concepción social de la distribución del ingreso, recordar que Raúl Sendic (padre) postulaba “un aumento sustancial de los salarios como medida para incentivar la demanda en el mercado interno y estimular la producción para abastecerlo”. Otra concepción, nada que ver con lo que hace el progresismo de Mujica-Astori.vázquez.
No es una medida para nad de fondo,  pero una distribución del ingreso como la propuesta por Sendic tiene una índole rupturista, pues para llevarla adelante se debe estar dispuesto a chocar de frente con la clase dominante y con las transnacionales. Marenales y su barra no quieren romper con nadie, no dejan de enviar mensajes de.resignación pasiva, de que  “es posible caminar en el capitalismo”. Tal vez la mayor vulnerabilidad del pueblo trabajador radique en esa complicidad ideológica de quienes, con un gesto revolucionario, inducen a creer que no se puede luchar por el poder y el socialismo en las acutales condiciones.   
Tal vez, para el gusto de muchos, uno se esté pasando de crítico, pero si después de siete años de progresismo, bastante más de la mitad de los ocupados están “sumergidos”, significa reconocer que las políticas sociales del MIDES no ayudan a fortalecer realmente a los sectores vulnerables. Apenas alivian su presente.  Me resulta imposible compartir el optimismo que trasuntan los mensajes públicos del gobierno y de sus dirigentes sindicales. Probablemente sea por tonto, pero uno continúa  percibiendo el medio vaso vacío.


 http://www.simplesite.com/veronikaengler/3470622




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martes, 26 de junio de 2012

Las fichas de dominó


Por Jorge Zabalza


. Esta vez el “golpe técnico” afecta. Es ahí nomás, en la casa de un vecino, con el cual además estamos unidos por una larga historia en común. Esta vez no ocurrió a más de diez mil kilómetros del Río de la Plata, como cuando despojaron a Manuel Zelaya del gobierno de Honduras y los uruguayos permanecimos poco menos que indiferentes. Esta vez la proximidad de la mejilla ajena duele en la nuestra y obliga a pensar.

La operación contra el gobierno de Lugo inevitablemente despierta temores en los uruguayos, recuerda aquél decretazo del 13 de junio de 1968 conque se inició el pachecato y la escalada represiva que culminó el 27 de junio de 1973 con las fuerzas armadas tomando por asalto el parlamento. Fueron cinco años de “acción ilegítima del Estado”, de “dictablanda” o “dictadura técnica” que dejaron huellas imborrables en el pueblo uruguayo. Nadie ignora que un “golpe técnico” es la vanguardia del “golpe cívico militar”, la acción preparatoria, que el ruido a sables precede el sablazo mortal. La memoria colectiva redobla la solidaridad con el pueblo paraguayo, con sus campesinos masacrados, con la lucha que les espera.


Lesionada para siempre su hegemonía sobre la economía, los EEUU están procediendo a rediseñar su sistema de control político militar del mundo. Los capitales no tienen bandera pero la policía luce una con barras y estrellas; en realidad el rol del Pentágono es asegurar el acceso de las corporaciones multinacionales a los recursos naturales y que sus ganancias fluyan sin traba rumbo al primer mundo. El imperio sigue ejerciendo su viejo y triste oficio de gendarme del mundo. Para ello arman y organizan el Ejército Sirio Libre como antes lo hicieron con los “contras” en Nicaragua, con la misma idea de desestabilizar el régimen político del país víctima hasta crear las condiciones favorables para intervenir directamente. Si no fuera por la posible oposición de Rusia y China, hacía rato que las fuerzas norteamericanas habrían desembarcado en Siria, con o sin permiso de las Naciones Unidas, con o sin sus aliados de la OTAN. Claro que América Latina es su coto privado de caza, ni los rusos ni los chinos se interesaron en frenar la maniobra ilegal en Honduras, el secuestro del presidente elegido por voto popular en Haití, el fracasado putsch en Venezuela o los esfuerzos secesionistas en Bolivia. Ni China ni Rusia mueven un dedo para oponerse al Plan Colombia o a la Iniciativa Mérida. No hacen nada para quebrar el criminal bloqueo al pueblo cubano. La víctima predilecta del soldado universal está sola en el mundo.


Desde los tiempos del Plan Cóndor, el imperio pareció despreocuparse del Cono Sur. Luego de la salida de las dictaduras y a pesar de los elencos progresistas que accedieron a los gobiernos, siguió funcionando la red diplomática que vincula a los ejércitos criollos con el Pentágono y la CIA. En definitiva a los EEUU le interesan más las relaciones secretas con los militares que los dimes y diretes públicos en los foros internacionales. Asignan una importancia mayor a los resultados de la visita del comandante del Comando Sur a Montevideo, que las payasadas en la estancia de Anchorena con George Bush (hijo). Sin embargo, después de las cachetadas que recibió Barack Obama en Cartagena de las Indias, en ocasión decla Asamblea de la OEA, los gringos apuntaron la artillería pesada hacia el sur del continente. El sencillo y limpio golpe dado en Paraguay está integrado a una escalada político militar de alcance continental que vienen preparando desde hace décadas. Ese es el sentido de instalar bases en Colombia, Paraguay, Chile, Perú, Aruba, Panamá y Curazao, de otra que casi instalan en el Chaco y de colocar la IV Flota vigilando la Amazonia desde el Caribe.


Hay quienes ceden fácilmente a la presión de la omnipresente amenaza de la fuerza militar y se apresuran a dar señales de simpatías: se besan con Condolezza Race, hacen manito con Barack Obama, participan en la intervención de Haití o reciben con honores a los SEALs, instructores en las técnicas del terrorismo de Estado. Confían en que sus mensajes los preservará de ser posibles blancos de las operaciones desestabilizadoras pergeñadas por la CIA. Nada más equivocado. De nada valieron los gestos condescendientes del pusilánime Fernando Lugo. El gobierno de los EEUU desconfía congénitamente de los “progresistas” por muy buena letra que hagan. Quiere a su propia gente en el gobierno.


Sin embargo, derrocar a Lugo es más que colocar “amigos” en el gobierno, es también un tiro indirecto hacia los vecinos mercosureños, un “acá estamos” con el objetivo de atemorizarlos y disuadir posibles disidencias, no quieren que otros se sumen a los discursos y actitudes antiimperialistas de los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador. Terrorismo puro. Es una réplica de la estrategia desarrollada en el siglo XX por las fuerzas armadas latinoamericanas en cada país. No deponen a Lugo simplemente para sustituirlo por “amigos”, sino que buscan aterrorizar a los países vecinos. Voltean la ficha Paraguay para que su caída arrastre el dominó completo. Paraguay es sólo el primer escalón de lo que vendrá en el Cono Sur, la idea es crear la sensación de que no hay otra salida que consentir las políticas del Pentágono y el Departamento de Estado, una estrategia envolvente cuyo objetivo es el control de las riquezas de la Amazonia, de Venezuela, Ecuador y Brasil.


En síntesis, más allá de Fernando Lugo y su triste destino, a los pueblos del Cono Sur les esperan horas de definición y hornos: con el imperialismo o contra el imperialismo, con el pueblo o contra el pueblo. En el Uruguay hay muchos que creen que la “democracia del siglo XXI” es indestructible y durará para siempre, parecen muy seguros de que no nos tocará el “big stick”... les convendría releer una vez más aquellos versos de Bertold Brecht.


http://www.simplesite.com/veronikaengler/3470625

domingo, 17 de junio de 2012

Desterrar la cultura de la impunidad











Hace pocas horas se realizó en el sindicato de Sima, la charla sobre: como desterrar la impunidad del pasado reciente
Una jornada propuesta por la Mesa Permanente contra la Impunidad, en un ciclo de debate y encuentro para reformular nuevas estrategias de lucha por Verdad y Justicia.
La muestra fotográfica fue casi un pretexto para encuadrar el marco necesario de puntos de encuentro entre todos.
En un ambiente cálido, confortable se dio un racconto de lo vivido durante el período dictatorial y desde donde se fue afianzando la impunidad que hoy se incrustó en todo el tejido social de nuestro país.
Los panelistas invitados; hicieron sus ponencias de tal manera con un sentido coloquial,
que permitió distender el diálogo al final de la charla.
Se profundizo en sus contenidos y se logró apreciar que pocas diferencias nos alejan unos de otros.
De allí que la visión del momento coyuntural nos une, y nos interpela a todas las organizaciones sociales y de derechos humanos, para el devenir de estos nuevos tiempos que hacen que estemos unidos para enfrentar la mutación que ha sufrido esa impunidad. de ayer.
En estas pocas imágenes solo muestran un pasaje de lo allí vivido.
En otra entrega se podrá tener algunos de los contenidos volcados en esa charla que finalizó con un momento de distensión para todos.
Por Verdad y Justicia ¡
 MARTHA PASSEGGI.
       reportera-gráfica.







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Apuntes para la mesa redonda organizada por la Mesa Permanente contra la Impunidad el 16 de junio del 2012 sobre:


         Desterrar la cultura de la impunidad

Sanguinetti.
Cuando la dictadura se volvió insoportable, el poder económico decidió permitir cierta legalidad  pero, como en las calles se hacía sentir nuevamente el movimiento popular, se reservaron el derecho a mantener intacto y a la orden el aparato represivo. Una de las razones para que los militares aceptaran regresar a los cuarteles fue que su  impunidad sobrevolaba o subyacía los acuerdos verbales del Club Naval.  Más tarde, los gobiernos que aceptaron la tutela estipulada en el pacto le dieron forma jurídica con la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado. Para justificar su doble moral, Sanguinetti construyó la falacia de falsa asociación de que la amnistía al demonio subversivo implicaba y exigía la impunidad del demonio militar.
La impunidad fue impuesta mediante una serie de operaciones políticas realizadas por los interesados en mantener a su servicio las fuerzas armadas. Se transmitió la sensación de que el poder armado protegía de la ley penal a los criminales de lesa humanidad  y que, así como en los años de plomo hicieron lo que se le antojaba, también podían hacerlo en democracia si se pretendía juzgarlos y condenarlos. El resultado del plebiscito de abril de 1989 ratificó la ley que fabricaron  los representantes del poder y el espíritu popular fue invadido por la sensación de que, por más que algunos porfiados siguieran peleando por Verdad y Justicia, los criminales nunca podrían ser juzgados. Así creció en la subjetividad de la gente el sentimiento de impunidad como impotencia, una creación deliberada y alevosa, alienante, cuya pesada sombra es imposible analizar por separado del salvataje del aparato represivo que fue su objetivo.
Resistencia y defeccciones.
El golpe cívico militar fue dado para expropiar la mitad de la masa salarial y por consiguiente la tortura, las violaciones, el asesinato y la desaparición forzosa fueron para disuadir en los asalariados la más mínima intención de resistir. Fue natural entonces que, aún desde antes de iniciarse el repliegue militar, el pueblo trabajador transformara en lucha por juicio y castigo el clamor que surgía de los “chupaderos” y las salas de tortura. A la cultura de la impunidad, el movimiento popular contrapuso la cultura de verdad y justicia, creada por los que no querían ser tutelados por nadie y soñaban con una sociedad para los trabajadores.
Sin embargo ya desde el pacto del Club Naval empezaron las señales confusas de algunos dirigentes frenteamplistas, que no enfrentaron con la firmeza esperada la impunidad que imponía la derecha. Mas tarde, una vez conquistadas  algunas colinas en la institucionalidad burguesa, esa flaqueza se extendió y profundizó, hubo dirigentes que desarrollaron una nueva teoría de los dos demonios y que están trabajando para crear una nueva cultura de la impunidad. Teoría y cultura muy diferentes de las creadas por la derecha, pero no por ello desvinculadas de los servicios que puedan prestar las fuerzas armadas. Son cosas nuevas,  imprescindibles de debatir para esclarecernos lo mejor posible. Intentemos analizar algunas de las operaciones políticas que la vienen creando.

El diputado.
El 4 de junio un diputado que fue miembro de la guerrilla tupamara dijo: “en este día hay que apartar del corazón todo sentimiento de odio porque el odio y el rencor son paralizantes y se necesita seguir construyendo el camino trazado para mejorar, porque muchas de las causas por las que hemos sido víctimas aún perduran”. Palabras que fueron dichas en representación del gobierno, en un acto donde el Estado reconocía haber torturado, asesinado y desaparecido forzosamente a sus ciudadanos en el período que se inició con el “pachecato”, el 13 de junio de 1968. Este diputado, que en el Penal de Libertad ya había apartado de su corazón todo sentimiento de odio y rencor, expresó con envidiable claridad la cultura de olvido y perdón que impregna los actos de los ex-guerrilleros que hoy gobiernan el Uruguay. El diputado proclamó la “línea” que baja de poder ejecutivo, su virtud es haberlo dicho más directa y frontalmente que el resto de sus correligionarios, quienes se escudan en frases confusas donde parecen no decir lo que en realidad dicen. El diputado cierra las posibilidades de autoengaño de los que tenían esperanza en un viraje hacia la izquierda. Lo toman o lo dejan, acompañan o se van yendo, pero no hay lugar a disputa.   
La paz de Aguerre 
En el homenaje a los cuatro soldados que custodiaban la casa del comandante en jefe del ejército de entonces  y que cayeron en el tiroteo entablado con un grupo de la guerrilla tupamara, el actual comandante Pedro Aguerre, dijo que “ Si queremos salir adelante, tenemos que hablar de uruguayos, no de enemigos. No debemos hablar de trancar, sino de vivir en paz”. Diez días más tarde, en ocasión del desfile militar presidido por ex-guerrilleros, el más pomposo desde la salida de la dictadura, reafirmó  el concepto diciendo: “Juntar pero no dividir debe ser nuestra meta, para que, sin olvido de nuestros actos, podamos crecer, y que los habitantes de nuestro país sepan reconocernos, valorarnos y sentirse orgullosos de su Ejército”.
 Aguerre tuvo necesidad de abogar por la reconciliación entre pueblo y fuerzas armadas, porque las fuerzas armadas le habían declarado la guerra al movimiento popular,  lo vigilaban, perseguían y consideraban “enemigo”. Esa guerra de los militares, entablada por decisión propia, dejó cientos de miles de víctimas en las filas del pueblo asalariado y el reclamo de que se sepa la verdad sobre las aberraciones  cometidas por ese mismo ejército que comanda Aguerre y que se condene a quienes cometieron tales crímenes contra la humanidad.  
La propuesta de “juntadera” de Aguerre significa que víctimas y victimarios, tomados candorosamente de las manos, pasen por arriba de la verdad y la justicia para no “trancar”. Juntarse” para consolidar la impunidad de los criminales con el mudo consentimiento del movimiento popular, es la línea política del gobierno, la misma que  expresó el diputado de marras el 4 de junio en una buhardilla del palacio legislativo. Es una propuesta fantasiosa, porque por mucho que se los junte, los “juntados” seguirán siendo desiguales entre sí, unos monopolizando la represión y los otros siendo posibles blancos de ella. Propone una paz que, en realidad, es simplemente otro repliegue de los militares a la espera de futuras oportunidades para reivindicar su pasado golpista y criminal o, según sean las circunstancias, para retomar el ejercicio de su profesión real, la de terroristas de Estado.
La teoría de Rosadilla.
Por si las palabras del general Aguerre no indujeran suficiente confusión, entrevistado por el programa “En Perspectiva” el senador Luis Rosadilla, les dió un toque de fantasía con pretensiones de teoría. Rosadilla dijo que quiere “recuperar aquel espíritu que existía en la sociedad uruguaya en la creación del Ejército, en el sentido de que el Ejército es parte del pueblo y este lo reconoce como tal, porque el Ejército se comporta como parte del pueblo y se respeta como tal”.
No hay nada que recuperar. A historia de los orientales no admite dudas. En 1811 las armas no estaban en manos de unos pocos que imponían su voluntad a los desarmados, José Artigas encabezó un pueblo cuyas mujeres y hombres estaban todos armados por igual. Fue Fructuoso Rivera quién separó a los armados de los desarmados, al fundar un ejército  pagado por la oligarquía montevideana y los brasileros, con el objetivo de reprimir al pueblo multiétnico que había sido beneficiado por el reparto de tierras de 1815. Ese es el origen antipopular del ejército que luego fue de Venancio Flores, de Lorenzo Latorre y del Goyo Álvarez. ¿Qué tergiversación de la historia nos quieren vender ahora?. Por el contrario, el bicentenario del nacimiento del  actual ejército se cumple el día del aniversario de la derrota del pueblo armado y organizado, que fue el mismo día en que comenzó el exilio de José Artigas. Como ha sido bien entrenado para tergiversar historias, en especial de del movimiento guerrillero tupamaro, Rosadilla intenta hacerlo también la epopeya del pueblo oriental, abandona a Lucía Sala y Carlos Machado, para asumir como propia la versión reaccionaria del Hernamo Damasceno. .   
También trastoca la realidad. Desde que la sociedad es una sociedad de clases, surgió la necesidad de ejércitos que monopolizaran el uso de las armas para defender las tierras, propiedades y mujeres de los dueños de todo. Desde esos días pretéritos, los ejércitos vienen decidiendo la vida y la muerte de las mujeres y hombres subordinados por el sistema. Han sido los ejecutores de las grandes matanzas y genocidios cometidos contra los pueblos. Cuando pueblo y armas se reúnan nuevamente en pueblo organizado y armado otro gallo cantará, pero mientras tanto, por su origen y su historia, estos ejércitos NO pueden ser parte del pueblo, están afuera de él, vigilándolo, espiándolo, controlándolo, tutelando sus libertades, amenazando su integridad física e intelectual, afilando las bayonetas.  
La nueva cultura de la impunidad.
En la actualidad ya no se trata solamente de preservar el aparato represivo, sino que de desarrollar sus potencialidads operativas y tácticas, de adiestrarlo en las técnicas más sofisticadas de represión y de adoctrinarlo en las bases éticas y morales del asesinato y el genocidio (en eso se especializan los instructores SEALS). De adecuarlo a las evidentes intenciones de intervención político militar de los EEUU.  Los militares están recontentos,  nunca habían imaginado que el Frente Amplio les daría la oportunidad de jugar con chiches de última generación. Por su parte, los ex-guerrilleros están realizando su sueño del pibe, pues manejan soldados, tanques, aviones y barcos en maniobras conjuntas con los marines yanquis, canalizan sus delirios militaristas jugando juegos de estrategia y desplazan unidades para ubicarlas en mejores condiciones para la lucha antisubversiva.  .
Los ex-guerrilleros aceptaron ser el demonio que la teoría sanguinettista les proponía. Un papel muy útil en su visión pragmática, pues quedan en una posición que les permite  dialogar de igual a igual, de demonio a demonio, todos combatientes,  todos con idénticos códigos y valores. Así, intercambio intelectual mediante, los ex-guerrilleros apuestan a  conquistar amplios sectores de la oficialidad, proyecto que se había frustrado en 1972 en las negociaciones del Batallón Florida. La mosqueta ideológica es riesgosa, pues es imposible evitar la recíproca y resultar colonizados por la mentalidad miliquera.
A mediano plazo, el producto del matrimonio entre demonios podría ser una nueva doctrina cívico militar, organizada en un nuevo movimiento político de carácter demoníaco, unidos tras un  proyecto que ya no será la transformación revolucionaria de la sociedad de clases, como antes deseaban los ex-guerrilleros, sino simplemente mantenerse ejerciendo el poder por el poder mismo.
El mutuo perdón está siendo caldo de cultivo de una nueva cultura de la impunidad. Una cultura que disfraza de humanismo el privilegio de la impunidad y perdona criminales de lesa humanidad por ser “viejitos buenos”. Una cultura que difunde la idea aberrante de que los crímenes contra el pueblo se “arreglan” en una mesa de negociación entre quienes empuñaron las armas y superaron el odio del pasado. Como los reproductores de tales ideas poseen un pasado respetable, esta cultura penetra profundamente en el inconciente popular y alimenta los sentimientos más reaccionarios, los que se pueden percibir en las reacciones de la gente hacia los asolescentes que delinquen. La cultura de los ex-guerrilleros es mucho más alienante que la sanguinettista y, en consecuencia, para desterrarla hay que hilar más finito.
Ambas culturas están emparentadas en el servicio a la estrategia de guerra preventiva urdida en las oficinas del Pentágono-sección Comando Sur.  Puede parecer una paradoja que los ex-guerrilleros se presten a ser manipulados por el gran titiritero, pero lo cierto es que el Comando Sur ha tenido una inesperada sorpresa y  las relaciones militares con el imperio han avanzado aceleradamente. Hasta se le ha pedido ayuda en caso de confrontación de fuerzas con Argentina. Si se quiere desterrar la cultura de la impunidad no se puede consentir que Uruguay oficie de Malinche en la guerra que el Pentágono está preparando contra varios de los pueblos latinoamericanos.   
La cultura de la impunidad es solamente una partecita de la nueva cultura política que acepta la invasión de los instructores militares del imperio. La voluntad de desterrar la parte implica la voluntad de luchar contra esa cultura más global de aquiescencia generalizada hacia el poder económico y político o, dicoh de manera más clara, no vale la pena dejarse arrastrar con los ojos abiertos por quienes conducen al desbarranque lo construído con tanta lucha popular y tanta sangre derramada. .




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