miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL CAMINO ELECTORAL NO HA ALIVIADO LAS PENURIAS DE LOS PUEBLOS

CONTRARESPUESTA DE ZABALZA Y RESPUESTA A ZABALZA

Empecemos entonces, como dice Ornaldo, por la letra “A”: la derrota sufrida por los pueblos del mundo y sus organizaciones revolucionarias a lo largo del último tercio del siglo XX. En esa redada caen todos, desde los que creyeron tocar el cielo con las manos en 1917, hasta los que se embarcaron en la epopeya latinoamericana tras el Ché Guevara, al influjo de las Declaraciones de La Habana, cuyo llamado a las armas, si mal no recuerdo, aplaudió a rabiar Reinaldo Gargano como delegado del Partido Socialista a la OLAS en los ’60, los pueblos y los revolucionarios sintieron la revolución ahí nomás, a la vuelta de la esquina, pero los poderosos del mundo los derrotaron, frustrando expectativas, quebrando espíritus y rebeldías, cambiando las gafas conque se miraba el mundo. Lo más profundo de la derrota se descubre en el plano de las subjetividades, en el pasaje a aceptar resignadamente que el socialismo ya fué, que no es un problema del presente... sino de las generaciones venideras. La postergación por tiempo indefinido de las luchas revolucionarias ha sido el gran negocio del capital en el siglo XX.

Usted, sin embargo, no está resignado, se hace preguntas y se plantea problemas y... pese a que comenzamos mal, acepta el debate de ideas, condición primaria e ineludible para cambiar el mundo. Luego ése es el propósito subyacente en este intercambio aunque no lo hayamos explicitado ninguno de los dos. No sólo me da la oportunidad de salir de la cueva, usted también lo ha hecho. ¡Bienvenido al ruedo, pues!

Bienvenido sobretodo porque este primer tercio del siglo XXI es el del quiebre de la democracia burguesa. Ella está demostrando que no es un instrumento para el bienestar de los pueblos y, en consecuencia, está perdiendo el consentimiento de los dominados, elemento subjetivo básico para continuar ejerciendo el poder de manera pacífica. Creo que el deterioro de la confianza en los mecanismos parlamentarios y electorales, es el rasgo que caracteriza más claramente el momento que vivimos en todo el mundo, desde los EEUU (donde los que votan son una minortía frente a los que se abstienen) a los países europeos, donde la gente sale a las plazas a buscar la democracia perdida. Si en el siglo pasado nos dieron la paliza a los que queríamos hacer una revolución, en este comienzo de siglo los que están empezando a recoger fracasos y derrotas son los dueños del mundo .



Si nada sirve... ¿cuál es la propuesta, pregunta Ornaldo? Pues, en Uruguay, desde el Congreso del Pueblo (1964) no quedó mucho para inventar en materia de programa. Sin embargo, para no quedar anclado en el pasado, prefieron hablar del “programa de Raúl Sendic”, propuesto en 1985 a la salida de las cárceles y en el acto del Franzini (setiembre de 1987):

UNO: expropiar sin indemnizar los latifundios, estatizar las propiedades mayores de 2500 hás, pasar a administrarlas con formas populares de gestión y repoblar la campaña con los expulsados de la tierra que pueblanc el cinturón metropolitano;

DOS: impulsar un frente latinoamericano de países deudores para el no pago de la deuda externa, considerando que fue un negocio para resolver los problemas del capital ocioso y que ya ha sido suficientemente pagada con el hambre y la miseria de los pueblos;

TRES: estatizar la banca y los mecanismos de especulación capitalista, para recuperar el dominio de la economía nacional;

CUATRO: congelar los grandes depósitos bancarios para financiar un aumento sustantivo de los salarios (que el ingreso de cada familia alcance la canasta familiar), incentivando de esa manera la demanda interna y creando puestos de trabajo para abastecerla.

Casi que hasta los últimos días del siglo XX, el programa de Sendic fue sostenido e impulsado por el núcleo de exguerrilleros que hoy nos gobiernan, cuando desde “Mate Amargo” y Cx44 argumentaban contra el programa que pretendiera satisfacer las necesidades del trabajo y del capital al mismo tiempo, al que consideraban pura superchería, una simple falsificación ideológica.

Claro, claro, estos “cuatro puntitos” dijera Sendic, son muy sesgados socialmente, favorecen únicamente al pueblo asalariado y perjudican a los dueños del Uruguay, por consiguiente son un obstáculo para la conciliación de clases porque, para llevarlo adelante, es preciso estar dispuesto a confrontar fuerzas con la oligarquía (que existe, por supuesto) y con el capital extranjero, disposición que se contrapone al propósito de captar los votos de las capas medias para ganar las elecciones nacionales. “Se puede renunciar a todo menos a la victoria electoral” dijo más o menos Huidobro en el Congreso del Frente Amplio, renunciando a56 la Verdad y la Justicia nada más ni nada menos. El triunfo del 2004 se obtuvo gracias a la rebaja del programa, gracias al viaje emprendido hacia el liberalismo por el “progresismo” socialdemócrata.

En consecuencia, Ornaldo, con todo respeto, le digo que la vía electoral sólo sirve para elegir un elenco que haga la “ficción” de gobernar, encubriendo al gobierno real del mundo, como dice Eduardo Galeano. La vía electoral sólo sirve para sostener una ilusión de democracia, no es un camino para acumular fuerzas para luchar por un programa popular realmente democrático. ¿No es así en Europa?, En Uruguay, usted recordará, las luchas populares fueron el mayor generador de conciencia de la necesidad de aplicar ese programa. Nadie hizo por la reforma agraria más que las marchas de UTAA por tierra para el que la trabaja. El pueblo uruguayo nunca tuvo más fuerzas acumuladas tras su programa que en el período previo al golpe de estado, cuando se lucha en todas las formas y por todos los medios para derribar a la oligarquía del poder.



En cinsecuencia, pese a lo que usted me dice, la vía electoral ha demostrado que no es el camino para aliviar las penurias esenciales de nadie. Ni en Nicaragua, ni en El Salvador, ni tampoco en Uruguay o Argentina han aliviado nada. En todos esos países ha crecido la “brecha social”, o sea que, con gobiernos socialdemócratas y con ex-guerrilleros en el gobierno, los más ricos son cada vez más ricos y los más pobres cada vez más pobres. Le diré que los más empobrecidos tienen en su bolsillo un “pesito” más que en la crisis del 2002, hecho innegable y fundamental para amansar rebeldías, pero la desconformidad está ahí, al acecho, porque para nada se han resuelto los problemas de fondo, ni siquiera se ha encarado su solución. Estos gobiernos progresistas se han limitado a admnistrar analgésiscos que alivian el dolor pero no combaten la enfermedad...y eso sí, hacen tremenda propaganda con los perifar que reparten. ¡Qué fácil se viene al suelo esa ilusión del pesito más y el consumismo a tarjetazo limpio!. Y la des-ilusión arrastra a los Zapatero y a los Papandreu y a todos quienes los apoyaron electoralmente creyendo que por esa vía podían encontrar soluciones para las necesidades populares.

Ornaldo si usted quiere una receta positiva en el sentido de “cómo aliviar ya las upenurias esenciales de nuestro pueblo”, le debo confesar que no la tengo y que no creo que la haya. Mientras exista el capitalismo seguirán existiendo sus consecuencias sociales: marginación, exclusión, pobreza, nohabrá soluciones para educar al pueblo, ni para atender su salud, ni para alimentarlo. Es así de sencillo. Si uno quiere que se alivien las penurias hay que terminar con el capitalismo (por lo menos antes que él termine con el planeta y con todos nosotros). En realidad, Ornaldo, no tengo otra propuesta que luchar contra el capitalismo y, en el curso de esa lucha, crear conciencia de los problemas esenciales de la sociedad (los valores morales y éticos de quienes serán los militantes del tránsito social hacia el socialismo y la sociedad sin clases y sin Estado). Lamentablemente no creo que se pueda convencer a la clase propietaria para luchar contra el capitalismo, por eso debía alejarme de quienes están convencidos de que sí, de que pueden convencer a los capitalistas de ceder parte de su torta y de sus privilegios, de compartir sus ganancias y su poder. Esa es la razón de fondo del divorcio entre los exguerrilleros, cuya mayoría provino, como usted mismo, de filas socialistas.

Cuando Mujica, Topolansky, Breccia y Huidobro quieren liberar esos “viejitos” ( “de mierda” agrega Roger Rodríguez, con razón) están emitiendo un mensaje político a las fuerzas armadas. Su posición no es por humanismo ni por grandeza de espíritu, es consecuencia del propósito de obtener el respaldo político de la organización mejor organizada, con mando más vertical y más armada. Es un política concreta en el contexto de la concepción conciliadora general.



Acerca de traiciones y traidores. Por mucho que insista no me convence. El traidor cambia de bando (o rompe lealtades como dice su diccionario) en la más absoluta soledad, es una actitud individual y, sobretodo, repudiada por el colectivo que se abandona y menospreciada por el bando que se beneficia con la traición. Así fue Amodio Pérez, así fue el Charletta Guldenzof (no sé si el nombre está bien escrito). En el caso del divorcio entre exguerrilleros estamos hablando de procesos muy colectivos, donde hubo mucha discusión PÚBLICA y donde el viraje fue consecuencia del desarrollo de una concepción. Por eso no los he calificado nunca de traidores. Con Amodio no discuto, no hay una concepción con la cual discutir. Aunque no vaya ni a misa con el Pepe, (y aunque siempre se haga el sordo) todos los días estoy discutiendo su concepción “capitalismo en serio”, “capitalismo humanitario”, “olvido y perdón”, “conciliación de clases”, y más aún la estrategia “acuerdo con el imperialismo” que postula Tabaré Vázquez.



Desde la salida en 1985, el MLN no fue ningún movimiento clandestino aunque sí, como lo comprueban los documentos de sus Convenciones Nacionales, mantuvo una concepción revolucionaria, una de cuyas líneas era la práctica de la autodefensa. Cortando grueso para no aburrir: una síntesis concreta de esa concepción fue la movilización en defensa de la libertad de asilo que se llevó adleante en las cercanías del Hospital Filtro. Participaron decenas de compañer@s en las medidas de autodefensa puestas en prácticas en la ocasión, no creo haber roto nigún código defendiendo aquello por lo que nos jugamos, por el contrario, es la forma de reafirmar lo que compartimos como correcto en aquél momento. ¿No estará usted cayendo en los que me achaca: crearse un mundo de “traidores”? Le confieso que, por sobretodo, creo equivocado emplear la descalificación como método para debatir y por eso debo diculparme con usted. Me resultaría muy sencillo decirle “me informaron mal, no es culpa mía”, pero en realidad, me siento responsable de haber utilizado el término “seispuntista” en un sentido descalificador. Tengo bastante años de militancia como para haber dejado de lado la información que me pasaban y también para no caer en lo que critico a los demás: descalificar al contendor en el debate. No me queda otra que disculparme y entender su indignación. Espero que en adelante mi error no sea obstáculo para continuar lo más fraternalmente posible el debate.

Saludos

ORNALDO es SOCIALISTA, nunca fue MPP, ni SEIS PUNTOS!

Despacito y por las piedras, en primer lugar muy correcto decir que "pasé" por las filas del MLN(T), porque justamente ni siquiera pertenezco al MPP, aunque tengo excelentes amigos entre sus militantes. Le sugiero humildemente que le de un tirón de orejas o en zona pudenda, (según sus preferencias) al alcahuete que agregó lo de "seispuntista". Tampoco vivo en Malmö, cualquiera que se fije en la guía telefónica puede saber mi dirección.
Es una información falsa. Repite el método cotidiano de El País, distraer con un título mentiroso para, en este caso, comenzar poniendo en duda la seriedad del oponente.
Para escándalo público de los purasangre de la izquierda autóctona, diré que soy amigo de muchos ex-seis puntos, gente de bien a la que admiro y respeto. Pero nunca pertenecí a ese grupo, porque en la tarea política fui una persona con mucha disciplina, pero cuando se trata de pensar por la libre, me considero medio orejano.  Del escudo uruguayo, el campo que más me gusta es ese del caballito, porque representa la libertad.  
Y a esta altura de la vida no pregunto a la gente de donde viene, sino adonde va. Admitiendo que cada uno carga con todo su pasado. “Cada paso que das es para siempre. No puedes eliminarlo” (Cormac McCarthy)

Por otra parte noto que Ud. tiene la manía de clasificar a la gente. ¿Lleva un fichero de inteligencia como los que te jedi?
En ese caso póngalo al día. Hace más de treinta años que un juez militar me condecoró con una misérrima "Asistencia a la Asociación para Delinquir", que si hubiera pasado por un juez civil entraba por una puerta y salía por la otra. Nada heroico por lo que ve. Me considero una pieza rara en la oferta izquierdosa.  Podría, aprovechando que queda "bian", adjudicarme algunas acciones heroicas para admiración de las actuales y futuras generaciones. Total, ahora es gratis. Promete buen rédito y a muy corto plazo.
No represento a nadie, soy un viejo medio boludo que de vez en cuando piensa y muy de lejo en lejo opina. Y lo hago entre amigos o conocidos, sin tener un ojo puesto en la línea política de mi partido.  No busco publicidad, nunca escalé y ahora padezco de lumbago político. Cualquier nabo puede voltearme del primer escalón.
Con respecto a su desafío para que demuestre cuándo fue que Ud. dijo que algunos tupas con cargo en el gobierno, son unos traidores, debo contestarle en honor a la verdad que así de esa manera estaría en la obligación de retirar mis dichos. Pero, siempre hay un pero, yo me refería a la acepción primera del diccionario de la RAE, que dice; Traición 1. f. "Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener".
Por ejemplo: (Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia)
Si una persona tuvo cargos de dirección en un movimiento clandestino, y participó en una acción en una camioneta donde estaban connotados dirigentes que hoy detentan altos cargos de gobierno y esa persona sin haber sido sometida a presiones ilegales, voluntariamente,  deschava que hubo cocteles molotov y otras chucherias, las malas lenguas podrian considerarlo comprendido en la definición citada up supra.  
Y también debería ser aplicada a “esos personajes que hoy nos gobiernan y con los cuales no voy ni a misa" que son los que ahora están "amparando el surgimiento de una fuerza con la autoridad moral de haber luchado armas en mano por la Revolución, pero que promueve el capitalismo y firma con los empresarios el acuerdo del Conrad y con los militares los acuerdos conocidos y otros todavía por conocer".
Si están haciendo arreglos a lo oscurito, ¿qué son?

Y ahora sí entro en materia. No he sacado a luz ninguna clase de rumores, leí el intercambio aparecido en "La Diaria" y opiné para un círculo muy reducido y como es mi costumbre adjunté la dirección donde podía leerse el original del material comentado. Nada más. Mi comentario era bien de rueda de boliche pero resulta que en esa intimidad había un cristiano de apellido "Fuentes". Y el asunto tomó difusión masiva.
Si de esta manera le di a Ud. oxigeno para salir a la superficie, en verdad, lo lamento de “en deveras”.
Dejando de lado lo anecdótico considero que lo que realmente tendría que estar en discusión es, por ejemplo,: ¿cuál es la esencia del imperialismo, hoy día? ¿En qué aspectos ha cambiado desde Lenin al presente?
En esta etapa, teniendo en cuenta el mundo que nos rodea y las fuerzas que juegan, ¿Hay otra alternativa mejor que el progresismo en latinoamérica? ¿Qué es este progresismo nuestro?
Los latinoamericanos, considerando el derrumbre de la URSS y el desastre al que se encamina la actual propuesta socialdemócrata en el mundo, ¿seguiremos siendo tomadores de la ideología europea o debemos generar un pensamiento propio que refleje nuestra cultura y los reales problemas de nuestros pueblos?  Analizado rigurosamente, ¿es correcto afirmar que son neoliberales las políticas económicas en Uruguay, Argentina y Brasil, o son una respuesta diferente encaminada a restablecer una suerte de estado de bienestar?
Y estas interrogantes no se resuelven a las puteadas, sino estudiando, analizando, intercambiando ideas y respetando al otro.
Ud. plantea a mi entender acertadamente que se ha dado en nuestra izquierda "el predominio de la ideología progresista, que frenó y distorsionó la visión marxista que predominaba en el movimiento popular,  fue un proceso colectivo donde participaron montones de militantes entusiasmados con los éxitos electorales". Un matiz nada menor es que en realidad la “visión marxista” predominaba en los cuadros dirigentes no así en la masa popular, prueba de ello es la votación histórica de los partidos Comunista y Socialista o lo que es lo mismo, los gobiernos de Gestido-Pacheco, Sanguinetti, Lacalle, Sanguinetti, Batlle.
Pero lo invito a que también atienda dialécticamente el otro polo de esta contradicción, me refiero a la derrota de todas las revoluciones latinoamericanas posteriores a la cubana. Después de los padecimientos de los pueblos salvadoreños, guatemaltecos, nicaragüense, por citar los más notorios, veamos cual ha sido el resultado de esas luchas. En dónde está cada uno de ellos. ¿No tienen esos pueblos –todos los pueblos- el derecho a buscar una vía electoral y por consiguiente democrática que al menos le alivie penurias esenciales?
Tengo la más firme convicción que es inmoral seguir predicando aquel tipo de lucha donde se sacrificaba a una generación con la promesa de vida venturosa para la generación siguiente. Y los casos citados son ejemplos de promesa que resultó incumplida. 
Ud. escribre: "nadie está llamando a tomar las armas en Uruguay" . Pero entonces, si nos decantamos por la lucha democrática, de lo que se trata es llegar al gobierno con la mitad más uno de los votos. Y así poder gobernar aplicando un programa que fue propuesto a la ciudadanía. Y ese programa, aquí y ahora, no puede ser socialista por la muy sencilla razón que en el conjunto de la población no hay una mayoría socialista que reclame o al menos acepte un programa socialista de cambios radicales.
Y al fin de cuentas ¿Qué se entiende por un programa socialista, al día de hoy, con la flojera ideológica que reina en todos los partidos de izquierda?

Lo han dicho hasta el cansancio politólogos, sociólogos, políticos de derecha y de izquierda: El Frente Amplio es una conjunción de fuerzas que acordaron un programa de gobierno. Que nunca se propuso asumir el gobierno para establecer el socialismo. Ese Frente Amplio fue apoyado por el Movimiento 26 de marzo ¿O no?
Y tanto en su escrito en La Diaria como en la respuesta que me dirige, Ud. aparece anclado en las luchas pasadas que no desconozco y de las que fui partícipe, y las valoro como el antecedente inmediato de los movimientos sociales y políticos de este presente que nos toca vivir. En cambio no encuentro, y esa es mi crítica central;  una propuesta, un programa, un proyecto de país que se contraponga o tienda a superar lo que está llevando a cabo el Frente Amplio en el gobierno.
Para mí es imposible compartir el núcleo duro de su pensamiento: “Son tiempos de estacas, de clavarse en la izquierda revolucionaria y resistir los embates y los cantos de sirena. De esperar al acecho”. ¡Esperar al acecho!. ¿A eso se reduce toda su propuesta política?
Y para finalizar,
a)      Admiro que Mujica después de todo lo que padeció a manos de los militares, tenga la grandeza de espíritu de la que yo carezco. No entra dentro de mis preocupaciones inmediatas,  aliviarle las penas de prisión que con toda justicia les correspondieron, a los "viejitos" presos en Domingo Arena. Si ahora están viejitos, es porque zafaron durante una punta de años gracias a la ley de impunidad. Hoy abolida!!!
b)      No estoy de acuerdo con que Uruguay tenga tropas en Haití. Uno de los días de mayor frustración fue cuando recibí la noticia de la renuncia de Guillermo Chifflet a su banca de diputado. 

Si de volantear se trata yo también puedo hacerlo. Especialmente para contrarrestar su afirmación sin pruebas con respecto al seispuntismo. No pienso maquillar mi pasado, pero no admito que me lo pintarrajeen gratis. Si ese es su estilo, es un estilo realmente jodido.
Y como se definió Galeano: “No me arrepiento de nada. Yo también soy la suma de todas mis metidas de pata.” Pero de las mías no de las que me adjudiquen en forma irresponsable.
¿Ta?

Fraternalmente
Ornaldo

sábado, 12 de noviembre de 2011

Otro debate sobre historia y presente



De Ornaldo Collazo, de Malmöe (Suecia), pasó por las filas del MLN(T) y el “26 de Marzo” (seispuntista).

“Zabalza da vueltas y vueltas sobre el mismo tema. Cuando escribe y polemiza, no hace historia, recupera su memoria, y analiza y nos cuenta hechos reales por cierto, pero desde su perspectiva personal. Y está en todo su derecho, cada cual procesa información según su esquema mental. Y el auditorio también tiene derecho a desconfiar de que no le están contando toda la película. Hay un intercambio de opiniones entre Zabalza y El Popular, que retorna a una vieja discusión pero no se presenta ninguna propuesta por la positiva, para actuar aquí y ahora. Y en cambio lo que hace la ultra izquierda es fabricarse un mundo de "traidores" con aquellos que en el acierto o el error, hoy día, están dando lo mejor de sí mismo desde el gobierno del frente amplio. Y que en el pasado se la jugaron tanto o más que el propio Zabalza. A mí me repugna la injusticia. Y ese encono de Zabalza es una gran injusticia. O lo que probablemente es peor: Un esquema de pensamiento compulsivo que se contrabandea como si fuera firmeza de convicciones. Sectarismo de uno solo contra todos los demás. Dicho lo anterior, me complazco en arrimarles la dirección de esta polémica, así cada uno puede sacar sus propias conclusiones”.

Estimado Ornaldo, me parece muy positivo que saques a la luz los rumores que circulan por los  pasillos  de las estructuras más o menos orgánicas y del espacio cibernético.  Lo negativo es eludir el debate y  recurrir a la descalificación sistemática, pero en secreto, por la espalda. Dar la cara es una actitud valiente que favorece  el crecimiento de tod@s. 
Hasta 1994 el discurso de todos los tupamaros cuestionó  el sistema capitalista y su democracia parlamentaria,  denunció  frontalmente los privilegios de la oligarquía y las atrocidades del imperialismo en todo el mundo, por ello debió debatir en el movimiento popular y en el Frente Amplio contra quienes, desde el  Pacto del Club Naval, venían instalando una línea de conciliación de clases,  que aceptaba tanto la impunidad de los criminales de lesa humanidad  como las medidas de carácter neoliberal que tomaban los gobiernos blanquicolorados.  En ese debate público los tupas presentamos un frente común de firmeza y consecuencia con el pensamiento revolucionario que nos llevó a emplear los métodos guerrilleros en los sesenta. Ese frente ideológico fue fundamental para  el origen del Movimiento de Participación Popular (MPP)  como fuerza que creció cuestionadora  en la interna del Frente Amplio,  impulsora del movimiento de ocupaciones de terrenos,  de la lucha antirazzias y del radicalismo en el movimiento sindical y en el estudiantil, que se jugó siempre contra las privatizaciones a nivel nacional y municipal, que fue capaz de frenar la minirreforma  desde CX 44 Radio Panamericana contra el bloque liberal (blancos, colorados, Astori y Seregni). Tal vez hayas olvidado la riqueza de lucha en ese período  que va desde la salida de las cárceles en marzo de 1985 hasta la Masacre de Jacinto Vera en agosto de 1994, tal vez hayas olvidado los discursos del Estadio Franzini principamente el de Raúl Sendic y tal vez no recuerdes nada de los periódicos “Mate Amargo” y “Tupamaros”...   pero esa década de lucha social y de contienda de ideas políticas existió, fue real!
¿Qué pasó?
El hecho histórico que asombra  es que el MLN-MPP se haya vuelto un “gigante estúpido” , asombra a todos, a propios (son palabras de Marenales) y a ajenos, desde el Departamnto de Estado a Bordaberry  a la izquierda todos se asombran.  El viraje político e ideológico significó un vuelco total al electorialismo incorporando lo peor de sus mañas ( la lucha por cargos, los acomodos, los serruches de patas), pero también,  por sobre todas las cosas, amparando el surgimiento de una fuerza con la autoridad moral de haber luchado armas en mano por la Revolución, pero que promueve el capitalismo y firma con los empresarios el acuerdo del Conrad y con los militares los acuerdos conocidos y otros todavía por conocer. A esto, querido Ornaldo, podés llamarle una “propuesta por la positiva”, tenés todo el derecho del mundo a hacerlo, pero no hay ningún derecho a pasar gato por liebre, esta “propuesta positiva” implica el abandono de la lucha por el socialismo, relegándolo al pasado y dejándolo en manos de as “generaciones futuras”,  a las cuales se entrega el fardo de olvido y perdón y conciliación  de clases como herencia maldita.  
Frente al “shock” del gran viraje he intentado buscar sus raíces escarbando en la historia  del movimiento popular y de la guerrilla tupamara. Esa búsqueda me ha llevado a reinvindicar la visión de la sociedad capitalista y de la democracia burguesa que nos hizo adherirnos al MLN(T)  y que tan bien expresaba Raúl Sendic, antes y después de las cárceles. Las cosas se han trastocado de tal manera que la continuidad con una concepción revolucionaria (“aggiornada”, por supuesto, pues nadie está llamando a tomar las armas en Uruguay) se ataca como si fuera la más maldita de las herejías.  Por supuesto que hoy día tenemos interprestaciones directamente opuestas de la historia revolucionaria del pueblo asalariado pero, en todos mis trabajos he procurado analizar la realidad concreta, la formada por la historia y el presente, jamás he caído en  descalificar a quienes fueron mis hermanos en el pasado,  no hay un sólo artículo ni una sola declaración mía donde llame “traidores” a ninguno de esos personajes que hoy nos gobiernan y con los cuales no voy ni a misa. Te desafío en concreto a que muestres una sola frase mía que los califique así. Y, si no la encuentras, te desafío a que  asumas públicamente tu error, como has hecho ahora para hablar de mi encono  e injusticia.   Y no es por cariño que no los llamo “traidores”, es por entender que el predominio de la ideología progresista, que frenó y distorisionó la visión marxista que predominaba en el movimiento popular,  fue un proceso colectivo donde participaron montones de militantes entusiasmados con los éxitos electorales. Consistieron  ese “gran viraje” cantidad de compañer@s que aprecio y respto muchísmo, no olvides que la lucha de ideas, por la cual fuimos desalojados los herejes de los organismos políticos, se  dió primero en el MLN, después en el MPP y finalmente en el Frente Amplio (recordá el debate donde Huidobro defendió el olvido y perdón contra Hugo Cores, defensor de la Verdad y la Justicia). 
Espero asímismo que la próxima ves te indignes cuando el presidente de la república respalde a la embajadora en Suecia (conocida colaboradora de la dictadura, que prejudicó individualmente a tantos compañeros) o cuando agradezca al facholino del presidente sueco por la solidaridad del gobierno de Olof Palme hacia uruguayos y chilenos. No estaría mal que expreses públicamente tu respaldo a dejar a los “viejitos de mierda” en prisión domiciliaria, a mantener tropas uruguayas ocupando teritorios de pueblos ajenos como en el Congo y Haití. Ah! No te asustes porque la denuncia penal de la tortura a que fueron sometidos los rehenes ponga a  alguien frente al espejo.. ¿o acaso también eso se debe barrer bajo la alfombra?
Ornaldo, gracias por la oportunidad de abrir una brecha en la prohibición de discutir con el pensamiento hereje.
Tambero
PD.  Voy a volantear este pequeño intercambio de opiniones. El que avisa no es traidor. 

sábado, 5 de noviembre de 2011

Rehenes

Denuncia judicial por tortura                                                               Jorge Zabalza  



Ciudad de Libertad, 7 de setiembre de 1973. Establecimiento Militar de Reclusión No. 1 (EMR No.1).  Las dos o las tres de la madrugada. Despertar a golpes de bastones en las barandas de metal y las puertas de las celdas, el redoble ensordecedor excitaba a los guardias, se ponían frenéticos, hacían temblar el hormigón de las paredes. Susto grande y reflejo de meterse dentro de los calzoncillos largos, de la camisa de franela  y de los tres pares de medias, encima de todo les eché el mameluco gris, salté sobre la cama y dentro de la frazada. Tapado hasta las cejas oí correr el cerrojo de la puerta, entró el tropel, apenas logré incorporarme de la cama, me metieron la capucha, tiraron mis cosas al suelo, creí que era requisa, pero me agarraron de los sobacos y me arrastraron por la “planchada”,  bajamos a golpe de escalón hasta la guardia de prevención, me dí cuenta que me sacaban por la puerta del costado. Me hicieron tropezar para levantarme a patadas, se corrió la capucha y alcancé a ver la bocha pelada del coronel Lems Martínez, el director del penal, controlando siempre a sus tropas. Me tiraron dentro de una camioneta, amontonado con otros cuerpos, uno encima del otro. Salimos del penal a mucha velocidad. Nadie hablaba. Sólo se oían los “handies”. Reconocí la tos de Marenales y oí protestar a Sendic, sumé mi voz para que me reconocieran a su vez.  Alguien ordenó silencio y con un bastonazo le dió  seriedad a su orden. Por los ruidos y las órdenes, aquello era una caravana. Alrededor de una hora después, se detuvieron a deliberar. Sendic dijo que necesitaba ir al baño, no le contestaban, insistió y lo golpearon. Vino un oficial y nos comunicó que nos iban a fusilar, nos sacaron de la camioneta y nos tuvieron parados largo rato en medio del campo. Años después, sonsacando a un soldado, logré que me contara que fué en el cruce las rutas cinco y once. Seguramente ahí se dividió caravana en tres, el grupo de Huidobro, Mujica y Rosencof salió hacia Santa Clara del Olimar, a Manera, Waseen y Engler los llevaron al batallón de ingenieros en Paso de los Toros y a nosotros tres nos invitaron para la inauguración del aljibe de Durazno. Nos esperaban once años de soledad y un largo periplo por los calabozos de la patria.  
En setiembre de 1973 ya estaba derrotada la subversión y consumado el golpe de Estado, se habían cumplido los dos objetivos conque la reacción justificó la irrupción de las fuerzas armadas en el escenario político. Comenzaba la etapa de la rapiña al salario, el saqueo a las arcas del Estado y los hurtos a las víctimas del terrorismo de Estado. El camino de la victoria  los había hecho amos y señores de una cantidad tan grande de presos y presas que no sabían qué diablos hacer con ellos, dado que las condiciones internacionales no permitían una “solución final” como la practicada por los nazis. Por otra parte, el cúmulo de información  acerca del MLN(T) ya les resultaba imposible de manejar. Pareció  improductivo, por el momento, continuar con la tortura salvaje de manera sistemática a los tupamaros, optaron por dejarla en barbecho durante un par de años, mientras organizaban la OCOA y el Plan Cóndor,  se preparaban para el uso masivo de la desaparición forzosa y hacían el trabajo de inteligencia previo a la criminal campaña contra el Partido Comunista del Uruguay, los Grupos de Acción Unificadora y el Partido por la Victoria del Pueblo. Un momento de respiro, que le dicen..
En ese contexto, decidieron hacer de las cárceles un recinto de exterminio lento de los  revolucionarios, enloquecerlos a todos y todas, hacerles perder sus recursos morales y mentales para la militancia política. Como aniquilar al enemigo es dejarlo sin capacidad de respuesta, si no lo podemos matar a todos, enloquecerlos les pareció la táctica más adecuada para una victoria completa. Idearon una fina y meticulosa ingeniería de manipulación sicológica destinada a desarticular las personalidades más rebeldes. En junio de 1973 secuestraron del Penal de Punta Rieles a Alba Antúnez, Maria Elena Curbelo, Raquel Dupont,Jessie Macchi, Flavia Schilling, Gracia Dri, Cristina Cabrera, Estela Sánchez, Lía Maciel, Miriam Montero Stanke y Elisa Michelini y las trasladaron los cuarteles para someterlas a un régimen infamante, de destrucción síquica y moral. De rebote, con la llamada “rotación” crearon una situación de angustia e inseguridad en el resto de las compañeras,  cualquiera de ellas podía ser la próxima en ser secuestrada.  

La estrategia ensayada con las compañeras fue aplicada desde setiembre de 1973 a los secuestrados del Penal de Libertad. Se podían tomar todo el tiempo del mundo, nadie los apuraba. No nos fusilaron para no perder un instrumento de chantaje.  Al horizonte amenazante de la tortura a golpes, plantón, picana y submarino, siempre posible de ser aplicada, incluso dentro del Penal, le agregaron la metodología de la gota de agua que horada la piedra.. La tortura sicológica vino aderazada con arranques retóricos de corte nacionalista y condimentada  con discursos contra la corrupción de los políticos y los especuladores. Los más atrevidos se atrevían a confesar simpatías con reformas agrarias y sociales que, por supuesto, debían mantener en secreto para no ser descubiertos por los mandos fascistas. Jugaban con las divisiones internas en las fuerzas armadas, presentando la puja de poder entre grupos iguales entre sí como diferencias ideológicas entre legalistas y golpistas o fascistas y nacionalistas. El método de desarticulación de las reservas morales del prisionero comenzaba por transformar el rechazo a los torturadores en comprensión del motivo conque justificaban la tortura: obtener información para evitar derramamientos de sangre. Intentaban despojar a la tortura de su naturaleza inhumana e ignominiosa, haciendo  que el prisionero la viera como una cuestión pragmática, instrumento de uso inevitable en una guerra, que debía aceptarla como una consecuencia de sus propios actos y dejarla de ver como una práctica aberrante. No sólo mediante el dolor físico se quebraba al torturado, en la sala de tortura se trataba de convencerlo de lo ilusorio de su lucha por la revolución social. Si el torturador lograba que el torturado entendiera intelectualmente sus argumentos, el prisionero derivaba, conciente o inconcientemente, hacia la claudicación y  el consentimiento obsecuente. En algunos casos, la derrota del torturado llegaba al sometimiento y colaboración totales. El régimen de aislamiento dejaba al prisionero sólo contra el mundo, privado de todo estímulo intelectual, flotando en la estratófera como si el calabozo fuera un satélite artificial, víctima fácil de las presiones y manipulaciones del torturador profesionalizado en las academias estadounidenses de tortura. Estaba pensado como sistema de degradación síquica y moral que favorecía la claudicación y la entrega moral de los prisioneros.

Ciudad de Paso de los Toros, setiembre de 1978, Batallón de Ingenieros No. 3. El trío conformado con el General Feola, comandante de la División de Ejército III, el Coronel Cordero, jefe del S-2 divisionario y el Mayor Portela segundo al mando de dicho servicio, llegó al cuartel para confirmar los resultados de la tortura sicológica en nosotros tres. Después de cinco años de total aislamiento, ya no poseíamos información operativa alguna, simplemente querían verificar el estado de nuestra moral,  saber si en ese lustro de incesante presión sicológica, con picos de golpes y plantones, habían logrado mellar nuestro espíritu de resistencia y nuestra salud mental. ¡Fueron unos científicos de la tortura, pues! Los inquietaba comprobar si manteníamos contacto entre nosotros y qué información manejábamos sobre la situación extramuros.  Nos interrogaron un día a cada uno, cuatro horas a Sendic y a mí, que éramos más parcos y cinco horas les llevó el interrogatorio a Marenales que es más expansivo.  Justificaban el interrogatorio diciendo que necesitaban el  perfil de algunos compañeros cuyas fotos nos mostraban. Recuerdo que me mostraron las de Falero Montes de Oca, Mario Navilliat, Alberto Iglesias, Lucas Mansilla, Efraín Martínez Platero, Andrés Cultelli, Antonio Bandera, Atalivas Castillos, Félix Bentín y muchos más. ¡Muchos de ellos ya desaparecidos en 1978!
En realidad las preguntas concretas se desarrollaban en el marco de una charla sobre política que llevaban adelante Feola y Cordero, informándonos de como el bloque soviético  perdía pié frente al bloque occidental, Cuba se venía al suelo y estaba al caer, por supuesto nada dijeron del triunfo en Vietnam ni de la guerra civil en Nicaragua. En Uruguay había partido militar para rato y nosotros moríríamos hechos pedazos en los calabozos subterráneos. Como hacía habitualmente en los interrogatorios, Raúl Sendic contestó  “sí” o “nó” a las preguntas que le hicieron. En mi caso fui contestando con evasivas hasta que dije no saber quién era Aparicio Mauro Saravia Delgado y, levantado la voz, Cordero me reprochó “pero si ´éste fue novio de tu hermana”, con lo cual dió por finalizada la “fiestita”.  Terminados estos interrogatorios, nos trajeron a la celda una hoja en blanco y una birome con la orden de hacer un informe detallado sobre los compañeros acerca de quienes nos habían interogado. Sendic, Marenales y yo les devolvimos las hojas en blanco. Nos negamos. Sabíamos que estaban tomando el pulso a nuestra entereza.  
El régimen de aislamiento de los “rehenes” tuvo víctimas inocentes y gratuitas. Tanto las madres y los padres como las hijas y los hijos se vieron obligados a un peregrinaje torturante por los cuarteles, las mujeres sometidas a revisaciones humillantes en las salas de guardia, los visitantes veían al visitado de lejos, a veces a través de un tejido mosquitero, la charla era vigilada cuerpo a cuerpo y  las “transgresiones” al no escrito reglamento, eran severamente castigadas por el oficial encargado, por lo general un alférez empeñado en hacer méritos. Al ser trasladados de cuartel, no informaban de nuestro destino a los familiares, dejándolos en la angustia de creer que podíamos haber sido desaparecidos forzosamente. En varias ocasiones los hijos vieron a sus padres lastimados. El matrato y la tortura sicológica a las familias de los “rehenes” no tenía otra intención que quebrar su solidaridad y lastimar síquicamente a los niños, dándoles mucho palo para que aprendieran a no ser como sus padres. Además el ensañamiento con la familia repercutía anímicamente en el prisionero y los torturadores lo sabían muy bien.   
En el 2011, continúan las intervenciones contra pueblos hermanos y las maniobras militares conjuntas con los EEUU, cuyas fuerzas armadas, como es viejo y sabido, torturan, secuestran, asesinan y desaparecen gente por todo el mundo, ayer, hoy y siempre.  Inevitablemente las justificaciones políticas que hacen los gobiernos uruguayos de esas vergonzosas acciones disimuladas con el rótulo de “misiones humanitarias”, crean un clima ideológico signado por la hipocresía y la impunidad que favorece la transformación de los soldados y oficiales en torturadores salvajes. La cría de pichones de torturadores está asimismo favorecida por el machismo reinante en los cuarteles, donde se cultivan los peores valores de una sociedad patriarcal y homofóbica, donde la sodomización es una forma de imponer la autoridad al otro. En el 2011 continúa vigente la estructura de mando hiperverticalizada que ha servido  para justificar, por la debida obediencia, los desmanes más aberrantes y que, por otra parte, se constituye en garantía del anonimato del torturador y propende a la complicidad de los culpables bajo la ley silencio, obligatoria en todo aparato piramidal. En las fuerzas armadas permanecen actuantes las mismas condiciones internas que reprodujeron sádicos y morbosos al por mayor. No sólo son permanentes los delitos de lesa humanidad, la producción de torturadores también es permanente. Denunciar a los torturadores del pasado es una forma de crear conciencia popular para impedir que en el futuro se empleen la tortura y los otros instrumentos del terrorismo de Estado.

Con el Dr. Juan Fagúndez presentamos en el Juzgado Penal de 19no. Turno –de ahí nos derivaron al Juzgado Letrado de la ciudad de Libertad- una denuncia por “los apremios físicos y psíquicos recibidos (....)  por parte de las personas encargadas de comandar y custodiar a los detenidos en los establecimientos militares donde estuvo detenido durante la dictadura”. Se plantea al poder judicial la identificación de todos los mandos que, de una u otra manera, estuvieron involucrados en la tortura de los denominados “rehenes”. Todos ellos, los jefes de las Divisiones II, III y IV del Ejército durante el período comprendido entre el 7 de setiembre de 1973 y el retono al EMR No.1 en abril de 1984; los directores del Penal de Libertad en esas fechas; los tenientes coroneles y mayores que comandaban las unidades en cuyos calabozos estuvimos recluidos y los jefes de los S-2 en dichas unidades. Estos datos los solictamos con anterioridad al Ministro de Defensa señor Luis Rosadilla pero no fueron proporcionados por dicha repartición pública.
Nos presentamos antes de que se aprobara la ley de imprescriptibilidad en el parlamento, porque mi amigo y abogado alegó que “provocar la muerte, lesionar, a una persona, era y es delito. Singularizar las razones, describirlas detalladamente para identificarlas inequívocamente con la estrategia de los represores, no es más que descubrir que el delito cometido por las fuerzas de seguridad de una nación, cuando se hace con claro abuso de poder, en claro ejercicio de terrorismo de estado, era y es un delito aberrante”.  
“(...) se trata de crímenes de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles, dada la naturaleza de los mismos y ya que estos actos eran delitos en el momento de haber sido cometidos, lo fueron en un estado donde rige la normativa referente a los derechos del hombre y la humanidad, y por ello no se violenta el principio de irretroactividad en el sentido de que no convierte una conducta legal en ilegal, sino que determina que quienes cometieron una conducta que era y es ilegal, amparado en diferentes circunstancias que le permiten mantener la impunidad de sus actos, una vez desaparecidas esas injustas y anormales condiciones de privilegio, serán juzgados como debieron serlo siempre. Decir ahora que los apremios físicos y psíquicos cometidos mediante claros actos de terrorismo de estado han prescripto porque se trata de delitos con penas cortas como ser el abuso contra los detenidos, lesiones graves y gravísimas, o la violación, es ignorar los hechos, y cuando estos hechos sucedían, en el resto del mundo ya se condenaban a torturadores y violadores por delitos de lesa humanidad, basta recordar los informes de Amnistía Internacional de fines de los años 70 y comienzos de los 80. sería ridículo pretender que el Uruguay asumiese dicha calificación de los tipos penales que se estaban cometiendo en esos años, en claro reconocimiento de esa actividad criminal. Quien reventó los testículos de una persona, o sus dedos, o lo asfixió en excremento, lo mutiló, quien manoseo las partes íntimas de una mujer, la violó, o le reventó el cuerpo y el alma, ¿su motivación en la obediencia debida era mayor que la de proteger a un ser humano detenido, indefenso, atado, encapuchado?. Estas conductas eran delitos, y lo son, y la motivación junto con la forma de comisión determinan la gravedad de los hechos. Aquellos que han arrancado a las madres y padres sus hijos para darlos a terceros, mientras estos niños, ahora adultos, no fueron identificados, o no la han sido aún, ¿no están perpetuando el crimen día a día? Las consecuencias físicas y psíquicas de los torturados también perduran, y perpetúan la comisión del delito respecto de quienes lo cometieron, u omitieron impedir su comisión”.
La seriedad de la denuncia y las conductas delictivas denunciadas podrán ser corroboradas por los testigos presentados: José Mujica, Eleuterio Fernández, Henry Engler, Mauricio Rosencof, Julio Marenales y Jorge Manera. Otros de los “rehenes”, Adolfo Wassen, fue dejado morir sin atender debidamente el tumor que comenzó a aquejarle antes del retorno al Penal de Libertad. Raúl Sendic falleció al contraer una enfermedad posiblemente a raíz del debilitamiento de sus defensas durante el régimen de aislamiento que le impusieron. La denuncia y el castigo de los crímenes de lesa humanidad no es cuestión del pasado, por el contrario, apunta  a construir una sociedad donde no existan torturadores salvajes, ni asesinos privilegiados por ser militares, ni la desaparición forzosa como método para aterrorizar los pueblos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Pequeña polémica después del ocho de octubre

 A invitación de los compañeros de la Agrupación “8 de Octubre” dije unas palabras en la Plaza Raúl Sendic de La Teja, en recuerdo del Ché Guevara y a los caídos en la toma de Pando.  Luego las  puse por escrito y las eché a volar por los espacios  internéticos.  Aunque no parecía ameritarlo,  el artículo recibió  respuesta de Ignacio Martínez en su habitual Columna  de Pensamiento que publica el semanario “El Popular”. Bueno, me pareció interesante la invitación a debatir en el periódico oficial del PCU y el 24/10 envié “Los sesenta en el 2011”  a dicho semanario. Como me extendí más de lo que permiten las páginas de “El Popular” no se pudo publicar el viernes pasado.  Es indiscutible dejar espacio a cuestiones más trascendentes como la ley de imprescriptibilidad y el conflicto de los obreros metalúrgicos, pero no me han informado sobre cuándo será posible concretar mi derecho a responder a Ignacio. No son temas de urgencia, pero la mirada hacia atrás tiene que ver con las perspectivas de las acciones futuras.  Indudablemente no son de menospreciar.    

Un abrazo fraterno
Tambero

8/10/2011                                                                                              Jorge Zabalza

                  LOS OCHO DE OCTUBRE  

A principios de los años ’60, bastante antes del deterioro de la democracia burguesa, dado el estancamiento de la producción y la caída de la tasa de ganancias, se podía preveer que el arriba necesitaría emplear la violencia contra un abajo que todavía no se movía como en el ‘69, pero no se mostraba dispuesto a pagar el costo de la crisis.
El Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) pudo , entonces,  anticiparse al devenir y se comenzó a preparar para enfrentar al arriba con la violencia organizada por los de abajo. Significö un rechazo de plano a la posibilidad de acumular las fuerzas del cambio por la vía electoral y parlamentaria y elegir conscientemente el camino de la lucha guerrillera como método de acumulación política. Los tupamaros primigenios rompieron decididamente con la legalidad permitida por la clase dominante y llamaron a tomar las armas para derrocar el régimen. Tremenda responsabilidad histórica!.
A mediados de 1967, Jorge Pacheco Areco diö comienzo al uso ilegítimo de la violencia organizada por el Estado, con la consecuencia inmediata de tres estudiantes muertos por la policía y centenares de trabajadores sindicalizados detenidos por medidas prontas de seguridad. La desmesura pachequista radicalizó las luchas populares que, al influjo de la tendencia clasista y combativa, se lanzó a las calles a enfrentar la represión. La lucha social abrió espacios políticos a la lucha armada. La mentalidad combativa y la infraestructura clandestina que había desarrollado el MLN(T) en los años que llevaba preparándose, hacían posible el empleo sistemático del método guerrillero y, por consiguiente, fue la organización política en mejores condiciones para enfrentar la violencia represiva.
Desde ese momento el movimiento popular lo percibió como expresión política de su propia lucha, como la organización que defendía a los perjudicados por las destituciones, las persecuciones sindicales, los apaleamientos callejeros y los encarcelamientos injustificados. Era el movimiento que dejó atrás lo declarativo y apuntó con acciones armadas a derribar el régimen como, por otra parte, lo requerían las movilizaciones populares.
Este sábado se recuerda a Jorge Salerno, Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza, asesinados por la Guardia Metropolitana el 8 de octubre de 1969 en la toma de la ciudad de Pando. El MLN(T) concibió esta forma de homenajear a Ernesto Guevara también asesinado en Bolivia dos años antes, como demostración de que la guerrilla tenía la edad suficiente para pasar de las acciones “muerde y huye” a las de controlar un territorio, aunque fuere por breves momentos. Se quería transmitir el mensaje de que, en un futuro no muy lejano, sería posible tomar Montevideo como se había hecho con Pando. Es curioso pero, a pesar de que la acción terminó en derrota militar, tres compañeros muertos y más de veinte prisioneros, la operación de Pando significó el comienzo del crecimiento explosivo del MLN (T).
¿Qué estaba pasando?... pese al desastre en Pando, amplios sectores populares ya reconocían la lucha armada como alternativa real al reformismo electoral y parlamentario. La sangre derramada fructificó rápidamente en conciencia y compromiso revolucionario. Los hechos de Pando expresaron el espíritu romántico y el sentimiento épico de toda la generación que tomó la senda trazada por el Ché. No teníamos una sola duda, la vida sólo tenía valor si se ofrendaba en el altar de la emancipación social, nos entregábamos a la lucha en la más completa seguridad de estar haciendo la revolución.
Los hechos de Pando sirvieron también para refrendar la concepción que apuntaba al desarrollo de un poder paralelo y opuesto al del Estado, un poder organizado a partir de un aparato guerrillero que extendía su estructura hacia el pueblo como una telaraña de organizaciones diversas pero que, en la práctica, subordinaba el movimiento de masas y la lucha social al centro político que conducía la lucha armada. Paradójicamente, la toma de Pando, símbolo de la disposición combatiente a hacer la revolución, sirvió de plataforma de lanzamiento a la teoría del doble poder, cuya aplicación práctica culminaría en 1972 con el enfrentamiento mano a mano entre el MLN(T) y las fuerzas armadas, en la que obtuvo la victoria el aparato que contaba con los medios del Estado, con el consentimiento efectivo del imperialismo y el apoyo de sectores reaccionarios que clamaban por “mano dura”.
La clave de la derrota del MLN hay que buscarla en la teoría y práctica del doble poder, en cómo la hipertrofia del aparato relegó el movimiento popular al rol de simple espectador, el pueblo sentado en la tribuna sin involucrarse en la lucha armada contra el brazo represivo de la clase dominante.  No se precisa renegar del pasado guerrillero para asumir el error y la derrota, como algunos están haciendo lamentablemente, sino que es preciso analizar a fondo las experiencias revolucionarias y elaborar las conclusiones teóricas que de ellas surjan, sin que importe lo cruda que pueda ser la crítica a cómo pensamos y cómo hicimos en el último medio siglo de historia.
Es cierto, cayeron los muros, fracasó el socialismo real y la URSS, China Popular y otras experiencias ayer revolucionarias construyen capitalismo desde el Estado, es cierto, no tenemos certezas como medio siglo atrás, pero también es muy cierto que en el sistema capitalista no hay solución para los asalariados. Por si en la historia de los pueblos no hubiera quedado claro, llegó esta última crisis para demostrar que al reproducirse, ampliarse y concentrarse, el capital solamente puede producir más exclusión y más marginación. Pueblos que hasta ayer aceptaban pacíficamente la dominación, hoy levantan sus banderas de rebeldía en Europa, África del Norte y hasta en el territorio privado de Wall Street. Se precisa una nueva teoría revolucionaria, una teoría que conciba la lucha revolucionaria como una creación autónoma del movimiento popular, de un pueblo insurrecto que se organiza y se arma a sí mismo para hacer la revolución, una teoría que no conciba al movimiento revolucionario encerrado en un aparato, dirigiendo el proceso desde su panóptico. Los viejos “hombres de aparato” cuentan con muchísmos elementos y experiencias, un testamento político que podría servir de base a quienes harán la próxima revolución.
Durante un siglo funcionaron eficazmente diferentes aplicaciones de la teoría para construir aparatos de poder revolucionario, y lo hicieron con tanta  eficacia que derrotaron y sustituyeron al Estado burgués en varias naciones.  Dode fracasaron esos aparatos fue en producir seres humanos con una filosofía de vida totalmente antagónica a la del capitalismo. La propia esencia del doble poder lleva a ese fracaso, porque al construir un aparato revolucionario tan poderoso, en realidad se está construyendo una forma de organización que posee idénticas características a la del Estado burgués que se quiere destruir. En consecuencias, no se forman las mujeres y los hombres con los valores del socialismo, sino que, en ese aparato esencialmente idéntico al Estado, se forman burócratas cuyos valores son los del capitalismo, la competencia a muerte por un cargo, las pujas de poder y conspiraciones internas.
Muchos viejos sobrevivientes de los procesos revolucionarios del ’70 han hecho suyos los intereses del Estado, se han integrado plena y conscientemente a la democracia burguesa y administran las políticas que favorecen los grandes negocios del capital. No los miremos con desconcierto, preguntándonos que pasó con esos sandinistas, farabundos y tupamaros, analicemos su práctica política en los aparatos donde sus cabezas aprendieron a funcionar para ejercer el poder, hacia las masas y en la interna. Luego vendrán los comportamientos pautados por los intereses personales, por sus delirios de grandeza y el autoconvencimiento de ser infalibles, de ninguna manera pueden concebir que la emancipación social de los trabajadores es asunto de los propios trabajadores y no de “vacas sagradas” o caudillos que les dictan cátedra sobre cómo liberarse.

Estamos viviendo un período de transición entre el agotamiento de la teoría del doble poder y la ausencia de una concepción global de construcción del poder revolucionario del pueblo armado y organizado. La transición y la ausencia se manifiestan como desconcierto, ya no se tienen aquellas seguridades y sentimientos épicos conque dieron la vida los tres compañeros asesinados en Pando. Son, por consiguiente, tiempos de reubicarse con sinceridad: sabemos de la necesidad de acabar con el capitalismo y transformarnos en columnas de una sociedad de seres libres libremente asociados. Son también tiempos de no dejarse coptar por el capitalismo o los cantos de sirena del poder político, de no entregarse a los valores y la filosofía del pasado, de cultivar los valores y la filosofía del futuro. Son tiempos de estacas, de clavarse en la izquierda revolucionaria y resistir los embates y los cantos de sirena. De esperar al acecho.
.
 
14/10/2011                                                                                         Ignacio Martínez
COMPAÑERO, CREO QUE ESTÁS EQUIVOCADO
El compañero Jorge Zabalza acaba de lanzar una reflexión titulada “Los ocho de octubre”. Saludo la iniciativa. Es necesario reflexionar. Pero deseo hacer algunas observaciones. Dice Zabalza: “A principios de los años ’60… se podía prever que el arriba necesitaría emplear la violencia contra un abajo que todavía no se movía como en el ’69…” La historia de nuestro país, durante el siglo XX, da cuenta de la represión en aumento que las clases dominantes ejercieron, principalmente contra los trabajadores del campo y la ciudad (las luchas de 1952). Los trabajadores perciben ese endurecimiento y buscan la unidad que creará la CNT (1964-1966), al tiempo que en el terreno político se intentan formas de alianzas para enfrentar la crisis: 1962 la Unión Popular y el FIDEL, 1967 Acuerdo de Época. Es desacertado afirmar que “El Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) pudo, entonces, anticiparse al devenir y se comenzó a preparar para enfrentar al arriba con la violencia organizada por los de abajo.”Los de abajo ya se venían organizando desde mucho antes, pero estuvieron muy lejos de participar en los preparativos del MLN que armó su propia estrategia despegado del pueblo que luchaba. Quien irrumpe en la escena debido a la crisis es la clase media que se derrumba por la pendiente social y una de las manifestaciones más claras de esa clase media es, precisamente, el MLN. Tampoco es cierto que los tupamaros “…llamaron a tomar las armas para derrocar el régimen…”. Las tomaron ellos, nomás, en el marco de un creciente aislamiento con relación a otros grupos guerrilleros, con otras organizaciones de izquierda y con el pueblo que siguió luchando, resistiendo la ofensiva reaccionaria y preparándose para una lucha sostenida que tuvo su punto más alto en el enfrentamiento contra la dictadura en 1973, donde ya el MLN como tal prácticamente no existía.
Más adelante Zabalza afirma que “La mentalidad combativa y la infraestructura clandestina que había desarrollado el MLN(T)…. hacían posible el empleo sistemático del método guerrillero y, por consiguiente, fue la organización política en mejores condiciones para enfrentar la violencia represiva…” Creo que esta afirmación se da de bruces con la realidad y encierra una subestimación del enemigo que está en la base de su análisis erróneo. Si tomamos en cuenta los dos años y medio de lucha guerrillera intensa (octubre 1969- abril1972), asistimos a un proceso de lucha y derrota, donde la represión, finalmente, pudo más. Había que prepararse para una resistencia de largo aliento contra el poder dominante, para la procura del programa claro, para las alianzas que nos hicieran más fuertes y, luego del 73, para la resistencia a la dictadura y todos los inmensos esfuerzos que se hicieron para intentar derrotarla; derrota relativa que podrá ser tema de otra reflexión analizando todos los aspectos de lo que fue la salida que después resultó.
Sin dudas que la lucha tupamara es parte de la lucha de nuestro pueblo, pero es una afirmación equivocada decir que “el movimiento popular lo percibió como expresión política de su propia lucha”. Tanto no es así que la izquierda, fue construyendo otra alternativa durante el año 1970, que culminará en la fundación del FA en 1971. No me cabe duda que los compañeros tupamaros se entregaron “a la lucha en la más completa seguridad de estar haciendo la revolución.” Pero tampoco me cabe duda de que el intento de crear “…un poder organizado a partir de un aparato guerrillero…” fue un error porque, entre otras cosas, como el mismo Zabalza dice “subordinaba el movimiento de masas y la lucha social al centro político que conducía la lucha armada” y eso fue parte de un error teórico, de una desviación política y del comienzo del fin para ese esfuerzo heroico, pero equivocado. Concuerdo con que “la emancipación social de los trabajadores es asunto de los propios trabajadores y no de “vacas sagradas” o caudillos que les dictan cátedra sobre cómo liberarse”. Hoy se impone ponernos de acuerdo en la estrategia, en el programa, en las alianzas y en la construcción de ese poder que sólo está en el pueblo organizado en sus estructuras sociales y fundamentalmente políticas. Bienvenido el debate. Bienvenida la reflexión y la autocrítica. Ese es el mejor homenaje para los caídos aquellos dos Ocho de Octubre en Bolivia y Uruguay. 

.
24/10/2011                                                                                              Jorge Zabalza
                                LOS SESENTA EN EL 2011
La “columna de pensamiento” del compañero Martínez podía haberse referido al “derechazo” de Tabaré Vázquez, ese que golpeó brutalmente la quijada de los lectores de “El Popular”, antimperialistas de toda la vida. Era el gran tema de la semana, aunque, por supuesto, no arrojará novedades electorales porque, para obtener su retorno como candidato, los peregrinos echarán rodilla a tierra, rogarán sin atreverse a criticar y dejarán explícito su consentimiento al pedido de apoyo político a Condolezza Rice y George Bush II realizado en nombre del pueblo uruguayo y del Frente Amplio. Es tan veleidosa la voluntad de Vázquez que, con toda seguridad, conmovido por los ruegos, accederá a ser presidente de la república en el 2015 y, contando con el respaldo de sus feligreses, se sentirá lo suficientemente fuerte para hacer nuevas concesiones al imperialismo (un nuevo TLC, bases militares, etc).
En verdad este hecho trascendental merecía más las “observaciones” de Martínez que el articulito“los ocho de octubre” pero, está claro, prefirió atacar la voz que predica en el desierto a desafiar la ira del “gran Tabaré” y de sus guardaespaldas. El contenido de “los ocho de octubre” no difiere en nada de un centenar de artículos y de un ensayo (“Raúl Sendic. Su pensamiento revolucionario”) que he publicado a lo largo de la última década....¿porqué recién ahora merece las observaciones de Nacho?. ¿Porqué no los anteriores y más completos materiales?. ¿El desencanto amenaza hacerse bronca crónica y vuelve peligrosa para el discurso hegemónico hasta la más mínima herejía?
Intentaré algunas precisiones a las observaciones de Nacho:
UNO: Desde comienzos del siglo XX el batllismo jugaba a dos puntas con el pueblo trabajador: mientras empleaba la amortiguación política en los conflictos más “civilizados”, reprimía ferozmente los más radicalizados. Los de arriba pueden ser muy selectivos a la hora de reprimir, por eso mismo, dicho sea de paso, hay que mirar con cuidado los neobatllismos hoy en boga. En 1951/52, cuando el gobierno de Luis Batlle endureció su política hacia los trabajadores, reprimiendo con el ejército a los gremios solidarios, hubo quienes respondieron con barricadas y miguelitos en el puente del Pantanoso, el famoso “paralelo 38”,violencia bien de abajo para resistir la ocupación militar del Cerro y que sirve para indicar con precisión la temperatura de la lucha de clases en los años que se festejaba el golazo de Ghiggia en Maracaná.
En febrero de 1958 Raúl Sendic, fundador del movimiento tupamaro, expresaba en EL SOL ese sentimiento de frustración de los trabajadores reprimidos por el batllismo: “la democracia de nuestro país, como la democracia burguesa en todos lados, no resiste la prueba de fuego de la lucha de clases”, y sigue siendo así, en todo el mundo, acá y ahora también, como reafirma la actitud del ministro Bonomi, progresista él, al quitar la careta a la democracia burguesa y amenazar con la fuerza policial a los piquetes instalados en las puertas de las fábricas y talleres metalúrgicos.
Es a partir de la visión de Sendic, totalmente escéptico hacia la “democracia”, que los tupamaros primigenios decidieron prepararse para lo peor, lo mismo hizo la FAU y algunos grupos socialistas, grupos que más tarde formarían el Coordinador con el propósito de rescatar los tres “peludos” apresados al asaltar un banco para financiar las marchas cañeras. La concreción de la unidad sindical en la CNT no sólo fue obra de los comunistas, sino también de León Duarte, Héctor Rodríguez, Gerardo Gatti, Rodríguez Belletti, Hugo Cores, Washington Pérez, Chela Fontoura, Walter Cholo González, Conrado Fernández, Pedro Mora, el Pocho Hornos, Luis Dubra y un montón más de los dirigentes de la tendencia clasista y combativa, que por algo se llamaba así. Por otra parte, todos ellos estaban vinculados, de alguna manera, a los grupos del Coordinador, todos experientes en el empleo del abanico completo de las formas de lucha sindical, desde las negociaciones más civilizadas hasta los métodos de acción directa más rupturistas. Fueron coautores del programa del Congreso del Pueblo, polemizaban ardorosamente sobre métodos y vías y coincidían en la necesidad de unificar las luchas sindicales.
Es un hecho histórico que la irrupción de Pacheco Areco en 1968 encontró al MLN en mejores condiciones que otras organizaciones para emplear los métodos guerrilleros, por eso pudo reaccionar al toque y capturar a Ulises Pereira Reverbel, mano derecha de Pacheco, asumiendo la representación de los golpeados trabajadores bancarios, estatales (de UTE y portuarios) y de los estudiantes que sufrieron el asesinato a mansalva de Líber Arce. La acción política de la guerrilla estimuló el ascenso de la combatividad de los luchadores sociales que, a su vez, en un ir y venir dialéctico, creó las condiciones subjetivas para que la guerrilla se propusiera profundizar su accionar militar. La toma de la ciudad de Pando fue la continuación armada del ascenso de la lucha popular, pero además, fue un homenaje a Ernesto Guevara y una respuesta a su convocatoria a “crear dos, tres, muchos Vietnam”. Cualquiera puede discrepar o sentirse irritado con la estrategia del MLN, pero descalificarla por “pequeña burguesa” es insuficiente y, a mi parecer, revela cierta impotencia para comprender cabalmente la influencia ideológica de la Revolución Cubana y del Ché Guevara en toda América La Pobre.
DOS: La intención del acuerdo de ÈPOCA era la difusión de las resoluciones de la OLAS, o sea, impulsar la vía armada para la revolución latinoamericana. Ahí estaban el Partido Socialista, la Federación Anarquista del Uruguay, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el Movimiento Revolucionario Oriental y los “independientes” (tupas disfrazados que trabajaban en EPOCA como Andrés Cultelli, Jorge Manera y Julio Marenales). Como ya no es necesario hacer misterio, si investigás un poco podrás informarte acerca de cómo y quienes financiaron el diario. Las formas legales e ilegales, públicas y clandestinas de la lucha revolucionaria no se veían como incompatibles o excluyentes, no se demonizaba a nadie por asaltar un banco para financiar un periódico o un conflicto sindical. Se impulsaba la formación de la CNT y las “relámpago” en los comités de movilización de la FEUU, se trabajaba en EPOCA y se creaba la infraestructura necesaria para la lucha guerrillera, en esos procesos históricos que combinaban métodos pacíficos y de acción directa, nacieron el MLN, después la OPR-33 Orientales y más tarde las FARO. Nacho, es un error grave contraponer a la estrategia de los tupamaros pårimigenios a los “acuerdos de ÉPOCA”.
Otro recuerdo personal. En 1964, para repudiar la ruptura de relaciones con la Revolución Cubana, se ocupó el edificio de la Universidad. Hubos choques muy violentos con la policía y el ejército, recuerdo estar codo a codo con Jorge Morera, Cubas, Poggi y varios otros compas de la UJC, en la primera línea, por supuesto. En esos días me integré a la FAU, el Brasilero Fuques me hizo leer a Buenaventura Durruti y, como actividad práctica, participé de los entrenamientos del parque Roosevelt, preparación física para chocar con la policía en “manifestaciones relámpagos” y “ocupaciones salvajes” como las de FUNSA, Ghiringuelli y el Frigorífico Nacional. Se entrenaban Elena Quinteros, el Gauchito Idilio De León, el Hugo Casariego, Gustavo Inzaurralde, Roger Julien, Mauricio Gatti y muchos sobrevivientes que no es necesario nombrar. El “uso ilegítimo de la violencia desde el Estado” se veía venir y todos se preparaban. Los dos años de entrenamiento para la lucha callejera no fueron, sin embargo, un obstáculo para ser elegido, en 1966, como consejero de la Facultad por el orden estudiantil, porque lo cortés no quitaba lo valiente y hacer una cosa no impedía hacer la otra, sin pretender parafrasear al actual presidente de la república. Todo se veia complementario y esa visión de las cosas permitió al MLN(T) ser parte de la fundación del Frente Amplio, no sólo con su declaración de apoyo crítico y de tregua unilateral en diciembre de 1970, sino porque los militantes y los simpatizantes tupamaros fueron motores en la creación de los comité de base, de la Unión Popular de don Enrique Erro y del “Movimiento de Independientes 26 de Marzo”. LA FAU-OPR-ROE optaron en aquellos años por mantenerse apartados del proceso de unidad desde las bases populares que se concretó con la fundación del Frente en 1971. El MLN(T) no.
TRES: Como he contado mil veces –vanagloria de veterano- allá en mis años de mozo salí corriendo a enrolarme en las filas de Ernesto Guevara para participar de la aventura en Bolivia. Para mi alegría personal en esas filas encontré a muchos camaradas de la UJC uruguaya, los mismos con los que veníamos compartiendo piedras y cócteles, ¡una cincuerntena, Nacho!. Lo mío no era locura “pequeño burguesa”, estaba convalidada por la compañía de quienes se denominaban partido del proletariado y se disponían a dar la vida armas en mano por la revolución socialista. Era la línea estratégica definida por la Conferencia de la OLAS, reafirmada en el “mensaje a la Tricontinental” y llevada adelante en toda América La Pobre por revolucionarios de distintas vertientes ideológicas pero que rechaban unánimente la vía parlamentaria y apostaban a la metodología guerrillera para la acumulación de fuerzas. Los fundamentos de la opción guerrillera del MLN(T), querido Nacho, son de autoría de la OLAS y la Tricontinental, por eso, para rebatir nuestra interpretación de los sesenta, tendría que encarar la crítica y el rechazo de aquellas resoluciones que conmovieron América La Pobre y, me atrevería a decir, el mundo entero. Recuerdo la fotografía de nuestro ex canciller Reinaldo Gargano aplaudiendo a rabiar cuando Fidel leyó la declaración de la OLAS.
En su discurso de la sesión final de la OLAS, Rodney Arismendi sostuvo que la lucha armada era la “síntesis superior y más elevada de todas las formas de lucha”, la vía principal para el combate por la emancipación social en la mayoría de los países latinoamericanos. A diferencia del XX Congreso del PCUS y del eurocomunismo sesentista, los comunistas uruguayos nunca negaron las afirmaciones de Marx y Lenin acerca del carácter violento de la revolución social, por eso, aún cuando criticaron duramente el “foquismo” y discreparon tácticamente con el empleo de los métodos guerrilleros en Uruguay, siempre los consideraron una forma de lucha legítima y, en consecuencia, se prepararon para ponerla en práctica cuando entendieran que se daban las condiciones favorables. Nacho, querido compañero, ¡qué lindo haberlo vivido para poderlo contar!, como verás no es tan sencillo cortar el delgado hilo que separaba la vía de acumulación pacífica de la vía de acumulación mediante la acción armada. Los debates en la izquierda revolucionaria y en el movimiento social eran sobre CÒMO enfrentar la arremetida de la reacción y de la rosca criolla, no se discutía la necesidad de la revolución ni la de enfrentar al enemigo de clase, porque las balas y las rejas de la represión no distinguían posiciones ideológicas o políticas. Los fundamentos se entrecruzaban en el plano de la teoría y, en la práctica cotidiana, los militantes que se abrazaban más allá del encono y de la confrontación política que, a veces, se hacían golpes de puño. Eso sí, mi hermano, nadie proponía humanizar el capitalismo, acordar con el latifundio, permitir la invasión del capital extranjero, abrazarse con las culebras de uniforme ni pedirle ayuda al gran asesino de los EEUU. Era impensable, sencillamente impensable en la izquierda revolucionaria..
CUATRO: Las rejas y los golpes avivaron hasta las neuronas más duras y hubo autocríticas al por mayor. Los ensayos de Harari, Modernell, Cultelli, Jorge Torres, Blixen y las entrevistas de Clara Aldrighi son profundamente reflexivas y aportan diferentes visiones e interpretaciones sobre el movimiento tupamaro, algo natural cuando el pensamiento no es monolítico. De cierta manera son autocríticos hasta quienes hoy administran las instituciones burguesas que ayer combatieron, aunque se pasaen de rosca y lo suyo se parece demasiado a la liquidación de los principios y las concepciones. Por eso creo que exageras al dar la “bienvenida a la autocrítica”en el MLN(T)... ¡si hay décadas de autocrítica y reflexión!.
Por mi parte, he intentado buscar las claves de la derrota del MLN(T) en los errores profundos de concepción más que en las razones circunstanciales.  Ahí aparece el “aparatismo”, que no es “aislamiento de las masas” sino manipulación del movimiento popular en función de los intereses de un Partido, Movimiento o Aparato. El “aparatismo” es una enfermedad compartida por muchos y, a mi modo de ver, es un debate muy necesario para quienes queremos una sociedad sin clases, gestionada por trabajadores libres libremente asociados. Nacho querido, he tratado, además, de que las diferencias profundas de enfoque no impidan la fraternidad y el respeto por el otro. Disculpame si no lo he logrado.

sábado, 8 de octubre de 2011

Los ocho de octubre

A principios de los años ’60, bastante antes del deterioro de la democracia burguesa, dado el estancamiento de la producción y la caída de la tasa de ganancias, se podía preveer que el arriba necesitaría emplear la violencia contra un abajo que todavía no se movía como en el ‘69, pero no se mostraba dispuesto a pagar el costo de la crisis.

El Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) pudo , entonces,  anticiparse al devenir y se comenzó a preparar para enfrentar al arriba con la violencia organizada por los de abajo. Significö un rechazo de plano a la posibilidad de acumular las fuerzas del cambio por la vía electoral y parlamentaria y elegir conscientemente el camino de la lucha guerrillera como método de acumulación política. Los tupamaros primigenios rompieron decididamente con la legalidad permitida por la clase dominante y llamaron a tomar las armas para derrocar el régimen. Tremenda responsabilidad histórica!.
A mediados de 1967, Jorge Pacheco Areco diö comienzo al uso ilegítimo de la violencia organizada por el Estado, con la consecuencia inmediata de tres estudiantes muertos por la policía y centenares de trabajadores sindicalizados detenidos por medidas prontas de seguridad. La desmesura pachequista radicalizó las luchas populares que, al influjo de la tendencia clasista y combativa, se lanzó a las calles a enfrentar la represión. La lucha social abrió espacios políticos a la lucha armada. La mentalidad combativa y la infraestructura clandestina que había desarrollado el MLN(T) en los años que llevaba preparándose, hacían posible el empleo sistemático del método guerrillero y, por consiguiente, fue la organización política en mejores condiciones para enfrentar la violencia represiva.

Desde ese momento el movimiento popular lo percibió como expresión política de su propia lucha, como la organización que defendía a los perjudicados por las destituciones, las persecuciones sindicales, los apaleamientos callejeros y los encarcelamientos injustificados. Era el movimiento que dejó atrás lo declarativo y apuntó con acciones armadas a derribar el régimen como, por otra parte, lo requerían las movilizaciones populares.

Este sábado se recuerda a Jorge Salerno, Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza, asesinados por la Guardia Metropolitana el 8 de octubre de 1969 en la toma de la ciudad de Pando. El MLN(T) concibió esta forma de homenajear a Ernesto Guevara también asesinado en Bolivia dos años antes, como demostración de que la guerrilla tenía la edad suficiente para pasar de las acciones “muerde y huye” a las de controlar un territorio, aunque fuere por breves momentos. Se quería transmitir el mensaje de que, en un futuro no muy lejano, sería posible tomar Montevideo como se había hecho con Pando. Es curioso pero, a pesar de que la acción terminó en derrota militar, tres compañeros muertos y más de veinte prisioneros, la operación de Pando significó el comienzo del crecimiento explosivo del MLN (T).
¿Qué estaba pasando?... pese al desastre en Pando, amplios sectores populares ya reconocían la lucha armada como alternativa real al reformismo electoral y parlamentario. La sangre derramada fructificó rápidamente en conciencia y compromiso revolucionario. Los hechos de Pando expresaron el espíritu romántico y el sentimiento épico de toda la generación que tomó la senda trazada por el Ché. No teníamos una sola duda, la vida sólo tenía valor si se ofrendaba en el altar de la emancipación social, nos entregábamos a la lucha en la más completa seguridad de estar haciendo la revolución.
Los hechos de Pando sirvieron también para refrendar la concepción que apuntaba al desarrollo de un poder paralelo y opuesto al del Estado, un poder organizado a partir de un aparato guerrillero que extendía su estructura hacia el pueblo como una telaraña de organizaciones diversas pero que, en la práctica, subordinaba el movimiento de masas y la lucha social al centro político que conducía la lucha armada. Paradójicamente, la toma de Pando, símbolo de la disposición combatiente a hacer la revolución, sirvió de plataforma de lanzamiento a la teoría del doble poder, cuya aplicación práctica culminaría en 1972 con el enfrentamiento mano a mano entre el MLN(T) y las fuerzas armadas, en la que obtuvo la victoria el aparato que contaba con los medios del Estado, con el consentimiento efectivo del imperialismo y el apoyo de sectores reaccionarios que clamaban por “mano dura”.
La clave de la derrota del MLN hay que buscarla en la teoría y práctica del doble poder, en cómo la hipertrofia del aparato relegó el movimiento popular al rol de simple espectador, el pueblo sentado en la tribuna sin involucrarse en la lucha armada contra el brazo represivo de la clase dominante.  No se precisa renegar del pasado guerrillero para asumir el error y la derrota, como algunos están haciendo lamentablemente, sino que es preciso analizar a fondo las experiencias revolucionarias y elaborar las conclusiones teóricas que de ellas surjan, sin que importe lo cruda que pueda ser la crítica a cómo pensamos y cómo hicimos en el último medio siglo de historia.

Es cierto, cayeron los muros, fracasó el socialismo real y la URSS, China Popular y otras experiencias ayer revolucionarias construyen capitalismo desde el Estado, es cierto, no tenemos certezas como medio siglo atrás, pero también es muy cierto que en el sistema capitalista no hay solución para los asalariados. Por si en la historia de los pueblos no hubiera quedado claro, llegó esta última crisis para demostrar que al reproducirse, ampliarse y concentrarse, el capital solamente puede producir más exclusión y más marginación. Pueblos que hasta ayer aceptaban pacíficamente la dominación, hoy levantan sus banderas de rebeldía en Europa, África del Norte y hasta en el territorio privado de Wall Street. Se precisa una nueva teoría revolucionaria, una teoría que conciba la lucha revolucionaria como una creación autónoma del movimiento popular, de un pueblo insurrecto que se organiza y se arma a sí mismo para hacer la revolución, una teoría que no conciba al movimiento revolucionario encerrado en un aparato, dirigiendo el proceso desde su panóptico. Los viejos “hombres de aparato” cuentan con muchísmos elementos y experiencias, un testamento político que podría servir de base a quienes harán la próxima revolución.

Durante un siglo funcionaron eficazmente diferentes aplicaciones de la teoría para construir aparatos de poder revolucionario, y lo hicieron con tanta  eficacia que derrotaron y sustituyeron al Estado burgués en varias naciones.  Dode fracasaron esos aparatos fue en producir seres humanos con una filosofía de vida totalmente antagónica a la del capitalismo. La propia esencia del doble poder lleva a ese fracaso, porque al construir un aparato revolucionario tan poderoso, en realidad se está construyendo una forma de organización que posee idénticas características a la del Estado burgués que se quiere destruir. En consecuencias, no se forman las mujeres y los hombres con los valores del socialismo, sino que, en ese aparato esencialmente idéntico al Estado, se forman burócratas cuyos valores son los del capitalismo, la competencia a muerte por un cargo, las pujas de poder y conspiraciones internas.

Muchos viejos sobrevivientes de los procesos revolucionarios del ’70 han hecho suyos los intereses del Estado, se han integrado plena y conscientemente a la democracia burguesa y administran las políticas que favorecen los grandes negocios del capital. No los miremos con desconcierto, preguntándonos que pasó con esos sandinistas, farabundos y tupamaros, analicemos su práctica política en los aparatos donde sus cabezas aprendieron a funcionar para ejercer el poder, hacia las masas y en la interna. Luego vendrán los comportamientos pautados por los intereses personales, por sus delirios de grandeza y el autoconvencimiento de ser infalibles, de ninguna manera pueden concebir que la emancipación social de los trabajadores es asunto de los propios trabajadores y no de “vacas sagradas” o caudillos que les dictan cátedra sobre cómo liberarse.


Estamos viviendo un período de transición entre el agotamiento de la teoría del doble poder y la ausencia de una concepción global de construcción del poder revolucionario del pueblo armado y organizado. La transición y la ausencia se manifiestan como desconcierto, ya no se tienen aquellas seguridades y sentimientos épicos conque dieron la vida los tres compañeros asesinados en Pando. Son, por consiguiente, tiempos de reubicarse con sinceridad: sabemos de la necesidad de acabar con el capitalismo y transformarnos en columnas de una sociedad de seres libres libremente asociados. Son también tiempos de no dejarse coptar por el capitalismo o los cantos de sirena del poder político, de no entregarse a los valores y la filosofía del pasado, de cultivar los valores y la filosofía del futuro. Son tiempos de estacas, de clavarse en la izquierda revolucionaria y resistir los embates y los cantos de sirena. De esperar al acecho.
Jorge Zabalza


Ricardo Zabalza acribillado en Pando